miércoles, 15 de agosto de 2012

Disfrutando lo Sencillo.


Que siempre he gustado de las cosas sencillas no será novedad para los que leen este cuaderno. Bien es verdad, que últimamente me han atraído un par de sitios en los que el nombre del plato tenía más de cuatro o cinco palabras. La carne es débil, y siendo sincero tengo que decir que no lo pasé del todo mal. Si vuelven a la entrada de Villa Paramesa, recordarán conmigo algunos de esos momentos de gran disfrute.

Son varias las llamadas a la vuelta a lo sencillo que he leído últimamente en los blogs que leo de forma regular. Reflexiones, como la de el pingue, con las que no puedo estar más de acuerdo. La ruta de los grandes restaurantes es irreal para la mayoría, que sin embargo podemos hacer mucho por otro tipo  gastronomía de este país, no menos real y mucho más accesible, apoyando lo sencillo.

Mis últimas entradas, perdónenme los lectores, están sirviéndome para curarme de la añoranza de unas vacaciones ya pasadas y que me resisto a olvidar. En esta ocasión me gustaría ilustrar esta reflexión,  sobre el disfrute de lo sencillo, con uno de los locales que más he frecuentado durante mi reciente estancia en Cádiz.

Se trata del Restaurante Potito. Podía haber dedicado Miguel un poco de imaginación al nombre del local, que a mí me recordó cuando lo vi a los frascos de comida infantil, pero prefirió ponerle su apodo. No está mal del todo, porque desde el primer momento en que llega uno se da cuenta de que todo está impregnado de la filosofía de su propietario. Trabajo duro, buen trato al cliente y frecuentes viajes al mercado para conseguir productos de calidad a buen precio. No van a encontrar muchos lujos en su local, todo sea dicho.

Elena y yo llegamos a él de casualidad, después de uno de nuestros paseos por el lado de la mar en Cádiz. Nuestro objetivo era tomar una caña, y a Elena le gustó una terraza a medio camino entre La Cortadura y el Hotel Playa. Buena vista la de Elena, porque fue el local del verano.

Nos sentamos allí y pedimos un par de cañas, explicándonos Poti que en el precio de la caña iba incluida una tapa, diciéndonos las posibilidades que había. Pedimos unos boquerones, que tardaron un poco en llegar. Mereció la pena la espera, porque la cocinera, que dudo sepa algo de las nuevas técnicas de cocina con hidrógeno líquido, la freidora la domina. Los seis boquerones incluidos en la tapa estuvieron en la mesa un suspiro.

Volvimos por allí cuatro o cinco veces, y nos dimos cuenta que lo del primer día no fue casualidad. Las tapas que acompañan la cerveza son unos días jureles, otros unas pequeñas caballas, boquerones, cada día lo que a Poti le gusta en el mercado a buen precio. La preparación es siempre sencilla, pero excelente. La vista de la puesta de sol sobre la playa , única.

Recuerdo la visita que hice junto con mis tres hijas, adictas a las tortillitas de camarones. En sus palabras, no las comieron mejores. Recuerdo ese momento como uno de los mejores de las vacaciones, por haber disfrutado de la compañía de mis niñas, lo que no es ya muy frecuente, y por el buen pescado frito de Poti.

En una ocasión me enseñó  una dorada que podía pesar algo más de un kilo, diciéndome: Se la preparo como quiera por veinte euros. Un animal que el día anterior estaba disfrutando de las aguas de la bahía, de carnes prietas y mancha dorada intensa. Me refiero a la dorada, no se me despisten. Habíamos comido bien ya esa noche, y le dije a Poti que para el día siguiente. Con ese gracejo que sólo los gaditanos tienen, me contestó: Sí,  le va a estar aquí esta esperando mañana... Una pena.

Salí por el puente Carranza camino de Madrid pasando revista a unas vacaciones magníficas. Un ratillo dediqué a los buenos momentos pasados en el Restaurante Potito, de nombre poco conseguido, pero al que le debo gratos recuerdos. Me despedía de él recordando a McArthur, “volveré”.

4 comentarios:

  1. Pues ni idea de ese famoso Potito, Vicente, supongo que es de los sitios que tanto hay por Cadiz, a los que uno no va, sino que se los encuentra...que es lo que os pasó en cierto modo a vosotros.
    Buen verano estás pasando...de vivencias y de recuerdo de las vivencias.
    Saludos, amigo!.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues es para buscarlo, Guillermo, aunque la carta de vinos no es muy amplia. Disfrutar de esas vistas al atardecer en una terraza, con una cerveza fresquita y esas tortillitas es para morirse.
      Es mi primer verano de blog y desde luego me está sirviendo para revivir las buenas experiencias. ¡Que ganas tengo de volver!
      Saludos.

      Eliminar
  2. Te estamos esperando con los brazos abiertos.
    Ya queda menos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, amigo! Estoy dándole vuelta a ver que podemos organizar para la próxima vez que baje.
      Si vais por "Potito" darle recuerdos de mi parte.
      Saludos.

      Eliminar