miércoles, 31 de octubre de 2012

XIII Salón Mejores Vinos de España (y II)


En la anterior entrada comenté mis impresiones sobre los blancos y espumosos, que tuve la ocasión de disfrutar en la muestra de los vinos mejor  puntuados por la Guía Peñín. Hoy me gustaría contaros los vinos que más me impresionaron de entre los tintos y generosos. Fue absolutamente imposible abarcarlo todo. Mucho menos si se le quería dar, como es mi caso, un poco de tiempo para que el vino se expresara.

Comencé purgando mi atrevimiento por poner en duda el interés de los vinos de Castell D’Encus. Su Thalarn 2010 me pareció un syrah auténtico, en el que a pesar  de su juventud y una cierta rusticidad, se aprecia todo lo que tiene que tener un buen vino. Fruta muy presente, acidez y una estructura impecable. Fue al principio de mi visita. Me hubiera encantado dedicar un poco de tiempo a conocer a su productor.

Donde sí estuve un rato fue con Xose Lois Sebio en el stand de Coto de Gomariz, disfrutando especialmente de dos de sus vinos. Encontré fantástico su VX Cuvée Primo 2007, y excepcional Hush 2009. En este último encontré una evolución fantástica. Lo había catado en La Despeña hace unos meses, y el vino me pareció en esta ocasión mucho más accesible. Rústico, con una acidez perfecta, pero muy bien compensada por la intensidad frutal. Aluciné cuando Xosé Luis me dijo que en una famosa tienda madrileña no había querido sus vinos por falta de personalidad. Eso es lo que precisamente le sobra a este vino por todas partes.

Encontrar el stand de DomaineLupier sólo debió ser mi momento de fortuna del día. Sin perder un segundo me aproximé. Impresionante lo que encontré. Charlar con una persona tan entusiasta como Elisa, que cree tanto en su proyecto, es una gozada. Comprobar a su lado la increíble acidez, la complejidad aromática de El Terroir 2009, es dar un paso más en esta afición. Si después compruebas la diferencia de matices, la expresividad de La Dama 2009, te das cuenta que esta es una bodega a la que un buen aficionado no debe perder de vista. Vinos amables, accesibles, y a la vez complejos, grandes.

Hubo más. Debería nombrar las garnachas de Marañones, de Bernabeleva. El excelente María 2009 que hacen en Alonso del Yerro. El impresionante As Caborcas 2010 que está haciendo Telmo Rodríguez en Valdeorras, pero me pasaría media vida escribiendo y acabaría con vuestra paciencia.

No quiero dejar de contaros los impresionantes vinos que se están haciendo en el Priorat. Me impactaron las cariñenas de Ferrer Bobet Selecció Especial, especialmente la añada 2009. Su complejidad, su mineralidad, su frescura, hacen de él un gran vino. Su Vinyes Velles 2009 es, por supuesto, también digno de mención.

Decir que los vinos de Clos delPortal están a un gran nivel no debe ser una sorpresa para el que siga este cuaderno. Charlar con Alfredo es una gozada. Cuando mostré mis reservas sobre la posible caída de calidad de Somni al detraer la uva con la que ahora se hace Tros del Clos, me miró con cara un poco rara. La uva de Tros del Clos es una rareza de la zona me dice. Con poco convencimiento pruebo Somni 2009 y mis reservas se diluyen el vino está ahí. Es mi amigo de siempre. Mucha vida por delante. Tros del Clos  2009 es un vino diferente, más grande. Expresivo, para perderse bebiéndolo.

Uno de mis descubrimientos del Salón fue Dominik y su Terroir al Limit. Me cuenta que Torroja es su village, Arbossar su premier cru, y Les Manyes y Les Tosses sus grand crus. No me gusta mucho la comparación. Al Priorat le sobra personalidad para tener que asimilarse con ninguna otra región productiva. Debe ver en mi cara el escepticismo. Me da a probar Torroja 2010. Absolutamente impresionante. Arbossar 2010. Subir un escalón más. Les Manyes 2010. Levitar. La asimilación no es más que teórica. Los vinos buscan y encuentran la personalidad de la tierra. Su Torroja no faltará en mi bodega. Un apretón de manos certifica el encuentro. Gran persona que hace grandes vinos.

Finalizo con mi visita al stand de Barbadillo. Vieja conocida su manzanilla en rama. Pruebo la saca de otoño. La última. Se me humedecen los ojos. He vuelto a mi tierra. Suavidad expresiva. Mineralidad punzante. ¡Que vino! Hay sobre la mesa cuatro decántadores. Pido que me sirvan el palo cortado. Sólo tiene 150 años. Complejidad, expresividad. Cien puntos sobre cien. No puedo más y quiero irme con algo que no olvide. La última reliquia. El PX. Nose puede catar nada después de eso. Persistencia eterna. Intensidad. Sabor que no quieres que se vaya. Y no se va.

