domingo, 23 de noviembre de 2014

Surtopía. Cocina Andaluza en Madrid.

Son ya ocho los años que llevo lejos de mi tierra, y cuando se acortan los días y se enfría el tiempo, me entran unas enormes ganas de salir corriendo y volver a oler ese viento de poniente que me trae el aroma de mar de las playas de Cádiz… o de Sanlúcar. Este año no ha sido diferente; aún más,  la desazón ha sido potenciada por los anuncios que me recordaban el cincuenta aniversario de la manzanilla.

Tratando de ser positivo, me decidí a buscar un “sustituto” de mi Andalucía en Madrid, y mira por donde, en Facebook leí que en Surtopía habían recibido una nueva manzanilla, 11530, de bodegas Barbadillo. Pintaba bien la cosa. No hizo falta mucho más para animarme a reservar una mesa.


Entramos en el restaurante y nos conduce una chica sumamente amable al comedor interior. No demasiado grandes, pero con una separación de mesas suficiente como para que se pueda mantener una conversación sin tener que elevar la voz. Absolutamente fundamental para mí. El ruido me ha destrozado más de una experiencia gastronómica que podía haber sido memorable. No es este el caso.

Empezamos con unos entrantes sencillos, pero que tienen en mí un efecto medicinal contra la “morriña” que me invade. Las mejores tortillitas de camarones que sin duda he probado en mi vida. Camarón fresco y sabroso, muy bien unido por una masa muy crujiente que los envuelve y presenta para que sean disfrutados.

Como digo, con los entrantes no nos calentamos mucho la cabeza. Acompañaron las tortillitas, unas croquetas, anunciadas de una forma curiosa: “Croquetas Cremosas De Lo Que Nos Salga… De La Cocina”. En este caso eran de carne de puchero, y hacían honor a su nombre, no por lo de “que nos salga”, sino por lo cremosas. Si hay comidas con las que tenga fijación estas son las albóndigas y las croquetas. En este caso el envoltorio crujiente contenía una bechamel deliciosa, sabrosa, y sumamente cremosa. Por un momento creí que había vuelto a casa.

Si os digo que acompañé los entrantes con una manzanilla, no os sorprenderé. Sin embargo no se trata de una manzanilla cualquiera, la 11540 de Barbadillo te hace cerrar los ojos un instante y te traslada a los matorrales de las playas, aromas salinos…, de retama. Aromas de manzanilla infusionada. Aromas que te transportan a lugares mejores. No sabes si beberla interrumpirá el momento, pero cuando lo haces te das cuenta que tomaste la decisión correcta. Te has bebido el momento. Ahora eres playa. Eres monte bajo… Eres un poco gaditano.


¿Dónde estábamos? Ah, en el restaurante. Continuamos con platos de la tierra, no podía ser menos. Corvina en Amarillo con Almejas y Chícharos, y Albóndigas de Rabo de Vaca, Oloroso, Trufa y Setas. ¿Por dónde empiezo?

 Con un plato sencillo. De un pescado en amarillo se puede hacer magia, y doy fe que en este caso José Calleja la hizo. El contraste de texturas entre unas almejas en su punto perfecto de cocción y del pescado terso y sabroso, es conjuntado por un caldo delicioso en el que juegan los chícharos. Estás comiendo mar. Estás volviendo a casa ¡Y todo esto en Madrid!

Decía antes que tengo fijación por las albóndigas. Eran el plato con que mi madre nos reunía en casa. Exageraría si dijese que las albóndigas de Surtopía tienen cariño de madre, pero no si os digo que son únicas. La complejidad de aromas que proporcionan la trufa, el oloroso y la delicadeza de las setas. La textura, justa. Una delicia para mojar pan (confieso que lo hice).

Los postres no quedan atrás. La Perdición de Ambrosio (y la de Vicente), un delicioso coulant de chocolate con un crujiente de chocolate y avellanas, y un tremendo pionono que aquí se llama Borracho de PX, café y Mousse de Queso. Siempre he sido de postres. A mi hija, estudiante de Medicina, le tengo dicho que lo investigue, que hay en el estómago un hueco que sólo se rellena con algo dulce. Mi experiencia en Surtopía no hace más que demostrarlo.


Finalizo la cena con un vino dulce, Don Guido VOS. El final ideal para una cena que recordaré.
Surtopía es un restaurante que traslada la cocina andaluza a Madrid, actualizándola y aportándole una presentación cromática que aúna el sabor excelente con un extraordinario atractivo a la vista. La carta de vinos es increible, especialmente en lo que se refiere a los generosos, todos ofrecidos por copas. Veo también en ella un viejo amigo, El Marciano.

Pasamos un gran rato. Apuntando una posibilidad de mejora, en tan buen restaurante la atención en sala, aunque muy amable, se puede perfeccionar y hacer más profesional.

Llevo ya casi ochocientas palabras. Por esta vez no quiero pasarme de los límites establecidos, y no os cansaré más. Solo os diré, parafraseando al general McArthur: “I will return”. Igual hasta es otra historia.

PS. Las fotos las he tomado de la página web del restaurante. Lamentablemente olvidé la cámara de fotos, y las que tomé con el teléfono no hacían justicia a la buena  presentación de los platos que nos sirvieron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario