lunes, 17 de septiembre de 2012

OVNI 2011. Maridajes con Recuerdos


Para hoy tenía preparada una entrada en la que había puesto mucho cariño. No suelo meterme demasiado en la cocina, soy demasiado patoso, y lo único que consigo es realizar fórmulas como si de un laboratorio de química se tratara. Mis libros de cocina, que me encantan, están llenos de tachaduras y modificaciones, para adaptar la genialidad del autor en cuestión a mi torpeza, y que salga algo, en ocasiones comestible.

Había conseguido un risotto bianco que si no era ottimo, sí que era reseñable, y unos calamares en su tinta que me habían hecho pensar si los fogones habrían dejado de odiarme. Acompañados de uno de los mejores blancos de la península, un Dorado 2005, me parecieron materia suficiente para una entrada curiosa. Pero pasó algo…

Uno de mis mejores amigos tuvo una desgracia importante. Por culpa de un accidente doméstico su casa se quemó, y con ella tantos recuerdos, tantos momentos, tantas ilusiones, tantos esfuerzos. Carlos en esos momentos se sentía desarraigado, extranjero en su tierra. Expulsado de su casa. En una situación que tristemente tanto se está repitiendo en nuestra tierra, y no precisamente por culpa del fuego.

Cuando el domingo por la mañana escribía la entrada que pensaba publicar hoy, el risotto lo recordé insulso, y los calamares una vulgaridad. La ilusión por contar se había esfumado. Hoy no iba a haber nada que compartir. ¡Qué ganas de mandarlo todo a paseo! Ya habrá otra ocasión.

Llega la hora de comer. Elena es mucho más fiel a nuestros orígenes que yo, y ha preparado una comida con mucho sabor de nuestra tierra. Debe tener un sexto sentido que yo no alcanzo a comprender. Era lo que necesitaba hoy. Su “gazpacho de madre andaluza” es antológico. Consigue una textura única, una especie de gazpacho “asalmorejado”,  que me trae recuerdos de mi abuela machacando los ingredientes en un mortero de madera, mientras los nietos la “ayudábamos”. Elena ha cambiado su manzana picada por un poco de buen jamón serrano. Mantenemos el huevo duro. Me parece volver a aquella casa rodeada de viñas y olivos. Llena de alegría y cariño. Sabores de campo, recuerdos únicos.

Al gazpacho le siguen unos sencillos boquerones fritos que me trasladan en el lugar y en el tiempo a La Barrosa. Aromas de mar. Recuerdos de niños tirando desde la playa de los trasmallos. Barullo alrededor del pescador que vende lo que la mar le ha prestado hoy. Nunca da nada de balde. Siempre cobra. Vuelvo a su textura tersa, justa. El buen sabor de las cosas sencillas. Sonrío.

El “déjà vu” se ha completado con un vino que no ha acompañado la comida mal del todo. Un vino que me llevó con mi padre y mis tíos a Moriles. A sus competiciones del “mejor” vino de la añada. A aquellos vinos tranquilos que hacían en casa con pedro ximénez.

No sé porqué abrí este OVNI 2011, pero era el vino perfecto para el día. Aromas de monte, de flor de manzanilla, de aceituna verde. Recuerdos de los membrillos del jardín de mi abuelo, de  fruta de hueso. Sencillo, sin estridencias, como la tierra de la que viene. Lo llevo a la boca y me parece estar escuchando: ¡Niño, “na más q’un” sorbo! Y le doy dos… largos. Como si quisiera beberme la vida. Y la boca se me llena de Moriles. De acidez presente, de madreselva, de membrillo y aceituna. Y de una salinidad que viene  de la tierra, del vino que juega con tus recuerdos. Recuerdos que no quieres que se vayan… y terminan yéndose. ¡Qué bien marida este vino con la memoria!

