miércoles, 26 de septiembre de 2012

Paseo por las Tierras del Riesling


Hace ya tiempo que tenía interés por conocer los vinos alemanes. Más allá de algunas fotos de terrazas imposibles en los márgenes del Rhin, debo reconocer que no tenía gran idea. Siempre he defendido que la mejor forma de conocer los vinos de una región es pisar sus viñas y hablar con sus gentes. Pero, tampoco es mal sucedáneo aprender de los que conocen de primera mano las tierras, y sienten pasión por ellas. Esta fue la oportunidad que proporcionó La Tintorería a algunos aficionados, entre los que tuve la suerte de encontrarme. La persona que coordinó la cata, un referente en cuanto a vinos alemanes, Michael Wöhr.

Desde el primer momento Miguel, como le llama Paco Berciano, hace gala de sus dotes pedagógicas y de un exacto conocimiento de la región. La uva riesling, nos dice, necesita de una región con un clima equilibrado, sin olas de calor. Se produce idealmente en la cercanía de grandes ríos o lagos que actúan equilibrando los picos de temperatura.

En Alemania, en las zonas productivas, los ciclos vegetativos son tremendamente largos, pasando hasta unos 150 días entre la floración y la cosecha, que se produce hasta incluso a principio de noviembre. Esta lentísima subida del azúcar en la uva durante el otoño, hace que tenga una interacción intensa y muy prolongada con el terreno. Interacción responsable de la gran mineralidad de estos vinos y las notables diferencias entre regiones productivas. Esta es la razón, también, de que en añadas cálidas, donde la vendimia se produce antes, la mineralidad es menos acusada y la uniformidad de los vinos mucho mayor.

Miguel nos propone primero dos vinos de diferentes regiones, Rheingau y Nahe.  Nos traslada a Rheingau, entre dos recodos del Rhin que lo embalsan en cierto modo, produciéndose grandes concentraciones de agua. Márgenes del río distantes. Pequeñas islas. En ambos lados, viñedos de riesling.

El primer vino,  Peter-Jakob Kuhn Rheingau Riesling Trocken 2009, es intensamente aromático. Cítricos y flores blancas, con un fondo de albaricoque. Algo maduro. Combinándolo todo notas de hierbas medicinales, aromas como de botica. La boca es otra cosa. Acidez bien definida que golpea la boca, para dar paso a una verticalidad notable, y una persistencia increíble. Quedan en la boca la lima y aromas herbáceos que no quieren  desaparecer.

 El representante de Nahe es Hermann Donnhoff Riesling Trocken Tonnschieffer 2009. Rápidamente se perciben las notables diferencias con el anterior. El Nahe, pequeño afluente del Rhin, no tiene su gran capacidad para ejercer el control del clima, por lo que sólo se pueden plantar zonas con orientación sur. Y aún así, se dan como en este vino, aromas de piña verde y cítricos marcados. Algunas notas ahumadas, que según Miguel proceden de la pizarra. En la bosa la acidez es más delimitada. Vino más sutil y elegante, menos intenso. Quedan recuerdos de pera no muy madura y de té negro. Muy largo.

La cata continua ahora con dos procedentes de la región de Pfalz, con suelos diferentes. El primero en el que las viñas están plantadas sobre grava con base de arcilla, y el segundo en zona de cantos de arenisca. Miguel se apoya en fotografías para ayudarnos a hacer el viaje virtual. Pfalz es una zona bastante llana, con vegetación que recuerda, en cierto modo, a la mediterránea. Grandes llanuras, salpicadas de vez en cuando por alguna higuera.

Dr. Burklin-Wolf Rupertbersger Riesling Trocken 2009 es el primer vino. De aroma intenso, que trae a la mente naranjas y mandarinas. Notas de melocotón y especiadas. En boca es cremoso, bien estructurado. Muy amplio, con acidez cítrica muy bien integrada. Algo goloso. Fondo de naranja, con muy buena persistencia.

De los viñedos más altos nos traen Rebholz Okonomierat Riesling Trocken Vom Bundsandstein S 2009. Aquí los aromas de mandarina son menos maduros, mezclados con notas herbáceas y de limón verde. Sedoso en la boca. Directo, con peso frutal. Acidez magnífica. Bien definido. Un vino de los que te separan del mundo. Magnífico.

