miércoles, 31 de diciembre de 2014

Ideas para el 2015.

Aunque no soy muy de ponerle barreras al tiempo, siempre es bueno recapitular en algún momento y preparar el modo de trabajar en el futuro próximo. En mi caso, brevemente porque la cocina me espera, voy a dedicar unas líneas a contarte mis ideas para este cuaderno en los próximos meses.


Como habrás visto estoy intentando depender menos de los eventos, aunque una buena parte del contenido del blog irá enfocado en ese sentido, que creo es una seña de identidad que me gustaría mantener en el futuro. Cada vez más, sin embargo incluiré alguna  de las recetas que me gusta hacer los fines de semana, comentando el vino con el que irá maridada.

Siguiendo las tendencias en boga, y aunque siempre he sido bastante rebelde, iniciaré algunas entradas con longitud “midblogging”, tan sólo de un par de párrafos, especialmente con lo que llamaré vinos accesibles. Serán vinos que no suban nunca la barrera de los diez euros, y que a mi juicio sean buenos para personas que no han caminado mucho en este mundillo. Serán vinos fáciles de beber, pero que escapen de lo excesivamente comercial. Se me ocurren ahora que podrían incluirse en este grupo Viña Almate, Qvbel, o Biberius, con los que ya he hecho ensayos con mis conejillos de indias (mis compañeros de trabajo). Si tienes propuestas de vinos para esta sección, me encantará recibirlas.

Procuraré, ya lo estoy haciendo de hecho, incrementar el “microblogging”, notas de cata difundidas en Twitter, Facebook e Instagram. No me emociona demasiado, pero me temo que los tiempos nos marcan esas direcciones.

En las próximas entradas hay algunos temas que me hacen mucha ilusión, y que ya están cociéndose. Uno que tengo muchas ganas de que salga, y que espero te guste es “Aprender a amar el vino”, en el que trataré el método de Erik Asimov (crítico del New York Times) para iniciarse en el mundo del vino, disfrutando y sin complejos. Estoy convencido de que no dejará a nadie indiferente.

Tengo mucha ilusión por una serie de entradas dedicadas a algunos de los champanes que se presentaron al Concours d’Epernay des Champagnes du Vignoble. Estos vinos cada vez me apasionan más y me gustaría aportar mi pequeño esfuerzo para intentar desestacionalizarlos y darles su lugar en la mesa, al lado de platos relevantes, más allá de los aperitivos.


En fin, como verás no me faltan ganas para continuar. Espero con ganas tus comentarios, tus puntos de vista, que nos enriquecerán a todos. Que el próximo año te traiga buenos vinos, acompañado por grandes personas. Que los Reyes Magos os dejen algún vino que os emocione.

sábado, 20 de diciembre de 2014

De Cómo Encontré a La Perdida 2013.

Últimamente he leído varias veces como en internet la comunicación sobre el mundo del vino, y especialmente las discusiones y debates se están trasladando hacia redes sociales como Facebook y especialmente Twitter, que proporcionan mucha más agilidad y en las que la información se puede procesar en muy poco tiempo.

Es cierto que ya había percibido que la interacción de los lectores con las entradas de este humilde cuaderno son mucho más escasas que en la primera época, lo que no voy a decir que me encante, pero sin duda es necesario adaptarse.

Podría decir que mi primer interés al escribir este cuaderno es satisfacer la necesidad de compartir la pasión  que me produce el mundo del vino, y relatar los grandes momentos que vivo con una copa  en la mano, especialmente si estoy cerca de personas que intervienen directamente en su elaboración. No voy a decir que mentiría, pero no estaría contando toda la verdad.

No es que me parezca que hablo solo cuando escribo. Hoy día la tecnología me permite saber que algo más de seiscientas personas leen cada entrada, y que el promedio de tiempo que pasan curioseando las letras de este tragavinos es de alrededor de un par de minutos. Mucho más de lo que esperaba, y de lo que sin duda merezco.

Creo, sin embargo que los blogs tienen su sitio, y que las redes sociales a que antes hacía referencia pueden complementarlo, pero no sustituirlo. Como decía, lo que me mueve a escribir, y lo que percibo en cuadernos o artículos que sigo, y que desde el principio me sirven de referencia, es transmisión de  pasión, comunicación de  ilusión por este mundo que tantas alegrías nos da.

Leo a Mariano Fisac, a Joan Gómez, o a Mario Estévez, por citar a los cercanos que sigo con asiduidad y desde el principio me sirven de norte, y siento la pasión que transmiten, el calor con el que se acercan al vino. Para esto hace falta tiempo, hace falta dedicación, hace falta perderse un poco en las palabras. Facebook lo permite sólo en parte, y con Twitter es imposible.

Leo a Eric Asimov, a Alice  Feiring o a Jamie Goode (este último en menor manera, que le tengo un poco de manía) y percibo esas ganas de informar y conformar ilusión, ganas de que te acerques a ese vino que les ha tocado alguna fibra. ¡Cómo  me gustaría tener la maestría que en ellos percibo!

Puedo mirar a Elena a los ojos y decirle: te quiero. Después de casi veinticinco años casados, no hace falta más que una mirada y un par de palabras para comunicar  corazones. Si estuviera lejos necesitaría un poco más para expresarme. El tiempo o el espacio escrito suplirían la falta de cercanía. Salvando la inmensa distancia, es  lo que me pasa para comunicar sentimientos relacionados con el vino, y también para recibirlos.

Leía hace algún más de un mes una entrada  de Joan sobre un vino al que  ya me he acercado en varias ocasiones y del que tenía ganas de escribir, La Perdida 2012. Su entrada transmite, con la habilidad que le caracteriza, un vino hecho con sinceridad. Un vino honesto, lleno de matices. Transmite un productor, Nacho González, directo como su vino, sin tapujos. Transmite, sobre todo, las ganas de conocer a producto y productor. Esto es mucho más difícil en Facebook, y prácticamente imposible en Twitter.


En mi humilde opinión, el blog tiene además la ventaja de una cierta permanencia, que permite volver cuando una entrada te ha dejado algún poso y quieres volver a revivirla, como he hecho hace un minuto con La Perdida 2012 (tinto) de Joan Gómez Pallarès. Facebook y Twitter son hojas mecidas por el viento, que pueden darte un buen momento, pero que sólo permanecen, como mucho, en el débil instante de algunos recuerdos.

La entrada de Joan llamó, como dije, mi atención sobre Nacho. No he cruzado media palabra con él, pero basta estar atento a sus intervenciones en Facebook para ver que se trata de una persona directa, sincera, firme en sus convicciones, y algo intransigente. Una persona fuerte, que es capaz de embarcarse en un proyecto, aunque el mundo a su alrededor le mire como si estuviera mal de la cabeza. Una persona con ganas de comunicar su trabajo, y satisfecha de lo que consigue.

Poco después del artículo de Joan encontré una botella de La Perdida 2013 en Enoteca Barolo. Después de eso han caído un par de botellas más. No es tan difícil encontrar a esta perdida, cuando realmente uno quiere pasar un rato con ella.

Descorché la botella acordándome de Nacho. ¡Estos productores naturales y sus lacres! Llega el vino a la copa, y uno percibe su color intenso, la lágrima emocionada de la garnacha tintorera, que se presume cálida.

Lo llevo a la nariz y el vino transmite la honestidad de una tierra difícil. Tierra de retama, en la que se ha colado algún laurel. Uno cree que el viento le trae la esencia del pino gallego, el olor de la hierba tras la lluvia menuda. Uno cree encontrar algún arándano  y  alguna mora de zarza. Un festival de aromas, como lo es la buena tierra gallega de donde salió este vino.

No sé si al llevármelo a la boca se va a interrumpir la magia del aroma del vino. Supero el miedo a romper el momento, y soy enormemente recompensado. Un vino de contrastes. Mano acostumbrada a la labor que te acaricia con ternura. Suavidad y rusticidad que se llevan de la mano. Fruta y tierra. Tanino humilde y persistente. Felicidad y miedo de que alguien rompa el equilibrio de la tierra que produjo este vino. Magia.

Soy torpe, lo sé, pero no puedo describir lo que este vino me dice en menos palabras. No puedo y no quiero. Aunque tenga que hablarle al viento. Aunque tenga que buscar el eco que me devuelva palabras que no cumplieron su cometido. Seguiré buscando pasiones escritas por personas a las que considero mis amigos porque han hecho posible que conozca sus pasiones, sus ilusiones. Seguiré perdiendo tiempo deleitándome en la lectura de sus escritos. Tres minutos. Cinco. Una vida…

Me encantaría ayudar a alguien a encontrar una perdida. Me gustaría saber si alguna vez hubo un destello en mis palabras que llegó a hacer sentir algo a alguien. Seguiré, aunque no sea así. Intentándolo. Buscando un eco que me devuelva mis palabras, que fueron escritas con la esperanza de cumplir alguna misión. De dar alguna alegría. Nacho y Joan, os debo una.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La Despeña. Garnachas de Gredos.

Últimamente tengo una cierta fijación por lo que están haciendo algunos productores en la sierra de Gredos.  Frescura, fruta, complejidad, son algunos de los atributos que me gustan de estas garnachas. Movimientos hacia constituir una asociación para distinguir sus vinos. Gente joven, con ilusión, que tiene ganas de hacer cosas nuevas, buscando entre las viejas tradiciones.

Cuando me toca organizar la cata de vinos mensual de La Despeña lo tengo claro, garnachas de Gredos. Cierto es que la tengo que pensar en muy poco tiempo, y que el hecho de que Alfredo Maestro forme parte del grupo limita en parte las opciones. Considero al principio meter “El Marciano”, pero finalmente no lo hago. No se trata de poner en apuros a nadie. Pasar un buen rato y beber buenos vinos es mucha mejor opción.

Las catas de vinos de La Despeña son siempre doble ciegas, como pudísteis leer hace algún tiempo en la entrada sobre la cata de vinos gallegos. Vinos cubiertos que pueden ser de cualquier lugar del mundo. Alguno nos ha sorprendido en ocasiones con vinos de países árabes. En esta ocasión elijo cinco garnachas, uno de Orlando Lumbreras, dos de Daniel Ramos, otro de una de las cooperativas de la zona, y finalmente  un vino de una de mis bodegas talismán, Cuatro Monos. Omitiré en las notas de cata la DO porque en este caso me parece realmente irrelevante.


