jueves, 11 de octubre de 2012

Un Día en Viñedos Alonso del Yerro


María del Yerro nos había ofrecido la posibilidad de visitar Santa Marta, la finca donde se producen los vinos de Alonso del Yerro, hacía ya cerca de un mes. Llega el día y estoy impaciente. Dos horas de conducir desde “Colmenar Lejos” y nos encontramos En Roa con Inma y Guillermo. ¡Qué buenos amigos estoy haciendo en el mundo del vino! Estos son realmente especiales.

¡Ya se ven la casa y la bodega! Lejos de las estridencias arquitectónicas que últimamente salpican los viñedos españoles. Integrados en el paisaje. Integrados en  la tierra. Llegamos al patio de la casa. Nos reciben dos viejos labradores, uno negro y el otro de color canela,  que nos miran con cierta desgana. Hace calor y no les apetece separarse de la tierra fresca. Elena se protege detrás de mí. Aunque no tienen precisamente aspecto fiero, le puede su aversión a los perros.

Segundos después sale María, sonriente. Nos esperaba. Hemos sido extremadamente puntuales. Presentaciones, y comienza lo importante. La historia de un sueño. Javier Alonso en plena crisis de los cincuenta, nos cuenta María, estaba deseoso de comenzar un proyecto, un sueño que diera un giro a su vida. Amantes de los vinos intensos, con cuerpo, dirigieron sus pasos a la Ribera del Duero. Encontraron lo que buscaban cerca de Roa, en unos leves cerros desde los que se domina la zona. Buscaron sólo los mejores pagos, sin prisas. Les pusieron los nombres de sus hijos.

Salimos hacia las viñas con el corazón expectante, conscientes de que vamos a entrar en terrenos donde los sueños se confunden con la realidad. Paramos en un pago cercano. Racimos pequeños con uvas menudas. Muy prietos. Algunos sobre el suelo. Nos cuenta María que los han cortado para favorecer la maduración de los más sanos.

La tierra se ve suelta. Nada de productos de síntesis, nos dicen. El compost con que se fertiliza es de fabricación propia. Entre hileras de cepas se plantan cereales cada cierto tiempo, para evitar la compactación del terreno. Catamos las uvas. Sabrosas, dulces. Pepitas con un cierto verdor aún. Esperad al pago Violeta, nos dice María.

Vamos hacia allí. De las zonas más elevadas. Se huele la fruta, y cuando la pruebo, la boca se inunda del sabor de los caramelos de violeta de cuando era niño. Más madura, parece preparada para ser recogida. Esta tarde llegará Stephane Deneroncourt para decidir la fecha de la vendimia. Este pago y la zona más elevada de otro son de donde se obtiene el vino María.

Las instalaciones de fermentación están inmaculadas, tanques de inoxidable para Alonso del Yerro, y fudres de roble francés para María. La vendimia se hace por microparcelas, vinificando juntas las uvas que van a aportar al vino características determinadas. Tenemos ocasión de comprobarlo en la sala de barricas. Inundada de olor a vino y a toneles. Decorada con sencillez. Pañuelos de señora montados sobre lienzos en las paredes. Elegante.

Hay marcadas con tiza dos barricas de las destinadas a Alonso del Yerro. Cato de la primera. Elegancia. Aromas florales y especiados. En boca, ligero, algo falto de volumen. La segunda. Pura fruta roja. Ahumados ligeros. Notas de vainilla. En boca potente, con cuerpo. Se complementan. Juntos pueden hacer un buen vino.

Pasamos al lado izquierdo, conde están las barricas de María. La primera muestra es de una elegancia increíble. Violetas y especias. Fruta roja muy fresca. Ligero. La segunda es una bomba frutal. Pura estructura. Demasiado intenso. La mezcla debe ser increíble.

Sólo hemos catado un par de muestras por cada vino. María nos explica que el ensamblaje se realiza con todas. El proceso debe ser realmente apasionante.

Conocemos la tierra, y empezamos a tener una idea de los vinos. Pasamos hacia la casa. Se me van los ojos detrás de los rosales Austin del jardín. ¡Qué gran jardinero! Las rosas son otra de mis pasiones, y aquí hay un gran trabajo, buen gusto y excelente selección. Pero no nos desviemos. Llegamos al hall donde María nos ofrece un aperitivo con Alonso del Yerro 09. Respeto por la fruta. Madera presente, pero no protagonista. Buena boca, con acidez suficiente. Algo astringente, como para guardar un par de años. Esta botella no, desde luego. ¡Qué bien marida con la morcilla de Burgos!