Salgo por la puerta. Momentos que recordaré mucho tiempo. El PX en la boca, y los momentos pasados con nuevos y viejos amigos que permanecerán para siempre. Gracias Victoria por haberte acordado de este humilde tragavinos. Durante estos ratos el vino y sus gentes me hicieron disfrutar a lo grande.

domingo, 28 de octubre de 2012

XIII Salón Mejores Vinos de España (I)



Este es el primer año que tengo la oportunidad de acudir a esta cita, en la que se muestran los vinos mejor puntuados por la Guía Peñín. Estoy encantado de poder asistir, por la oportunidad que supone de charlar con productores, encontrarme con amigos y descubrir nuevos vinos. Comparar puntos de vista con aficionado de la categoría de Mariano Fisac, y de un hombre sabio, como Joan Gómez Pallarès, añaden sin lugar a dudas un plus importante.

Si tenía alguna incertidumbre sobre la capacidad de convocatoria de la muestra, se despeja nada más llegar. El palacio de Neptuno está bastante lleno. Algo de calor, lo que se traduce en la dificultad para mantener la temperatura óptima de los vinos, especialmente los tintos. Los representantes de las bodegas tienen que hacer malabares metiendo y sacando los vinos de las cubetas de hielo, para que no estén demasiado fríos o algo calientes.

El proceso de acreditación está muy bien gestionado y en pocos minutos estoy haciendo algo que me encanta, catar muchos vinos e intercambiar puntos de vista con los productores. La representación de bodegas está bien nutrida. Las dos plantas del palacio completas con stand de productores, entre las que hay varias que me parecieron de un extraordinario nivel.

Empezamos dando una ronda de blancos. Los ribeiros de Coto de Gomariz tienen muy buen nivel, buena acidez y definición. Un gran acierto The flower and the bee, un vino que aunque muestra un mas bien carácter comercial, es muy correcto, y permitirá que la bodega continúe ofreciéndonos otros vinos como Coto de Gomariz Colleita Seleccionada, directo y de una acidez fantástica. Gran trabajo con las lías el que ha realizado Xosé Lois Sebio. Una referencia para apuntar.

Reencuentro con algunos viejos conocidos, como Pazo de Señorans Selección de Añada 2005, que mantiene un nivel excelente. Un vino que merece la pena guardar. Todavía alucino cuando recuerdo la fantástica vertical histórica que nos ofreció la UEC, muestra de que los blancos bien realizados se pueden guardar, y os pueden ofrecer con unos años enormes alegrías. Un albariño muy grande.

Me gusta mucho también el godello de Rafael Palacios, As Sortes 2011. Muy joven, muestra una acidez fantástica, y muy buen volumen. Graso en boca. Muy frutal y agradable. Para disfrutar sin muchas complicaciones. Me gustaría acompañar alguna botella de un buen salmón.

Pasamos a referencias menos conocidas y  descubrimos Altos 2011, de la bodega Altos de Rioja. Un vino que por los seis euros que vale ofrece carácter y nervio. Muy bien confeccionado. Honesto y agradable. Muy frutal en nariz, y con buena acidez en boca, merece la pena conocerlo y disfrutarlo. Apuntado queda.

Paso cerca de Castell D’Encus y recuerdo la entrada del blog de mi amigo Juan Manuel, sobre los vinos de esta bodega. En aquella ocasión mostré mis reservas a vinos elaborados con uvas foráneas y con crianza en madera nueva. No sentó bien mi comentario. Tenía que acercarme a  los vinos y probarlos. Mereció la pena. Taleia 2011 (85% sauvignon blanc, 15% semillon) es un muy buen vino. Agradable y bien estructurado. Con una acidez fantástica. Una muestra más de que hay que dejar los prejuicios en casa cuando te acercas al mundo del vino.

Tras los blancos pasamos a los tintos, pero en aras de la brevedad me permitiréis que en esta entrada hable sólo de cavas y blancos, dejando tintos y generosos para dentro de una par de días, en que seguiré abusando de vuestra paciencia.

La muestra de espumosos merece realmente la pena. El primero a que me acerco es Tantum Ergo Vintage 2007 de Bodegas Hispano Suizas. Un vino agradable y complejo. Una buena muestra de los cavas que pueden hacerse fuera de Cataluña. Su rosado Tantum Ergo Pinot Noir 2010 también me gustó. De paso muy fácil, tiene una buena persistencia e intensidad. Para acompañar un buen arroz potente debe resultar de fábula.

Decir que Gramona hace algunos de los mejores cavas de la actualidad es una obviedad, pero no puedo dejar de mencionarlo. Cato la gama completa y vuelvo a anonadarme con su Celler Batlle 2002 Brut Gran Reserva. Un vino de otra dimensión. Su definición, profundidad, volumen y persistencia le hacen acreedor a situarlo entre los grandes.

