miércoles, 19 de diciembre de 2012

Guia Peñín. Cata del Bierzo.

Poco he podido escribir en estas últimas semanas. La vida nos va llevando por derroteros que nos alejan de algunas empresas, para centrarnos en otras. En mi caso cuando hace unos meses comencé este blog, y conocedor de mi inconstancia crónica, me planteé un horizonte temporal de seis meses antes de valorar la continuidad o no de este cuaderno.  Y en eso estamos.

El balance ha sido tremendamente positivo, desde el punto de vista de la fidelidad con que habéis seguido este blog. Unos  seiscientos lectores de cada artículo son infinitamente más de lo que pensé jamás conseguir, y sin duda, más de lo que este humilde cuaderno merece.

Cuando valoro lo que este blog me ha dado, y lo que yo he aportado al mundo del vino me abrumo. La descompensación es enorme. No consigo determinar por qué alguien debería gastar su tiempo leyéndome a mí, y no a otra de la infinidad de páginas que sobre este tema, un buen número de las cuales son, sin lugar a dudas, de mucho más nivel que Vinos para Compartir.

En medio de estas cábalas, recibí la invitación de Guía Peñín para un encuentro entre blogueros madrileños y enólogos del Bierzo. Si hay algo a lo que con dificultad puedo resistirme es a compartir la pasión sobre el vino con la gente que lo elabora. Sin dudar dije que sí. Esperé el momento de la probablemente última entrada de este blog con enorme ilusión.

La Guía Peñín ha estado en mis estanterías durante muchos años, y me ha ayudado a conocer algunos vinos de denominaciones que para mi eran absolutamente desconocidas. Recuerdo, no sin cierta nostalgia, un blanco de Alella, In Vita, que hace ya algunos años disfruté gracias a ellos. Una excelente razón para acudir. Compartir un buen rato con José Peñín, uno de los hombres que más ha hecho por la promoción del vino español en los últimos tiempos tampoco le iba a la zaga.

Comienza la cata. Unos trece bloggers presentes. Espero que ninguno sea supersticioso. Nos trasladan la ilusión que se está moviendo en el Bierzo, donde una serie de jóvenes enólogos están iniciando nuevos y prometedores proyectos.

Comienza la cata con vinos jóvenes bercianos, Cónsules de Roma 2011, potente, limpio y frutal. Agradable. Le sigue un viejo conocido Castro Valtuille 2011. Abundante fruta roja, que se mezcla con el monte bajo. Notas terrosas. Algún recuerdo de aceitunas negras. Buena acidez. Volumen medio. Recorrido suficiente. Un chollo por su precio.

José Peñín va compartiendo sus notas de cata. Algún comentario con Raul Pérez. Los bloggers muy tímidos. No me cuadra. Se supone que debería haber intercambio. Continúan los vinos y va apareciendo la madera. Bastante roble cremoso.

Art 2010 de Luna Berberide no está exento de mérito. Veo también buena fruta en Pittacum 2008 y en Pago de Valdoneje Viñas Viejas 2008. Esta última añada se muestra poderosa y aguanta con algo más de soltura la madera, que sigue antojándoseme excesiva.

Mis percepciones no coinciden con lo que estoy escuchando. Miro a mi alrededor y veo caras de póker. Escasez de  opiniones. Algún tímido arranque, casi filosófico, sobre los defectos del vino como causa de que los jóvenes beban cerveza. Argumento bastante pobre. No arraiga.

Luna trata de animar, con escaso éxito, el que haya debate. Casi termina la cata y la “posesión de balón” está en manos del Sr. Peñín con casi un 85%, que practicamente no suelta la voz, acaparando el escaso tiempo,  le sigue muy de lejos Raul Pérez. Los bloggers no conseguimos superar la timidez. ¿Falta de conocimiento? ¿De ganas?... ¿De ilusión? Tal vez un poco de todo.

Llega el vino número doce. Brett de libro. Lo que escucho no me cuadra. Iba a hacer un juego de palabras, pero hoy no estoy muy fino. Nadie dice nada. Sin duda soy un ignorante.

Y llega algo que lo compensa casi todo. Un muy buen vino. Tilenus Pagos de Posada 2004. De entrada muchos terciarios. Un vino algo constreñido. Tabacos, cueros y cafés. Una acidez excelente. Taninos redondos. Cuando escucho que se ha criado en un 20% de madera nueva no doy crédito. ¡Qué bueno!

A duras penas meto baza para contar mis impresiones. Más bien lo que me gustaría ver y que he echado en falta. Me faltan rasgos distintivos comunes que ayuden a situar el vino. Algo menos de madera nueva. Tal vez… ¿ninguna? Me ha parecido que el trabajo en la viña, que creo excelente, no está del todo bien acompañado. Campo y material hay para mejorar. ¡Sin duda!

Nos invitan a un aperitivo. ¡Por fin el momento de compartir! Vanas esperanzas. Salvo Mathieu que se acerca con cierta timidez, e Isidro que si se mezcla con los bloggers, hay dos mundos separados. Comprendo perfectamente que a un “monstruo” del vino como Raúl Pérez le importe poco  lo que Vicente Vida piense del Bierzo. ¿Para qué se ha hecho cuatro horas de coche?

No se me malinterprete. Me parece fantástico este tipo de encuentros. Guía Peñín está haciendo un esfuerzo por considerar opiniones de fuentes poco convencionales, pero que posiblemente sean más cercanas al consumidor. Ojalá que continúen y mejoren. Ese es el único espíritu de esta entrada.

En cuanto a mí, probablemente ya no estaré. Le debo tiempo a mi familia. Le debo tiempo a cosas muy importantes para mí. Seguramente no será esta la última entrada de este blog, pero se espaciaran muchísimo más. Tengo que convencerme de que realmente aporto algo. Tengo que recuperar la ilusión por contar cosas… Nos vemos. Espero que delante de unos buenos vinos.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Los Nuevos Champanes de la Tintorería

Se acercan las fiestas de Navidad y los espumosos van aumentando su protagonismo. Es curioso que unos vinos mayoritariamente secos como estos, se sigan asociando a los dulces navideños. Dulces que me encantan, por cierto. Habrá que hacer dieta en enero de nuevo, me temo.

Previendo el aumento de la demanda de champanes, con muy buen acierto a mi juicio, en La Tintorería se pusieron a buscar nuevas referencias con las que aumentar su ya bastante abultada oferta. Y tuvieron el detalle de proponer a los aficionados una cata en la que pudiéramos tener un primer contacto con estos vinos que cada día me gustan más.

La cata la dirige César con su buen hacer habitual.  No pretende abrumarnos con detalles técnicos, pareciendo interesarle más nuestra opinión sobre estas nuevas referencias de su porfolio. Interesante la aportación que cada uva a un buen champán. La chardonnay finura, la pinot noir aporta fruta, y la pinot menier estructura.

El ambiente es festivo, pero lo suficientemente serio que una cata de champanes de este nivel merece.

Comenzamos con Lilbert Brut Blanc de Blancs (100% chardonnay). Un vino con aroma complejo y fresco. Muy protagonistas las levaduras, acompañadas de abundantes notas minerales. Yerba verde y manzana. Algunas flores blancas y suaves toques lácteos. En boca destaca su acidez, que en principio me parece algo descontrolada. Un champán para personas adentradas en este mundillo, dice César. Fruta abundante. Toque ligeramente goloso, que permanece en la boca. Muy directo. Muy bueno plus.

Le sigue uno de los vinos que me atrajo hacia esta cata. De Sousa Cuveé des Caudalies Brut. (100% chardonnay). Aromas muy complejos, entre los que destacaría cítricos, flores blancas, y bollería fina (croissant). Notas de fruta amarilla (melocotón) y algunos lácteos. En boca muy frutoso y bien estructurado. Burbuja fina y sedosa. Un champán con carácter, que ofrece un delicioso final de fresas ácidas. Excelente minus.

Pasamos ahora a un blanc de noirs, Coutier Henry III 2004. (100% pinot noir) Mucho más sencillo en nariz que sus predecesores en esta cata. Destaca la panadería, acompañada por la manzana reineta. En boca su acidez está muy bien definida. Algo tánico. Final de cítricos y recuerdos de bollería. Muy bueno.


A continuación catamos Henri Giraud Brut Grand Cru Hommage. (70% pinot noir, 30% chardonnay). Un vino con toques especiados en nariz, acompañados de peras y pan de pueblo. Almendras tostadas y pétalos de flor seca acompañan el aroma sensual de este champán. En boca es cremoso, con abundante fruta. Acidez excelente, bien definida, marcada. La burbuja no muy bien integrada. El degüelle ha sido reciente, nos dice César. Muy buen volumen. Alegre. Muy bueno.


