miércoles, 27 de julio de 2016

De Vinos y Lecturas de Verano

Me encanta leer, aunque modero la profundidad de la lectura dependiendo de mi estado de ánimo y del objetivo que pretendo: formarme, entretenerme y todos los niveles intermedios que puedan existir entre esos dos extremos. Recientemente leí “L’Amica Geniale” de Elena Ferrante. Una novela en la que se describe el Nápoles de la posguerra de una forma deliciosa y a la vez brutal, casi con ojos de niña impactada. No es esto lo que leeré en agosto cuando me vaya de vacaciones, necesitaré algo mucho menos comprometido. Probablemente compartirán mi tiempo, algún libro profundo de Romano Guardini, con alguna novelilla de mi gran “frikada”: Star Wars. Llevo mucho tiempo sin saber de Luke, Han y sus hijos y el verano es un tiempo perfecto para ello.

¡Si! Esto sigue siendo Vinos para Compartir, déjame seguir un poco mi argumentación y lo entenderás. Durante el año, busco cosas interesantes para beber. Procuro poner cuidado en darme cuenta de lo que bebo. Lo examino con detenimiento. Si me interesa, buceo en la historia de la bodega, y suelo buscar  más vinos producidos por el mismo elaborador. Me gusta en esta etapa escribir sobre vinos de los que bebo al menos una botella, e incluso procuro ponerme en contacto con el productor. Busco algunos vinos más de la zona. Indago. Es lo que estoy haciendo últimamente con el Bierzo, del que has podido leer hace poco una entrada.

En vacaciones suelo ir por la mañana a la playa, en Chiclana, o a alguna de las calas de Cádiz más hacia el sur. Disfruto del aire, del rumor de las olas, del olor de la mar, de la vista que se pierde en el infinito. Bueno, y también de las aventuras de los Solo y los Skywalker en su contención del lado oscuro. Suelo leerlo en inglés, para satisfacer al lado más intelectual de mi ego. Y me he preguntado, ¿Cuál es la versión más divertida de mi afición por el vino? ¿Qué me llevo a Chiclana cuando me vaya de vacaciones?

Los primeros vinos que me vienen a la cabeza son los de Collantes y Callejuela, que he tenido ocasión de beber durante el curso, y a los que si Primitivo y los Blanquitos tienen un hueco me encantaría hacerles una visita, aún a riesgo de fundirme en los calores del agosto gaditano. Beber sus vinos y charlar con ellos será de lo más refrescante y apropiado, incluso para un período de vacaciones.

Después he buscado vinos de una zona que no conozco, aún a riesgo de que caer en el tópico de rosados y verano, los rosados de Provenza. Sigo los artículos de Eric Asimov en el New York Times y me gustó la última propuesta de su Wine School. De manera que me he hecho con algunos de estos vinos. No ha sido tarea fácil. Sólo en Vila Viniteca he encontrado algunas referencias interesantes.

El trabajo está siendo francamente refrescante, aunque los primeros vinos no me están defraudando del todo. Los rosados de Miraval (AOP Cotes de Provence) no están mal. He tenido oportunidad de beber botellas de las añadas 2014 y 2015. Son rosados con almas de blancos, y ligeras notas de tinto. En la nariz encuentras fruta roja muy fresca junto con aromas de jazmín y recuerdos de albaricoque. En la boca es muy fresco, algo más el de 2014, pero ambos sedosos y con suficiente intensidad. De volumen moderado, tienen un final interesante con un cierto amargor floral. Muy bueno.

Merece la pena echar un vistazo a la web de la bodega. Árboles centenarios. Cepas muy viejas cuidadas sin “apoyo” de productos químicos. Debe ser una maravilla visitar estas tierras mediterráneas, aunque sea de tarea veraniega.

Tengo bastante curro por delante, ya te iré contando. No estuvo mal el comienzo. Anda por ahí también una botella veraniega de El Pícaro del Águila, y una botella de un espumoso rosado esloveno. ¡Me gusta trabajar duro incluso en verano! Seguro que de aquí salen nuevas historias.