Cuando ya casi me marcho, despidiéndome de Joan con el que había pasado algunos ratos para recordar, me pregunta si he pasado por el stand de Raventos i Blanc. Su cara me lo dice todo. Subo a la segunda planta y me acerco. Por suerte está vacío. En la mesa tres joyas  de producción limitadísima que la bodega ha tenido la generosidad de ofrecer para la ocasión. Una mini-vertical de su Gran Reserva Personal. Los años 1998 a 2000. Vinos que muestran su añada con gran autenticidad. Bien realizados, con magnífica estructura. Pero sobre todo deliciosos. Me gustó especialmente el 98, que mostraba una juventud excepcional, todavía con fruta en nariz. Equilibrado y con una excelente acidez en boca. Una pena que sean tan escasos.

Perdonadme si me extiendo demasiado, pero había mucho que disfrutar en este salón. Si hubo bastantes blancos y espumosos que me gustaron, los tintos no le fueron en absoluto a la zaga. Guardo también para la próxima entrada alguna sorpresa que encontré entre los generosos de mi tierra. Todo eso, será otra historia.

martes, 23 de octubre de 2012

Domaine François Bertheau 2009

Continuaré contándoos en esta entrada la extraordinaria cata que tuve la oportunidad de disfrutar en La Fisna, comparando vinos de Volnay y de Chambolle-Musigny, concretamente los de Lafarge y Bertheau. Pudiera alguien pensar que elegí los vinos de Michel en la primera entrada porque fueron los que me impresionaron más, y estaría en lo cierto. Sin embargo, si alguien creyera que los Chambolle que catamos en esa ocasión, a mi juicio desmerecían o eran de segundo nivel, nada más lejos de la realidad. Trataré de contaros mis impresiones.

Conocer personalmente al productor ayuda sin duda a comprender mejor sus vinos. Ese hándicap se puede superar, aunque sea parcialmente documentándote, o escuchando las impresiones de alguien que si ha accedido de primera mano al productor, y como en el caso de Iñaki las viñas de donde salen esos vinos.

François Bertheau ha conseguido, a juicio de Iñaki, dar un impulso tremendo al Domaine, que con anterioridad dirigió su padre. Es un productor respetuoso con la uva, utilizando entre un 70% y un 80%  de  barricas usadas para la crianza de sus vinos, que dura en torno a unos dieciocho meses. Su estilo es elegante, puro y muy tradicional. Me da que esto me va a gustar.

El primero de los vinos es François Bertheau Chambolle-Musigny 2009. Muy complejo de aromas. Rosas secas que se mezclan con balsámicos. Talco. Recuerdos de botica, y al final notas sutiles de tabaco rubio. En boca es elegante, suave. Como un guante. Muy buena acidez. No quiere marcharse, y al final deja recuerdos frutales y ligeros balsámicos. Muy bueno.

Le sigue el François Bertheau Chambolle-Musigny Premier Cru 2009. Un vino que se hace con uvas procedentes de cuatro parcelas que tiene en cuatro viñedos diferentes, catalogados como Premier Cru. Entre los cuatro tiene muy poco más de una hectárea, por lo que hacer cuatro vinos diferentes sería muy complicado. El vino merece la pena. Recibe con algunos tostados, y fruta negra muy fresca. Vuelve el talco, esta vez acompañado de notas elegantes de azafran, y las siempre presentes rosas secas. En boca, siendo elegante, es ligeramente astringente. Algo más robusto que el vino anterior. Larguísimo, deja en boca recuerdos minerales y ligeras notas frutales. Muy bueno.

El último vino catado de este gran productor es François Bertheau Chambolle-Musigny Premier Cru “Les Charmes” 2009. Aromas de canela y clavo. Notas de carne de ave asada. Fruta roja muy fresca. En boca muy amable y fresco. Un vino que se bebe solo. Se adueña de la boca con sutileza y frescura. No me gustan los géneros en el vino, pero si hay algún vino femenino, sin duda es este. Casi risueño. Final frutal, muy fresco. Muy bueno plus.

No conocía a este productor, y me alegro de que se haya incluido en esta cata. Ponerlo al lado de Lafarge y aguantar el envite dice mucho de este vigneron que sin duda seguiré en el futuro. Hay alguien más en Chambolle-Musigny que mi admirada Gislaine Barthod.

martes, 16 de octubre de 2012

Domaine Michel Lafarge 2009

Hay eventos enológicos a los que no puedo  dejar de asistir. Que se organicen en La Fisna, sea de vinos de Borgoña, y entre los asistentes estén Delia, Iñaki Gómez Legorburu y Jaime Jiménez son requisitos  más que suficientes para entrar en esa categoría. Si además se incluyen vinos de Borgoña de un productor como Lafarge, al que tengo un aprecio especial, me tienen que atar a la pata de la cama, lo que no es frecuente, para impedirme ir.

