sábado, 25 de febrero de 2017

La Despeña. Pitijopos Vol. II

Hay ocasiones en que las grandes corrientes se inician con punto de partida en pequeños movimientos cargados de energía y convencimiento. También deben estar plenos de ilusión, y casi siempre de juventud. En cierto modo, esto es lo que está pasando en el Marco, entendido en su sentido más amplio. Un grupo de gente joven con la mochila cargada de sueños, entre los que ocupa una posición destacada Ramiro Ibáñez está dispuesto a romper moldes, a elaborar de una forma diferente con raíces profundamente insertadas en las tradiciones más antiguas. Pensé que sería bueno dar a conocer a mis amigos esta marea gaditana. Esa fue la razón de que propusiera los Pitijopos para la cata mensual de  La Despeña. Bueno, esa y que nos habíamos despistado y hubo que tirar de lo que había a mano.

Pero bueno, no restemos a esta extraordinaria iniciativa de Ramiro ni una pizca de su relevancia. Te explico qué es esto de los pitijopos. En el habla sanluqueña un pitijopo es una libélula, un insecto que tiene la particularidad de que vuela a menudo en contra del viento. Es esta característica la que inspiró a Ramiro el nombre del proyecto, tratando contra corriente, de demostrar y enseñar la capacidad de la uva palomino para mostrar el terruño del que procede. En el volumen II “Atlántico vs Guadalquivir” se muestran seis pagos que van desde las proximidades de la playa hasta 20 kilómetros tierra adentro.

Con mi caja de pitijopos bajo el brazo me acerco a La Baltasara donde me encuentro con Jaime que viene de emplearse muy a fondo en una cata de vinos “viejunos”. Van llegando los despeñados, tarde como es habitual, y empezamos.

Los vinos han seguido todos el mismo proceso de elaboración. Se trata de mostos de palomino fino, fermentados en botas de manzanilla y con un muy ligero filtrado. La discusión se inicia por el hecho de que las botas, al ser diferentes y tener por tanto “vidas” aisladas, podrían aportar matices diferentes a los vinos. En mi solicitud de aclaraciones posterior a la cata a algunos expertos, me indican que las diferencias, si la selección de botas ha sido apropiada no debería introducir diferencias importantes. Pero bueno, te cuento lo que me parecieron.

El primero viene del pago El Carrascal que, como puedes ver en el gráfico, está a menos de ocho kilómetros del Atlántico. Esto, conjugado con la protección de estar en la ladera contraria a la mar, hace prever que los vinos tendrán la verticalidad y austeridad que le proporciona su cercanía al océano, con una cierta l protección contra el exceso de humedad. Recuerdos de melocotón no muy maduro, junto con notas de flor blanca aparecen con soltura cuando me acerco al vino. Ciertos aromas salinos y terrosos en una nariz limpia e intensa. En boca llama rápidamente la atención por su frescura y verticalidad. No excesivamente intenso ni amplio. Se queda un poco en la parte trasera de la boca, pero su elegancia y suavidad, junto con su persistencia le hacen un vino muy interesante.
El segundo vino viene de una pago con cierta fama, Miraflores Alto. Los vinos de este pago gozan de fama de estructura y equilibrio, con la agilidad que les otorga su cercanía a la mar. Aparecen en este vino albaricoque y flores blanca, junto con recuerdos de caliza húmeda. Aroma fino e intenso, elegante y preciso. En boca es más intenso que su antecesor. La fama de estructura de Miraflores es confirmada en este vino, al que no le falta frescura. Final calizo y muy persistente. Seguro que con esta base se hacen vinos con nervio y equilibrio.

Seguimos con un vino de Cuadradillos, subido a un balcón a casi diez kilómetros del Atlántico. Albarizas menos puras que las de los anteriores. Fruta intensa ensuciada por notas de pintura y laca de uñas que permanecen en el tiempo. El vino menos intenso y con menos volumen. Escasa persistencia.

El vino de La Atalaya, pago con suaves laderas orientadas al Atlántico, tiene intensos aromas a pólvora y azufre. Su boca sorprende con una buena frescura y una intensidad suficiente. Un vino que va creciendo en boca con elegancia, como pidiendo permiso. Cuando te das cuenta la ha tomado, con suavidad pero entereza. Dice en el folleto ramiro que es un vino bipolar y a fe que es lo que me parece. Arduo trabajo el del elaborador que tenga que domar esa nariz para hacer accesible esa boca elegante, armoniosa.

La Maina nos regala un vino muy mineral en nariz, con aromas marcados de tiza y calizos. Alguna nota floral con la aireación. En boca presenta rápidamente su estructura marcada y su notable intensidad. Sabroso y con extraordinario volumen. Muy persistente. Mi favorito, sin duda alguna, del volumen dos.

Cerramos la cata con el vino que procede del pago más cercano al Guadalquivir, Cabeza Gorda. Un vino en el que vuelve la pintura y la pólvora, pero más diluida entre notas frutales de manzana reineta. En boca es amplio, aunque no muy definido. Buena persistencia, con final con una cierta volátil.

La cata es de lo más instructiva y reveladora. Primero por la muestra de diferencias marcadas que proporcionan los diversos terruños a los vinos. Diferencias que resultan evidentes para cualquiera, y que nos traen a la memoria como se apreciaban antaño la diversidad de calidades de los diferentes pagos del Marco. Diferencias que los mayetos tienen aún muy en cuenta, y que deberían ser explotadas como señales distintivas entre estos vinos gaditanos.

Segundo, e igualmente importante, nos muestra la apuesta por la tierra que hace Ramiro Ibáñez. Un hombre que sabe lo que hace y quiere enseñarlo a todos con una intención que no es otra que contagiarnos el cariño a las blancas albarizas gaditanas, a sus personalidades distintivas. Ramiro está llamado a hacer grandes cosas. Ya está haciéndolas de hecho. No hace mucho tuve ocasión de probar un vino suyo que me encantó, Precede Miraflores 2013, de uno de los pagos incluidos en este volumen de pitijopos.

Seguiré muy de cerca los vinos de Ramiro. Los Pitijopos puede que no sean su mejor creación vinícola stricto sensu, pero me han ayudado a conocer mejor nuestra tierra. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.