viernes, 13 de enero de 2017

Blanco de Hornillos 2015

Descubrí Blanco de Hornillos hace ya algún tiempo, en una de mis visitas a Enoteca Barolo en busca de vinos nuevos que acabasen de llegar a la tienda. El repartidor de una empresa de transportes acababa de llegar y Miguel me recomendó sin dudar la manzanilla de la bodega, Callejuela. Intrigado por conocer más de esta pequeña bodega sanluqueña, busqué información y lo que leí me llamó a conocer más a los Blanco, a su bodega, y por supuesto, a sus vinos. Blanco de Hornillos fue uno de los que más me sorprendió, y creo que merece ser el protagonista de la historia de hoy. Algunas botellas han caído desde aquella primera vez.

Callejuela comienza su historia con el primero de los Blanquito, el abuelo de los actuales propietarios y que fue el primero en dedicarse a esto del vino. Pero no fue hasta el año ochenta en que Francisco Blanco, la segunda generación, comienza a levantar la bodega, después de trabajar aquellas tierras durante unos veinte años como jornalero. Un hombre que conoce la tierra, conoce las viñas y conoce los vinos que refrescan la zona. Poco amigo de empresas fugaces y de proyectos vanos, comienza asentando los cimientos con firmeza, una pequeña bodega en el centro del barrio alto de Sanlucar, en la que produce sobre todo vinos destinados a refrescar las criaderas de otras bodegas, y también las gargantas de la gente sencilla.

Recuerdo las imágenes de una película en que una abuelo con un puñado de tierra que se le escurre entre los dedos, mira con una sonrisa a su nieto y le dice: "Esta es nuestra vida, nunca la vendas". No se si a Francisco Blanco se lo diría su abuelo, pero sin duda tenía grabada la importancia de la tierra en el alma. Va sentando las bases comprando algunas parcelas, cinco hectáreas en el Hornillo, otras tantas en Macharnudo, la viña La Añina en Jerez, y la que dará nombre a sus vinos más viejos, La Casilla.
La historia de Callejuela es la de una mayeto, una figura importante en la sociedad del Marco de los años 60, y que aún reviste una gran relevancia. El mayeto era un hombre que era capaz de cubrir el ciclo completo de la vid al vino, que hacía normalmente para venderlo, generalmente porque no disponía de las infraestructuras necesarias para empresas mayores. Cuenta José Blanco que la figura del mayeto fue siempre muy respetada, que los mayetos tenían crédito en cualquier tienda. Su padre, Francisco Blanco, fue jornalero veinte años, y mayeto otros tantos.

José y Francisco, los Blanquitos de hoy, trasladaron la bodega más cerca de la tierra, al pago del Hornillo, sitio desde el que se disfruta de unas vistas singulares. Bien en alto, domina el Guadalquivir y ofrece una estampa única de algunos de los pagos de viña del marco. Son ellos los que crean la marca de Callejuela en 2005, manteniéndose siempre muy cerca de la viña, haciendo de esta su filosofía de trabajo, la cercanía a la tierra.

Leí hace algún tiempo en "Reading between the Wines" de Terry Theise, que uno de los aspectos que hacen grande a un vino es su cercanía a la tierra, que diga de donde viene. Estas palabras que en ocasiones leo en textos manidos por el abuso de frases hechas, hoy alcanzan su expresión en este Blanco de Hornillos, un vino humilde, pero que es el resultado de tres generaciones viviendo cerca de la misma tierra, de una uva, la palomino a la que los años y la experiencia han revelado como óptima para estas tierras, y del cariño, la mirada limpia de la gente de campo, de los mayetos que muestran con orgullo la viña, su viña.

Blanco de Hornillos 2015 es un vino expresivo, complejo de aromas. Conviven en armonía la pera compotada con ligeras notas de miel, el tomillo y la resina de los pinos, y dando cobertura a todo un fondo salino, como de paseo por la orilla del mar con marea baja y un ligero poniente. Tiene una entrada en boca frutal e intensa, pero manteniendo equilibrio y elegancia. No está falto de acidez, ni de una salina mineralidad, con recuerdos calizos. El final no es muy largo, pide rápidamente que se renueve el sorbo, para mantener el sabor frutal y fresco en la boca. Una joya por el dinero que cuesta.

Acompañó bien algo de lomo embuchado, y de fábula unas "papas con chocos y chícharos" hechos con la receta de Javi ligeramente modificada. Me gusta que espese bien la salsa, y que los trozs de sepia queden al dente, por lo que echo las patatas y la sepia casi a la vez. También sustituyo el colorante por unas hebras de azafrán algo tostadas previamente en una sarten, lo que hace que aromáticamente el plato gane mucho. En cualquier caso, este blanco tiene entidad suficiente para acompañar el plato sin disfrazarlo.

De este vino han caído algunas botellas, y he de decir que aguanta percetamente dos o tres días después de abierta. Bueno, el vino aguanta, el bebedor lo tiene más complicado. De esta bodega he bebida también una soberbia manzanilla, y reposan en mi bodega alguna de su gama de vinos viejos. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Blanco de Hornillos se puede encontrar en Enóteca Barolo por poco más de seis euros. No lo he encontrado en otro sitio.