La cata en cuestión incluye una horizontal de 2009 de vinos de Michel Lafarge, elaborados en Volnay, y otra del mismo año de François Bertheau, de Chambolle-Musigny. La comparación entre la elegancia del sur y la del norte de Borgoña parece forzada, sin embargo la evito a toda costa. Son dos productores de extraordinario nivel, y merecen ser disfrutados con independencia. En esta entrada trataré sólo los vinos de Lafarge. No sé si en algún momento no podré huir de la comparación. Mis disculpas por adelantado.

Catar con estos “monstruos” es un sueño. Verles disfrutar de unos vinos únicos una experiencia para recordar. Pero cuando el primero de los vinos llega a la copa, sólo existimos el vino y yo. Se trata de un viejo conocido. Un habitual de mi cava, en la que descansan algunas botellas, a la espera de tener suficientes añadas para hacer una vertical significativa.

Michel Lafarge Bourgogne 2009. Probablemente uno de los mejores borgoñas básicos.  Reciben aromas de frutas rojas muy frescas, combinados con especias y bosque bajo. Algunos hongos pululan también por ahí. Muy buen volumen, con buena fruta, y excelente acidez. Algo punzante, y rústico. Para guardar algún tiempo. Larguísimo, queda en la boca un recuerdo especiado. Muy bueno. Pienso que es una excelente opción para los que quieren acercarse a esta bodega por un precio no excesivamente elevado.

Seguimos con el Michel Lafarge Volnay 09. Este vigneron sigue sorprendiendo. Su Volnay tiene una importante mineralidad, destacando las notas de tiza y tierra mojada. Con la aireación aparecen flores secas y boletus. Especias y notas de frutas rojas en el fondo. En boca aparece con suavidad, vertical. Notas cítricas de naranja, con buen volumen. Tanino ligeramente secante, pero equilibrado con la intensidad frutal. Gran elegancia. Final espaciado con notas de boletus, muy largo. Muy bueno plus.

La cata va a avanzando con lentitud. Algunos minutos de silencio cuando se sirve un nuevo vino. Sonrisas de complicidad. Estamos delante de algo grande. Los vinos nos van exigiendo finura a los catadores. Su enorme complejidad aromática va demandando todo lo que podemos dar. Complementamos nuestros registros, asintiendo con breves movimientos de cabeza y media sonrisa. Uno más.

 Michel Lafarge Volnay “Clos du Château des Ducs” 09. Tremendo. Domina la fruta roja fresca, con notas de tiza y especias. Este vino merecería una tarde para él, pero tenemos poco tiempo. Hay quien dice que se puede valorar un vino en pocos minutos… Me centro. La evolución es impresionante. Notas de rosas secas y laurel. Continúan las frutas rojas en un mercado de especias. En boca casi pide permiso para entrar. Suavísimo. Vertical. Es sólo la primera impresión. La fruta se hace dueña pronto de la boca. Estructura. Acidez marcada. Final impresionante. Fruta y especias que se quedan para siempre. Excelente.

La ronda de Lafarge va terminando, entremezclada con los vinos de Bertheau. Llega el final. Recuerdo a Michel. Sencillo, pero con el aplomo que da el conocimiento casi perfecto. El vino. Michel Lafarge Volnay “Clos des Chenes” 09. Fruta roja muy fresca levita sobre unas notas que me recuerdan carne de ave asada. Notas animales, sangre. Tostados suaves. Evoluciona hacia notas de flor. Perfume muy suave. Me quedaría media vida oliendo este vino. En boca muestra una tensión bien definida. Acidez controlada por la fruta intensa. Fresco. Vibrante. Tanino indefinible, casi carnoso. Final de fruta fresca larguísimo. Excelente. El que más me gustó de la cata.

La cata termina y la vivacidad de la conversación comienza. Ha sido inmenso. Cualquier comparación con los vinos de Bertheau hubiera sido completamente injusta. Su expresión del terroir, su conocimiento de la uva están a un nivel casi imposible de igualar. Dejaré para la próxima entrada unos vinos también grandes, los Chambolle de Bertheau.

jueves, 11 de octubre de 2012

Un Día en Viñedos Alonso del Yerro


María del Yerro nos había ofrecido la posibilidad de visitar Santa Marta, la finca donde se producen los vinos de Alonso del Yerro, hacía ya cerca de un mes. Llega el día y estoy impaciente. Dos horas de conducir desde “Colmenar Lejos” y nos encontramos En Roa con Inma y Guillermo. ¡Qué buenos amigos estoy haciendo en el mundo del vino! Estos son realmente especiales.