Como decía conocemos la tierra. Nos la han presentado. Comenzamos a conocer los vinos. Pero ell mayor valor que descubro en esta bodega es, sin dudarlo, una persona. María del Yerro. Anfitriona enorme, nos hace sentir como en casa. Mujer de carácter, forjado en momentos difíciles, y ante decisiones arriesgadas. Coherente. Sabe lo que quiere, y no le van a desviar las modas de sus objetivos.

Pasamos al comedor. La comida se marida con María 09, y con Pay2 09, el nuevo vino de la bodega, de la DO. Toro. María 09 me impresiona, pero no me sorprende. Lo que catamos en barrica está en la copa, sublimado. Violetas y fruta roja. Vainilla y clavo. Buena boca. Acidez correcta.

Pay2 09, sin embargo, me superó. Un vino potente, de Toro, pero a la vez elegante. Aromas balsámicos, que cuando lo bebes te dejan una notable frescura en la boca. Tengo que probarlo con más tranquilidad. Una pena que este año no se produzca.


El broche final fue el vino del postre, María 06. A una nariz compleja, en la que junto a la fruta, flores y especias, se detectan algunas notas de tabaco, se une una boca increíble. Aún joven. La botella le ha otorgado una suavidad increíble. Está hecho para permanecer en la boca, y allí se queda un buen rato después de que lo hayas bebido. Elena, que no es muy de tintos, dice: “Este es el vino que me gusta”. Siempre demostró buen gusto. No combina mal con el brownie suave que hacen las monjas de un monasterio cercano.

Un café en el hall. Un buen rato de charla. No vemos el momento de marchar, pero llega. ¡Qué gran día! Hemos cerrado el círculo. Tierra, vino y personas. Cada vez que tenga la suerte de tener un María en mi copa, recordaré esas uvas  que saben a violeta, esas tierras. Pero sobre todo, nunca olvidaré a las personas que están detrás de este proyecto, y que han compartido conmigo hoy su sueño.

10 comentarios:

  1. Estupendo artículo, Vicente, que refleja a la perfección no solo el día que pasamos tan estupendamente, sino la personalidad de María, personalidad con mayúsculas por que aquello no fue una visita a una bodega,aquello fue que te abran su casa, te inviten a pasar y te muestren cómo son. Personas sencillas y de extrema amabilidad.
    Un lujazo...

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Guillermo. Es cierto que fue un día estupendo, de los que recordaremos.
      UN lujo de visita, de compañía, y unos buenos vinos. ¿Que más se puede pedir?
      Un abrazo,
      Vicente

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  2. Preciso post. Me gustaría haber estado allí con vosotros.
    Soy de los que piensa que para valorar sinceramente un vino debemos conocer lo que hay detrás, su historia/s. Y que mejor que visitando sus instalaciones, conociendo a sus creadores, bebiendo el vino allí... Es el problema a la hora de puntuar un vino, el desconocimiento de su esencia.

    Me alegro del magnífico día vivido en grata compañía. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Juan Manuel.
      Ojalá hubieras estado con nosotros, estoy convencido de que hubieras pasado un día fenomenal.
      Completamente de acuerdo contigo en tu punto de vista. Conocer el campo y las gentes es importante para poder valorar un vino con justicia.

      Un abrazo
      Vicente

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  3. Sí, ya sé que soy de los que les señalan la luna y ven un dedo, pero ¿que las monjas hacen brownie? ¡Ay Señor, llévame pronto! #-/

    Saludos,

    Jose

    P.S. ... me gusta ver que hay quienes van cumpliendo sus sueños...

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    1. Hola Jose

      Gracias por tu comentario. En realidad no se trataba de un brownie. Era un bizcocho de chocolate ligero relleno de frutos secos. Me temo que por tratar de ahorrar palabras he calumniado a las pobres clarisas de Lerma.


      Saludos,
      Vicente

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    2. Siendo bizcocho se me queda el alma más tranquila };-)

      Saludos,

      Jose

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    3. Me alegro de haber aportado algo de luz ;)

      Saludos
      Vicente

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  4. Me encanta ir ver creciendo a los amigos. Precioso articulo

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    1. Muchas gracias Jaime. Crecer y amigos son palabras que maridan bien.
      Nos vemos.
      Un abrazo,
      Vicente

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