El primer vino, Punto G 2013 (100% garnacha). Orly Lumbreras Viticultor. Seis meses de crianza en barricas de cuatro usos. La botella de la cata no hizo justicia a este vino, del que he tenido la suerte de beber en casa con tranquilidad, por lo que me voy a tomar la libertad  de trasladaros mis impresiones al margen de la cata. Es un vino que de entrada te trae fruta roja madura, ligeras notas alcohólicas que se van limpiando. Evoluciona incorporando aromas especiados y notas de bosque (retama, romero). En boca tiene una entrada sabrosa, casi carnosa, con taninos que aportan una personalidad algo rústica, sin molestar.  Tiene acidez suficiente como para que evolucione bien en botella. Ya le he dicho que cuente conmigo si hace micromecenazgo en la próxima cosecha.

El segundo es KPi Amphorae 2013 (100% garnacha). Fermentado y criado en ánforas cerámicas. El vino se presenta floral y fresco, con notas de pizarra, evolucionando hacia fruta roja fresca. En boca tiene una intensidad suficiente, es fresco y equilibrado. Ligeramente amargo, con notas verdes que no molestan. Tanino arenoso. Final medio con un amargor elegante. Un vino a seguir, sencillo y fresco.

Seguimos con Gaznata Concrete 2012. Bodega Juan del Águila (100% garnacha). Fermentado y criado en depósitos de hormigón. Aromas de fruta roja algo licorosa, acompañada de notas florales. Recuerdos de pizarra húmeda. Sencillo y agradable.  En boca se abre paso con gran suavidad, con intensidad y volumen medios. Buena persistencia. Finaliza con una cierta calidez y recuerdos a golosinas de fresa.

Cambiamos un poco de forma de entender el vino con La Danza del Viento, de 4 Monos (100% garnacha). La fermentación se realiza con las uvas enteras, manteniéndose el contacto con los hollejos durante 44 días. La fermentación se llevó a cabo en barricas de 500 litros. En principio se notan los aromas de la crianza bien integrados con la fruta. Especias dulces, anisados y fruta roja fresca comparten el protagonismo. Con el tiempo gana en complejidad avanzado los aromas frutales y herbáceos. Retama y jara. Romero y arándanos. Ligeras notas de canela y pimienta, con recuerdos de granito tras la lluvia. Complejo y elegante. En boca sorprende la elegancia de su tanicidad, de grano muy fino. Acidez como parte de una estructura frutal muy bien integrada. Elegancia. Un vino que no quiere dejar la boca, mientras el que lo bebe se traslada con la mente a las montañas de Gredos. Impresionante, como dijo cierto filósofo.

Impactado por el vino anterior, el aroma del quinto de la tarde decepciona. Zerberos Arena + Pizarra 2008. Después me entero que necesita de una decantación muy larga. Los aromas de la madera tapan por completo la complejidad que se adivina en el vino. En boca es sabroso, con acidez y tanicidad bien integradas, informando que al vino no le queda excesivo tiempo.


Una de las finalidades de la cata es descubrir si catadores de la talla de Alfredo o Jaime son capaces de descubrir a ciegas una cierta tipicidad que les lleve a Gredos. Estas garnachas, que sobre mí ejercen un cierto magnetismo, llevan produciéndose desde hace poco tiempo, y aunque se ve en ellas ilusión y conocimiento, aún es pronto para sacar conclusiones. Sin embargo, Jaime sorprende clavando variedad y añada en todos los vinos, y la zona en la mitad de ellos. ¡Parece que algo hay! ¡Grande Jaime!

Finaliza la cata con sensaciones encontradas. Me he encontrado con vinos que no conocía y que refuerzan mi interés por las garnachas de Gredos. Bailaré más veces la Danza del Viento sin duda, y seguiré con interés los vinos de Dani Ramos. El hecho de que se vaya identificando un patrón de la zona suma enteros. El lado negativo lo ponen las dos botellas que no estaban en óptimas condiciones de cata. Dos de cinco es un porcentaje importante. Habrá que seguir ampliando la muestra. Estoy convencido de que serán otras historias.

martes, 9 de diciembre de 2014

Champanes Baron-Fuenté.

La familia Baron tiene una larga trayectoria en el mundo del vino. Ya en el siglo XVII producían uva en la zona de Champagne, vendiendo tradicionalmente a bodegas del renombre de Krug o Moët. No fue sin embargo hasta el año 1967, cuando se fundó la bodega Baron-Fuenté en Charly Sur Marne, tras contraer matrimonio Gabriel Baron con la española Dolores Fuentes.

Inició esta pareja su andadura con unas 38 hectáreas, de las que la primera fue regalo de bodas de la familia de él. En sus viñedos conceden una especial importancia la pinot meunier, variedad que da estructura e intensidad frutal a sus vinos. A mí me encantan los escasos champanes elaborados con esta uva, especialmente el que he bebido en otras ocasiones de Christophe Mignon. Esto añade un plus de curiosidad a la cata que programa Enoteca Barolo.


Nos recibe Eric de Brisis, que en pocas palabras nos cuenta la historia de la bodega, una de las pocas auténticamente familiares que aún quedan en Champagne. Es el director de exportación de la bodega, por lo que no es de extrañar que nos hable de la grandeza de sus champanes. Habrá que ver lo que dicen los vinos.

Comenzamos por Baron Fuente Grande Reserve (60% pinot meunier, 30% chardonnay, 10% pinot noir). AOC Champagne. Mezcla de las añadas 2010, 2009 y 2008. Aromas de panadería junto con cítricos, y notas ligeramente saladas. Recuerdos de baguette caliente. En boca es amable y vertical, elegante. No demasiado largo, deja recuerdos de pomelo, junto con aromas de pan caliente. No está mal, un champán resultón por los menos de 29 euros que vale.

El rosado de la casa lleva el nombre de su dueña, Baron Fuenté Cuvée Dolores Brut Rosé (80% chardonnay, 10% pinot meunier, 10% pinot noir). AOC Champagne. De nueva las típicas notas de panadería, en un champán más complejo que el anterior. Despegan los aromas de fruta roja ácida (casís), junto con notas almendradas. Agradable. La entrada en boca es algo golosa, con buena estructura y volumen. Finaliza afrutado. Un champán para acompañar a la perfección un salmón a la parrilla o un lenguado meunier.


Baron Fuenté Millésimé 2006. La nariz nos dice que estamos llegando a un mundo diferente. Complejidad. Armonía. Aromas de masa madre, almendras tostadas. Evoluciona hacía bollería fina, trayendo recuerdos de brioche. Albaricoque. Algunos lácteos, con notas de mantequilla y queso blanco. En boca la primera palabra que viene a la cabeza es elegancia. Buena acidez y notable equilibrio. Final largo, que recuerda una mantequilla muy suave con notas saladas. Qué bien estaría al lado una pularda con salsa de nata y champiñones. Por unos 35 euros es un chollo.

Baron Fuenté Cepage Pinot Munier. Aromáticamente muy intenso, manzana asada, humo, croissant. En boca es potente, con gran volumen. Un champán eminentemente gastronómico, que mantiene su potencia dentro de un notable equilibrio.

Baron Fuenté Cepage Chardonnay. En la nariz, especialmente después del anterior, se muestra delicado, con aromas florales y de bollería fina (bollo suizo). En la boca es elegante y vertical. Con muy buena acidez y suficiente intensidad. El final es medio, con un recuerdo amargoso y final muy agradable.

La cata de Baron-Fuenté sería buena para todas aquellas personas que consideran el champán como poco más de un vino de celebraciones y brindis. Son espumosos con estructura e intensidad suficientes para acompañar casi cualquier comida, aparte de tener una relación calidad precio notable.  A mí, sobre todo el Millesimé y el pinto meunier me estaban pidiendo comida a gritos. Conocedores de ello en Barolo nos sacaron unos quesos ahumados con los que pudimos comprobar las excelencias de estos champanes cuando están bien acompañados. ¡Una gozada! 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Dominique Roujou De Boubee. Vinos Gallegos.

Interrumpimos nuestro viaje enológico por los vinos de Domonique Roujou de Boubee, a falta de la última parada, Galicia. Debo decir que si en todos los vinos en los que interviene se nota la gran implicación que tiene en su trabajo, la pasión que les pone, cuando habla de sus vinos gallegos lo hace con un brillo especial en la cara. Aquí es donde él hace su vino.

Hay que retroceder un poco en el tiempo para conocer algo mejor la historia de estos vinos. Dominique conoció a su mujer en Burdeos, si la memoria no me falla, mientras ambos estaban estudiando. Se trasladaron Dominique y Laura, a Calonge, donde ella dirigía la bodega Clos D’Agon, y luego a Sant Joan Despi, tras aceptar el puesto de directora técnica de Raventos i Blanc.

Sin embargo, Laura tenía una ambición que supo trasladar a Dominique. Hacer un gran blanco, y hacerlo en Galicia con albariño. En cuanto pudieron se trasladaron a Galicia, y allí empezaron a desarrollar su proyecto junto con Franck Massard (un sumiller de reconocido prestigio internacional). Dieron comienzo de esta forma a su sueño, con el convencimiento de que Galicia es una tierra de grandes vinos, con un enorme potencial, aún por desarrollar.

La bodega se llama Les Tres Amis, y el primer vino que nos presentan en la cata es Audacia  2012 (100% godello). DO. Valdeorras. Me acerco a este vino con curiosidad y temor. Los que me conocen saben de mi aversión por los vinos hechos con esta uva. Tenía cierta esperanza. Mi  amigo Sibaritastur me lo había recomendado fervientemente. Me lo acerco, y el vino se presenta con aromas frescos de pera y notas de flor blanca. Agradable. Cítricos ligeros, y notas de retama. En boca presenta una acidez importante, bien compensada por el peso de la fruta. Buena longitud, que deja  al final recuerdos frutales a pera y lima. ¡Cómo me ha gustado!

El segundo es Alma 2012 (100% albariño la parcela del Sobral, en el Salnés). DO Rias Baixas. Aromas de frutas tropicales, como piña y lima. Sin embargo, es en la boca donde este vino demuestra su valor. Un vino sabroso y con nervio. Una acidez muy bien acompañada, encontrándose en la boca fruta fresca. Melocotón amarillo  y lima. Muy buena longitud. Final elegante, algo amargo y cítrico. Un excelente albariño.