Y me quedo pensando: ¿Raíces? No se las lleva el fuego. Se las lleva la desidia, la soberbia. Se las lleva la falta de ilusión, la desgana. Las raíces están clavadas en el alma a fuego, aunque hoy suene mal el decirlo. Carlos, las raíces son como la amistad, y de eso tú y yo entendemos. Amistad que está en problemas contados, en vidas compartidas. Amistad forjada en momentos duros. En sitios a donde no llega el fuego. Un abrazo amigo, no sigas buscando raíces, que las llevas dentro.

12 comentarios:

  1. Ole el post! Ole la amistad! Y ole ese gazpacho y esos boquerones!!!
    Del Ovni, sabes que hemos hablado largo y tendido en varios sitios. Y los que hemos notado la salinidad somos ya mayoría, mal que le pese a Sibaritastur :)
    Saludos.

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    1. Muchas gracias Smiorgan. Efectivamente de OVNI se ha hablado ya en varios cuadernos hasta la saciedad. Esta es la tercera botella que me he bebido y poco hay más se puede decir de él.
      En favor de Sibaritastur diré que no en todas las botellas la sensación de salinidad era tan patente como en esta. De cualquier manera un vino con personalidad.
      Saludos
      Vicente Vida

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  2. Animo Carlos!!
    La amistad es muy importante en estos muy duros momentos, la verdadera amistad.
    Entretenido y dinámico post.
    Un saludo amigo.

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    1. Muchas gracias Juan Manuel. Dsde la última vez que estuve con vosotros en Cádiz ando con necesidad de mi tierra. Algo de eso hay también en esta entrada.
      Un abrazo
      Vicente

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  3. El vino nos trae recuerdos; y la comida de abuelas y madres nos traen la sonrisa. Es la cocina de verdad. Sin trampas. La cocina que nos dice que mañana saldrá de nuevo el sol.

    Ovni. Me gustó la primera botella, no así la segunda. Donde había un vino vivo, con matices me encontré un vino desvaido.

    Saludos,

    Jose

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    1. Muchas gracias por le comentario. Efectivamente, la comida sencilla de madres y abuelas nos hacen enraizar, nos dice que la vida sigue y hay futuro.
      Con respecto a OVNI esa es también mi percepción, no todas las botellas proporcionan las mismas sensaciones. habrá que seguir bebiendo. :)
      Saludos,
      Vicente

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  4. Tú lo que estás es deseando que llegue el verano que viene para venirte por Sanlúcar a comer comidas de madres y abuelas con vinos de padres y abuelos...je, je!!! De eso estoy seguro!!
    Y pensar que yo ese Ovni no lo he catado todavía!!!
    !!Armandooo vuelve ya de vacaciones, jopé!!!
    El vino está claro que hace amistad...sino de qué íbamos a estar hablando tu y yo ahora...?
    Y dentro de poco nos vemos de nuevo, eh?
    Un abrazo.

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    1. Ten por seguro que estoy deseando que llegue el verano y darme una vuelta por Sanlúcar. Lo de comer comidas con cariño es sin duda un plus muy importante.
      Posiblemente baje un par de días en el puente del Pilar, si para entonces sigues sin probar el OVNI bajo una botella. A ver si orgnizamos algo, aunque no sea muy grande.
      Sin lugar a dudas el vino hace amistad. ¿Que mejor rato que delante de una buena mesa compartiendo tertulia con unos amigos?
      Nos vemos en unos días. promete ser interesante.
      Un abrazo,
      Vicente

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  5. Me ha gustado mucho tu post. Desde luego se nota cuando escribimos y además hay sentimientos de por medio.
    Abrazotes

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    1. Muchas gracias Mario. Eso es lo que trato de transmitir los sentimientos que produce el vino... y la vida. Lo que pasa es que no siempre lo consigo.
      Saludos,
      Vicente

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  6. Maridar vino con recuerdos. Y con deseos. Y con anhelos, y esperanzas. Con una anticipación. Con un proyecto. Maridar vino con un éxito, con un fracaso. Con lo que fue, o con lo que será, pero mejor maridarlo con lo que es. Maridarlo con la soledad es bueno, pero para maridarlo, mucho mejor, con compañía.

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