La cata avanza, con tristeza nos vamos acercando al final, con un champán muy grande, Vilamrt et Cie Grande Reserve. (70% pinot noir, 30% chardonnay). Aromas de membrillo, muy bien acompañados de setas, y tierra mojada. Muy mineral. Notas ahumadas y balsámicas. Un champán con una estructura excelente. Muy buen acidez. Dominan la boca la panadería y la manzana verde, separándote un instante del mundo. Te devuelve a él lleno de fruta, con un leve recuerdo cítrico. Excelente.

Todo lo bueno se acaba, y nos toca finalizar con Paul Bara Comtesse Marie de France  2000. No es esta una añada en champán que me fascine, pero este demuestra en nariz una gran complejidad. Notas florales y balsámicas. Buena fruta en nariz, pera conferencia y membrillo. Fresco. En boca, muy disfrutable y fresco. Con buen volumen y estructura. Final con notas florales y de menta. Largo. Muy bueno plus.



Vuelvo a casa pensando en la acidez del Lilbert. No soy un experto en champán, y por eso esa acidez me ha debido descolocar un poco. Tampoco hay que darle mayor importancia. En la radio escucho a Carly Simon cantar “Let the River Run”. No es mala idea…

martes, 6 de noviembre de 2012

De Vinos Naturales

Llevaba varios días queriendo compartir la experiencia que disfruté en Le Petit Bistrot,  con motivo de la Primera Fiesta de la Vendimia. He estado a punto de pasar de puntillas por ella en este cuaderno, porque en mi último cambio de teléfono he perdido las fotos que hice. Además, ya pasó un poco de tiempo, con lo que probablemente se pierda la “frescura” que trato de imprimir a mis entradas, procurando contar mis experiencias y sensaciones "en caliente".

Leí hace unos días en el blog de Jamie Goode  una entrada  sobre vinos naturales, con la que estoy en casi completo desacuerdo. Esto no es nada anormal, pocas veces me gustan sus artículos. El hecho de que casi con absoluta seguridad el señor Goode no lea este humilde cuaderno y tenga, por tanto, escasa oportunidad de responder no me animó a escribir. Sin embargo, hoy le di una vuelta y vi que mi amigo Fabio Bartolomei mostraba su absoluto acuerdo con lo expuesto por Jamie, por lo que voy a tomarme la libertad de aprovechar para contestar, y a la vez contaros como me fue en la muestra de vinos naturales de Le Petit Bistrot. Habrá alguien que pueda responder.

El punto fundamental de mi desacuerdo con la entrada en cuestión es su aseveración siguiente: “I don´really mind that there is no strict definition for “natural wine”. If someone wants to call their wine natural then that’s fine”. Esto me parece sencillamente una aberración, y no entiendo como alguien puede estar de acuerdo con este punto de vista. No entiendo que se permita a alguien engañarme en una etiqueta de un producto que pago con mi dinero.

Otra de las afirmaciones que me encienden es la siguiente: “I think it would be a mistake for “natural wine” to be defined. The natural wine movement is counter-culture; it’s revolutionary. To nail down a definition would be to strip it of some of its soul”.

Entiendo perfectamente que Fabio se sienta identificado por esta afirmación, pero ¿no es en sí misma limitadora y excluyente? ¿Clasificaría alguien a Alfredo Maestro o Esmeralda García como contra-cultura o revolucionarios? ¿No son sus vinos por esto naturales?

La  mayoría de los productores de vinos naturales que encontré en la Fiesta de la Vendimia me parecieron personas muy normales. Bodegueros que saben muy bien lo que hacen, cuyos productos me parecieron notables. Muchos de ellos alejados de los cánones que parecen querer imponer, Jamie Goode entre otros, a los vinos naturales y sus productores. Vinos con aromas limpios, bien estructurados y con acidez increíble. Os cuento algunos de ellos.

El primero stand en el que pasé un rato fue el de Barranco Oscuro, donde estuve charlando con Lorenzo. Tanto él como su mujer, Luisa Chova me parecieron bastante convencionales. Tuve oportunidad de probar Blancas Nobles Clásico 2010. Un vino de nariz de fruta blanca y leves ahumados. En boca acidez perfecta, intensidad buen volumen y un agradable final cítrico. En 1368 Paso las Monjas 2004 también disfruté de una nariz muy limpia, con mezcla de fruta roja y flores azules, pimienta y rosas secas. A Rubayyat 08, lo encontré bastante verde todavía. Muy tánico.

Retaría a mucha gente a que en cata ciega distinguiera si estos son productos naturales o no, o qué defectos les encuentran. Otra cosa es cómo reacciona tu organismo después de beberlo. No tenía dolor de cabeza al día siguiente, ni mi estomago había sido castigado por acidez artificial.

Pasé también un buen rato con Samuel Cano. Su Aire del Patio 2011 me pareció un vino tremendamente accesible, fresco. Ya conocía bien sus vinos, y tuve la oportunidad de catarlos cuando se habían aireado suficientemente. Me parecieron muy buenos. Disfrutables. La oportunidad de compartirlos con Samuel fue excepcional. Sus vinos están creciendo a pasos agigantados.

Dos vinos probé en el stand en que se encontraba Luisa. Vovray Puzelat-Bonhomme 2007, y Le Peti Buisson 2011. Ambos limpios, con abundante fruta blanca en nariz. Nada que a nadie le pueda parecer defectuoso. Vinos tremendamente accesibles, que disfrutaría absolutamente todo el mundo. Que le guste el vino, lógicamente.

El pinot noir de Bodegas Cauzón me pareció uno de los mejores de la muestra. Un vino potente. Si alguien me hubiera dicho que me iba a gustar tanto un pinot de Granada me hubiera reído de él en su cara. Hubiera hecho mal.

De los vinos de Alfredo ya he escrito varias veces. Me parecen muy buenos. Los he seguido de cerca desde hace tiempo, y jamás he encontrado niveles altos de volátil, o cualquier detalle que me haga parecer defectuoso. Buenos vinos, con excelente nariz y mejor boca. ¿Defectos? Ninguno.

No sé si me arrepentiré de mezclar un evento en el que disfruté como un chiquillo, con temas polémicos. No sé si lo volveré a hacer alguna vez. Pero según vi la entrada de Mr. Goode me encendí.

Dejadme resumir mis tesis:

- El vino natural no tiene nada que ver con un movimiento revolucionario no con contra-cultura. Definirlo así me parece limitarlo en gran manera.
- El vino natural no tiene porque tener defectos al analizarlo de una forma clásica, como parece deducirse de la lectura de la entrada de Jamie Goode. Nunca valoro un vino por  su aspecto visual, tal vez vayan por ahí los tiros.
- No creo que sea necesario encorsetar los vinos naturales con una legislación exhaustiva, pero hay aspectos que si deberían concretarse. ¿Niveles de sulfuroso? ¿Tratamientos permitidos?...

Leo mi entrada y me parece tremendamente presuntuoso. Contradecir a uno de los bloggers  de vinos más prestigiosos, yo que no paso de tragavinos entusiasta, tal vez sea saltarme un poco la raya. Pero, ¿si no puedo escribir en este espacio con libertad? ¿Para qué seguir?

Quisiera terminar con una frase de Fabio en su comentario de la entrada:

How about a reasoned and sensible debate on what exactly are “natural wines”, “industrial wines” and the interesting grey area inbetween?

Eso, amigo Fabio, haya ese debate y dense a conocer los resultados. Los consumidores realmente lo agradeceremos.

PS. Me había quedado en 998 palabras. Escribo un poco más para pasarme de las 1000, que según las “normas“ de Mr. Goode debe tener una entrada de blog correcta. Debo estar haciéndome contrarrevolucionario.

N. del R. Las fotografías proceden de las páginas web de Le Petit Bistrot, Bodega Barranco Oscuro, y Vinissimus respectivamente

miércoles, 31 de octubre de 2012

XIII Salón Mejores Vinos de España (y II)


En la anterior entrada comenté mis impresiones sobre los blancos y espumosos, que tuve la ocasión de disfrutar en la muestra de los vinos mejor  puntuados por la Guía Peñín. Hoy me gustaría contaros los vinos que más me impresionaron de entre los tintos y generosos. Fue absolutamente imposible abarcarlo todo. Mucho menos si se le quería dar, como es mi caso, un poco de tiempo para que el vino se expresara.

Comencé purgando mi atrevimiento por poner en duda el interés de los vinos de Castell D’Encus. Su Thalarn 2010 me pareció un syrah auténtico, en el que a pesar  de su juventud y una cierta rusticidad, se aprecia todo lo que tiene que tener un buen vino. Fruta muy presente, acidez y una estructura impecable. Fue al principio de mi visita. Me hubiera encantado dedicar un poco de tiempo a conocer a su productor.