Sigue la cata con Adega Ponte da Boga, una bodega centenaria que tras pasar por vicisitudes varias acabó en propiedad de Hijos De Rivera (propietarios también de Estrella de Galicia). Las fotos que nos muestra de viñas en laderas imposibles me impresionan tremendamente. Habrá que ver si los vinos responden al enorme esfuerzo que se hace para elaborarlos:

Ponte da Boga “Expresión Gótica” 2012 (69% Mencía, 17% sousón, 10% merenzao y 4% brancellao). DO. Ribeira Sacra. Un vino muy floral y especiado, con notas de eucalipto. Un aroma muy elegante y atractivo. Abre hacia notas balsámicas, mentoladas. En boca entra con presencia de acidez suficiente, muy buena estructura. Carga de fruta roja fresca notable. Tiene un final largo, que vuelve a los aromas especiados. A tener muy en cuenta.

Ponte da Boga Bancales Olvidados 2011 (100% Mencía). DO. Ribeira Sacra. Vino con nariz alegre a fruta roja fresca, y especias (clavo, pimienta, laurel). Una boca impresionante, con una estructura perfecta. Su segundo nombre debería ser equilibrio. Muy largo, con ligeras notas finales salinas. Este vino se está haciendo recuperando excelentes viñas viejas, pagando a los agricultores un buen precio por su trabajo. Un motivo más para tenerlo cerca.

Y finaliza la cata de vinos de esta bodega con Porto de Lobos 2012. (100% brancellao). DO. Ribeira Sacra. Vino con un aroma fino, elegante. Aromas florales acompañados por unas notas de sarmientos que armonizan bien. Vino muy fino en boca. La acidez está muy bien sustentada por una fruta  muy fresca, conformando un vino vibrante. Final fresco, que invita a no parar de beber. Un final muy bueno para una bodega que sin duda seguiré.

Y dejo para el final el motivo por el que salgo indignado de esta cata. Finaliza con un albariño de la Adega Pombal A Lanzada. Nombre que hace mención de la playa al norte de la ría de Pontevedra, cerca de Sanxenxo (dentro de la zona de la DO. Rías Baixas). El vino que catamos es As Bateas 2012, un vino que podría llamar la atención por que al principio está un poco cerrado, abriendo a los pocos minutos con aromas de hierba fresca, y notas balsámicas. Podría llamar la atención por una nariz poco habitual para un albariño. Podría llamar la atención por su boca enorme, amplia y fresca. Afrutada y larga, de gran elegancia y verticalidad. Podría llamar la atención porque muchos tratamos de repetir, y las botellas se acabaron, síntoma de que en la cata el vino  gustó.

Algunos pensaran que estoy dando muchas vueltas, pero es que este muy buen vino, por lo que llama la atención es porque haciéndose con uvas provenientes en su totalidad de una parcela integrada en la zona de la DO Rias Baixas,... estando elaborado con uvas procedentes de viñas de entre 100 y 200 años, que deberían ser un orgullo para cualquier DO,.. haciéndose de acuerdo con métodos tradicionales en la zona... ¡es un vino de mesa!

Resulta que si eres un pequeño elaborador y tu vino no huele a “piñita” no te dan la etiqueta de la denominación. No abundo más en el tema que está perfectamente tratado en la entrada de Mileurismo Gourmet, que suscribo al cien por cien.

PS. La espectacular foto del viñedo de Ribeira Sacra está tomada de la web de la Adega Ponte da Boga.

PS2. Los vinos de esta entrada se pueden conseguir con facilidad en la tienda de Tensi (altamente recomendable).

jueves, 27 de noviembre de 2014

Dominique Roujou. Ciencia y Terroir.

No conocía de nada a Dominique Roujou de Boubee. No tenía ni idea de su formación en Burdeos donde trabajando con algunos de los más famosos enólogos (Denis Dubordieu entre ellos), ni sabía que era doctor en Enología, gracias a su trabajo de investigación sobre la molécula responsable del olor a pimiento verde en los vinos, por el que obtuvo  el Gran Premio de la Academia Amorim al mejor trabajo de investigación enológica en 2003.

Probablemente aunque hubiese conocido sus méritos académicos no me hubiera atraído demasiado. En realidad tan  sólo algún había leído algún comentario suyo en Facebook que me atrajo por sus puntos de vista sobre el vino y el terroir. Este detalle, sin gran importancia, sí que me atrajo a la cata que había programada en la UEC para mostrar sus vinos y conocerle.

Cuando entro en la sala de catas no hay nadie. Los cuadernillos habituales sobre la mesa que leo durante unos minutos, y que muestran los extensos méritos académicos de Dominique, que realmente son impresionantes. Dan también una idea de su personalidad, un verdadero explorador en busca de terroirs singulares en los que los vinos puedan expresar con intensidad el campo del que proceden.

Estaba por allí Dominique y tuve la ocasión de charlar un ratillo con él. No hace falta mucho para comprobar su pasión por lo que hace. Mi trabajo es mi afición, me dice. Va catando botella tras botella, comprobando que todas están en perfecto estado. Se le ve absorto en lo que hace, como introduciéndose en otro mundo.


Ha seleccionado doce vinos diferentes. Le han tenido que frenar, porque le hubiera gustado hablar de todos. Cuando presenta cada uno es difícil que pare de hablar, aunque se esfuerza por hacernos participar. Sus vinos son un poco su obra, en la que él no pretende controlar todo, sino conducir la uva hacia el vino en que mejor pueda expresarse.

Empezamos con sus vinos catalanes de Epicure Wines, de Terra Alta y el Priorat, que califica de un terroir excepcional. Colabora allí con su amigo Franck Massard, que compró hace unos años una viña en el Priorat con el sueño de producir un vino en aquella tierra que le atraía con fuerza. Buscan también uva de campesinos locales, ofreciéndoles buenos precios y convenciéndoles de la ventaja de cultivar con respeto a la tierra y con rendimientos adecuados para conseguir alta calidad en la fruta.

Catamos El Mago 2013 (95% garnacha, 5% syrah). DO. Terra Alta. Un vino orgánico  que  se embotelló después de 7 meses en acero inoxidable en contacto con las lías. Me recibe con fruta roja fresca con algunos matices florales. Aroma muy fresco, que evoluciona hacia hierbas aromáticas con recuerdos de laurel. Entra en boca con sabor especiado, buena estructura y tanino muy ligero. Muy armónico. Sin aristas. Se despide con recuerdos ligeramente amargos de fruta escarchada, algo goloso. Un vino para todos, que se bebe sin pensar, y reclama un buen guiso de carne grasa a su lado.

Le sigue Huellas 2011, su primer vino con DOQ Priorat. (60% cariñena, 40% garnacha) Las uvas fermentan por separado, la cariñena en barricas usadas de 400 litros, y la garnacha en inox. Aroma punzante, muy personal, que no alcanzo a identificar. Después dirá Dominique que son aromas de casís. Comenta que es raro en vinos españoles. Después vienen las especias, y el monte bajo, la retama y el hinojo. En boca tiene una estructura muy buena, taninos algo dulces y sedosos. Acidez presente, pero compensada por la fruta fresca. Llena la boca y se despide con ese casís tan personal. Tremendo. No paro de salivar.

Seguimos nuestro viaje hacia Fontanars dels Alforins (Valencia), donde asesora a Bodegas Los Frailes. Allí la familia Velázquez plantó monastrell y marselan, y comenzó poco a poco a elaborar vinos cada vez arriesgados. Tuvieron la buena idea de contar con Dominique. Es una familia que cultiva en ecológico y tiene una cierta vocación biodinámica. La viña está a unos 80 km. del Mediterráneo y a unos 700 msnm. Nos comenta que es un paraje privilegiado para el cultivo de la vid.

Probamos primero su tinto joven F Monastrell 2013 (88% monastrell, 8% muscat, y el resto a partes iguales entre cabernet sauvignon, marselan y syrah). DO. Valencia. Aromas complejos para un vino joven. Romero y retama. Menta y hierbabuena. Mercado de especias. Al final van apareciendo ligeros toques de mermelada. En la boca se desenvuelve con elegancia. Muy buena acidez, y un volumen aceptable de fruta fresca. Se despide no muy tarde, con notas especiadas. Un joven envidiable. ¡Por cuatro euros!


Después viene un vino muy serio, mi favorito del Mediterráneo en esta cata. 1771 Casa Los Frailes 2011. (100% monastrell). DO. Valencia. 12 meses de crianza en tinas de roble de 700 litros (50% nueva, 20% de un año, y 30% de dos a tres años). De nuevo el mercado oriental de especias, y el monte bajo. Vuelven la retama y las hierbas aromáticas. Notas ligeras de cuero. Gran complejidad. Fruta roja fresca y aceitunas negras. En la boca es donde muestra mejor su grandeza. Vertical y elegante. Muy especiado. Estructura perfecta, en la que la fruta se alterna con el laurel y las notas de clavo. Para no parar de beber.

El paseo mediterráneo sigue hacia el norte de Mallorca, entre Pollensa y Alcudia. Suelo calcáreo en el pie de la sierra de Tramuntana, con vistas a la bahía de Pollensa. La viña se cultiva con buen criterio: cubierta vegetal, poda en verde para limitar el rendimiento, aclareo de racimos y vendimia manual. Asesoraba hasta el 2012 Raúl Pérez. De él es este vino:

Sibila 2011. (100% gorgollasa). Sin DO (ni falta que le hace). Balsámicos con notas mentoladas, con fruta roja fresca acompañando. Aromas a violeta, y recuerdos de regaliz. Ligeros verdores. En la boca es fresco y balsámico. Amplio y largo, dejando un fondo de menta fresca. Un vino muy personal, en el que se ve la firma de Raúl.

Paramos aquí, que no quiero cansaros. En un par de días contaré el resto de este viaje enológico, por tierras gallegas. Será otra historia.

PS. Los vinos de Dominique no son fáciles de conseguir. Los de Epicure Wines se exportan prácticament en su totalidad. Los De Bodegas Los Frailes los he encontrado en Alforins.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Surtopía. Cocina Andaluza en Madrid.