¡Ya se ven la casa y la bodega! Lejos de las estridencias arquitectónicas que últimamente salpican los viñedos españoles. Integrados en el paisaje. Integrados en  la tierra. Llegamos al patio de la casa. Nos reciben dos viejos labradores, uno negro y el otro de color canela,  que nos miran con cierta desgana. Hace calor y no les apetece separarse de la tierra fresca. Elena se protege detrás de mí. Aunque no tienen precisamente aspecto fiero, le puede su aversión a los perros.

Segundos después sale María, sonriente. Nos esperaba. Hemos sido extremadamente puntuales. Presentaciones, y comienza lo importante. La historia de un sueño. Javier Alonso en plena crisis de los cincuenta, nos cuenta María, estaba deseoso de comenzar un proyecto, un sueño que diera un giro a su vida. Amantes de los vinos intensos, con cuerpo, dirigieron sus pasos a la Ribera del Duero. Encontraron lo que buscaban cerca de Roa, en unos leves cerros desde los que se domina la zona. Buscaron sólo los mejores pagos, sin prisas. Les pusieron los nombres de sus hijos.

Salimos hacia las viñas con el corazón expectante, conscientes de que vamos a entrar en terrenos donde los sueños se confunden con la realidad. Paramos en un pago cercano. Racimos pequeños con uvas menudas. Muy prietos. Algunos sobre el suelo. Nos cuenta María que los han cortado para favorecer la maduración de los más sanos.

La tierra se ve suelta. Nada de productos de síntesis, nos dicen. El compost con que se fertiliza es de fabricación propia. Entre hileras de cepas se plantan cereales cada cierto tiempo, para evitar la compactación del terreno. Catamos las uvas. Sabrosas, dulces. Pepitas con un cierto verdor aún. Esperad al pago Violeta, nos dice María.

Vamos hacia allí. De las zonas más elevadas. Se huele la fruta, y cuando la pruebo, la boca se inunda del sabor de los caramelos de violeta de cuando era niño. Más madura, parece preparada para ser recogida. Esta tarde llegará Stephane Deneroncourt para decidir la fecha de la vendimia. Este pago y la zona más elevada de otro son de donde se obtiene el vino María.

Las instalaciones de fermentación están inmaculadas, tanques de inoxidable para Alonso del Yerro, y fudres de roble francés para María. La vendimia se hace por microparcelas, vinificando juntas las uvas que van a aportar al vino características determinadas. Tenemos ocasión de comprobarlo en la sala de barricas. Inundada de olor a vino y a toneles. Decorada con sencillez. Pañuelos de señora montados sobre lienzos en las paredes. Elegante.

Hay marcadas con tiza dos barricas de las destinadas a Alonso del Yerro. Cato de la primera. Elegancia. Aromas florales y especiados. En boca, ligero, algo falto de volumen. La segunda. Pura fruta roja. Ahumados ligeros. Notas de vainilla. En boca potente, con cuerpo. Se complementan. Juntos pueden hacer un buen vino.

Pasamos al lado izquierdo, conde están las barricas de María. La primera muestra es de una elegancia increíble. Violetas y especias. Fruta roja muy fresca. Ligero. La segunda es una bomba frutal. Pura estructura. Demasiado intenso. La mezcla debe ser increíble.

Sólo hemos catado un par de muestras por cada vino. María nos explica que el ensamblaje se realiza con todas. El proceso debe ser realmente apasionante.

Conocemos la tierra, y empezamos a tener una idea de los vinos. Pasamos hacia la casa. Se me van los ojos detrás de los rosales Austin del jardín. ¡Qué gran jardinero! Las rosas son otra de mis pasiones, y aquí hay un gran trabajo, buen gusto y excelente selección. Pero no nos desviemos. Llegamos al hall donde María nos ofrece un aperitivo con Alonso del Yerro 09. Respeto por la fruta. Madera presente, pero no protagonista. Buena boca, con acidez suficiente. Algo astringente, como para guardar un par de años. Esta botella no, desde luego. ¡Qué bien marida con la morcilla de Burgos!

Como decía conocemos la tierra. Nos la han presentado. Comenzamos a conocer los vinos. Pero ell mayor valor que descubro en esta bodega es, sin dudarlo, una persona. María del Yerro. Anfitriona enorme, nos hace sentir como en casa. Mujer de carácter, forjado en momentos difíciles, y ante decisiones arriesgadas. Coherente. Sabe lo que quiere, y no le van a desviar las modas de sus objetivos.

Pasamos al comedor. La comida se marida con María 09, y con Pay2 09, el nuevo vino de la bodega, de la DO. Toro. María 09 me impresiona, pero no me sorprende. Lo que catamos en barrica está en la copa, sublimado. Violetas y fruta roja. Vainilla y clavo. Buena boca. Acidez correcta.