Donde sí estuve un rato fue con Xose Lois Sebio en el stand de Coto de Gomariz, disfrutando especialmente de dos de sus vinos. Encontré fantástico su VX Cuvée Primo 2007, y excepcional Hush 2009. En este último encontré una evolución fantástica. Lo había catado en La Despeña hace unos meses, y el vino me pareció en esta ocasión mucho más accesible. Rústico, con una acidez perfecta, pero muy bien compensada por la intensidad frutal. Aluciné cuando Xosé Luis me dijo que en una famosa tienda madrileña no había querido sus vinos por falta de personalidad. Eso es lo que precisamente le sobra a este vino por todas partes.

Encontrar el stand de DomaineLupier sólo debió ser mi momento de fortuna del día. Sin perder un segundo me aproximé. Impresionante lo que encontré. Charlar con una persona tan entusiasta como Elisa, que cree tanto en su proyecto, es una gozada. Comprobar a su lado la increíble acidez, la complejidad aromática de El Terroir 2009, es dar un paso más en esta afición. Si después compruebas la diferencia de matices, la expresividad de La Dama 2009, te das cuenta que esta es una bodega a la que un buen aficionado no debe perder de vista. Vinos amables, accesibles, y a la vez complejos, grandes.

Hubo más. Debería nombrar las garnachas de Marañones, de Bernabeleva. El excelente María 2009 que hacen en Alonso del Yerro. El impresionante As Caborcas 2010 que está haciendo Telmo Rodríguez en Valdeorras, pero me pasaría media vida escribiendo y acabaría con vuestra paciencia.

No quiero dejar de contaros los impresionantes vinos que se están haciendo en el Priorat. Me impactaron las cariñenas de Ferrer Bobet Selecció Especial, especialmente la añada 2009. Su complejidad, su mineralidad, su frescura, hacen de él un gran vino. Su Vinyes Velles 2009 es, por supuesto, también digno de mención.

Decir que los vinos de Clos delPortal están a un gran nivel no debe ser una sorpresa para el que siga este cuaderno. Charlar con Alfredo es una gozada. Cuando mostré mis reservas sobre la posible caída de calidad de Somni al detraer la uva con la que ahora se hace Tros del Clos, me miró con cara un poco rara. La uva de Tros del Clos es una rareza de la zona me dice. Con poco convencimiento pruebo Somni 2009 y mis reservas se diluyen el vino está ahí. Es mi amigo de siempre. Mucha vida por delante. Tros del Clos  2009 es un vino diferente, más grande. Expresivo, para perderse bebiéndolo.

Uno de mis descubrimientos del Salón fue Dominik y su Terroir al Limit. Me cuenta que Torroja es su village, Arbossar su premier cru, y Les Manyes y Les Tosses sus grand crus. No me gusta mucho la comparación. Al Priorat le sobra personalidad para tener que asimilarse con ninguna otra región productiva. Debe ver en mi cara el escepticismo. Me da a probar Torroja 2010. Absolutamente impresionante. Arbossar 2010. Subir un escalón más. Les Manyes 2010. Levitar. La asimilación no es más que teórica. Los vinos buscan y encuentran la personalidad de la tierra. Su Torroja no faltará en mi bodega. Un apretón de manos certifica el encuentro. Gran persona que hace grandes vinos.

Finalizo con mi visita al stand de Barbadillo. Vieja conocida su manzanilla en rama. Pruebo la saca de otoño. La última. Se me humedecen los ojos. He vuelto a mi tierra. Suavidad expresiva. Mineralidad punzante. ¡Que vino! Hay sobre la mesa cuatro decántadores. Pido que me sirvan el palo cortado. Sólo tiene 150 años. Complejidad, expresividad. Cien puntos sobre cien. No puedo más y quiero irme con algo que no olvide. La última reliquia. El PX. Nose puede catar nada después de eso. Persistencia eterna. Intensidad. Sabor que no quieres que se vaya. Y no se va.

Salgo por la puerta. Momentos que recordaré mucho tiempo. El PX en la boca, y los momentos pasados con nuevos y viejos amigos que permanecerán para siempre. Gracias Victoria por haberte acordado de este humilde tragavinos. Durante estos ratos el vino y sus gentes me hicieron disfrutar a lo grande.

domingo, 28 de octubre de 2012

XIII Salón Mejores Vinos de España (I)



Este es el primer año que tengo la oportunidad de acudir a esta cita, en la que se muestran los vinos mejor puntuados por la Guía Peñín. Estoy encantado de poder asistir, por la oportunidad que supone de charlar con productores, encontrarme con amigos y descubrir nuevos vinos. Comparar puntos de vista con aficionado de la categoría de Mariano Fisac, y de un hombre sabio, como Joan Gómez Pallarès, añaden sin lugar a dudas un plus importante.

Si tenía alguna incertidumbre sobre la capacidad de convocatoria de la muestra, se despeja nada más llegar. El palacio de Neptuno está bastante lleno. Algo de calor, lo que se traduce en la dificultad para mantener la temperatura óptima de los vinos, especialmente los tintos. Los representantes de las bodegas tienen que hacer malabares metiendo y sacando los vinos de las cubetas de hielo, para que no estén demasiado fríos o algo calientes.

El proceso de acreditación está muy bien gestionado y en pocos minutos estoy haciendo algo que me encanta, catar muchos vinos e intercambiar puntos de vista con los productores. La representación de bodegas está bien nutrida. Las dos plantas del palacio completas con stand de productores, entre las que hay varias que me parecieron de un extraordinario nivel.

Empezamos dando una ronda de blancos. Los ribeiros de Coto de Gomariz tienen muy buen nivel, buena acidez y definición. Un gran acierto The flower and the bee, un vino que aunque muestra un mas bien carácter comercial, es muy correcto, y permitirá que la bodega continúe ofreciéndonos otros vinos como Coto de Gomariz Colleita Seleccionada, directo y de una acidez fantástica. Gran trabajo con las lías el que ha realizado Xosé Lois Sebio. Una referencia para apuntar.

Reencuentro con algunos viejos conocidos, como Pazo de Señorans Selección de Añada 2005, que mantiene un nivel excelente. Un vino que merece la pena guardar. Todavía alucino cuando recuerdo la fantástica vertical histórica que nos ofreció la UEC, muestra de que los blancos bien realizados se pueden guardar, y os pueden ofrecer con unos años enormes alegrías. Un albariño muy grande.

Me gusta mucho también el godello de Rafael Palacios, As Sortes 2011. Muy joven, muestra una acidez fantástica, y muy buen volumen. Graso en boca. Muy frutal y agradable. Para disfrutar sin muchas complicaciones. Me gustaría acompañar alguna botella de un buen salmón.

Pasamos a referencias menos conocidas y  descubrimos Altos 2011, de la bodega Altos de Rioja. Un vino que por los seis euros que vale ofrece carácter y nervio. Muy bien confeccionado. Honesto y agradable. Muy frutal en nariz, y con buena acidez en boca, merece la pena conocerlo y disfrutarlo. Apuntado queda.

Paso cerca de Castell D’Encus y recuerdo la entrada del blog de mi amigo Juan Manuel, sobre los vinos de esta bodega. En aquella ocasión mostré mis reservas a vinos elaborados con uvas foráneas y con crianza en madera nueva. No sentó bien mi comentario. Tenía que acercarme a  los vinos y probarlos. Mereció la pena. Taleia 2011 (85% sauvignon blanc, 15% semillon) es un muy buen vino. Agradable y bien estructurado. Con una acidez fantástica. Una muestra más de que hay que dejar los prejuicios en casa cuando te acercas al mundo del vino.

Tras los blancos pasamos a los tintos, pero en aras de la brevedad me permitiréis que en esta entrada hable sólo de cavas y blancos, dejando tintos y generosos para dentro de una par de días, en que seguiré abusando de vuestra paciencia.

La muestra de espumosos merece realmente la pena. El primero a que me acerco es Tantum Ergo Vintage 2007 de Bodegas Hispano Suizas. Un vino agradable y complejo. Una buena muestra de los cavas que pueden hacerse fuera de Cataluña. Su rosado Tantum Ergo Pinot Noir 2010 también me gustó. De paso muy fácil, tiene una buena persistencia e intensidad. Para acompañar un buen arroz potente debe resultar de fábula.

Decir que Gramona hace algunos de los mejores cavas de la actualidad es una obviedad, pero no puedo dejar de mencionarlo. Cato la gama completa y vuelvo a anonadarme con su Celler Batlle 2002 Brut Gran Reserva. Un vino de otra dimensión. Su definición, profundidad, volumen y persistencia le hacen acreedor a situarlo entre los grandes.