Continuamos nuestro viaje virtual hacia el sur, y nos acercan a las imposibles terrazas de pizarra casi verticales de Mosel. Algunas fotos nos hacen ver lo vertiginoso de la zona, que Paco Berciano confiesa sólo ha podido ver desde arriba.

El primer vino de esta tanda es Von Schubert-Gruhaus Maximin Grunhauser Riesling Trocken 2009. Una combinación refrescante de melocotón y te verde, con sutiles notas ahumadas y de piedra mojada me reciben. En boca es muy equilibrado, con acidez muy bien compensada por un dulzor para nada exagerado. Refrescante. Muy buen volumen. Se va, dejando notas de manzana y melocotón.

Terminamos con Heymann-Lowenstein Schieferterrassen 2009.  Recibo aromas intensos de piña verde y melocotón ácido, junto con notas ahumadas. En boca destaca su estructura. Buen volumen. Aromas de naranja, mezclados con especias. Como de bergamota. Muy buena acidez, y cierto carácter goloso. Excelente y largo final. Otro vino para no olvidar.

Seis vinos no dan hacerse una idea de una zona tan compleja, pero han cumplido su función. Me quedo con las ganas de seguir investigando. Me ha atraído enormemente la gran personalidad de estos vinos. Habrá nuevos viajes, virtuales o no… y serán otras historias.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Rioja. ¿Clasicismo o Renovación?


Esta fue el sugerente título que la UEC dio a una de las catas programadas para septiembre, en las que se agrupan, bajo denominador común, algunos de los vinos que se presentaron al pasado concurso BACCHUS 2012. En la que nos ocupa, nos propusieron doce vinos de la DOC. Rioja, que se cataron comenzando por los más jóvenes.

Este evento tenía para mí un interés que no estaba directamente incluido en la propuesta y, porque no decirlo, cierto morbo. Neal Martin, el acólito para España del “todopoderoso” Robert Parker Jr., había publicado recientemente las calificaciones de un buen número de riojas, y sobre todo, un artículo en el que exponía sus puntos de vista, sobre una de las más prestigiosas denominaciones de origen españolas. Artículo que ha enojado no poco a muchos. Me apetecía contrastar sus puntuaciones con mis gustos personales.

No quiero ser pretencioso, ni mi intención es juzgar a Martin. En mi opinión, la validez de un crítico no la puede confirmar más que uno mismo. Es simple, si lo que puntúa bien me gusta es válido para mi, y de lo contrario no. Cierto es que esto exige una labor de formación propia. Las personas poco formadas son más tendentes a aceptar como propios los gustos de otras personas, que la comunidad establece como de referencia.

El primero de los vinos que catamos me trae a la mente las palabras de Neal Martin: “Subyugado por el roble, acompañado por excesivo nivel de alcohol y con una botella a prueba de balas”. Vino completamente prescindible, que posiblemente se pueda empezar a beber dentro de muchos años, sin anestesiar la boca. Como cuesta 120 €, no creo que lo pruebe jamás. Tras varios minutos de beber agua y comer colines estoy preparado para los siguientes. ¿Será este el vino que inspiró al acólito de Parker?

Encuentro algunos de los vinos restantes carentes de personalidad, mucha canela y algunos tostados que forman un patrón unificador que esconde lo que la fruta debería haber proporcionado. Conste que no soy un talibán anti-madera. Bajo mi punto de vista unas notas de canela, maderas nobles o unos tostados muy ligeros, siempre que no resten el protagonismo debido a la fruta son incluso deseables, ya que contribuyen a aumentar la complejidad aromática.