Pay2 09, sin embargo, me superó. Un vino potente, de Toro, pero a la vez elegante. Aromas balsámicos, que cuando lo bebes te dejan una notable frescura en la boca. Tengo que probarlo con más tranquilidad. Una pena que este año no se produzca.


El broche final fue el vino del postre, María 06. A una nariz compleja, en la que junto a la fruta, flores y especias, se detectan algunas notas de tabaco, se une una boca increíble. Aún joven. La botella le ha otorgado una suavidad increíble. Está hecho para permanecer en la boca, y allí se queda un buen rato después de que lo hayas bebido. Elena, que no es muy de tintos, dice: “Este es el vino que me gusta”. Siempre demostró buen gusto. No combina mal con el brownie suave que hacen las monjas de un monasterio cercano.

Un café en el hall. Un buen rato de charla. No vemos el momento de marchar, pero llega. ¡Qué gran día! Hemos cerrado el círculo. Tierra, vino y personas. Cada vez que tenga la suerte de tener un María en mi copa, recordaré esas uvas  que saben a violeta, esas tierras. Pero sobre todo, nunca olvidaré a las personas que están detrás de este proyecto, y que han compartido conmigo hoy su sueño.

viernes, 5 de octubre de 2012

Vinos del Jura. ¿Jerez casi en Suiza?


A la tercera va la vencida, reza el dicho castellano, y esto es exactamente lo que me ha sucedido con los intentos de acercarme a los vinos del Jura. Me quedé con las ganas en una cata de vinos de Pierre Overnoy, programada por La Tintorería, que desgraciadamente se suspendió. En las vacaciones, visitando en Sanlúcar La Sacristía, vi que había programada una muy atractiva, coordinada por Luis Gutierrez, a la que no podía asistir por problemas de agenda (ya estaba trabajando en Madrid). No parecía que pudiera acercarme a estos vinos, raros de narices, y de los que jamás antes había oído hablar.

No me amilané y, en una ocasión en que curioseando el Facebook, viiendo que Luis estaba en línea le sugerí la posibilidad de hacer una en la Enoteca Barolo, donde mensualmente tenemos una cita con vinos de Borgoña. “Es posible”, me contestó. Esperanza. Pasados unos días, a riesgo de ser pesado, se lo recordé y me confirmó la fecha. ¡Por fin!

Después de un día tremendo de trabajo, llega la hora de la cata. ¿Habría merecido la pena dar tanto la lata? Parece que hay cierto éxito de convocatoria. Encontramos sobre la mesa el “menú”, siete vinos del Jura en que se contemplan las tres posibilidades de hacer blancos en la región. Crianza tradicional en barrica de 225 litros, mezcla de vinos tradicionales con otros procedentes de intentos fallidos de crianza bajo velo, y los “vinos amarillos” con crianza bajo velo de flor.

Jura fue de soberanía española durante más de un siglo, y a alguien propenso a fábulas románticas, como yo, esto podría llevarle a pensar que la forma de producción de estos vinos podría tener cierta relación con los mucho más famosos generosos andaluces. Luis nos quita la idea de la cabeza pronto. Los vinos lo confirmaran con claridad después. No están sin embargo exentos de cierto romanticismo. Ya Andrew Jefford en su libro The New France dice que si alguien quiere tener una idea de cómo serían los vinos que gustaban en la época de Shakespeare, es a estos a los que debe aproximarse.

Comenzamos por los vinos de crianza tradicional, denominados ouillé,  en los que las barricas se llenan a tope para que no haya crianza biológica. A poco que se vea una foto de uno de estos productores se da uno cuenta que no son excesivamente precisos. El relleno de las barricas, para compensar las mermas por evaporación la deben hacer cuando se acuerdan, y en prácticamente todos los vinos se aprecian claros aromas de levaduras.

El primero fue Domaine Ganevat Côtes du Jura Cuvée Orégane 2008. (50% chardonnay, 50% savagnin). AOC Côtes du Jura. Esta denominación es la regional general, siendo Arbois, L’Etoile y Château Chalon las de los villages. De entrada panadería tradicional y hongos, ¡vaya si hay crianza biológica! La acompañan notas de frutas blancas, pera conferencia y manzana madura. Algunos atisbos de flores blancas. Las setas y el pan ganan pronto la partida. Después de una hora el aroma no cae, evolucionando de forma sorprendente a especias, con el fondo de la levadura que no debería estar ahí. La boca confirma que estamos ante algo importante. Muy fresco, con buen volumen. Intenso y bien definido. Frutas de hueso y cítricas, con un final tremendo. Largo. Excelente minus.

Busco con insistencia el aroma a orégano que figura en el nombre. Inútil. Me entero después que Orégane es el nombre de la burra con la que Ganevat ara el pago. Realmente curioso este tipo.