Son ya ocho los años que llevo lejos de mi tierra, y cuando se acortan los días y se enfría el tiempo, me entran unas enormes ganas de salir corriendo y volver a oler ese viento de poniente que me trae el aroma de mar de las playas de Cádiz… o de Sanlúcar. Este año no ha sido diferente; aún más,  la desazón ha sido potenciada por los anuncios que me recordaban el cincuenta aniversario de la manzanilla.

Tratando de ser positivo, me decidí a buscar un “sustituto” de mi Andalucía en Madrid, y mira por donde, en Facebook leí que en Surtopía habían recibido una nueva manzanilla, 11530, de bodegas Barbadillo. Pintaba bien la cosa. No hizo falta mucho más para animarme a reservar una mesa.


Entramos en el restaurante y nos conduce una chica sumamente amable al comedor interior. No demasiado grandes, pero con una separación de mesas suficiente como para que se pueda mantener una conversación sin tener que elevar la voz. Absolutamente fundamental para mí. El ruido me ha destrozado más de una experiencia gastronómica que podía haber sido memorable. No es este el caso.

Empezamos con unos entrantes sencillos, pero que tienen en mí un efecto medicinal contra la “morriña” que me invade. Las mejores tortillitas de camarones que sin duda he probado en mi vida. Camarón fresco y sabroso, muy bien unido por una masa muy crujiente que los envuelve y presenta para que sean disfrutados.

Como digo, con los entrantes no nos calentamos mucho la cabeza. Acompañaron las tortillitas, unas croquetas, anunciadas de una forma curiosa: “Croquetas Cremosas De Lo Que Nos Salga… De La Cocina”. En este caso eran de carne de puchero, y hacían honor a su nombre, no por lo de “que nos salga”, sino por lo cremosas. Si hay comidas con las que tenga fijación estas son las albóndigas y las croquetas. En este caso el envoltorio crujiente contenía una bechamel deliciosa, sabrosa, y sumamente cremosa. Por un momento creí que había vuelto a casa.

Si os digo que acompañé los entrantes con una manzanilla, no os sorprenderé. Sin embargo no se trata de una manzanilla cualquiera, la 11540 de Barbadillo te hace cerrar los ojos un instante y te traslada a los matorrales de las playas, aromas salinos…, de retama. Aromas de manzanilla infusionada. Aromas que te transportan a lugares mejores. No sabes si beberla interrumpirá el momento, pero cuando lo haces te das cuenta que tomaste la decisión correcta. Te has bebido el momento. Ahora eres playa. Eres monte bajo… Eres un poco gaditano.


¿Dónde estábamos? Ah, en el restaurante. Continuamos con platos de la tierra, no podía ser menos. Corvina en Amarillo con Almejas y Chícharos, y Albóndigas de Rabo de Vaca, Oloroso, Trufa y Setas. ¿Por dónde empiezo?

 Con un plato sencillo. De un pescado en amarillo se puede hacer magia, y doy fe que en este caso José Calleja la hizo. El contraste de texturas entre unas almejas en su punto perfecto de cocción y del pescado terso y sabroso, es conjuntado por un caldo delicioso en el que juegan los chícharos. Estás comiendo mar. Estás volviendo a casa ¡Y todo esto en Madrid!

Decía antes que tengo fijación por las albóndigas. Eran el plato con que mi madre nos reunía en casa. Exageraría si dijese que las albóndigas de Surtopía tienen cariño de madre, pero no si os digo que son únicas. La complejidad de aromas que proporcionan la trufa, el oloroso y la delicadeza de las setas. La textura, justa. Una delicia para mojar pan (confieso que lo hice).

Los postres no quedan atrás. La Perdición de Ambrosio (y la de Vicente), un delicioso coulant de chocolate con un crujiente de chocolate y avellanas, y un tremendo pionono que aquí se llama Borracho de PX, café y Mousse de Queso. Siempre he sido de postres. A mi hija, estudiante de Medicina, le tengo dicho que lo investigue, que hay en el estómago un hueco que sólo se rellena con algo dulce. Mi experiencia en Surtopía no hace más que demostrarlo.


Finalizo la cena con un vino dulce, Don Guido VOS. El final ideal para una cena que recordaré.
Surtopía es un restaurante que traslada la cocina andaluza a Madrid, actualizándola y aportándole una presentación cromática que aúna el sabor excelente con un extraordinario atractivo a la vista. La carta de vinos es increible, especialmente en lo que se refiere a los generosos, todos ofrecidos por copas. Veo también en ella un viejo amigo, El Marciano.

Pasamos un gran rato. Apuntando una posibilidad de mejora, en tan buen restaurante la atención en sala, aunque muy amable, se puede perfeccionar y hacer más profesional.

Llevo ya casi ochocientas palabras. Por esta vez no quiero pasarme de los límites establecidos, y no os cansaré más. Solo os diré, parafraseando al general McArthur: “I will return”. Igual hasta es otra historia.

PS. Las fotos las he tomado de la página web del restaurante. Lamentablemente olvidé la cámara de fotos, y las que tomé con el teléfono no hacían justicia a la buena  presentación de los platos que nos sirvieron.

martes, 18 de noviembre de 2014

Livio Felluga. La "finezza" del Friuli

La región italiana de Friuli tiene una historia convulsa, como corresponde a una zona fronteriza cercana a los Balcanes, que se ha visto sacudida por las dos guerras mundiales, y previamente por la invasión del imperio austro-húngaro. La falta de estabilidad de la zona afectó, sin duda, a una familia con una estrecha relación con el vino y la gastronomía, los Felluga.

Livio Felluga, parte de la cuarta generación de una familia dedicada a la producción del vino, tras combatir en la Segunda Guerra Mundial, y perder la totalidad de su negocio, decidió empezar de cero, y producir vinos con las variedades históricas de la zona como friulano, la picolit o refosco.
Es Livio un visionario que no fue bien entendido en su época, pero tuvo la constancia, la pasión y la firmeza suficientes para continuar su empresa. Por supuesto, con trabajo duro, y sin hacer caso a los cantos de sirena que se llevaron a la mayoría de los jóvenes hacia la “seguridad” de las grandes ciudades.

Hoy la bodega Livio Feluga es una realidad en la ciudad  de Brazzano di Cormons, cerca de la Abadía de Rosazzo, en un marco incomparable. La bodega está formada por una preciosa estructura, muy tradicional y respetuosa con el extraordinario paisaje, que alguna vez tengo que visitar.

Podría decir que Maurizio Felluga vino a la Enoteca Barolo a hablarnos de su trabajo y presentarnos sus vinos, pero los que tuvimos la gran suerte de asistir a la extraordinaria cata sabemos que fue mucho más. Os lo cuento:

Maurizio está en la sala de cata cuando entro. Sería una persona normal si no fuera por su mirada apasionada y su media sonrisa. Empieza a contarnos en italiano la historia de la bodega, mientras otra persona le traduce. La traducción hace falta sólo unos minutos. El hablar pausado de Maurizio, y sobre todo la pasión que transmite por sus vinos lo hacen completamente innecesario.

Amor por la tierra. Pasión por sus vinos. Seguridad de que están haciendo una gran tarea, resumen perfectamente la actitud de Maurizio.

Nos presenta primero tres añadas de su blanco Terre Alte. Fueron los blancos lo que me han traído a la cata, por lo que empiezo con una gran ilusión.  Los Terre Alte son un coupage de sauvignon blanc, pinot blanco y friulano a partes iguales, en el que la friulano se somete a crianza en barrica.


Terre Alte 2009. DOCG. Rossazzo. Recibe con aromas de intensidad suficiente. Complejo, aunque no demasiado expresivo. Mezcla de recuerdos de hierba cortada con matices salinos. Mineral. Evoluciona hacia aromas más frutales, como de albaricoque no muy maduro. En boca es amplio, con muy buena acidez. Los matices afrutados avanzan por la boca y se la apropian. Ligeramente tánico. Un blanco muy rico, con mineralidad acusada.

Las impresiones de la primera añada hacen que espere con avidez el Terre Alte 2008. DOCG. Rossazzo. ¿Cómo le sentará el paso del tiempo? El aroma empieza algo reducido, con la aireación me recuerda notas florales de manzanilla, muy especiadas, con  laurel y pimienta blanca. En boca es cremoso, y muy bien equilibrado. Potente y largo. Evoluciona hacia un final elegante ligeramente amargo, con notas de piel de lima y recuerdos de  maderas nobles muy bien integrados. Para tenerlo en cuenta, sin duda.

Y finaliza la mini-vertical con el Terre Alte 2007. DOCG. Rossazzo. Aroma delicado que me trae a la memoria flores secas, mezcladas con aromas balsámicos, como de resina de pino. En boca es algo maduro, muy balsámico, con buena acidez y final algo cálido. Para beberlo ya con un buen gorgonzola al lado.

Cumplidas las expectativas por los blancos continuamos hacia los tintos, a los que sólo me impulsa la curiosidad. No espero grandes cosas. El primero es el Sosso 2007. DOC. Colli Orientali del Friuli. ( merlot y refosco). El aroma empieza reducido no excesivamente limpio. Necesita mucha aireación, empezando entonces a mostrar un aroma complejo, con una mezcla de fruta roja muy fresca y de almendras algo tostadas. Avanzan detrás las especias y el granito mojado. En boca presenta taninos dulces marcados, pero finos. Equilibrado y amplio. Final ligeramente amargo y elegante.

Le sigue el Sosso 2001. DOC. Colli Orientali del Friuli. ( merlot y refosco). En nariz recuerda a un Chateaneuf Du Pape clásico. Notas animales, detrás de las cuales se deja ver muy tímidamente la fruta. Violetas y retama le siguen. Balsámicos y cuero. Esto va creciendo por momentos en complejidad y en interés. La sala, que estaba muy animada, es invadida por el silencio. Este vino reclama atención completa. En boca elegancia y equilibrio. Recorrido interesante entre la juventud avanzada y una madurez incipiente. Notas ligeramente rústicas que le aportan mayor interés si cabe. Fruta roja silvestre en su sazón. Es difícil describir el aluvión de impresiones. Basta resumir diciendo que estamos ante un vino muy grande.

Finaliza esta vertical con el Sosso 1997. DOC. Colli Orientali del Friuli. El aroma está ya un poco decaído. Notas de tabaco de pipa, acompañadas por tostados y cuero muy ligero. En boca es muy rústico, con marcada tanicidad y cierto verdor. El más flojo de a serie, se nota el claro avance en la mejora de la elegancia de los tintos de esta bodega.