Van pasando algunos vinos que me parecen ciertamente interesantes. Entre ellos, el primero, Egomei 2009. (85% tempranillo y 15% graciano). Finca Egomei. Aromas de buena intensidad a fruta roja, algo licorosa. La acompañan notas de cuero, maderas nobles y algo de especias dulces. Agradable. Ataca con buena acidez. Suave, con volumen medio. Tanicidad presente, no desagradable. Posgusto amargoso, elegante. Medio, largo. Correcto, sin llegar a emocionar. Bueno plus. (NM 89)

El siguiente que me impresionó fue un viejo conocido, Ramón Bilbao Edición Limitada 2009. (100% tempranillo). Bodegas Ramón Bilbao. De nuevo aparece la fruta roja en licor, pero esta vez la acompañan aromas de bosque, con toques balsámicos y ciertas notas de cuero. Al fondo algunos recuerdos de canela. Acidez correcta y gran suavidad para este rioja correcto. Concentrado. Final medio, con recuerdos amargos. Muy bueno minus. (NM 89) Es curiosa esta edición limitada. ¡Se “limita” a 326.000 botellas!

El nivel va subiendo, y de la añada 2009 el que más me gustó fue La Montesa 2009. (Tempranillo, graciano, mazuelo y garnacha). Bodegas Palacios Remondo.  El vino aparece un poco tímido, con notas de humedad. Poco a poco se expresa con aromas de frutos rojos, matizados por hongos y flores azules. Con la aireación se percibe un aroma fresco de fresas y leves tostados. Muy agradable. En boca suave y equilibrado. Con acidez media, bien estructurado. Algo ligero de sabor. Posgusto frutal medio largo. Muy bueno minus. (NM 92)

Después de algunos vinos de nivel correcto, pero sin una gran personalidad llegamos a Luis Cañas Reserva de Familia 2005. (95% tempranillo y 5% graciano). Bodegas Luis Cañas. Aroma complejo en el que destaca la fruta roja fresca, con un fondo de especias dulces, balsámicos y matices de caja de puros. Buena intensidad. Muy agradable. En boca ataca con buena acidez, para dar paso a una buena intensidad frutal que toma la boca. Volumen y estructura. Posgusto ligeramente amargo con notas de regaliz, medio largo. Muy bueno plus. (NM 96)

Llego a casa y comparo mis anotaciones con las puntuaciones de Martin. Me llevo alguna sorpresa, como no podía dejar de ocurrir. Los cuatro vinos que me han parecido destacables están bien puntuados, y en el mismo orden en que yo los había percibido. Esperanza. Mis puntuaciones son algo más bajas. ¡Van a tener razón mis alumnos!

Un par de vinos de la cata bien puntuados por Martin, Colección Vivanco 4 varietales 2009 (NM 87) y Conde de Valdemar Gran Reserva 2004 (NM 85), no me gustaron demasiado. El primero, con una nariz portentosa y de gran personalidad, tenía un final excesivamente cálido, notándose en exceso el alcohol para mi gusto; el segundo me pareció un vino muy correcto, pero no es lo que esperaba de un vino clasificado como gran reserva.

Sacar conclusiones no es fácil con una muestra de tan sólo doce vinos. No me voy a atrever a hacerlo, pero desde luego el estilo de Martin me gusta muchísimo más que el de su antecesor. Motivos hay para la esperanza. Como dice Mario en su entrada de ayer, mantendremos la luz de cruce.

No quiero cerrar esta entrada sin dejar de hacer mención al artículo sobre la Rioja que recientemente ha escrito Neal Martin en The Wine Advocate, que he leído con detenimiento (incluso subrayado). Por una vez, y sin que sirva de precedente, me voy a mojar. En líneas generales, me gusta mucho. Materia hay para largas discusiones. Pero eso serán otras historias.

lunes, 17 de septiembre de 2012

OVNI 2011. Maridajes con Recuerdos


Para hoy tenía preparada una entrada en la que había puesto mucho cariño. No suelo meterme demasiado en la cocina, soy demasiado patoso, y lo único que consigo es realizar fórmulas como si de un laboratorio de química se tratara. Mis libros de cocina, que me encantan, están llenos de tachaduras y modificaciones, para adaptar la genialidad del autor en cuestión a mi torpeza, y que salga algo, en ocasiones comestible.

Había conseguido un risotto bianco que si no era ottimo, sí que era reseñable, y unos calamares en su tinta que me habían hecho pensar si los fogones habrían dejado de odiarme. Acompañados de uno de los mejores blancos de la península, un Dorado 2005, me parecieron materia suficiente para una entrada curiosa. Pero pasó algo…

Uno de mis mejores amigos tuvo una desgracia importante. Por culpa de un accidente doméstico su casa se quemó, y con ella tantos recuerdos, tantos momentos, tantas ilusiones, tantos esfuerzos. Carlos en esos momentos se sentía desarraigado, extranjero en su tierra. Expulsado de su casa. En una situación que tristemente tanto se está repitiendo en nuestra tierra, y no precisamente por culpa del fuego.

Cuando el domingo por la mañana escribía la entrada que pensaba publicar hoy, el risotto lo recordé insulso, y los calamares una vulgaridad. La ilusión por contar se había esfumado. Hoy no iba a haber nada que compartir. ¡Qué ganas de mandarlo todo a paseo! Ya habrá otra ocasión.

Llega la hora de comer. Elena es mucho más fiel a nuestros orígenes que yo, y ha preparado una comida con mucho sabor de nuestra tierra. Debe tener un sexto sentido que yo no alcanzo a comprender. Era lo que necesitaba hoy. Su “gazpacho de madre andaluza” es antológico. Consigue una textura única, una especie de gazpacho “asalmorejado”,  que me trae recuerdos de mi abuela machacando los ingredientes en un mortero de madera, mientras los nietos la “ayudábamos”. Elena ha cambiado su manzana picada por un poco de buen jamón serrano. Mantenemos el huevo duro. Me parece volver a aquella casa rodeada de viñas y olivos. Llena de alegría y cariño. Sabores de campo, recuerdos únicos.

Al gazpacho le siguen unos sencillos boquerones fritos que me trasladan en el lugar y en el tiempo a La Barrosa. Aromas de mar. Recuerdos de niños tirando desde la playa de los trasmallos. Barullo alrededor del pescador que vende lo que la mar le ha prestado hoy. Nunca da nada de balde. Siempre cobra. Vuelvo a su textura tersa, justa. El buen sabor de las cosas sencillas. Sonrío.

El “déjà vu” se ha completado con un vino que no ha acompañado la comida mal del todo. Un vino que me llevó con mi padre y mis tíos a Moriles. A sus competiciones del “mejor” vino de la añada. A aquellos vinos tranquilos que hacían en casa con pedro ximénez.

No sé porqué abrí este OVNI 2011, pero era el vino perfecto para el día. Aromas de monte, de flor de manzanilla, de aceituna verde. Recuerdos de los membrillos del jardín de mi abuelo, de  fruta de hueso. Sencillo, sin estridencias, como la tierra de la que viene. Lo llevo a la boca y me parece estar escuchando: ¡Niño, “na más q’un” sorbo! Y le doy dos… largos. Como si quisiera beberme la vida. Y la boca se me llena de Moriles. De acidez presente, de madreselva, de membrillo y aceituna. Y de una salinidad que viene  de la tierra, del vino que juega con tus recuerdos. Recuerdos que no quieres que se vayan… y terminan yéndose. ¡Qué bien marida este vino con la memoria!

Y me quedo pensando: ¿Raíces? No se las lleva el fuego. Se las lleva la desidia, la soberbia. Se las lleva la falta de ilusión, la desgana. Las raíces están clavadas en el alma a fuego, aunque hoy suene mal el decirlo. Carlos, las raíces son como la amistad, y de eso tú y yo entendemos. Amistad que está en problemas contados, en vidas compartidas. Amistad forjada en momentos duros. En sitios a donde no llega el fuego. Un abrazo amigo, no sigas buscando raíces, que las llevas dentro.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Rioja. Joyas Blancas


De vuelta a casa tras la cata de riojas blancos que propuso la Enoteca Barolo, pensaba en las apasionadas discusiones que se generan entre los aficionados que defienden tendencias antagónicas. Recordaba las casi agrias polémicas entre historicistas y modernistas en la interpretación de la Música Antigua, en las que he participado. Esto es bueno. Indica que hay algo que mueve la pasión. Que estamos vivos.

