lunes, 29 de septiembre de 2014

Embrujados

Para ser justo esta tiene que ser mi primera entrada de esta nueva época, ya que el buen rato que pasamos en El Embrujo fue uno de los motivos por los cuales me dispuse a continuar escribiendo de estos momentos de disfrute que proporciona el buen comer y beun beber, especialmente como en esta ocasión en compañía de grandes amigos..

Este verano, como viene siendo habitual, mi familia y yo disfrutamos unos días en Cádiz. Visita especialmente disfrutada fue la que hicimos a nuestros amigos Luis y María, Elena y un servidor. Me dijo Luis que íbamos a ir a un sitio curioso, cerca de la Plaza de las Vacas.

Se concentran por allí  algunos bares de los de toda la vida, bares de parroquia “cañailla”, raciones de
pescado muy fresco y grifo de cerveza que no para de combatir el calor de los por allí congregados. Esperé por tanto disfrutar  de un buen rato de grata tertulia, cerveza bien fría y “pescaito frito”. La zona no es muy propicia para expansiones enológicas, o por lo menos no lo era hasta donde yo recordaba, pero no soy de los que le hagan ascos a unas Cruzcampo fresquitas en una tarde de verano. Nadie es perfecto.


Al entrar en el local se percibe una atmósfera muy personal, a la derecha una estantería que atrae mi atención, sin saber el porqué. Hablando después con Carlos, me dice que se trata de un antiguo cierro de principios del siglo pasado. Viéndolo con detalle se ve que es una preciosidad y que está cuidado al detalle. Una muestra de cómo se quiere  condensar el alma gaditana en cada rincón. Pero si el continente es bonito, el contenido es tremendamente atractivo, una extraordinaria representación de los vinos de la tierra, con una más que aceptable muestra de tintos.

La carta está escrita con tiza, después me enteré que la van adaptando para incluir los productos de temporada. Atún rojo de almadraba, huevas a la plancha, tomate “aliñao”, huevos camperos. Cuando pasen las “calores” merecerá la pena el puchero con su “mijita” de oloroso.

Nos decidimos por compartir unas raciones. Empezamos con un surtido de croquetas. He de decir que las croquetas y las albóndigas son mi debilidad, aunque nadie llega al nivel que tenía mi madre (espero que Elena no lea esta entrada). Estas se acercan. Un rebozado crujiente con una bechamel en su punto justo de textura. Boletus, carne de puchero, y jamón. Sencillamente exquisitas.


Seguimos con unas huevas a la plancha, más que reseñables. A modo de salsa un refrito ligero de ajo y perejil que realza el sabor de las huevas, que de nuevo están en su punto justo de cocción.

Pero donde se llega al éxtasis es con el lomo de atún rojo a la plancha, muestra perfecta de la filosofía de la casa. Cuidado extremo de un producto de calidad, para  conseguir una cocina sencilla, tradicional, pero a la vez muy personal y sencillamente deliciosa.

El apartado del vino también merece la pena comentarlo. Al ver tantos vinos de la tierra expuestos, pregunto a Carlos cuales sirve por copas. Su respuesta merece la pena que las grabaran en bronce: “Todos, con la excepción de las tres o cuatro referencias   más caras”. ¡Ole tus ….! (Perdóneme el lector esta pequeña salida de tono, pero es que se me saltó un lagrimón). Si esto se puede hacer en un pequeño bar de un rincón de San Fernando, ¿qué está pasando en Madrid? Aquí  la rotación es inmensamente mayor y no es tarea fácil encontrar vinos decentes por copas, salvo en contadas  y agradabilísimas excepciones.

Pido a Carlos que me recomiende, y me señala un par de tintos ligeros. Me decido por Entrechuelos roble, un vino de la tierra de Cádiz agradable, muy frutal y efectivamente ligero que acompaña perfectamente la comida, y no “acalora” en demasía. Lo sirve fresco, en una copa de buen tamaño.

Carlos conoce los vinos que recomienda, y lo hace con la sabiduría que da la experiencia y el amor por el trabajo bien hecho. Charlo un ratillo con él una vez que terminamos.  Le pido unas fotos, y me “chorrea”, con el gracejo de la tierra por no llevar una cámara para hacer unas fotos con las que ilustrar la entrada.

Una muy buena experiencia que pongo en la cuenta de agradecimiento a mi amigo Luis… Una de muchas ya.

Si alguien pasa por San Fernando, le recomiendo encarecidamente que se dé una vuelta por este rincón, se deje “embrujar” y salude a Carlos de parte del “blogger sin cámara”.



PS. Para los "no cañaillas", cierro es un balcon que cubre completamente a una ventana con una cristalera, que antaño era de madera, y ahora suele ser de aluminio.
PS2. Las fotos están tomadas, con permiso de los auores de la web de gastornomía gaditana "Cosas de comé"

miércoles, 24 de septiembre de 2014

De vuelta

El “gusanillo” de escribir es como una enfermedad crónica, aunque creas que te has librado de ella, vuelve y se intensifica cuando menos te lo esperas. En mi caso la visita a un bar/restaurante de San Fernando durante las vacaciones, que me causó una muy grata impresión, y será objeto de una futura entrada, ha sido en buena medida uno de los catalizadores del “virus”. El seguimiento del recorrido que está haciendo por tierras vinícolas gallegas mi amigo Mariano “Mileurista”, también ha tenido que ver en esta segunda etapa de “Vinos para Compartir”.
Soy consciente de mi inconstancia, por lo que no puedo asegurar el tiempo que durará esta segunda parte de mi aventura. Con objeto de empezar con los pies en la tierra, procuraré cambiar un poco el formato.  La asistencia a dos o tres eventos relacionados con el vino a la semana es un esfuerzo enorme para un aficionado como yo. Mi familia no tiene por qué pagar el tiempo que dedico a mis aficiones.
En mi defensa diré también que la última entrada de este humilde cuaderno tuvo consecuencias desafortunadas para una persona, y eso me desanimó por completo para seguir. No soy más que un aficionado con una gran curiosidad por el mundo del vino y la gastronomía, que tiene el atrevimiento de compartir sus experiencias, casi siempre positivas. A veces no se es del todo consciente de las repercusiones de lo que escribimos.
Aun así voy a iniciar esta segunda etapa con nuevas ilusiones. Prometo veracidad, siempre teñida de cierta subjetividad, y pasión por este mundillo. No puedo prometer la dedicación de la primera etapa, porque volvería a durar tan sólo unos meses y esta vez me gustaría tener una mayor vocación de permanencia.
En mi ausencia el mundo del vino ha seguido evolucionando (no se iba a parar por mí), he procurado seguirlo de cerca, y he visto temas que prometen. Luis Gutierrez parece que ha removido los cimientos de algunas denominaciones. Confieso mi admiración por él, no son pocos los vinos que he conocido en catas dirigidas por su mano sabia. No esperaba menos de su ilusionante etapa en “The Wine Advocate”, aunque tampoco creí que tardara tan poco en “liarla”. Un poco de humildad y aceptación de la crítica, con ánimo de crecer, nos vendrá bien a todos los que amamos el mundo del vino.
En fin, que vuelvo, espero que esta vez para quedarme.