Termina la cata y me acerco a Maurizio a desempolvar mi ya oxidado italiano y a compartir las impresiones que me han producido sus vinos. No puedo dejar de comentarle las emociones que ha generado en mi su Sosso 2001, un vino que me parece grande. Me escucha sonriente, muy complacido, y me comenta que tienen pensado sacarlo este año como Riserva. Toma un par de copas, busca una botella de 2001 y sirve. El vino elimina las inhibiciones, mejora mi italiano y paso un buen rato de charla, interrumpida por un goteo incesante de gente que viene a felicitarle, sobre todo por este Sosso que miran en mi mano no sin cierta envidia. Un extraordinario colofón a una cata que recordaré.

Vuelvo a casa y en la radio del coche se escucha a Ray Charles cantar “Unchain my heart”. En cierto modo es lo que me ha pasado en esta cata, a la que sin duda acudí con el corazón encadenado por los prejuicios. Prejuicios contra tintos en una zona de la que me atraen principalmente los blancos. Prejuicios contra tintos en los que se incluyen variedades no autóctonas. Tintos que me han impresionado y que finalmente me han liberado de los prejuicios. Una cata para meditar.

Me comentaba Miguel, en una visita posterior a Barolo, que los vinos de la cata son los de entrada en esta bodega, que produce cosas muy interesantes. Habrá que probarlos. Puede que sean otras historias.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Santamanía. Destilería Urbana.

Inmerso en el mundo de los vinos, nunca había prestado la atención a los destilados, que me parecían algo mecánico y poco interesante. No fue hasta que conocí los productos de Santamanía en la presentación de bodegasFontana, que me surgió la curiosidad.

No veía llegar el momento de dar una vuelta por la destilería, tras cruzar varios correos electrónicos por fin pudimos concertar una cita. Llega el día señalado, y me pongo a buscar por las inmediaciones de la  dirección que me habían dado. Es una calle particular, por lo que el GPS no me sirve de mucho. La pinta del lugar me hace retrotraerme a la ley seca. Destilerías clandestinas situadas en callejones con poca luz, esperando que de un momento a otro alguien me diga a media voz con tono grave: “Dove vai?”


Nada más lejos de la realidad. Las instalaciones de Santamanía son extremadamente pulcras, destaca en la habitación principal, no demasiado grande, regordeta y algo cabezona, Vera. No se confunda el lector, Vera es el nombre que los dueños de Santamanía le han dado al alambique. Un prodigio de la técnica fabricado ex profeso en Alemanía para estos maníacos.

Porque estos tipos son unos maníacos. Unos maníacos de la perfección. Unos maníacos de los productos de la más alta calidad.

Elaboran sus destilados en lotes de no más de 330 botellas, porque para ellos es importante que los botánicos que se incorporan a su ginebra sean frescos y de la más alta calidad, y esto no se puede hacer de forma industrial.

Buscan los botánicos allá donde se producen en el mundo con mayor calidad. Enebro de Macedonia, canela de Ceilán, cardamomo de Guatemala,… Pensarás que se pasan la vida paseando de un sitio a otro. Te olvidas del todopoderoso Google. Cada uno de estos productos los compran a importadores españoles encontrados in moverse de la oficina. Son tiempos modernos.

Tienen otra manía. El alcohol con que producen sus destilados procede de uva tempranillo, de esta manera, incluso su vodka tiene unas leves notas de frutos rojos, que lo hace muy característico, y una untuosidad muy particular.

Nos proporcionan  algunos detalles técnicos como que destilan siempre a 96º de alcohol, lo que hace que sus productos preserven de forma especial su pureza y sus aromas. También nos indican que para diluir hasta los 40 grados utilizan agua de muy baja mineralización, filtrada por las rocas volcánicas del Teide.

Por fin llega el momento de la cata. Nos proporcionan los destilados a temperatura ambiente, con objeto de que los apreciemos con toda su contundencia, especialmente en boca.

Empiezo con el Premium Vodka. La nariz la domina la potencia del alcohol, pero sin embargo es cierto que se aprecian detrás tímidas notas de arándano fresco. Donde rompe este vodka los esquemas es en boca. Suave y cremoso. Por supuesto cálido, pero con una cierta elegancia, apreciándose un ligero retrogusto balsámico con ligeras notas frutales. Pasa por la boca incluso con cierta delicadeza. Frío tiene que ser imponente como aperitivo con unos encurtidos, o salazones de pescado.

Sigo con la Ginebra London Dry, realizada en vera por medio de destilación contínua, es muy aromática y tremendamente compleja. Abre con notas de cítricos (naranja y piel de lima), seguida por balsámicos, y notas especiadas (canela y cardamomo). Sigue con delicados aromas de flor blanca. En boca se distingue por su suavidad y elegancia. Una ginebra para tomarla sola, pero que debe combinar muy bien con tónicas con aromas no muy marcados, como la Schweppes.

Finalizo con la Ginebra London Dry Reserve, que tiene una ligera maduración en barricas nuevas de roble francés. Curiosísimos aromas de panettone reciben en la nariz, acompañados como en su hermana por cítricos y aromas florales, de menor intensidad. Dificilísimo identificarla en cata ciega, se asemeja más al licor Drambuie, aunque algo más ligero. Una ginebra que ha obtenido medalla de plata en el prestigioso concurso inglés “Gin of the Year”.


Vuelvo  a casa con la idea de que la experiencia ha merecido la pena. Tendré que seguir de cerca a estos maníacos de Santamanía, aunque el nombre no me guste demasiado. La pasión que ponen en su trabajo, y la puerta que me han abierto al mundo de los destilados de calidad, me han picado la curiosidad. Espero que de su afán de superarse, salgan nuevos productos , y de ellos nuevas historias.

martes, 4 de noviembre de 2014

Día de risotto y riesling

Uno de mis pasatiempos favoritos de la mañana del domingo es encerrarme en la cocina con una receta y tratar de conseguir  algo comestible. Me ayudo normalmente de un par de copas de vino, lo que redunda en una mejora notable de los resultados.

En la ocasión que relato en esta entrada, y tras haberme guiñado unos champiñones en el mercado, me decidí por una receta muy simple, pero que es una de las favoritas de mi familia, el “risotto ai funghi e prezzemolo”. Abrí una botella de Qubel Revelación 2013, que será objeto de otra entrada, pero que ya adelanto que es un vino joven y fresco, muy a tener en cuenta en estas épocas no dadas a dispendios excesivos.

Tras llorar un poco (no tuvo nada que ver Qubel, fue por la cebolla) y a fuego muy lento, dejo listo el sofrito de cebolla, ajo y apio. (¡Que sí, que le eches apio, es una de las claves de esta receta!) A mí me gusta incorporarlo cuando la cebolla y el ajo están ya casi a punto, para dar un toque crujiente que produce un agradable contraste de texturas.

Listo el sofrito, incorporo el arroz (preferentemente arborio, aunque he obtenido buenos resultados con arroz de calidad de grano redondo) y le doy unas vueltas hasta que queda ligeramente traslúcido, momento en el cual incorporo un golpe generoso de vermú bianco. Aquí empieza el festival de aromas, que ya no concluirá hasta el final de la receta. El vermú se reduce y te va seduciendo con su perfume. No hay que dejarse llevar o el arroz se quema.

Para mirar cómo se va haciendo la cebolla me sirvo otra copa que voy paladeando detenidamente, sin prisa, disfrutándolo.

A la vez que se hace el sofrito, voy calentando en un cazo algo más de un litro de buen caldo, en este caso era de un cocido, pero otras veces lo he hecho con un caldo sabroso de verduras. Incorporo al arroz un cucharón de caldo caliente y voy removiendo hasta que casi se consume,  voy incorporando de esta forma el caldo hasta que el arroz queda con algo de alma dentro. El arroz va cediendo el almidón, proporcionando una textura cremosa. Todo este proceso con el mínimo fuego que permita hervir al caldo. Muy poco a poco. El perfume del vermú cede paso al aroma del caldo que se va evaporando, tratando de distraer mi atención. ¡No cedo!

Listo al arroz, lo paso a una fuente de servir y todavía en caliente le añado una cantidad moderada de queso parmiggiano recién rallado, removiendo para que el queso se funda y se incorpore a la receta. Que buena pinta  tiene este risotto bianco.

Lamino a continuación los champiñones metiéndolos en un bol con agua y zumo de limón, para posteriormente escurrirlos y pasarlos a una sartén con aceite de oliva virgen extra (el de hojiblanca cordobés le va al pelo), junto con cuatro dientes de ajo sin pelar. Un par de minutos y a una fuente de horno. Horneo a 180º unos seis minutos, hasta que al abrir el horno me cautive el aroma de los hongos. ¡Ojo no te quemes!

Incorporo al arroz la mitad de los champiñones, los ajos pelados y picados en trozos pequeños y perejil fresco también picado. El resto de los hongos los reservo para emplatar. La mezcla de aromas del queso, los champiñones y del perejil son un poema, el contraste de texturas y sabores una delicia.

Para acompañar este plato pedí hace unos días consejo a Claudio Comella de Gourmet Hunters (tienda virtual que también será motivo de otra entrada), que me recomendó entre varios, un riesling que me llamó la atención, Kühling-Gillot Quinterra Riesling 2011. Un vino producido por una bodega de la DO Rheinhessen, que utilizan fermentaciones largas, espontáneas, nada intervencionistas, para no disfrazar lo que el terruño aporta a la uva. Tradicionalmente la bodega ha estado liderada por mujeres, en la actualidad por Carolin, de sonrisa encantadora (al menos en las tres o cuatro fotos que de ella he visto). Mujer emprendedora, cofundadora de la asociación de jóvenes enólogos “mensaje en una botella”.

Este Quinterra Riesling está realizado con uvas procedentes de los cinco pueblos en que la bodega tiene viñedos, es un Gutswein, un vino regional. Lo pruebo antes de servir. Me recibe con aromas de melocotón fresco y té verde, manzana granny Smith, ligeras notas maduras. Intenso, aísla de la realidad, muy agradable. En boca es un festival de fruta, con una acidez muy bien compensada. Gran estructura. Quizás le falte algo de definición a la fruta. Largo, se despide dejando recuerdos de melocotón, con vueltas a la manzana verde. No está nada mal.