Los  vinos riojanos de la cata, según nos contaba Miguel, muestran tendencias muy diferentes. Proyectos nuevos, otros retomados, y los que más me interesaban… los clásicos. Aún mantengo una cierta capacidad de sorpresa, y todavía el vino me apasiona. La cata me lo demostró. Es bueno mantener los sentidos y el corazón abiertos. Pero empecemos por el principio…



Es curioso que en algunos de mis cuadernos de referencia se hayan incluido recientemente entradas sobre los clásicos de La Rioja. Me hicieron  reflexionar sobre  que mis conocimientos sobre los vinos de Borgoña o el Ródano son superiores a los de algunas denominaciones que más fama dan al mundo del vino español. Tenía que hacer algo. Cuando leí que se programaba una cata sobre riojas blancos, y que los Tondonia estaban incluidos, me apunté sin pensarlo dos veces.

Sólo unas doce personas presentes, el máximo para que una botella baste. Nos cuenta Miguel lo básico de la evolución de los blancos en La Rioja, como han llegado a estar casi abandonados. Mantenidos casi únicamente por la tozudez de un par de bodegas, que como López de Heredia, aman estos blancos clásicos. Retomados por otros que, confiando en su potencial, están creando proyectos en los que se adivina futuro.

Comenzamos por un par de vinos de bodegas que aún están en progresión. Nos muestran honestidad y no están faltos de tipicidad. Personalmente los seguiré con interés:

Valenciso 2010. (80% viura y 20% garnacha blanca). Compañía Bodeguera de Valenciso. DOC. Rioja. Vino de una bodega surgida por la ilusión de una pareja de enólogos que, tras trabajar en una de las grandes de Rioja, decidieron iniciar este proyecto en solitario. Uvas procedentes de viñas muy viejas que dan lugar a este vino de gran honestidad. Madurado durante ocho meses en barricas de roble caucásico, la madera no es en absoluto protagonista. Aroma de campo el de este vino. No muy intenso. De flores silvestres y aceituna verde. Aparecen lácteos y notas de manzanilla. Muy salino. En la boca, buena acidez. Retorna la salinidad, para después dejar recuerdos medio/largos de cítricos y frutas blancas. Muy bueno minus.

Contino 2009. (60% viura, 20% malvasía y 20% garnacha blanca). Viñedos del Contino. DOC. Rioja. Crianza de cinco a seis meses en barricas nuevas francesas y húngaras. No demasiado expresivo en principio. Destacan el monte bajo y los tostados. Con la evolución va ganando en mineralidad. Tizas, piedra mojada. Rosas secas, cáscara de limón. Termina la madera ganando la partida, quedando solos los tofes y torrefactos. En boca de nuevo acidez, pero con un punto goloso. Buen volumen. Se marcha dejando un posgusto cítrico algo marcado. Muy bueno minus.  Como decía dos vinos que me dejan un buen recuerdo, y que seguiré.

Continuamos con uno en el que el productor es más notorio. Capellanía 2007. (100% viura). Bodegas Marqués de Murrieta. DOC. Rioja. Crianza de unos quince meses en barricas nuevas de roble francés. El aroma de este vino en esta cata es una historia nueva. Potente. Flores blancas y manzanilla. Cáscara de plátano, balsámicos y frutos secos. Uno se traslada en cierto modo a las albarizas de Sanlúcar. Acidez en boca bien acompañada por frutas blancas, y agradables notas salinas. Madera bien integrada. Final medio/largo en el que los cítricos juegan con las flores de manzanilla. Muy bueno.

A estos tres vinos de la tierra, típicos, les siguen dos vinos en los que el productor quiere dejar su impronta. Sus objetivos se alejan de la tierra. Buscan la genialidad.

Empezamos esta tanda por Remelluri 2007. (garnacha blanca, viognier, sauvignon blanc, chardonnay, rousanne y marsanne). Bodegas Remelluri. Cuando leo el coupage me recuerda a algunos blancos del Ródano, y no anda muy lejos este vino de un Vieux Telegraph. Aromas intensos y bien definidos. Limpios. Hierbas aromáticas y ahumados se combinan con notas de frutas blancas y aceitunas verdes. Alguna ligera nota balsámica. En boca, acidez magnífica. Muy buen volumen. Bouquet de flores secas. Algo goloso. Madera muy bien integrada. Recuerdo muy largo, pero ligeramente pesado. Tipicidad escasa, genialidad toda. Excelente minus.