Cuando ya casi me marcho, despidiéndome de Joan con el que había pasado algunos ratos para recordar, me pregunta si he pasado por el stand de Raventos i Blanc. Su cara me lo dice todo. Subo a la segunda planta y me acerco. Por suerte está vacío. En la mesa tres joyas  de producción limitadísima que la bodega ha tenido la generosidad de ofrecer para la ocasión. Una mini-vertical de su Gran Reserva Personal. Los años 1998 a 2000. Vinos que muestran su añada con gran autenticidad. Bien realizados, con magnífica estructura. Pero sobre todo deliciosos. Me gustó especialmente el 98, que mostraba una juventud excepcional, todavía con fruta en nariz. Equilibrado y con una excelente acidez en boca. Una pena que sean tan escasos.

Perdonadme si me extiendo demasiado, pero había mucho que disfrutar en este salón. Si hubo bastantes blancos y espumosos que me gustaron, los tintos no le fueron en absoluto a la zaga. Guardo también para la próxima entrada alguna sorpresa que encontré entre los generosos de mi tierra. Todo eso, será otra historia.

martes, 23 de octubre de 2012

Domaine François Bertheau 2009

Continuaré contándoos en esta entrada la extraordinaria cata que tuve la oportunidad de disfrutar en La Fisna, comparando vinos de Volnay y de Chambolle-Musigny, concretamente los de Lafarge y Bertheau. Pudiera alguien pensar que elegí los vinos de Michel en la primera entrada porque fueron los que me impresionaron más, y estaría en lo cierto. Sin embargo, si alguien creyera que los Chambolle que catamos en esa ocasión, a mi juicio desmerecían o eran de segundo nivel, nada más lejos de la realidad. Trataré de contaros mis impresiones.

Conocer personalmente al productor ayuda sin duda a comprender mejor sus vinos. Ese hándicap se puede superar, aunque sea parcialmente documentándote, o escuchando las impresiones de alguien que si ha accedido de primera mano al productor, y como en el caso de Iñaki las viñas de donde salen esos vinos.

François Bertheau ha conseguido, a juicio de Iñaki, dar un impulso tremendo al Domaine, que con anterioridad dirigió su padre. Es un productor respetuoso con la uva, utilizando entre un 70% y un 80%  de  barricas usadas para la crianza de sus vinos, que dura en torno a unos dieciocho meses. Su estilo es elegante, puro y muy tradicional. Me da que esto me va a gustar.

El primero de los vinos es François Bertheau Chambolle-Musigny 2009. Muy complejo de aromas. Rosas secas que se mezclan con balsámicos. Talco. Recuerdos de botica, y al final notas sutiles de tabaco rubio. En boca es elegante, suave. Como un guante. Muy buena acidez. No quiere marcharse, y al final deja recuerdos frutales y ligeros balsámicos. Muy bueno.

Le sigue el François Bertheau Chambolle-Musigny Premier Cru 2009. Un vino que se hace con uvas procedentes de cuatro parcelas que tiene en cuatro viñedos diferentes, catalogados como Premier Cru. Entre los cuatro tiene muy poco más de una hectárea, por lo que hacer cuatro vinos diferentes sería muy complicado. El vino merece la pena. Recibe con algunos tostados, y fruta negra muy fresca. Vuelve el talco, esta vez acompañado de notas elegantes de azafran, y las siempre presentes rosas secas. En boca, siendo elegante, es ligeramente astringente. Algo más robusto que el vino anterior. Larguísimo, deja en boca recuerdos minerales y ligeras notas frutales. Muy bueno.

El último vino catado de este gran productor es François Bertheau Chambolle-Musigny Premier Cru “Les Charmes” 2009. Aromas de canela y clavo. Notas de carne de ave asada. Fruta roja muy fresca. En boca muy amable y fresco. Un vino que se bebe solo. Se adueña de la boca con sutileza y frescura. No me gustan los géneros en el vino, pero si hay algún vino femenino, sin duda es este. Casi risueño. Final frutal, muy fresco. Muy bueno plus.

No conocía a este productor, y me alegro de que se haya incluido en esta cata. Ponerlo al lado de Lafarge y aguantar el envite dice mucho de este vigneron que sin duda seguiré en el futuro. Hay alguien más en Chambolle-Musigny que mi admirada Gislaine Barthod.

martes, 16 de octubre de 2012

Domaine Michel Lafarge 2009

Hay eventos enológicos a los que no puedo  dejar de asistir. Que se organicen en La Fisna, sea de vinos de Borgoña, y entre los asistentes estén Delia, Iñaki Gómez Legorburu y Jaime Jiménez son requisitos  más que suficientes para entrar en esa categoría. Si además se incluyen vinos de Borgoña de un productor como Lafarge, al que tengo un aprecio especial, me tienen que atar a la pata de la cama, lo que no es frecuente, para impedirme ir.

La cata en cuestión incluye una horizontal de 2009 de vinos de Michel Lafarge, elaborados en Volnay, y otra del mismo año de François Bertheau, de Chambolle-Musigny. La comparación entre la elegancia del sur y la del norte de Borgoña parece forzada, sin embargo la evito a toda costa. Son dos productores de extraordinario nivel, y merecen ser disfrutados con independencia. En esta entrada trataré sólo los vinos de Lafarge. No sé si en algún momento no podré huir de la comparación. Mis disculpas por adelantado.

Catar con estos “monstruos” es un sueño. Verles disfrutar de unos vinos únicos una experiencia para recordar. Pero cuando el primero de los vinos llega a la copa, sólo existimos el vino y yo. Se trata de un viejo conocido. Un habitual de mi cava, en la que descansan algunas botellas, a la espera de tener suficientes añadas para hacer una vertical significativa.

Michel Lafarge Bourgogne 2009. Probablemente uno de los mejores borgoñas básicos.  Reciben aromas de frutas rojas muy frescas, combinados con especias y bosque bajo. Algunos hongos pululan también por ahí. Muy buen volumen, con buena fruta, y excelente acidez. Algo punzante, y rústico. Para guardar algún tiempo. Larguísimo, queda en la boca un recuerdo especiado. Muy bueno. Pienso que es una excelente opción para los que quieren acercarse a esta bodega por un precio no excesivamente elevado.

Seguimos con el Michel Lafarge Volnay 09. Este vigneron sigue sorprendiendo. Su Volnay tiene una importante mineralidad, destacando las notas de tiza y tierra mojada. Con la aireación aparecen flores secas y boletus. Especias y notas de frutas rojas en el fondo. En boca aparece con suavidad, vertical. Notas cítricas de naranja, con buen volumen. Tanino ligeramente secante, pero equilibrado con la intensidad frutal. Gran elegancia. Final espaciado con notas de boletus, muy largo. Muy bueno plus.

La cata va a avanzando con lentitud. Algunos minutos de silencio cuando se sirve un nuevo vino. Sonrisas de complicidad. Estamos delante de algo grande. Los vinos nos van exigiendo finura a los catadores. Su enorme complejidad aromática va demandando todo lo que podemos dar. Complementamos nuestros registros, asintiendo con breves movimientos de cabeza y media sonrisa. Uno más.

 Michel Lafarge Volnay “Clos du Château des Ducs” 09. Tremendo. Domina la fruta roja fresca, con notas de tiza y especias. Este vino merecería una tarde para él, pero tenemos poco tiempo. Hay quien dice que se puede valorar un vino en pocos minutos… Me centro. La evolución es impresionante. Notas de rosas secas y laurel. Continúan las frutas rojas en un mercado de especias. En boca casi pide permiso para entrar. Suavísimo. Vertical. Es sólo la primera impresión. La fruta se hace dueña pronto de la boca. Estructura. Acidez marcada. Final impresionante. Fruta y especias que se quedan para siempre. Excelente.

La ronda de Lafarge va terminando, entremezclada con los vinos de Bertheau. Llega el final. Recuerdo a Michel. Sencillo, pero con el aplomo que da el conocimiento casi perfecto. El vino. Michel Lafarge Volnay “Clos des Chenes” 09. Fruta roja muy fresca levita sobre unas notas que me recuerdan carne de ave asada. Notas animales, sangre. Tostados suaves. Evoluciona hacia notas de flor. Perfume muy suave. Me quedaría media vida oliendo este vino. En boca muestra una tensión bien definida. Acidez controlada por la fruta intensa. Fresco. Vibrante. Tanino indefinible, casi carnoso. Final de fruta fresca larguísimo. Excelente. El que más me gustó de la cata.

La cata termina y la vivacidad de la conversación comienza. Ha sido inmenso. Cualquier comparación con los vinos de Bertheau hubiera sido completamente injusta. Su expresión del terroir, su conocimiento de la uva están a un nivel casi imposible de igualar. Dejaré para la próxima entrada unos vinos también grandes, los Chambolle de Bertheau.

jueves, 11 de octubre de 2012

Un Día en Viñedos Alonso del Yerro


María del Yerro nos había ofrecido la posibilidad de visitar Santa Marta, la finca donde se producen los vinos de Alonso del Yerro, hacía ya cerca de un mes. Llega el día y estoy impaciente. Dos horas de conducir desde “Colmenar Lejos” y nos encontramos En Roa con Inma y Guillermo. ¡Qué buenos amigos estoy haciendo en el mundo del vino! Estos son realmente especiales.

