jueves, 3 de mayo de 2012

Presentación de la bodega madrileña de Alfredo Maestro

En mis andaduras enológicas he encontrado, además de  grandes vinos, sobre todo a grandes personas. Hace ya algunos años que conozco a Alfredo Maestro. Recuerdo que le vi por primera vez en la muestra de vinos naturales que organizó en Madrid la tristemente clausurada Cave du Petit. El sitio de la muestra, todo hay que decirlo, era bastante  cutre. Unos cuantos stands, poco más que unas mesas con algunos vinos dispuestos sobre ellas. No había demasiada afluencia de público, creo recordar que faltaba poco para la hora de comer.
A la derecha de la entrada estaba Alfredo, con el que tuve ocasión de charlar un buen rato. Es una gozada poder compartir con alguien la ilusión que le produce lo que hace, y su trabajo es algo que te apasiona, el disfrute es aún mayor. Saqué de aquella charla la oportunidad de formar parte del grupo de cata La Despeña, que Alfredo generosamente me ofreció, y una botella de “La Olmera 09”. No sé cuál de las dos cosas  le agradezco hoy más…
Algunas catas hemos disfrutado juntos, muchas bromas nos hemos gastado, mucha pasión por el vino hemos compartido, pero últimamente mi vida estaba muy agitada y llevábamos casi un año sin contacto. Y hete aquí que recibo una invitación para la presentación de su nueva bodega en Navalcarnero. No es fácil para mí separarme un sábado de mi familia, especialmente ahora que no trabajo en Madrid, pero esto no podía perdérmelo. Le propongo a Elena que me acompañe, pero cuando se entera de que se trata de algo relacionado con el vino, y que no va a haber Cruzcampo, graciosamente me invita a marcharme, ella se irá de compras con mis tres hijas (me temo que nos va a salir caro, pero merece la pena).
Madrugón para salir de Colmenar, y llegar a la hora al punto de encuentro en Navalcarnero. Allí me encuentro con amigos virtuales a los que pongo cara por primera vez, entre ellos a mi casi paisano Guillermo. Otros amigos con las que ya he compartido mesa de cata como Jorge “Sibaritastur”, Mariano Fisac (Mileurismo Gourmet), y algunos otros. La cosa promete…
Llegamos a la bodega, junto a la que hay una pequeña parcela plantada de viña, la garnacha de Alfredo. Nos reunimos alrededor de sesenta personas, que llegan de todos los rincones de España. Parece que Alfredo ha reunido a sus amigos para enseñarles su obra, está pletórico, algo nervioso…
Con la sala de cata a rebosar de gente, nos cuenta el inicio de su  nuevo proyecto, y comenzamos las catas verticales de todos sus vinos. Empezamos por Viña Almate, su vino de toda la vida, en el que encuentro los aromas florales de siempre y el paso amable por boca; seguimos por las añadas de La Olmera y La Guindalera, fieles al terruño, demostrando su capacidad de envejecimiento, que dividen a los catadores sobre cual tiene mayores virtudes. Personalmente prefiero La Olmera, cuyo 2009 estaba soberbio. Pasamos al Castrillo del Duero, su vino de corte más clásico, que me encanta.
Hay también lugar para  sorpresas, su rosado Amanda, muy fresca tanto en nariz como en boca, plena de fruta, y con una excelente acidez. Me sorprendió el blanco de albillo, Lovamor, con una nariz muy atractiva rebosante de fruta blanca, al que me hubiera gustado encontrarle un puntito más de acidez (ya sé que es albillo, Alfredo).
Tras la cata, chuletada y tertulia. Complementos para una fiesta del vino fantástica. Apasionada charla con Fabio Bartolomei, defensor a ultranza de los vinos naturales, cuya bodega seguro que visitaré. Quedamos emplazados para unos vinos y una, seguro, interesante charla de economía. Buena persona este Fabio.
Tiempo para bromas, discutir sobre nuevos proyectos e ilusiones con mis amigos de La Despeña, a los que desgraciadamente no tengo ocasión de frecuentar tanto como debiera, y a los que probablemente debo el estar ahora aquí escribiendo estas líneas (os debo una cata para después de verano, prometo sorprenderos tanto como con la de vinos canarios, que Ramón tan certeramente identificó. Buscaré algo tan interesante, pero más escondido…).
Tiempo después para unos cupcakes, más charla, y la inexorable hora de marcharse. Me despido y cuando me encuentro en la M-607, escenario de tantas vueltas a casa después de tantas catas, pienso en lo afortunado que soy por haberme metido en este mundillo, por haber encontrado tantos amigos, por haber disfrutado una vez más de los vinos auténticos de Alfredo. Llego a casa pensando en que tengo que volver a frecuentar las animadas catas de La Despeña. Tiempo habrá para vivirlas y para contarlas, si Dios quiere. Pero eso serán otras historias.

4 comentarios:

  1. Yo, por imperativo familiar -un bautizo-, me perdí esta ocasión única que espero no sea única. Por suerte para mí ya conozco bien los vinos de Alfredo y cuánto más los conozco, más me gusta beberlos, compartir una botella o, si es el caso, dos medias, como diría un amigo mio.
    Una reseña la tuya llena de cariño, por el vino, por la gente, por los amigos... Me gusta tu estilo, Vicente.
    Luis Astolfi
    http://todalavidaescuento.blogspot.com

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    1. Me temo que cada ocasión es única, pero seguro que habrá otras donde compartir buenos vinos, amistad, e impresiones sobre la trayectoria de los vinos de este buen amigo.
      Saludos
      Vicente

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  2. Me gusta mucho tu naturalidad a la hora de contar tus vivencias. Tus palabras transmiten pasión por este mundo, y eso es mucho. Ánimo isleño!! Buen post.

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    1. Muchas gracias por tus palabras. En este mundillo no nos puede faltar la pasión, ni la capacidad de sorpresa, todo ello sin que nos nuble el juicio. Difícil equilibrio. Gracias de nuevo paisano.

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