Seguimos con Mártires 2009 que promete la vida en nariz, para negarla en boca. ¿La botella? Muy posiblemente.

Llegamos al final de la cata con los vinos que realmente estaba esperando. No decepcionan.

Tondonia Reserva 1996. (90% viura y 10% malvasía). Bodega López de Heredia. DOC. Rioja. Seis años de crianza en barrica. Muy cerrado al principio, dando aromas de queso azul. Hay que tener paciencia con él, que poco a poco va desplegando un abanico de flores blancas y pino, frutas blancas y limón. Al rato te  recibe con aromas de miel, que se va volviendo arrope. Sutiles tostados, y aromas de tabaco rubio. Para haberle dado un par de horas. Lo haré. En la boca insultante juventud, acidez intensa pero bien equilibrada. Salino. Si hay que buscar una sola palabra, elegante. No se acaba. Excelente. Alguna botella debería descansar pronto en mi bodega.


Tondonia Gran Reserva 1991. (90% viura y 10% malvasía). Bodega López de Heredia. DOC. Rioja. Diez años de crianza en barrica. Los aromas iniciales de tofe y orejones, se van volviendo amielados. Les acompañan pomelos y algo de heno. Notas de manzanilla. Le cuesta un poco expresarse. En boca es un chaval. Le quedan muchos años por delante. Espero verlo. Acidez imposible, mineralidad irreal y un volumen fantástico para este vino que nunca debería haber esperado tanto para beber. Excelente.

Emocionante el recorrido por la Rioja que nos propone Miguel. Grandes esperanzas en los nuevos proyectos, interesantes vinos que reflejan los de lejanas tierras. Lo más importante… siempre nos quedará Tondonia.



viernes, 7 de septiembre de 2012

La Fisna


Todo parece estar un poco negro. Da miedo leer la prensa, y pánico escuchar las noticias en televisión. Hay tuits que se toman un poco a broma la cosa. En España siempre hemos hecho alarde de ingenio, aunque pocas veces hemos sabido sacarle fruto jugoso. Me reía con uno que fechaba en días DTC (después de la tristeza de Cristiano). Pan y circo. Poco pan.



Es fácil deprimirse en esta situación. Es difícil encontrar la ilusión. Hoy en su cuaderno De Vinis, Joan con una entrada que me encantó, recordaba alegóricamente a Tolkien para describir nuestra situación. Decía que intuía las sombras de los dragones de Sauron sobre el cielo claro de Barcelona. En Madrid el cielo está también claro, pero me parece que Sauron está en los corazones de la gente. Veo derrotismo. Creo que necesitamos ilusión, Verdad y trabajo duro. Son las armas para librar esta batalla que, como en la genial obra de Tolkien, ganaremos gracias a los medianos.

Ayer por la tarde encontré algo de esa ilusión en una tienda pequeña de Lavapiés, La Fisna. La conocía desde hace un par de años, aunque creía que después  la habían cerrado. Recuerdo aquella tarde. Fui a buscar unos vinos del gran Zilliken, y Delia estaba muy desanimada. Me dijo que iban a tener que cerrar. Debe ser duro poner tanta ilusión, y pensar que has fracasado.

La gran alegría me la llevé gracias al Facebook, cuando La Fisna anunciaba una degustación gratuita. No seáis mal pensados. Me alegré porque continuaba abierta. Decidí ir a hacerle una visita.

Llego a la tienda y es pequeña, como la recordaba. Algo más que un pasillo ancho. Delia me saluda. Entra un cliente y le pido que lo atienda, no tengo prisa. Estoy deseando curiosear los estantes, donde encuentro a viejos amigos, como Lafarge. Hay también varias muestras completas de  bodegas situadas en pueblos borgoñones de no demasiado relumbrón… Savigny, Pommard

La cara de Delia es diferente a la que recordaba… le brillan los ojos. Llega otro cliente y le pide tres botellas de su clarete, que le lleva con diligencia. Clientela que se siente conocida. Ambiente de tienda de barrio. Realmente uno se siente a gusto aquí.

