sábado, 2 de junio de 2012

Visita al "Hilo de Ariadna".

Me hicieron por Reyes mis hijas un regalo que me llegó al corazón, una de esas cajas de “PlanB” con la que podía hacer una visita a una bodega. Sabiendo lo que me apasiona este mundillo, pensaron que no había nada que me pudiera gustar más.

Buscando entre las posibilidades una que cumpliera las característica de vino blanco (a Elena, mi mujer, no le gusta el tinto), sitio que tuviera algún interés añadido (en realidad el mundo del vino tampoco le interesa demasiado), y que no estuviera demasiado lejos de Madrid, decidimos pasar el fin de semana en Valladolid y visitar la bodega del grupo Yllera, “El Hilo de Ariadna”. Había un par de referencias gastronómicas en Valladolid que me apetecía visitar, con lo que se redondeaba el círculo.

Programado el GPS con las coordenadas geográficas que figuraban en la información de la caja, me llevo el primer susto, me dice que el destino se encuentra en una carretera de tierra. Pienso que no es tan raro que una bodega esté en el campo y nos ponemos en camino. Voy pensando en si será esta la oportunidad de separar a Elena del poder del “lado oscuro” (la Cruzcampo bien fría), pero la verdad es que tengo pocas esperanzas. El “lado oscuro” es muy fuerte en ella.

Tras dos horas de viaje llegamos a Rueda, y cuando el GPS dice el consabido “ha llegado su destino”, después de un par de kilómetros de carriles de tierra, nos encontramos junto a la Bodega Ecológica Menade. ¿Habrá Alice Feiring trucado mi GPS para evitar que me acerque a una bodega “Parker”?

Después de preguntar un par de veces llegamos a la bodega. Ya había empezado la visita, y una amabilísima empleada nos fue contando los procesos de producción de los vinos que produce el grupo en Rueda, blancos y espumosos de Rueda, y tintos de Castilla y León. Eché un poco de menos algo más de profundidad en sus explicaciones, que estaban dirigidas a personas sin conocimiento alguno en el mundo del vino.

Pasamos a continuación a otro de los edificios donde nos sirven un aperitivo, con un delicioso chorizo de León y un fantástico queso artesanal de la zona. Dos productos de demasiado sabor para que los soporte el primero de los vinos que nos sirven,  cantosán 2011, Rueda Verdejo. Un vino que aromáticamente no ofrece ninguna sorpresa, pero que en boca sorprende con una acidez suficiente y un posgusto de aromas cítricos con toques amargos, y lo que es mejor ¡sin frutas tropicales! Pero lo que realmente me llama la atención es que Elena lo mira y dice: Está bueno. Siendo un blanco la sorpresa no es excesiva, lo mejor está por llegar.

Nos sirven el tinto, Yllera crianza 2009, (100% tempranillo), DO. Castilla y León. Un vino que aún manteniendo en nariz excesivos aromas tostados y de vainilla, no está exento de frutos rojos, y que en boca presenta cierta acidez, no suficiente para mi gusto. Lo que más me sorprende es su tremenda amabilidad, sus taninos perfectamente pulidos, muy elegantes. Bueno, realmente lo que casi me para el corazón es que Elena dijo: Este también me gusta. Miré la botella con escepticismo, y acerqué la nariz para asegurarme de que no la hubieran rellenado. No había duda,… era vino. Todavía hay esperanza.

A continuación nos llevan a los subterráneos que constituían la antigua bodega, y que tras un incendio han sido transformados en una atracción en la que pasando por las antiguas bodegas de los habitantes de Rueda, se relacionan los vinos del grupo con los personajes del mito de Ariadna.

Aparte de la relación mitológica, a mi juicio un poco forzada, el paseo de unos 700 metros fue para mí, un viaje al pasado. Caminar por los lugares en los que hace unos 100 años las gentes de Rueda elaboraban de forma artesanal sus vinos, por los estantes en los que están perfectamente apiladas las botellas de Yllera que alguien dispuso así a mano, por las rimas con las botellas de espumosos tal como quedaron después del incendio (allí no llegó el fuego) me trasladaron a un mundo en el que el vino se hacía en las viñas. Fueron bonitos momentos y buenos recuerdos.

Para los que hayan pasado por allí, me fui sin año de buena suerte, los principios son los principios.

Terminada la visita ponemos rumbo a Valladolid. Por el camino voy pensando en lo que he visto, una bodega con vinos comerciales, cierto, pero que realiza productos correctos, y lo que no es tan habitual, perfectamente acabados, en un muy buen momento de consumo. Vinos que seguramente serviré en mi casa en las cenas con esos amigos que me preguntan si los vinos son de los buenos, o de los míos. Una buena solución de compromiso.

Seguimos hacia Valladolid donde nos esperan “La Parrilla de San Lorenzo”, y sobre todo, “Villa Paramesa”. Pero eso, serán otras historias.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este post Vicente. Ha sido muy entretenido y ameno, parece que has utilizado un poco el humor del sur, de tu tierra. Hay que curar a tu mujer y hacerle abrir los ojos, jejeje!! Sigue así. Lo dicho, ha sido muy entretenido. Un saludo desde tu tierra.

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    1. Muchas gracias, Juan Manuel. Nuestra tierra marca, y el mundo del vino me parece que necesita de un poco de desenfado. Lo de mi mujer va a estar un poco más complicado, seguramente venga a la presentación de los vinos de Alfredo, a ver si allí se convierte.
      ¿Has probado los vinos de Yllera? Sin ser apasionantes, me parecieron más que correctos.
      Saludos
      Vicente

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