¡Ya se ven la casa y la bodega! Lejos de las estridencias arquitectónicas que últimamente salpican los viñedos españoles. Integrados en el paisaje. Integrados en  la tierra. Llegamos al patio de la casa. Nos reciben dos viejos labradores, uno negro y el otro de color canela,  que nos miran con cierta desgana. Hace calor y no les apetece separarse de la tierra fresca. Elena se protege detrás de mí. Aunque no tienen precisamente aspecto fiero, le puede su aversión a los perros.

Segundos después sale María, sonriente. Nos esperaba. Hemos sido extremadamente puntuales. Presentaciones, y comienza lo importante. La historia de un sueño. Javier Alonso en plena crisis de los cincuenta, nos cuenta María, estaba deseoso de comenzar un proyecto, un sueño que diera un giro a su vida. Amantes de los vinos intensos, con cuerpo, dirigieron sus pasos a la Ribera del Duero. Encontraron lo que buscaban cerca de Roa, en unos leves cerros desde los que se domina la zona. Buscaron sólo los mejores pagos, sin prisas. Les pusieron los nombres de sus hijos.

Salimos hacia las viñas con el corazón expectante, conscientes de que vamos a entrar en terrenos donde los sueños se confunden con la realidad. Paramos en un pago cercano. Racimos pequeños con uvas menudas. Muy prietos. Algunos sobre el suelo. Nos cuenta María que los han cortado para favorecer la maduración de los más sanos.

La tierra se ve suelta. Nada de productos de síntesis, nos dicen. El compost con que se fertiliza es de fabricación propia. Entre hileras de cepas se plantan cereales cada cierto tiempo, para evitar la compactación del terreno. Catamos las uvas. Sabrosas, dulces. Pepitas con un cierto verdor aún. Esperad al pago Violeta, nos dice María.

Vamos hacia allí. De las zonas más elevadas. Se huele la fruta, y cuando la pruebo, la boca se inunda del sabor de los caramelos de violeta de cuando era niño. Más madura, parece preparada para ser recogida. Esta tarde llegará Stephane Deneroncourt para decidir la fecha de la vendimia. Este pago y la zona más elevada de otro son de donde se obtiene el vino María.

Las instalaciones de fermentación están inmaculadas, tanques de inoxidable para Alonso del Yerro, y fudres de roble francés para María. La vendimia se hace por microparcelas, vinificando juntas las uvas que van a aportar al vino características determinadas. Tenemos ocasión de comprobarlo en la sala de barricas. Inundada de olor a vino y a toneles. Decorada con sencillez. Pañuelos de señora montados sobre lienzos en las paredes. Elegante.

Hay marcadas con tiza dos barricas de las destinadas a Alonso del Yerro. Cato de la primera. Elegancia. Aromas florales y especiados. En boca, ligero, algo falto de volumen. La segunda. Pura fruta roja. Ahumados ligeros. Notas de vainilla. En boca potente, con cuerpo. Se complementan. Juntos pueden hacer un buen vino.

Pasamos al lado izquierdo, conde están las barricas de María. La primera muestra es de una elegancia increíble. Violetas y especias. Fruta roja muy fresca. Ligero. La segunda es una bomba frutal. Pura estructura. Demasiado intenso. La mezcla debe ser increíble.

Sólo hemos catado un par de muestras por cada vino. María nos explica que el ensamblaje se realiza con todas. El proceso debe ser realmente apasionante.

Conocemos la tierra, y empezamos a tener una idea de los vinos. Pasamos hacia la casa. Se me van los ojos detrás de los rosales Austin del jardín. ¡Qué gran jardinero! Las rosas son otra de mis pasiones, y aquí hay un gran trabajo, buen gusto y excelente selección. Pero no nos desviemos. Llegamos al hall donde María nos ofrece un aperitivo con Alonso del Yerro 09. Respeto por la fruta. Madera presente, pero no protagonista. Buena boca, con acidez suficiente. Algo astringente, como para guardar un par de años. Esta botella no, desde luego. ¡Qué bien marida con la morcilla de Burgos!

Como decía conocemos la tierra. Nos la han presentado. Comenzamos a conocer los vinos. Pero ell mayor valor que descubro en esta bodega es, sin dudarlo, una persona. María del Yerro. Anfitriona enorme, nos hace sentir como en casa. Mujer de carácter, forjado en momentos difíciles, y ante decisiones arriesgadas. Coherente. Sabe lo que quiere, y no le van a desviar las modas de sus objetivos.

Pasamos al comedor. La comida se marida con María 09, y con Pay2 09, el nuevo vino de la bodega, de la DO. Toro. María 09 me impresiona, pero no me sorprende. Lo que catamos en barrica está en la copa, sublimado. Violetas y fruta roja. Vainilla y clavo. Buena boca. Acidez correcta.

Pay2 09, sin embargo, me superó. Un vino potente, de Toro, pero a la vez elegante. Aromas balsámicos, que cuando lo bebes te dejan una notable frescura en la boca. Tengo que probarlo con más tranquilidad. Una pena que este año no se produzca.


El broche final fue el vino del postre, María 06. A una nariz compleja, en la que junto a la fruta, flores y especias, se detectan algunas notas de tabaco, se une una boca increíble. Aún joven. La botella le ha otorgado una suavidad increíble. Está hecho para permanecer en la boca, y allí se queda un buen rato después de que lo hayas bebido. Elena, que no es muy de tintos, dice: “Este es el vino que me gusta”. Siempre demostró buen gusto. No combina mal con el brownie suave que hacen las monjas de un monasterio cercano.

Un café en el hall. Un buen rato de charla. No vemos el momento de marchar, pero llega. ¡Qué gran día! Hemos cerrado el círculo. Tierra, vino y personas. Cada vez que tenga la suerte de tener un María en mi copa, recordaré esas uvas  que saben a violeta, esas tierras. Pero sobre todo, nunca olvidaré a las personas que están detrás de este proyecto, y que han compartido conmigo hoy su sueño.

viernes, 5 de octubre de 2012

Vinos del Jura. ¿Jerez casi en Suiza?


A la tercera va la vencida, reza el dicho castellano, y esto es exactamente lo que me ha sucedido con los intentos de acercarme a los vinos del Jura. Me quedé con las ganas en una cata de vinos de Pierre Overnoy, programada por La Tintorería, que desgraciadamente se suspendió. En las vacaciones, visitando en Sanlúcar La Sacristía, vi que había programada una muy atractiva, coordinada por Luis Gutierrez, a la que no podía asistir por problemas de agenda (ya estaba trabajando en Madrid). No parecía que pudiera acercarme a estos vinos, raros de narices, y de los que jamás antes había oído hablar.

No me amilané y, en una ocasión en que curioseando el Facebook, viiendo que Luis estaba en línea le sugerí la posibilidad de hacer una en la Enoteca Barolo, donde mensualmente tenemos una cita con vinos de Borgoña. “Es posible”, me contestó. Esperanza. Pasados unos días, a riesgo de ser pesado, se lo recordé y me confirmó la fecha. ¡Por fin!

Después de un día tremendo de trabajo, llega la hora de la cata. ¿Habría merecido la pena dar tanto la lata? Parece que hay cierto éxito de convocatoria. Encontramos sobre la mesa el “menú”, siete vinos del Jura en que se contemplan las tres posibilidades de hacer blancos en la región. Crianza tradicional en barrica de 225 litros, mezcla de vinos tradicionales con otros procedentes de intentos fallidos de crianza bajo velo, y los “vinos amarillos” con crianza bajo velo de flor.

Jura fue de soberanía española durante más de un siglo, y a alguien propenso a fábulas románticas, como yo, esto podría llevarle a pensar que la forma de producción de estos vinos podría tener cierta relación con los mucho más famosos generosos andaluces. Luis nos quita la idea de la cabeza pronto. Los vinos lo confirmaran con claridad después. No están sin embargo exentos de cierto romanticismo. Ya Andrew Jefford en su libro The New France dice que si alguien quiere tener una idea de cómo serían los vinos que gustaban en la época de Shakespeare, es a estos a los que debe aproximarse.

Comenzamos por los vinos de crianza tradicional, denominados ouillé,  en los que las barricas se llenan a tope para que no haya crianza biológica. A poco que se vea una foto de uno de estos productores se da uno cuenta que no son excesivamente precisos. El relleno de las barricas, para compensar las mermas por evaporación la deben hacer cuando se acuerdan, y en prácticamente todos los vinos se aprecian claros aromas de levaduras.