Charlo un rato con ella, que describe con seguridad sus vinos. Conoce lo que tiene. Han tenido una muy buena idea, de la que me aprovecharé. Cada semana ofrecen a catar algunos de sus vinos, veo la muestra en una máquina de conservación de gas inerte, y hay tres que me llaman la atención.  Comienzo por un rosado de la DO. Monsant.

Les Sorts. (90% samso y 10% mazuela). Celler del Masroig. Me dice que es especial, y ciertamente es un vino con alma. Los rosados han sido denostados en algunos de los cuadernos que sigo. Deberían probar este. Fruta roja muy fresca. Flores blancas. Fondo de tiza y algo de regaliz. Llena la habitación a poco que se le de oportunidad. Suave, aunque con una puntita de carbónico. Buena acidez y correcta intensidad. Cítricos y frutas rojas, amargor elegante. Persistencia increíble para un vino que parece algo ligero. Final cítrico con toques anisados.  Hace falta más.

Sigo con un vino de mesa gallego. As Furnias. Había leído una entrada en el cuaderno de Sibaritastur sobre él, y hacía tiempo que quería probarlo. Grandes alegrías están llegando de Galicia. Su aroma delata con claridad su procedencia. Eucaliptos, menta, monte bajo. Fruta roja muy fresca, y algún animalillo de piel que se cuela aquí y allá. Delia lo había descrito como un vino salvaje, no le falta razón. Paso ligero por boca. Excelente acidez. Recuerdos no muy largos de monte bajo y fruta roja. Frescura. Como decía Jorge, para beber por cajas.

Entran y salen clientes. Unos saben a qué vienen, otros no saben lo que se llevan. Pronto lo descubrirán. Volverán.

Un vino más. Un básico de Borgoña. Domaine Michel Gaunoux Bourgogne 2009. Lo encuentro muy amable, accesible. Me dice Delia que  2009 es una buena añada para iniciarse en estos vinos. Los conoce. En junio estuvo con ellos, volverá en noviembre. No habla de oídas.

Su aroma hace que recuerde, una vez más, por qué me gusta tanto Borgoña. Es elegancia, sutileza. Fresa muy fresca, acompañada de notas de rosas secas, y pimienta. Profundo, agradable.  Una pizca más de volumen y sería enorme. Entra sin preguntar, y va ganándose la boca, hasta que se hace dueño de ella. La llena de fruta y especias, de una acidez muy armónica. Recuerdo que te queda para siempre de un ligero amargor.

Con media sonrisa me viene a la mente la última vez que visité, hace ya tiempo, la sección de champagne de una tienda grande de Madrid. Recibí el mismo asesoramiento que si hubiera ido a comprar gaseosa a una gran superficie. La Fisna es otra cosa. Como decía, una tienda de barrio, en la que Sauron no entra. La ilusión y el trabajo no le dejan. La ilusión y el trabajo de  Delia, una mediana de gran talla. Volveré, es una de mis dos tiendas de referencia en Madrid.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Heretat de Cesilia


En el desierto enológico que se ha convertido Madrid en agosto, tan sólo se programan catas en la nueva vinoteca Señorita Malauva. Esta vez nos proponen una bodega ciertamente interesante, que además está sonando con cierta frecuencia, Heretat de Cesilia. No lo dudo, y  reservo una plaza.

Llego a Malauva bastante acelerado. El Madrid de agosto no tiene el bullicio habitual. Aún así, la proximidad del fin de las vacaciones parece que me está afectando. La última vez que estuve en la tienda no fui capaz de encontrar una cosa importante en una tienda de vinos… las botellas. Nacho amablemente me muestra donde están, guardadas en los cajones de una especie de cómodas que a la vez hacen de mesas. Todo parece listo para un nuevo “baño de juventud”.

Va entrando público, parece que esta vez no voy a ser el único “joven de espíritu”, la edad del público, aunque mayoritariamente “menudo”, va a estar más distribuida. Lo que no cambia es el ambiente festivo del personal que acude. Entre ellos me sorprende un viejo conocido, Paco del Castillo.  Charlo un rato con él, viene a coordinar la cata. Recuerdo las últimas a las que he asistido dirigidas por él, entre ellas una impresionante de dulces canarios, y no me cuadra demasiado su espíritu docente en un sitio como Malauva. ¿Conseguirá adaptarse?