El segundo ouillé no me gustó nada, por lo que fiel a mis principios no hablaré de él. Aromas de manzana cercana a la putrefacción, cal, pintura y lichis. Una mezcla que no calificaré. Hay quien dice que es normal en un vino natural. No en la mayoría de los que yo he probado. Lovamor, por ejemplo, tiene una nariz deliciosa.

Pasamos a un tipo de vino curioso. Según nos cuenta Luis, cuando la crianza bajo velo no progresa bien los vinos se utilizan como vinos tranquilos, haciéndose un coupage con chardonnay. Normalmente lleva entre un 20% y un 30% de savagnin con crianza bajo velo fallida.

Jean Macle Côtes du Jura 2007. AOC Côtes du Jura. El aroma tiene recuerdos de palo cortado. Aparece la clásica panadería tradicional, matizada de nuevo con frutas blancas setas y anís estrellado. Algo de curry. Muy mineral, con claras notas de tiza. En boca es elegante, vertical. Muy buena acidez. Quedan en boca recuerdos de pera y de lima. Muy largo. Excelente minus.

Empezamos con los de crianza biológica, bajo velo. El primero fue Domaine Ganevat Côtes du Jura Cuvée Prestige 2005. AOC Côtes du Jura. Tiene crianza bajo velo de cuatro años, por lo que no es un auténtico “vin jaune”, para lo que debería tener seis años y tres meses. Las notas de crianza biológica son evidentes, muy bien acompañadas de manzana reineta, toques salinos, cáscara de limón. Aparecen también algunas nueces ¿algo pasadas? Muy especiado. En boca fresco, con cítricos que se apoderan de la boca. Buen volumen. Algo maduro. Las notas salinas se repiten en boca. Final muy largo, especiado. Muy bueno plus.

Le sigue Philippe Bornard Côtes du Jura Savagnin Les Marnes 2005. (100% Savagnin) AOC. Côtes du Jura. Notas florales acompañan a la omnipresente panadería. Manzana madura. Paredes recién blanqueadas. Setas y curry. Un perfil que se va repitiendo con pequeñas connotaciones. Algunos ahumados en esta ocasión. En boca mantiene la austeridad típica. Excelente acidez y buen volumen. Algo rústico. Final cítrico, muy largo. Muy bueno plus.

A continuación catamos Jean Macle Château Chalon 2004. La complejidad aromática va aumentando con la cata. Frutos secos tostados, yodo. Pan recién hecho. Fruta de hueso madura. Notas de curry y de setas horneadas. Lástima que no le haya podido dedicar más tiempo. Un poema. En boca es intenso, muy equilibrado. Excelente definición. Claro. Magnífico volumen y excelente persistencia. Excelente.

Finalizamos con un auténtico “vin jaune”, Pierre Overnoy Arbois Pupillin 2000. (100% savagnin). AOC Arbois Pupillin. Se ve rápidamente que estamos ante algo completamente diferente, tanto en términos de complejidad como de tipos de aromas. Las levaduras no son tan evidentes, pero están ahí. Mezcladas con aromas de nuez, almendras tostadas, y hongos. Muy mineral, se aprecian notas calcáreas y también muy sutiles frutos amarillos maduros. Con la temperatura van abriéndose paso los aromas lácteos. Nata y mantequilla. ¡Impresionante! Si en nariz hay atisbos de madurez, en boca es un vino muy fresco. Comienzo cítrico, refrescante. Va dando paso a las notas intensas de frutos secos, y una salinidad marcada. Un vino impresionante. Excelente.

Termina la cata, y de vuelta a casa, pienso que en pocas como en esta he descubierto vinos de una personalidad tan marcada. Vinos que producidos en muchos casos de forma natural extrema, no dejan de ser limpios y disfrutables. Vinos, eso si, para muy frikis. Después de todo, es un poco lo que soy.

lunes, 1 de octubre de 2012

Krug. El Lujo Viene de Champagne


La Enoteca Barolo es uno de los lugares de Madrid en que suelo disfrutar de magníficos eventos enológicos, y el programado a finales de septiembre no se quedó en absoluto a la zaga del nivel a que me tienen acostumbrado. Se trataba de una cata de algunos de los champañas de Krug, coordinada por Xavier Monclús.

En esta ocasión me apetecía mucho darme un “baño de glamour”,  no mucho más es lo que pensaba iba a obtener en esta cata. Normalmente prefiero escribir de bodegas pequeñas y desconocidas, especialmente si he tenido la oportunidad de conocer de primera mano el proyecto. Merece la pena, sin embargo, hacer una excepción, porque la experiencia es desde luego digna de ser contada y recordada.

Camino hacia la Enoteca Barolo por Príncipe de Vergara, dándole vueltas a una frase que he leído en internet recientemente: “En la vida hay dos  momentos que no se olvidan, el primer beso, y el primero sorbo de Krug”. La luz del sol que se va, un cosquilleo que te baja por la columna. Pasión, fusión. Olvido del mundo. Eternidad. Recuerdos del primer beso. Realmente no creo que sea para tanto. Krug, por supuesto.