Al risotto le sienta como un guante, alternándose los aromas de parmiggiano con las frutas ácidas, preparando el vino la boca para recibir de nuevo el risotto. Las notas de ajo son perfeccionados por el vino, que también se lleva fenomenal con el apio. ¡Grande! Un diez para Claudio, seguiré dejándome aconsejar por él.

Miro a mi hija Belén y me sonríe con la mirada. “Que bien le sienta este vino al risotto”, me dice. Una mirada, un comentario, que ensanchan el alma. No tiene ni idea de vinos, pero tiene sensibilidad. Hay quien dijo que el vino sirve al menos para disfrutar y refrescar. Puede servir para mucho más, pero nunca debería servir para menos.

Habrá nuevas mañanas de domingo, nuevas recetas, nuevos disfrutes. Puede hasta que sean nuevas historias.

viernes, 31 de octubre de 2014

Terroir al Limit

El quinto aniversario de una de mis tiendas habituales en Madrid, La Tintoreria, está convocando a los aficionados a catas de un enorme interés. Una de ellas, a la que tuve la fortuna de asistir, fue la protagonizada por Dominik Huber y sus Terroir Al Limit. Ya había tenido varias  ocasiones de charlar con él de sus vinos.

El mismo nombre de los vinos nos sugiere en cierto modo la filosofía de producción de Dominik, en los que se pretende una identificación completa con la viña de la que procede. Vinificando parcelas cada vez más pequeñas, realizando un cultivo respetuoso con el medio ambiente, no intervencionista.

Según Dominik nos encontramos en la tercera renovación del Priorat. De los vinos en los que se buscaba la concentración y el alcohol, vendidos para rectificar los de otras zonas, se pasó a los “cinco grandes” que empezaron a dotar a los vinos del Priorat de una personalidad propia. De ellos “bebieron” los nuevos productores que aún hoy nos siguen asombrando con vinos muy grandes, potentes pero frescos, en los que la madera pierde por completo el protagonismo con respecto a la fruta.

Dominik es un hombre enamorado de la tierra en la que trabaja, que percibe su belleza y trata de reflejarla en sus vinos. En esta tercera renovación de la que nos habla tiende a menores extracciones, parcelas más  pequeñas. Quiere buscar la esencia de la tierra, dejando a la fruta expresarse con cada vez menos madera. Vinos con alma, que vienen de una tierra dura que exige grandes sacrificios para otorgar su fruto. El culmen de esta tercera generación estará en vinos más auténticos, más identificados con el terruño y con aún menos (¿ninguna?) intervención de la madera.

La cata comienza con sus blancos, en la que encontramos muy gratas sorpresas. El primero es Terra de Cuques 2012 (90% pedro ximenez, 10% moscatel). D.O.Q. Priorat. Un vino con aroma muy complejo, no excesivamente expresivo. Se presenta aromas  de manzanilla seca con notas de flores blancas. Va desarrollando aromas herbáceos y de fruta amarilla (albaricoque). En boca tiene una buena acidez, controlada por la fruta, cremoso, con puntas golosas. Se despide con un final ligeramente floral, ligeramente dulzón.

Sigue Pedra de Guix 2011 (garnacha blanca, pedro ximenez y macabeo). D.O.Q. Priorat. Aroma potente frutal (pera y ciruela blanca), va abriendo a flor blanca y heno cortado. Notas de tiza. Estamos ante un muy buen vino. En boca entra con amplitud, es muy fresco y bien estructurado. Tremendamente mineral, con un final con toques salados y recuerdos de manzanilla. Recuerdo que no quieres olvidar.


Seguimos con vinos especiales de la bodega, los Vinum Verum, en los que se está avanzando en procedimientos naturales. Vinos en los que se busca la fruta sin complejos, y con una gran personalidad.

El primero de esta serie es Terroir al Limit Xarel-lo 2013. D.O.Q. Priorat. Aroma frutal (pera), acompañado de notas muy minerales a piedra mojada y tiza. En boca entra dulzón, pero se va volviendo cada vez más complejo, pasando a destacar su frescura. No excesivamente intenso de entrada, pero va adquiriendo cada vez un mayor volumen, para dejar un final muy largo y complejo.

Continua otro vino natural, si se pueden clasificar así de forma independiente  uno de los vinos de esta bodega. Terroir al Limit Muscat 2013. Abre con aromas de manzana “royal gala”. Intenso y agradable en nariz. Conforme va abriendo salen notas de tiza y leves recuerdos de tierra mojada. El paso por boca es ligero, frutal y equilibrado. Amplio y elegante. El final es ligeramente amargoso y muy duradero.

Seguimos con un descubrimiento, el rosado Roc D’Aubaga 2013. Leo en la etiqueta “Al cuidado de J. Gómez Pallarés” (mi catalán es francamente mejorable), pero parece que Joan tiene algo que ver con este vino, y si es así que deje ya las lenguas antiguas y se dedique por entero a esta nueva tarea para bien de la humanidad. No porque considere que su labor como profesor no sea importante, sino porque el vino es francamente bueno. Recibe, el vino, con aromas de fruta roja fresca, ligeras notas de carne blanca y de flores (rosa). En boca es muy fresco, acompañan notas ligeramente maduras. Ligero y vertical. Muy persistente. Tremendamente fácil de beber. (Con un salmón a la parrilla al lado la botella se vacía sola. N. del R.)

Pasamos a continuación a los tintos, viejos conocidos de este tragavinos. El Vi de la Vila de Torroja 2012 (50% garnacha, 50% cariñena). D.O.Q. Priorat. Tiene aromas florales no demasiado intensos. Flor azul acompañada de ciruela roja en su punto de madurez. Notas especiadas muy bien integradas. En boca es muy equilibrado, con acidez suficiente y taninos muy finos. El final nos deja con la fruta roja que percibíamos en nariz, y toques de violeta.

Arbossar 2011 (100% cariñena). D.O.Q. Priorat. Aroma medio de fruta roja, con notas de piel de naranja y recuerdos de polvo de tiza. En boca destacan su finura y equilibrio. Alguna nota herbácea ligera que da personalidad al conjunto.  Tanino algo seco. Final ligeramente punzante, muy frutal, con recuerdos de arándanos y cerezas.

Dits del Terra 2011. (100% cariñena). D.O.Q. Priorat. Aroma de buena intensidad en el que se mezclan las frutas rojas con las negras. Nariz un poco más madura que en los anteriores. Un vino mediterráneo, como gusta señalar a Dominik, en el que notas de monte se mezclan con la evolución del vino (romero, pimienta, menta, raíz de regaliz). En boca es intensos, con taninos marcados pero elegantes. Muy largo y elegante, con un final frutal y algo balsámico.

Les Tosses 2010. (100% cariñena). D.O.Q. Priorat. De nuevo aparece el monte mediterráneo en la nariz con romero, regaliz y hierbabuena. Juegan con ellas los arándanos en medio de ligeras notas ahumadas. Impresionante. En boca es amplio, de intensidad media, muy elegante. Taninos presentes, que acompañados de tan buena acidez auguran un futuro prometedor (no a esta botella).
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Termina la cata  y  los presentes  nos miramos. Hemos asistido a algo grande. Uno propone abrir una botella de Les Manyes 2010. Hacemos una “suscripción popular” y alargamos la cata. No queremos terminar. Miro ahora mis notas y sólo hay un escueto “vino para disfrutar”. No soy un profesional y me he permitido trasladarme a los campos prioratinos disfrutando de este excelente vino. No hay tiempo para frutas rojas ni taninos finos. Sólo para el disfrute.  Inmenso.

Si buenos han sido los vinos comprobar la pasión que pone Dominik en su trabajo. Sus ganas de mejorar, de continuar la evolución del fruto de estos campos que le dejaron clavado en Torroja, es una experiencia única. Seguiré de cerca esta bodega y jugando los viernes al cupón de la ONCE, porque los vinos son tan buenos como caros.

martes, 28 de octubre de 2014

XV Salón Mejores Vinos de España


Una gripe me ha mantenido alejado del ordenador cerca de una semana, y lo que es peor alejado de los buenos vinos. Por esa razón he tardado tanto en contar mis experiencias en el XV Salón Guía Peñín de los Mejores Vinos de España. No fue mala la experiencia, procedo a relatarla.
Pasamos un rato charlando Mariano “Mileurista”, Orlando Lumbreras, Jorge “Sibarita” y yo antes de acreditarnos. Hacía una buena temporada que no les veía, y la conversación fue animada, pero no fue esa la razón de la media hora que pasamos delante de la Plaza de las Ventas, el proceso de acreditación, especialmente al principio fue bastante lento. Luego parece que se agilizó un poco.

Una vez dentro, impacta el lugar. Está ocupada toda la primera galería de la plaza. Una buena cantidad de bodegas, la climatología que acompaña en un lugar abierto como en el que se desarrolla el Salón, y lo mejor, una buena cantidad de amigos que hace bastante tiempo que no veía y con los que  estoy ávido de compartir las emociones que me causan sus vinos.

Este Salón es extraordinariamente especial para mí, como para todos los miembros de “La Despeña” (el grupo de cata al que pertenezco), nuestro compañero y buen amigo Alfredo Maestro ha merecido que tres de sus vinos sean invitados a ser expuestos en el salón (más de 93 puntos en la Guía Peñín), y uno de ellos, Viña Almate Garnacha 2011, sea nominado como vino revelación de este año. Dar un abrazo a Alfredo y felicitarle por el reconocimiento a su trabajo, es ya motivo más que suficiente para dar una vuelta. Catar una vez más sus vinos honestos, amables, imágenes de la  tierra que proceden, es motivo para haber pasado allí el día. Había más cosas que probar, y más gente con la que compartir. Seguí adelante.

El Priorato es una de mis denominaciones talismán, y está muy bien representado en el salón. Viejos conocidos como Alfredo Arribas me da a probar Tros Negre, y Somni. Los cato y sonrío, siguen ahí mis amigos. Sigue presente su mineralidad, su fruta y su frescura. Mis preferidos son, sin embargo sus vinos del Monsant, especialmente me emicionó su Siuralta 2008 blanco, de frescura notable, y portentosa estructura.
Paso de los vinos bien estructurados de Alfredo, a las portentosas garnachas de Scala Dei. Cato St. Antoni 2010, La Creueta 2010 que me impresionan, pero cuando  bebo el Masdeu 2011  veo que estoy en otro mundo. Aromas florales en los que se mezclan las violetas y el azahar, junto recuerdos de fruta roja. Buena acidez, acompañada por taninos redondos, suaves. Final muy largo, con naranjas sanguinas y vuelta a las violetas. Equilibrado. Un vino al que volveré con calma.