La cata comienza, Nacho explica ligeramente la “filosofía Malauva” y toma la palabra Paco, que acierta con pocas palabras a describir el primer vino de la tarde. Alarde de concreción y exactitud, que a los que le conocemos sabemos que debe haberle costado. Se  trata de Ad Gaude Heretat Blanc 2010. Una verdadera rareza, ya que está elaborado con un 85% de albariño y un 15% de loureiro. Recordemos que Heretat de Cesilia está localizada en Alicante. El vino tiene  una crianza en roble francés de nueve meses, con sus lías.

Lo llevo a la nariz con cierta prevención pero lo que encuentro me sorprende agradablemente. Aromático, agradable y con una cierta complejidad. ¡Nada de piñita! En su lugar aromas de manzana y flores blancas, acompañadas de monte bajo, manzanilla y aceituna verde. De fondo alguna nota de madera y frutos secos tostados. En boca ataca con buena acidez, desplegando su volumen con suavidad. Correcto peso de fruta blanca, que compensa los cítricos. Madera no demasiado protagonista. Final cítrico con dejes amargos, medio largo. No es el mejor albariño que he bebido, pero podría llenar algunas páginas con otros peores. Muy bueno.

El albariño alicantino lo acompañamos con una empanada de bacón cortado en lonchas gruesas con dátiles, que proporcionó la Asociación de Artesanos Alimentarios de Castilla y León. Realmente sabrosa. No combinó mal con el albariño alicantino.

Seguimos con un vino joven. AD tinto 2011. (80% syrah, 20% petit verdot).   DO. Alicante. No excesivamente aromático, se mezclan los frutos rojos y negros con la hojarasca, la aceituna negra y un fondo de betún. En boca tiene intensidad y volumen medios. Ataque sedoso, con buena acidez, y un final amargoso no muy largo. Un joven disfrutable, sin muchas complicaciones. Bueno plus.

En esta ocasión el vino se acompaña con un hornazo que está para llorar. El presidente de la asociación de artesanos nos cuenta brevemente el origen histórico de este manjar. No le presto excesiva atención. Mis disculpas. Estoy realmente ocupado. Delicioso. Contundente.

El último vino presentado es el Ad Gaude 2006. (70% monastrell, 15% syrah, y 15% petit verdot). DO. Alicante. Buena intensidad aromática. Agradable y complejo. Domina la fruta negra muy madura, acompañada por notas balsámicas, monte bajo y especias dulces. Con la evolución salen notas de aceitunas negras. Hubiera necesitado más tiempo de airecaión para apreciarlo con comodida. En boca tiene una entrada amable, pero potente y amplia. Buena acidez, y tanicidad presente. Intenso. Final potente y largo, con tostados acompañados por notas amargas. Un vino de corte mediterráneo, muy bien elaborado. Una pena que no hubiera más hornazo. Muy bueno plus.

Se acaba la cata, y en el camino de vuelta a casa voy pensando en que he pasado un muy buen rato. Han caído algunos tabúes. Nunca antes había encontrado un syrah mediterráneo que me hubiera convencido. Nunca antes hubiera pensado en acercarme a un albariño de clima cálido. Ha estado bien quitarse algunos complejos.

Comentaba Paco del Castillo, que él cata mucho más que bebe, no sin cierto aire de tristeza. Es lógico, es un profesional. Un gran profesional. Alguna ventaja tiene esto de ser aficionado, de acercarte al vino a disfrutar. No tengo que perder de vista el objetivo en lo que se refiere al vino, disfrutar. Cierto es que conocimiento y disfrute no tienen por qué ser incompatibles. El uno puede reforzar al otro. Probablemente si no hubiera sido de la mano de conocedores, nunca me hubiera acercado con ciertas garantías a los vinos italianos, por poner un ejemplo.

Pero el objetivo debe ser siempre disfrutar. Mi esencia en esto es ser  bebedor (tragavinos que diría un amigo), no catador. A veces el medio me puede hacer perder el fin, hay que volver más veces a Señorita Malauva a recordarlo.