Sala de Barolo llena, claro. Llega Xavier, y es como un torrente. Este hombre siente pasión por lo que hace, y está convencido de que su producto no es uno de los mejores. Es el mejor. Desde luego transmite. Sabe sacar sonrisas.

Centra la cata dando unas nociones básicas sobre champañas reductivos y oxidativos, indicando que Krug se encuentra entre estos últimos.  El contacto con el aire, muy controlado por la micro oxigenación que se produce en barricas de 45 a 50 años, hace de los Krug unos vinos complejos, barrocos, vinosos.

Otra de las características particulares de los champañas Krug es la utilización de pinot meunier en el ensamblage, lo que proporciona a estos vinos una especial frutosidad, haciendo permanecer los aromas primarios que se perderían con la oxidación. Esto hace de los Krug vinos fáciles de beber, frescos y con notas frutales.

No es extendió Xavier mucho más, entendiendo que el protagonismo lo deben llevar en exclusiva los vinos. Si recalcó, sin embargo, la calidad que aporta a estos champañas el hecho de que estén realizados con la combinación de unos 150 vinos, de entre 6 y 20 años, elaborados con uvas procedentes de ocho de los diecisiete “grand cru” de Champagne. Esto hace de los Krug unos vinos grandes.

Iría directamente a las notas de cata, pero no quiero dejar de informaros del antes y después en la manera de abrir una botella de espumoso:

Antes. Tomaba la botella entre el codo y el costado, agarrándola burdamente por el cuerpo. Rasgaba el estaño para buscar la anilla, rompiendo con brusquedad el alambre. Sacaba como podía la cápsula, terminando de eliminar los restos de alambre. Apuntando con cuidado a la bombilla del salón, procuraba pillar desprevenidos a mis incautos acompañantes, para asustarles con el ruido del tapón. Algo de vino derramado.

Después de recibir la clase magistral de Xavier. Tomo la botella por la base con la mano izquierda, dejando la etiqueta en la parte superior mirando hacia mí. Tomo el precinto que de este modo queda en la parte izquierda del cuello. Lo quito, dejando a la vista la argolla, que giro seis vueltas en sentido contrario de las agujas del reloj. Sale completa la cápsula y el alambre en una sola pieza. Queda a la vista el corcho. Manteniendo el corcho cogido con la mano izquierda, giro la botella con la derecha, saliendo el corcho con un leve susurro. Cara de satisfacción del “descorchador”.

Llega el primer vino. Krug Grande Cuvee. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Intensamente aromático. Fruta blanca, lacteos y frutos secos. Muy complejo. Hierba verde, bizcocho borracho. Melocotones de viña. Darle tiempo es un poema. Evoluciona a pastelería. Flan. Notas ajerezadas. En boca es elegante, con excelente acidez, y muy buen volumen. Amable. Muy persistente. Ahumados, manzana verde. Excelente. Maridó a la perfección con el jamón ibérico de bellota con que nos obsequiaron.

Todavía impresionado recibo el segundo vino, Krug Rose. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Uno se acerca a un rosado con cierto complejo, pensando en un vino mediocre de la bodega. ¡Enorme error! En este caso estamos ante un gran blanco, perfumado con notas de tinto. Aquí hay cerezas, melocotones en vino tinto, maracuyá. Ahumados y zumo de granada. Flores blancas. Se crece con el tiempo, demostrando su grandeza. Croissants, bizcocho, natillas caseras. ¡Inmenso! Muy buena acidez. Ligera astringencia. Muy bien estructurado, vertical. Muy bien definido. Final ligeramente amargo, algo salino. Excelente plus.

Si este rosado se combinado con las anchoas que nos propuso Barolo, hay que ponerse plomos en los pies para no levitar. La acidez y la fruta del vino se combinan con el sabor salado de la anchoa, como relevándose y eliminando las “aristas”. Pierdo la noción de la realidad.

Se va viendo el final, y llega el Krug Vintage 2000. AOC Champagne. (chardonnay, pinot noir, pinot meunier). Me sugiere al principio aromas de melocotón ácido de viña. Bizcocho borracho y flor de manzanilla. Pastelería. Tarta de manzana cremosa. Canela. Tocinillo de cielo. Balsámicos ligeros. Gran estructura. Crece en la boca, matizándose. Acidez perfecta. Joven. Final de frutos secos y manzanilla, muy largo. Excelente minus.

¡Qué gran cata! No sé si alguna vez más tendré acceso a estos enormes vinos, pero ha merecido la pena conocerlos, sin duda. “En la vida hay dos  momentos que no se olvidan, el primer beso, y el primero sorbo de Krug”. El primer beso, no lo olvidaré jamás. El primer sorbo de Krug…