Parece que el Priorato no se acabe, pero son tan gratos reencuentros  y tan notables descubrimientos, que no dan ganas de partir. Hago una última escala en el stand de Álvaro Palacios. Grande Finca Dofí 2012, y notable Gratallops 2012. Vinos que tienen que perder todavía un poco de bravura, meditar en botella, pero que ya hacen ver la pureza que llevan dentro.

Si de un descubrimiento tuviese que hablar en este salón ese sería, sin duda, el de los vinos de Gredos. Parece mentira que teniéndolos tan cerca no los conociera con una mayor profundidad. Absolutamente impresionantes los de Jiménez Landi. Bebo Las Uvas de la Ira 2013, Cantos del Diablo 2011, y me impresiona El Reventón 2012. Muchas aristas que tiene que pulir la botella, pero ya ofrece una nariz especiada, floral, muy compleja, a la que hay que acercarse con mucho más tiempo. Taninos algo rebeldes aún en boca, pero se encuentra una apasionante estructura y un extraordinario final. Extraordinaria garnacha. Espero darme algún capricho pronto.
Tremendos también los vinos de Gredos de Maldivinas.  Sus vinos de 2012 me produjeron una gratísima impresión, especialmente su Laderas, un vino con una nariz muy atractiva de fruta roja fresca, con una gran carga mineral. En boca sorprende su acidez, extraordinariamente acompañada por una fruta con un punto justo de madurez que redondea el conjunto. Un vino que se bebe sólo, y te deja un recuerdo eterno. Teniéndolos tan cerca tendría que visitar esas viñas que a buen seguro son impresionantes.
Hubo más cosas. Me gustó Prado Enea, un rioja clásico al que merece la pena volver de vez en cuando. Ya comentaba en la entrada del último salón al que acudí que quería dedicarle más tiempo a los riojas, pero me temo que por esta vez quedó tan sólo en buenas intenciones. Una breve aproximación a 200 Monges Reserva 2007 blanco,  para no olvidar los muy buenos blancos clásicos de La Rioja. Otro al que hay que dedicar el tiempo que su grandeza merece. 

Pasa el tiempo y el estómago recuerda que aunque parece que llevamos unos minutos, hace ya tiempo que pasó una hora razonable para comer. Acudimos a Muñagorri, una buena comida acompañada por un ganador de varios Ranking, Albamar. Lástima que el hachazo que nos dieron me haya hecho olvidar tan gratos momentos, para sólo recordar que es peligroso pedir fuera de carta.

Vuelvo, con ganas de dar una vuelta por los vinos de mi tierra, pero después de unos ratos de charla es tiempo de volver a casa. Excelentes momentos. Curioso que muchos de ellos se den acompañados de buenos amigos y buenos vinos. Saco ideas para visitar algunas viñas, charlar con nuevos amigos, pero eso serán ya otras historias.

 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Ranking 2014 ¡En marcha!

Me da una gran alegría ver que hay gente en el mundo del vino que no pierde las ganas y continúa al pie del cañón sin que el tiempo le desanime. No me refiero esta vez a productores, ni tampoco a los simples aficionados tragavinos,  colocadores de letras entre los que se encuentra un servidor. Mariano Fisac está un escalón por encima.


Seguí, no sin cierta envidia, su periplo por las tierras gallegas que tanto ama, yendo de parcela en parcela, de viñerón en viñerón. Conociendo las gentes que derrochan su trabajo y su cariño por el terruño, gentes que están produciendo vinos que dan la vuelta al panorama enológico gallego, y por ende revolucionan el mundo del vino nacional.

Está Mariano reflejando en un libro sus experiencias, y sus vivencias de estos vinos que hablan de la tierra, de los montes gallegos, del mundo verde que no se acaba, de los aromas a eucalipto, a monte bajo. De frutas ácidas, que piden que las acompañen mariscos sabrosos. Un libro que a buen seguro tendrá un hueco en mi biblioteca.

Recuerdo el primer ranking de los vinos de menos de diez euros, en el que tuve la cara dura de participar como jurado, y en el que gracias a Dios había catadores de talla como Jaime Jiménez, o el propio Mariano, productores como Alfredo Maestro o Samuel Cano, a los que el tiempo está otorgando los éxitos que merecen. Personas a las que unía un denominador común, la pasión por el vino.

Yo sé el trabajo que cuesta mantener a flote un blog. Más aún si es un blog puntero como Mileurismo Gourmet. Eso junto a escribir un libro, y tener algo de tiempo para vivir debe ser complicado. Cuando leí hace algún tiempo que el Ranking 2014 peligraba, me llevé un gran disgusto. Recuerdo el del año pasado, y los buenos momentos que he pasado con La Malkerida Bobal 2010, un vino que descubrí gracias al ranking, y que ha acompañado no pocos arroces en mi casa.

Por eso cuando en la entrada de hoy he visto que el ranking sólo cambia de formato, incorporando vinos sugeridos por apasionados del vino como Joan Gómez Pallarés o José Luis Louzán, entre otros, me he llevado una gran alegría. Cuando he visto que abren la posibilidad a un número corto de bodegas que se den prisa y quieran proponer alguno de sus vinos, la alegría aumentó.

Una gran noticia,  para bien de los aficionados de bolsillo corto como un servidor, que un ranking riguroso e independiente como este siga adelante.

Sugiero a todos los aficionados, pero especialmente a los productores con algún vino de menos de diez euros al que tengan un cariño especial, que lean la entrada de Mileurismo Gourmet y se den prisa.

Mañana charlaré con Mariano sobre el ranking. Seguro que esa será otra historia.

domingo, 12 de octubre de 2014

Presentación Bodegas y Viñedos Fontana

En el restaurante del hotel Sefutbol, en Las Rozas, se reúne cada primer viernes de mes el club de vinos Catacrack. En la sesión de octubre estaba prevista la presentación de algunos de los vinos de Bodegas y Viñedos Fontana, y un vodka madrileño de nombre Santamanía.

Entre otras muchas fortunas de las que me precio, casi siempre inmateriales, está la de tener muy buenos amigos. Hete aquí que Juan Carlos Caldero, buen amigo y arquitecto insigne, es miembro del citado club y tuvo a bien invitarme. No soy yo de los que necesiten de mucho ánimo para acudir a un evento de estas características, más aún si la presentación estaba acompañada de una comida, que por la fama de la cocina del hotel prometía. Rodrigo Vargas, su jefe de cocina, demostró que apotar por él, es ganar.


Bodegas y Viñedos Fontana elabora vinos en la poco conocida Denominación de Origen Uclés, con vinos en una parcela que se encuentra a una altitud media de 700 metros sobre el nivel del mar. De acuerdo con la breve explicación de Andreas, recientemente incorporado enólogo de la bodega, procuran un cultivo de la viña poco invasivo, tratando de que la uva se desarrolle en conjunción con la tierra y el ambiente en que crecen. En el apartado de vinificación son más tradicionales, procurando sin embargo sólo potenciar lo que ya se encuentra en la uva.

Al llegar tengo la oportunidad de charlar brevemente con José Luis Riesgo, alma mater de este club, que demuestra un extraordinario don de gentes, y hace que todo el mundo se sienta en casa. Las deliciosas  berenjenas de Almagro en tempura con salsa romesco, acompañadas de cerveza bien fría ayudan. José Luis Riesgo es un catalizador de negocios, tal es su buen hacer, su simpatía y su destreza para organizar  eventos. También demostró, todo hay que decirlo, una nariz finísima para la cata.

Empezamos la comida-presentación con unas gachas con sus sacramentos, maridadas con Dominio de Fontana 2013, un coupage con 70% sauvignon blanc, y 30% verdejo. El vino en nariz se mostraba muy expresivo, dando notas frutales (manzana verde, maracuyá) y herbáceas (pasto verde). En boca tenía una muy buena acidez, con una fruta suficiente que lo hacían muy disfrutable. Acompañó muy bien la grasa de los sacramentos (chorizo y torreznos), haciendo el conjunto tremendamente disfrutable.

Un sabroso lomo de bacalao con ajoarriero de callos y morros estuvo muy bien acompañado con Quinta de Quercus 2011, elaborado con tempranillo cultivado a una altura media de 850 m., que ha tenido una crianza de 13 meses en barrica, de las que el 50% eran nuevas. El vino tiene personalidad en nariz dominando las sensaciones de crianza (vainilla, notas de cuero), con aromas de frutas negras bien integrados (ciruela, moras). Presenta un tanino algo rústico, que le resta algo de redondez. Aun así, marida bien con la sabia combinación de un bacalao con una firmeza perfecta y una salsa que en contra de lo que pudiera parecer es delicada, pero consistente,  resultando pescado, salsa y vino un todo casi perfecto.

El plato principal me daba un poco de miedo. De mis amigos es conocida mi aversión a la carne de
ave. Se trataba de un guiso de judías blancas con codornices confitadas. Mis ideas preconcebidas desaparecieron después de probar el primer bocado. El guiso tiene un sabor muy clásico al que la codorniz confitada le da un aire moderno, y en todo caso delicioso. Por poner un pero, las judías estaban ligeramente enteras. Me gustan así, pero tal vez se acomodarían más al gusto de todos ligeramente más tiernas. Quercus 2008 (100% tempranillo) DO. Uclés, se adapta bien al plato. Aromas no excesivamente intensos de fruta confitada, especias, higos, orejones. Muy amable en boca, y con buena acidez. Taninos finos. Final de fruta negra y cuero. Invita a seguir comiendo.

Y llegan los postres. Quesadilla con uvas de vendimia tardía. No sé si lo he dicho alguna vez pero me encantan las cosas dulces. La combinación de la quesadilla con el regusto ácido de las uvas es sublime. La maridamos con un chupito de vodka Santamanía. Me gustó mucho este destilado. Impresionante boca por su suavidad y su persistencia. Postre y vodka te hacen olvidarlo todo y pensar.