El primero fue Domaine Ganevat Côtes du Jura Cuvée Orégane 2008. (50% chardonnay, 50% savagnin). AOC Côtes du Jura. Esta denominación es la regional general, siendo Arbois, L’Etoile y Château Chalon las de los villages. De entrada panadería tradicional y hongos, ¡vaya si hay crianza biológica! La acompañan notas de frutas blancas, pera conferencia y manzana madura. Algunos atisbos de flores blancas. Las setas y el pan ganan pronto la partida. Después de una hora el aroma no cae, evolucionando de forma sorprendente a especias, con el fondo de la levadura que no debería estar ahí. La boca confirma que estamos ante algo importante. Muy fresco, con buen volumen. Intenso y bien definido. Frutas de hueso y cítricas, con un final tremendo. Largo. Excelente minus.

Busco con insistencia el aroma a orégano que figura en el nombre. Inútil. Me entero después que Orégane es el nombre de la burra con la que Ganevat ara el pago. Realmente curioso este tipo.

El segundo ouillé no me gustó nada, por lo que fiel a mis principios no hablaré de él. Aromas de manzana cercana a la putrefacción, cal, pintura y lichis. Una mezcla que no calificaré. Hay quien dice que es normal en un vino natural. No en la mayoría de los que yo he probado. Lovamor, por ejemplo, tiene una nariz deliciosa.

Pasamos a un tipo de vino curioso. Según nos cuenta Luis, cuando la crianza bajo velo no progresa bien los vinos se utilizan como vinos tranquilos, haciéndose un coupage con chardonnay. Normalmente lleva entre un 20% y un 30% de savagnin con crianza bajo velo fallida.

Jean Macle Côtes du Jura 2007. AOC Côtes du Jura. El aroma tiene recuerdos de palo cortado. Aparece la clásica panadería tradicional, matizada de nuevo con frutas blancas setas y anís estrellado. Algo de curry. Muy mineral, con claras notas de tiza. En boca es elegante, vertical. Muy buena acidez. Quedan en boca recuerdos de pera y de lima. Muy largo. Excelente minus.

Empezamos con los de crianza biológica, bajo velo. El primero fue Domaine Ganevat Côtes du Jura Cuvée Prestige 2005. AOC Côtes du Jura. Tiene crianza bajo velo de cuatro años, por lo que no es un auténtico “vin jaune”, para lo que debería tener seis años y tres meses. Las notas de crianza biológica son evidentes, muy bien acompañadas de manzana reineta, toques salinos, cáscara de limón. Aparecen también algunas nueces ¿algo pasadas? Muy especiado. En boca fresco, con cítricos que se apoderan de la boca. Buen volumen. Algo maduro. Las notas salinas se repiten en boca. Final muy largo, especiado. Muy bueno plus.

Le sigue Philippe Bornard Côtes du Jura Savagnin Les Marnes 2005. (100% Savagnin) AOC. Côtes du Jura. Notas florales acompañan a la omnipresente panadería. Manzana madura. Paredes recién blanqueadas. Setas y curry. Un perfil que se va repitiendo con pequeñas connotaciones. Algunos ahumados en esta ocasión. En boca mantiene la austeridad típica. Excelente acidez y buen volumen. Algo rústico. Final cítrico, muy largo. Muy bueno plus.

A continuación catamos Jean Macle Château Chalon 2004. La complejidad aromática va aumentando con la cata. Frutos secos tostados, yodo. Pan recién hecho. Fruta de hueso madura. Notas de curry y de setas horneadas. Lástima que no le haya podido dedicar más tiempo. Un poema. En boca es intenso, muy equilibrado. Excelente definición. Claro. Magnífico volumen y excelente persistencia. Excelente.

Finalizamos con un auténtico “vin jaune”, Pierre Overnoy Arbois Pupillin 2000. (100% savagnin). AOC Arbois Pupillin. Se ve rápidamente que estamos ante algo completamente diferente, tanto en términos de complejidad como de tipos de aromas. Las levaduras no son tan evidentes, pero están ahí. Mezcladas con aromas de nuez, almendras tostadas, y hongos. Muy mineral, se aprecian notas calcáreas y también muy sutiles frutos amarillos maduros. Con la temperatura van abriéndose paso los aromas lácteos. Nata y mantequilla. ¡Impresionante! Si en nariz hay atisbos de madurez, en boca es un vino muy fresco. Comienzo cítrico, refrescante. Va dando paso a las notas intensas de frutos secos, y una salinidad marcada. Un vino impresionante. Excelente.

Termina la cata, y de vuelta a casa, pienso que en pocas como en esta he descubierto vinos de una personalidad tan marcada. Vinos que producidos en muchos casos de forma natural extrema, no dejan de ser limpios y disfrutables. Vinos, eso si, para muy frikis. Después de todo, es un poco lo que soy.

lunes, 1 de octubre de 2012

Krug. El Lujo Viene de Champagne


La Enoteca Barolo es uno de los lugares de Madrid en que suelo disfrutar de magníficos eventos enológicos, y el programado a finales de septiembre no se quedó en absoluto a la zaga del nivel a que me tienen acostumbrado. Se trataba de una cata de algunos de los champañas de Krug, coordinada por Xavier Monclús.

En esta ocasión me apetecía mucho darme un “baño de glamour”,  no mucho más es lo que pensaba iba a obtener en esta cata. Normalmente prefiero escribir de bodegas pequeñas y desconocidas, especialmente si he tenido la oportunidad de conocer de primera mano el proyecto. Merece la pena, sin embargo, hacer una excepción, porque la experiencia es desde luego digna de ser contada y recordada.

Camino hacia la Enoteca Barolo por Príncipe de Vergara, dándole vueltas a una frase que he leído en internet recientemente: “En la vida hay dos  momentos que no se olvidan, el primer beso, y el primero sorbo de Krug”. La luz del sol que se va, un cosquilleo que te baja por la columna. Pasión, fusión. Olvido del mundo. Eternidad. Recuerdos del primer beso. Realmente no creo que sea para tanto. Krug, por supuesto.

Sala de Barolo llena, claro. Llega Xavier, y es como un torrente. Este hombre siente pasión por lo que hace, y está convencido de que su producto no es uno de los mejores. Es el mejor. Desde luego transmite. Sabe sacar sonrisas.

Centra la cata dando unas nociones básicas sobre champañas reductivos y oxidativos, indicando que Krug se encuentra entre estos últimos.  El contacto con el aire, muy controlado por la micro oxigenación que se produce en barricas de 45 a 50 años, hace de los Krug unos vinos complejos, barrocos, vinosos.

Otra de las características particulares de los champañas Krug es la utilización de pinot meunier en el ensamblage, lo que proporciona a estos vinos una especial frutosidad, haciendo permanecer los aromas primarios que se perderían con la oxidación. Esto hace de los Krug vinos fáciles de beber, frescos y con notas frutales.

No es extendió Xavier mucho más, entendiendo que el protagonismo lo deben llevar en exclusiva los vinos. Si recalcó, sin embargo, la calidad que aporta a estos champañas el hecho de que estén realizados con la combinación de unos 150 vinos, de entre 6 y 20 años, elaborados con uvas procedentes de ocho de los diecisiete “grand cru” de Champagne. Esto hace de los Krug unos vinos grandes.

Iría directamente a las notas de cata, pero no quiero dejar de informaros del antes y después en la manera de abrir una botella de espumoso:

Antes. Tomaba la botella entre el codo y el costado, agarrándola burdamente por el cuerpo. Rasgaba el estaño para buscar la anilla, rompiendo con brusquedad el alambre. Sacaba como podía la cápsula, terminando de eliminar los restos de alambre. Apuntando con cuidado a la bombilla del salón, procuraba pillar desprevenidos a mis incautos acompañantes, para asustarles con el ruido del tapón. Algo de vino derramado.

Después de recibir la clase magistral de Xavier. Tomo la botella por la base con la mano izquierda, dejando la etiqueta en la parte superior mirando hacia mí. Tomo el precinto que de este modo queda en la parte izquierda del cuello. Lo quito, dejando a la vista la argolla, que giro seis vueltas en sentido contrario de las agujas del reloj. Sale completa la cápsula y el alambre en una sola pieza. Queda a la vista el corcho. Manteniendo el corcho cogido con la mano izquierda, giro la botella con la derecha, saliendo el corcho con un leve susurro. Cara de satisfacción del “descorchador”.

Llega el primer vino. Krug Grande Cuvee. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Intensamente aromático. Fruta blanca, lacteos y frutos secos. Muy complejo. Hierba verde, bizcocho borracho. Melocotones de viña. Darle tiempo es un poema. Evoluciona a pastelería. Flan. Notas ajerezadas. En boca es elegante, con excelente acidez, y muy buen volumen. Amable. Muy persistente. Ahumados, manzana verde. Excelente. Maridó a la perfección con el jamón ibérico de bellota con que nos obsequiaron.

