viernes, 3 de octubre de 2014

Blancos canarios. Vinos por descubrir.

Canarias no es una comunidad que la mayoría de los aficionados relacionen con buenos vinos, a lo sumo algunas referencias a los magníficos dulces malvasía, y la siempre socorrida referencia a las bodegas El Grifo, que dicho sea de paso tienen una gran “culpa” en la difusión incipiente de la cultura enológica relativa a las Canarias.

Sin embargo, cuando me asomo  al panorama canario, descubre terrenos a los que el hombre tiene que esforzarse en sacar un fruto de calidad, altitudes de vértigo (el viñedo europeo productivo a mayor altura, 1700 m sobre el nivel del mar, se encuentra en Tenerife), junto con tradiciones vinícolas ancestrales que me atraen irremisiblemente hacia los vinos de la zona.

Si a eso añadimos el reciente crecimiento de bodegas que apuestan por la calidad y la personalidad de los vinos, tengo más  acicates de los que realmente necesito (realmente no demasiados), para acudir a la cata que programan en Enoteca Barolo en la que nos proponen una muy buena muestra de blancos canarios.

José Carlos nos hace una breve descripción de los rasgos más importantes de las once denominaciones canarias, ahondando en nosotros la curiosidad por descubrir estos vinos que desde luego prometen. Estos fueron los que más me gustaron:

Bermejo Malvasía Seco 2013 (100% malvasía) DO. Lanzarote. A copa parada se percibe ya un aroma intenso dominado por futas blancas con toques balsámicos y notas ligeras de miel. En boca es completamente diferente, esperaba un vino frutal y ligero, y lo primero que se percibe es una buena acidez, un vino bien estructurado, en el que la fruta ocupa está presente pero en absoluto es la protagonista principal. Deja un recuerdo amargo con notas volcánicas. Muy bueno minus. En cata comparativa con el resto de los vinos, se percibe en él una mayor ligereza y menor amplitud.

El Níspero Albillo 2011 (100% albillo) DO. La Palma. Vino procedente de viñedos de pie franco a 1200 metros de altitud. Fermentado en barricas de 500 litros, y en contacto con lías durante dos meses. Tiene una nariz austera. Notas de humos, y ligeramente lácticas. Herbáceo, con unos ciertos toques balsámicos. En boca se muestra rotundo, fresco, con buen volumen. Cremoso. Nos deja un final frutal, ligeramente salino. Muy bueno.

Suertes del Marqués Trenzado 2012 (Listán blanco, acompañado por uvas locales como gual, vidueño, marmajuelo y vijariego) DO. Valle de la Orotava. Bodega que hace sus vinos con una filosofía de mínimo intervencionismo. Fermentado en barricas de 500 l en un 60%, con una crianza posterior en la misma madera de ocho meses. Este Trenzado se manifiesta aromático, floral, complejo, con recuerdos tropicales (maracuyá). Notas de hongos y de crianza biológica. El vino es muy elegante y vertical. Entra con delicadeza en la boca para ir creciendo y tomarla por completo. Excelente acidez, bien acompañada por un cierto amargor y una fruta presente. Finaliza con recuerdos jerezanos largos. ¿Añoranza? Pudiera ser. Muy bueno plus.

Sigue  un vino curioso.  El único blanc de noirs de la tarde.  Domínguez Blanco de Tintas 2012. DO. Tacoronte Acentejo. Nos reciben aromas ligeramente reducidos. Vino tímido en nariz, que finalmente deja algunos aromas terrosos, volcánicos y de fruta amarilla (albaricoque). En boca es amable, con buena acidez, bien estructurado. Amplio y persistente. Nos deja con agradables recuerdos de champagne blance de noirs. Ligéramente tánico. Muy bueno.

Suertes del Marqués Vidonia Viñas Viejas 2012. (90% listán blanco, resto variedades locales). DO. Valle de la Orotava. En nariz  se muestra muy complejo, retando al catador y obligándole a sacar lo mejor de sí mismo. Se perciben hongos y notas de panadería fina, caramelo e higos secos. Donde el vino se suelta es en boca, con una acidez sorprendente. Un vino redondo en boca, muy vertical y medio de intensidad, elegante. Ligeramente tánico. Con potencial para mejorar en botella. Un vino muy joven, en mi opinión. Nos despide con un final fresco, ligeramente cítrico. Muy bueno plus. Personalmente, guardaré en mi bodega un par de botellas, porque creo que tiene potencial.

Me despido de José Carlos apremiado por la hora, y con el recuerdo de estos vinos tímidos en la nariz, pero magníficos en boca. Vinos para comer. Vinos de boca, dice José Carlos, y no puedo estar más de acuerdo. Excelente cata, sorprendente y reveladora.

Vuelvo a Colmenar contento, dándome la enhorabuena por haber vuelto a este mundillo, del que nunca me alejé demasiado. El programa de la Enoteca Barolo para octubre promete, pero eso sin duda serán otras historias, espero seguir por aquí para contarlas.

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