Fontana es una bodega con una muy buena evolución. Andreas, su nuevo enólogo, trae ideas que pueden hacerla mejorar. Ya hay una fruta de muy alta calidad. Cultivo en altura. Respeto por el entorno, y ganas de que el vino exprese la tierra son sin duda un punto desde donde avanzar. Pienso seguirles de cerca.


Charlé un rato con los artífices de Santamanía, pero su empresa será ocasión de otra entrada. Por hoy ya os he cansado lo suficiente. Sólo adelantaré que estos destilados naturales producidos en Madrid son tan impresionantes como desconocidos. Prometí visitarlos y espero contároslo. Será otra historia.

viernes, 3 de octubre de 2014

Blancos canarios. Vinos por descubrir.

Canarias no es una comunidad que la mayoría de los aficionados relacionen con buenos vinos, a lo sumo algunas referencias a los magníficos dulces malvasía, y la siempre socorrida referencia a las bodegas El Grifo, que dicho sea de paso tienen una gran “culpa” en la difusión incipiente de la cultura enológica relativa a las Canarias.

Sin embargo, cuando me asomo  al panorama canario, descubre terrenos a los que el hombre tiene que esforzarse en sacar un fruto de calidad, altitudes de vértigo (el viñedo europeo productivo a mayor altura, 1700 m sobre el nivel del mar, se encuentra en Tenerife), junto con tradiciones vinícolas ancestrales que me atraen irremisiblemente hacia los vinos de la zona.

Si a eso añadimos el reciente crecimiento de bodegas que apuestan por la calidad y la personalidad de los vinos, tengo más  acicates de los que realmente necesito (realmente no demasiados), para acudir a la cata que programan en Enoteca Barolo en la que nos proponen una muy buena muestra de blancos canarios.

José Carlos nos hace una breve descripción de los rasgos más importantes de las once denominaciones canarias, ahondando en nosotros la curiosidad por descubrir estos vinos que desde luego prometen. Estos fueron los que más me gustaron:

Bermejo Malvasía Seco 2013 (100% malvasía) DO. Lanzarote. A copa parada se percibe ya un aroma intenso dominado por futas blancas con toques balsámicos y notas ligeras de miel. En boca es completamente diferente, esperaba un vino frutal y ligero, y lo primero que se percibe es una buena acidez, un vino bien estructurado, en el que la fruta ocupa está presente pero en absoluto es la protagonista principal. Deja un recuerdo amargo con notas volcánicas. Muy bueno minus. En cata comparativa con el resto de los vinos, se percibe en él una mayor ligereza y menor amplitud.

El Níspero Albillo 2011 (100% albillo) DO. La Palma. Vino procedente de viñedos de pie franco a 1200 metros de altitud. Fermentado en barricas de 500 litros, y en contacto con lías durante dos meses. Tiene una nariz austera. Notas de humos, y ligeramente lácticas. Herbáceo, con unos ciertos toques balsámicos. En boca se muestra rotundo, fresco, con buen volumen. Cremoso. Nos deja un final frutal, ligeramente salino. Muy bueno.

Suertes del Marqués Trenzado 2012 (Listán blanco, acompañado por uvas locales como gual, vidueño, marmajuelo y vijariego) DO. Valle de la Orotava. Bodega que hace sus vinos con una filosofía de mínimo intervencionismo. Fermentado en barricas de 500 l en un 60%, con una crianza posterior en la misma madera de ocho meses. Este Trenzado se manifiesta aromático, floral, complejo, con recuerdos tropicales (maracuyá). Notas de hongos y de crianza biológica. El vino es muy elegante y vertical. Entra con delicadeza en la boca para ir creciendo y tomarla por completo. Excelente acidez, bien acompañada por un cierto amargor y una fruta presente. Finaliza con recuerdos jerezanos largos. ¿Añoranza? Pudiera ser. Muy bueno plus.

Sigue  un vino curioso.  El único blanc de noirs de la tarde.  Domínguez Blanco de Tintas 2012. DO. Tacoronte Acentejo. Nos reciben aromas ligeramente reducidos. Vino tímido en nariz, que finalmente deja algunos aromas terrosos, volcánicos y de fruta amarilla (albaricoque). En boca es amable, con buena acidez, bien estructurado. Amplio y persistente. Nos deja con agradables recuerdos de champagne blance de noirs. Ligéramente tánico. Muy bueno.

Suertes del Marqués Vidonia Viñas Viejas 2012. (90% listán blanco, resto variedades locales). DO. Valle de la Orotava. En nariz  se muestra muy complejo, retando al catador y obligándole a sacar lo mejor de sí mismo. Se perciben hongos y notas de panadería fina, caramelo e higos secos. Donde el vino se suelta es en boca, con una acidez sorprendente. Un vino redondo en boca, muy vertical y medio de intensidad, elegante. Ligeramente tánico. Con potencial para mejorar en botella. Un vino muy joven, en mi opinión. Nos despide con un final fresco, ligeramente cítrico. Muy bueno plus. Personalmente, guardaré en mi bodega un par de botellas, porque creo que tiene potencial.

Me despido de José Carlos apremiado por la hora, y con el recuerdo de estos vinos tímidos en la nariz, pero magníficos en boca. Vinos para comer. Vinos de boca, dice José Carlos, y no puedo estar más de acuerdo. Excelente cata, sorprendente y reveladora.

Vuelvo a Colmenar contento, dándome la enhorabuena por haber vuelto a este mundillo, del que nunca me alejé demasiado. El programa de la Enoteca Barolo para octubre promete, pero eso sin duda serán otras historias, espero seguir por aquí para contarlas.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Embrujados

Para ser justo esta tiene que ser mi primera entrada de esta nueva época, ya que el buen rato que pasamos en El Embrujo fue uno de los motivos por los cuales me dispuse a continuar escribiendo de estos momentos de disfrute que proporciona el buen comer y beun beber, especialmente como en esta ocasión en compañía de grandes amigos..

Este verano, como viene siendo habitual, mi familia y yo disfrutamos unos días en Cádiz. Visita especialmente disfrutada fue la que hicimos a nuestros amigos Luis y María, Elena y un servidor. Me dijo Luis que íbamos a ir a un sitio curioso, cerca de la Plaza de las Vacas.

Se concentran por allí  algunos bares de los de toda la vida, bares de parroquia “cañailla”, raciones de
pescado muy fresco y grifo de cerveza que no para de combatir el calor de los por allí congregados. Esperé por tanto disfrutar  de un buen rato de grata tertulia, cerveza bien fría y “pescaito frito”. La zona no es muy propicia para expansiones enológicas, o por lo menos no lo era hasta donde yo recordaba, pero no soy de los que le hagan ascos a unas Cruzcampo fresquitas en una tarde de verano. Nadie es perfecto.


Al entrar en el local se percibe una atmósfera muy personal, a la derecha una estantería que atrae mi atención, sin saber el porqué. Hablando después con Carlos, me dice que se trata de un antiguo cierro de principios del siglo pasado. Viéndolo con detalle se ve que es una preciosidad y que está cuidado al detalle. Una muestra de cómo se quiere  condensar el alma gaditana en cada rincón. Pero si el continente es bonito, el contenido es tremendamente atractivo, una extraordinaria representación de los vinos de la tierra, con una más que aceptable muestra de tintos.

La carta está escrita con tiza, después me enteré que la van adaptando para incluir los productos de temporada. Atún rojo de almadraba, huevas a la plancha, tomate “aliñao”, huevos camperos. Cuando pasen las “calores” merecerá la pena el puchero con su “mijita” de oloroso.

Nos decidimos por compartir unas raciones. Empezamos con un surtido de croquetas. He de decir que las croquetas y las albóndigas son mi debilidad, aunque nadie llega al nivel que tenía mi madre (espero que Elena no lea esta entrada). Estas se acercan. Un rebozado crujiente con una bechamel en su punto justo de textura. Boletus, carne de puchero, y jamón. Sencillamente exquisitas.


Seguimos con unas huevas a la plancha, más que reseñables. A modo de salsa un refrito ligero de ajo y perejil que realza el sabor de las huevas, que de nuevo están en su punto justo de cocción.

Pero donde se llega al éxtasis es con el lomo de atún rojo a la plancha, muestra perfecta de la filosofía de la casa. Cuidado extremo de un producto de calidad, para  conseguir una cocina sencilla, tradicional, pero a la vez muy personal y sencillamente deliciosa.

El apartado del vino también merece la pena comentarlo. Al ver tantos vinos de la tierra expuestos, pregunto a Carlos cuales sirve por copas. Su respuesta merece la pena que las grabaran en bronce: “Todos, con la excepción de las tres o cuatro referencias   más caras”. ¡Ole tus ….! (Perdóneme el lector esta pequeña salida de tono, pero es que se me saltó un lagrimón). Si esto se puede hacer en un pequeño bar de un rincón de San Fernando, ¿qué está pasando en Madrid? Aquí  la rotación es inmensamente mayor y no es tarea fácil encontrar vinos decentes por copas, salvo en contadas  y agradabilísimas excepciones.

Pido a Carlos que me recomiende, y me señala un par de tintos ligeros. Me decido por Entrechuelos roble, un vino de la tierra de Cádiz agradable, muy frutal y efectivamente ligero que acompaña perfectamente la comida, y no “acalora” en demasía. Lo sirve fresco, en una copa de buen tamaño.

Carlos conoce los vinos que recomienda, y lo hace con la sabiduría que da la experiencia y el amor por el trabajo bien hecho. Charlo un ratillo con él una vez que terminamos.  Le pido unas fotos, y me “chorrea”, con el gracejo de la tierra por no llevar una cámara para hacer unas fotos con las que ilustrar la entrada.

Una muy buena experiencia que pongo en la cuenta de agradecimiento a mi amigo Luis… Una de muchas ya.

Si alguien pasa por San Fernando, le recomiendo encarecidamente que se dé una vuelta por este rincón, se deje “embrujar” y salude a Carlos de parte del “blogger sin cámara”.



PS. Para los "no cañaillas", cierro es un balcon que cubre completamente a una ventana con una cristalera, que antaño era de madera, y ahora suele ser de aluminio.
PS2. Las fotos están tomadas, con permiso de los auores de la web de gastornomía gaditana "Cosas de comé"