Todavía impresionado recibo el segundo vino, Krug Rose. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Uno se acerca a un rosado con cierto complejo, pensando en un vino mediocre de la bodega. ¡Enorme error! En este caso estamos ante un gran blanco, perfumado con notas de tinto. Aquí hay cerezas, melocotones en vino tinto, maracuyá. Ahumados y zumo de granada. Flores blancas. Se crece con el tiempo, demostrando su grandeza. Croissants, bizcocho, natillas caseras. ¡Inmenso! Muy buena acidez. Ligera astringencia. Muy bien estructurado, vertical. Muy bien definido. Final ligeramente amargo, algo salino. Excelente plus.

Si este rosado se combinado con las anchoas que nos propuso Barolo, hay que ponerse plomos en los pies para no levitar. La acidez y la fruta del vino se combinan con el sabor salado de la anchoa, como relevándose y eliminando las “aristas”. Pierdo la noción de la realidad.

Se va viendo el final, y llega el Krug Vintage 2000. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Me sugiere al principio aromas de melocotón ácido de viña. Bizcocho borracho y flor de manzanilla. Pastelería. Tarta de manzana cremosa. Canela. Tocinillo de cielo. Balsámicos ligeros. Gran estructura. Crece en la boca, matizándose. Acidez perfecta. Joven. Final de frutos secos y manzanilla, muy largo. Excelente minus.

¡Qué gran cata! No sé si alguna vez más tendré acceso a estos enormes vinos, pero ha merecido la pena conocerlos, sin duda. “En la vida hay dos  momentos que no se olvidan, el primer beso, y el primero sorbo de Krug”. El primer beso, no lo olvidaré jamás. El primer sorbo de Krug…

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Paseo por las Tierras del Riesling


Hace ya tiempo que tenía interés por conocer los vinos alemanes. Más allá de algunas fotos de terrazas imposibles en los márgenes del Rhin, debo reconocer que no tenía gran idea. Siempre he defendido que la mejor forma de conocer los vinos de una región es pisar sus viñas y hablar con sus gentes. Pero, tampoco es mal sucedáneo aprender de los que conocen de primera mano las tierras, y sienten pasión por ellas. Esta fue la oportunidad que proporcionó La Tintorería a algunos aficionados, entre los que tuve la suerte de encontrarme. La persona que coordinó la cata, un referente en cuanto a vinos alemanes, Michael Wöhr.

Desde el primer momento Miguel, como le llama Paco Berciano, hace gala de sus dotes pedagógicas y de un exacto conocimiento de la región. La uva riesling, nos dice, necesita de una región con un clima equilibrado, sin olas de calor. Se produce idealmente en la cercanía de grandes ríos o lagos que actúan equilibrando los picos de temperatura.

En Alemania, en las zonas productivas, los ciclos vegetativos son tremendamente largos, pasando hasta unos 150 días entre la floración y la cosecha, que se produce hasta incluso a principio de noviembre. Esta lentísima subida del azúcar en la uva durante el otoño, hace que tenga una interacción intensa y muy prolongada con el terreno. Interacción responsable de la gran mineralidad de estos vinos y las notables diferencias entre regiones productivas. Esta es la razón, también, de que en añadas cálidas, donde la vendimia se produce antes, la mineralidad es menos acusada y la uniformidad de los vinos mucho mayor.

Miguel nos propone primero dos vinos de diferentes regiones, Rheingau y Nahe.  Nos traslada a Rheingau, entre dos recodos del Rhin que lo embalsan en cierto modo, produciéndose grandes concentraciones de agua. Márgenes del río distantes. Pequeñas islas. En ambos lados, viñedos de riesling.

El primer vino,  Peter-Jakob Kuhn Rheingau Riesling Trocken 2009, es intensamente aromático. Cítricos y flores blancas, con un fondo de albaricoque. Algo maduro. Combinándolo todo notas de hierbas medicinales, aromas como de botica. La boca es otra cosa. Acidez bien definida que golpea la boca, para dar paso a una verticalidad notable, y una persistencia increíble. Quedan en la boca la lima y aromas herbáceos que no quieren  desaparecer.

 El representante de Nahe es Hermann Donnhoff Riesling Trocken Tonnschieffer 2009. Rápidamente se perciben las notables diferencias con el anterior. El Nahe, pequeño afluente del Rhin, no tiene su gran capacidad para ejercer el control del clima, por lo que sólo se pueden plantar zonas con orientación sur. Y aún así, se dan como en este vino, aromas de piña verde y cítricos marcados. Algunas notas ahumadas, que según Miguel proceden de la pizarra. En la bosa la acidez es más delimitada. Vino más sutil y elegante, menos intenso. Quedan recuerdos de pera no muy madura y de té negro. Muy largo.

La cata continua ahora con dos procedentes de la región de Pfalz, con suelos diferentes. El primero en el que las viñas están plantadas sobre grava con base de arcilla, y el segundo en zona de cantos de arenisca. Miguel se apoya en fotografías para ayudarnos a hacer el viaje virtual. Pfalz es una zona bastante llana, con vegetación que recuerda, en cierto modo, a la mediterránea. Grandes llanuras, salpicadas de vez en cuando por alguna higuera.

Dr. Burklin-Wolf Rupertbersger Riesling Trocken 2009 es el primer vino. De aroma intenso, que trae a la mente naranjas y mandarinas. Notas de melocotón y especiadas. En boca es cremoso, bien estructurado. Muy amplio, con acidez cítrica muy bien integrada. Algo goloso. Fondo de naranja, con muy buena persistencia.

De los viñedos más altos nos traen Rebholz Okonomierat Riesling Trocken Vom Bundsandstein S 2009. Aquí los aromas de mandarina son menos maduros, mezclados con notas herbáceas y de limón verde. Sedoso en la boca. Directo, con peso frutal. Acidez magnífica. Bien definido. Un vino de los que te separan del mundo. Magnífico.

Continuamos nuestro viaje virtual hacia el sur, y nos acercan a las imposibles terrazas de pizarra casi verticales de Mosel. Algunas fotos nos hacen ver lo vertiginoso de la zona, que Paco Berciano confiesa sólo ha podido ver desde arriba.

El primer vino de esta tanda es Von Schubert-Gruhaus Maximin Grunhauser Riesling Trocken 2009. Una combinación refrescante de melocotón y te verde, con sutiles notas ahumadas y de piedra mojada me reciben. En boca es muy equilibrado, con acidez muy bien compensada por un dulzor para nada exagerado. Refrescante. Muy buen volumen. Se va, dejando notas de manzana y melocotón.

Terminamos con Heymann-Lowenstein Schieferterrassen 2009.  Recibo aromas intensos de piña verde y melocotón ácido, junto con notas ahumadas. En boca destaca su estructura. Buen volumen. Aromas de naranja, mezclados con especias. Como de bergamota. Muy buena acidez, y cierto carácter goloso. Excelente y largo final. Otro vino para no olvidar.

Seis vinos no dan hacerse una idea de una zona tan compleja, pero han cumplido su función. Me quedo con las ganas de seguir investigando. Me ha atraído enormemente la gran personalidad de estos vinos. Habrá nuevos viajes, virtuales o no… y serán otras historias.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Rioja. ¿Clasicismo o Renovación?


Esta fue el sugerente título que la UEC dio a una de las catas programadas para septiembre, en las que se agrupan, bajo denominador común, algunos de los vinos que se presentaron al pasado concurso BACCHUS 2012. En la que nos ocupa, nos propusieron doce vinos de la DOC. Rioja, que se cataron comenzando por los más jóvenes.

Este evento tenía para mí un interés que no estaba directamente incluido en la propuesta y, porque no decirlo, cierto morbo. Neal Martin, el acólito para España del “todopoderoso” Robert Parker Jr., había publicado recientemente las calificaciones de un buen número de riojas, y sobre todo, un artículo en el que exponía sus puntos de vista, sobre una de las más prestigiosas denominaciones de origen españolas. Artículo que ha enojado no poco a muchos. Me apetecía contrastar sus puntuaciones con mis gustos personales.

No quiero ser pretencioso, ni mi intención es juzgar a Martin. En mi opinión, la validez de un crítico no la puede confirmar más que uno mismo. Es simple, si lo que puntúa bien me gusta es válido para mi, y de lo contrario no. Cierto es que esto exige una labor de formación propia. Las personas poco formadas son más tendentes a aceptar como propios los gustos de otras personas, que la comunidad establece como de referencia.

El primero de los vinos que catamos me trae a la mente las palabras de Neal Martin: “Subyugado por el roble, acompañado por excesivo nivel de alcohol y con una botella a prueba de balas”. Vino completamente prescindible, que posiblemente se pueda empezar a beber dentro de muchos años, sin anestesiar la boca. Como cuesta 120 €, no creo que lo pruebe jamás. Tras varios minutos de beber agua y comer colines estoy preparado para los siguientes. ¿Será este el vino que inspiró al acólito de Parker?

Encuentro algunos de los vinos restantes carentes de personalidad, mucha canela y algunos tostados que forman un patrón unificador que esconde lo que la fruta debería haber proporcionado. Conste que no soy un talibán anti-madera. Bajo mi punto de vista unas notas de canela, maderas nobles o unos tostados muy ligeros, siempre que no resten el protagonismo debido a la fruta son incluso deseables, ya que contribuyen a aumentar la complejidad aromática.

Van pasando algunos vinos que me parecen ciertamente interesantes. Entre ellos, el primero, Egomei 2009. (85% tempranillo y 15% graciano). Finca Egomei. Aromas de buena intensidad a fruta roja, algo licorosa. La acompañan notas de cuero, maderas nobles y algo de especias dulces. Agradable. Ataca con buena acidez. Suave, con volumen medio. Tanicidad presente, no desagradable. Posgusto amargoso, elegante. Medio, largo. Correcto, sin llegar a emocionar. Bueno plus. (NM 89)

El siguiente que me impresionó fue un viejo conocido, Ramón Bilbao Edición Limitada 2009. (100% tempranillo). Bodegas Ramón Bilbao. De nuevo aparece la fruta roja en licor, pero esta vez la acompañan aromas de bosque, con toques balsámicos y ciertas notas de cuero. Al fondo algunos recuerdos de canela. Acidez correcta y gran suavidad para este rioja correcto. Concentrado. Final medio, con recuerdos amargos. Muy bueno minus. (NM 89) Es curiosa esta edición limitada. ¡Se “limita” a 326.000 botellas!

El nivel va subiendo, y de la añada 2009 el que más me gustó fue La Montesa 2009. (Tempranillo, graciano, mazuelo y garnacha). Bodegas Palacios Remondo.  El vino aparece un poco tímido, con notas de humedad. Poco a poco se expresa con aromas de frutos rojos, matizados por hongos y flores azules. Con la aireación se percibe un aroma fresco de fresas y leves tostados. Muy agradable. En boca suave y equilibrado. Con acidez media, bien estructurado. Algo ligero de sabor. Posgusto frutal medio largo. Muy bueno minus. (NM 92)

Después de algunos vinos de nivel correcto, pero sin una gran personalidad llegamos a Luis Cañas Reserva de Familia 2005. (95% tempranillo y 5% graciano). Bodegas Luis Cañas. Aroma complejo en el que destaca la fruta roja fresca, con un fondo de especias dulces, balsámicos y matices de caja de puros. Buena intensidad. Muy agradable. En boca ataca con buena acidez, para dar paso a una buena intensidad frutal que toma la boca. Volumen y estructura. Posgusto ligeramente amargo con notas de regaliz, medio largo. Muy bueno plus. (NM 96)

Llego a casa y comparo mis anotaciones con las puntuaciones de Martin. Me llevo alguna sorpresa, como no podía dejar de ocurrir. Los cuatro vinos que me han parecido destacables están bien puntuados, y en el mismo orden en que yo los había percibido. Esperanza. Mis puntuaciones son algo más bajas. ¡Van a tener razón mis alumnos!

Un par de vinos de la cata bien puntuados por Martin, Colección Vivanco 4 varietales 2009 (NM 87) y Conde de Valdemar Gran Reserva 2004 (NM 85), no me gustaron demasiado. El primero, con una nariz portentosa y de gran personalidad, tenía un final excesivamente cálido, notándose en exceso el alcohol para mi gusto; el segundo me pareció un vino muy correcto, pero no es lo que esperaba de un vino clasificado como gran reserva.

Sacar conclusiones no es fácil con una muestra de tan sólo doce vinos. No me voy a atrever a hacerlo, pero desde luego el estilo de Martin me gusta muchísimo más que el de su antecesor. Motivos hay para la esperanza. Como dice Mario en su entrada de ayer, mantendremos la luz de cruce.

No quiero cerrar esta entrada sin dejar de hacer mención al artículo sobre la Rioja que recientemente ha escrito Neal Martin en The Wine Advocate, que he leído con detenimiento (incluso subrayado). Por una vez, y sin que sirva de precedente, me voy a mojar. En líneas generales, me gusta mucho. Materia hay para largas discusiones. Pero eso serán otras historias.

lunes, 17 de septiembre de 2012

OVNI 2011. Maridajes con Recuerdos


Para hoy tenía preparada una entrada en la que había puesto mucho cariño. No suelo meterme demasiado en la cocina, soy demasiado patoso, y lo único que consigo es realizar fórmulas como si de un laboratorio de química se tratara. Mis libros de cocina, que me encantan, están llenos de tachaduras y modificaciones, para adaptar la genialidad del autor en cuestión a mi torpeza, y que salga algo, en ocasiones comestible.

Había conseguido un risotto bianco que si no era ottimo, sí que era reseñable, y unos calamares en su tinta que me habían hecho pensar si los fogones habrían dejado de odiarme. Acompañados de uno de los mejores blancos de la península, un Dorado 2005, me parecieron materia suficiente para una entrada curiosa. Pero pasó algo…

Uno de mis mejores amigos tuvo una desgracia importante. Por culpa de un accidente doméstico su casa se quemó, y con ella tantos recuerdos, tantos momentos, tantas ilusiones, tantos esfuerzos. Carlos en esos momentos se sentía desarraigado, extranjero en su tierra. Expulsado de su casa. En una situación que tristemente tanto se está repitiendo en nuestra tierra, y no precisamente por culpa del fuego.

Cuando el domingo por la mañana escribía la entrada que pensaba publicar hoy, el risotto lo recordé insulso, y los calamares una vulgaridad. La ilusión por contar se había esfumado. Hoy no iba a haber nada que compartir. ¡Qué ganas de mandarlo todo a paseo! Ya habrá otra ocasión.

Llega la hora de comer. Elena es mucho más fiel a nuestros orígenes que yo, y ha preparado una comida con mucho sabor de nuestra tierra. Debe tener un sexto sentido que yo no alcanzo a comprender. Era lo que necesitaba hoy. Su “gazpacho de madre andaluza” es antológico. Consigue una textura única, una especie de gazpacho “asalmorejado”,  que me trae recuerdos de mi abuela machacando los ingredientes en un mortero de madera, mientras los nietos la “ayudábamos”. Elena ha cambiado su manzana picada por un poco de buen jamón serrano. Mantenemos el huevo duro. Me parece volver a aquella casa rodeada de viñas y olivos. Llena de alegría y cariño. Sabores de campo, recuerdos únicos.

Al gazpacho le siguen unos sencillos boquerones fritos que me trasladan en el lugar y en el tiempo a La Barrosa. Aromas de mar. Recuerdos de niños tirando desde la playa de los trasmallos. Barullo alrededor del pescador que vende lo que la mar le ha prestado hoy. Nunca da nada de balde. Siempre cobra. Vuelvo a su textura tersa, justa. El buen sabor de las cosas sencillas. Sonrío.

El “déjà vu” se ha completado con un vino que no ha acompañado la comida mal del todo. Un vino que me llevó con mi padre y mis tíos a Moriles. A sus competiciones del “mejor” vino de la añada. A aquellos vinos tranquilos que hacían en casa con pedro ximénez.

No sé porqué abrí este OVNI 2011, pero era el vino perfecto para el día. Aromas de monte, de flor de manzanilla, de aceituna verde. Recuerdos de los membrillos del jardín de mi abuelo, de  fruta de hueso. Sencillo, sin estridencias, como la tierra de la que viene. Lo llevo a la boca y me parece estar escuchando: ¡Niño, “na más q’un” sorbo! Y le doy dos… largos. Como si quisiera beberme la vida. Y la boca se me llena de Moriles. De acidez presente, de madreselva, de membrillo y aceituna. Y de una salinidad que viene  de la tierra, del vino que juega con tus recuerdos. Recuerdos que no quieres que se vayan… y terminan yéndose. ¡Qué bien marida este vino con la memoria!

Y me quedo pensando: ¿Raíces? No se las lleva el fuego. Se las lleva la desidia, la soberbia. Se las lleva la falta de ilusión, la desgana. Las raíces están clavadas en el alma a fuego, aunque hoy suene mal el decirlo. Carlos, las raíces son como la amistad, y de eso tú y yo entendemos. Amistad que está en problemas contados, en vidas compartidas. Amistad forjada en momentos duros. En sitios a donde no llega el fuego. Un abrazo amigo, no sigas buscando raíces, que las llevas dentro.