miércoles, 31 de diciembre de 2014

Ideas para el 2015.

Aunque no soy muy de ponerle barreras al tiempo, siempre es bueno recapitular en algún momento y preparar el modo de trabajar en el futuro próximo. En mi caso, brevemente porque la cocina me espera, voy a dedicar unas líneas a contarte mis ideas para este cuaderno en los próximos meses.


Como habrás visto estoy intentando depender menos de los eventos, aunque una buena parte del contenido del blog irá enfocado en ese sentido, que creo es una seña de identidad que me gustaría mantener en el futuro. Cada vez más, sin embargo incluiré alguna  de las recetas que me gusta hacer los fines de semana, comentando el vino con el que irá maridada.

Siguiendo las tendencias en boga, y aunque siempre he sido bastante rebelde, iniciaré algunas entradas con longitud “midblogging”, tan sólo de un par de párrafos, especialmente con lo que llamaré vinos accesibles. Serán vinos que no suban nunca la barrera de los diez euros, y que a mi juicio sean buenos para personas que no han caminado mucho en este mundillo. Serán vinos fáciles de beber, pero que escapen de lo excesivamente comercial. Se me ocurren ahora que podrían incluirse en este grupo Viña Almate, Qvbel, o Biberius, con los que ya he hecho ensayos con mis conejillos de indias (mis compañeros de trabajo). Si tienes propuestas de vinos para esta sección, me encantará recibirlas.

Procuraré, ya lo estoy haciendo de hecho, incrementar el “microblogging”, notas de cata difundidas en Twitter, Facebook e Instagram. No me emociona demasiado, pero me temo que los tiempos nos marcan esas direcciones.

En las próximas entradas hay algunos temas que me hacen mucha ilusión, y que ya están cociéndose. Uno que tengo muchas ganas de que salga, y que espero te guste es “Aprender a amar el vino”, en el que trataré el método de Erik Asimov (crítico del New York Times) para iniciarse en el mundo del vino, disfrutando y sin complejos. Estoy convencido de que no dejará a nadie indiferente.

Tengo mucha ilusión por una serie de entradas dedicadas a algunos de los champanes que se presentaron al Concours d’Epernay des Champagnes du Vignoble. Estos vinos cada vez me apasionan más y me gustaría aportar mi pequeño esfuerzo para intentar desestacionalizarlos y darles su lugar en la mesa, al lado de platos relevantes, más allá de los aperitivos.


En fin, como verás no me faltan ganas para continuar. Espero con ganas tus comentarios, tus puntos de vista, que nos enriquecerán a todos. Que el próximo año te traiga buenos vinos, acompañado por grandes personas. Que los Reyes Magos os dejen algún vino que os emocione.

sábado, 20 de diciembre de 2014

De Cómo Encontré a La Perdida 2013.

Últimamente he leído varias veces como en internet la comunicación sobre el mundo del vino, y especialmente las discusiones y debates se están trasladando hacia redes sociales como Facebook y especialmente Twitter, que proporcionan mucha más agilidad y en las que la información se puede procesar en muy poco tiempo.

Es cierto que ya había percibido que la interacción de los lectores con las entradas de este humilde cuaderno son mucho más escasas que en la primera época, lo que no voy a decir que me encante, pero sin duda es necesario adaptarse.

Podría decir que mi primer interés al escribir este cuaderno es satisfacer la necesidad de compartir la pasión  que me produce el mundo del vino, y relatar los grandes momentos que vivo con una copa  en la mano, especialmente si estoy cerca de personas que intervienen directamente en su elaboración. No voy a decir que mentiría, pero no estaría contando toda la verdad.

No es que me parezca que hablo solo cuando escribo. Hoy día la tecnología me permite saber que algo más de seiscientas personas leen cada entrada, y que el promedio de tiempo que pasan curioseando las letras de este tragavinos es de alrededor de un par de minutos. Mucho más de lo que esperaba, y de lo que sin duda merezco.

Creo, sin embargo que los blogs tienen su sitio, y que las redes sociales a que antes hacía referencia pueden complementarlo, pero no sustituirlo. Como decía, lo que me mueve a escribir, y lo que percibo en cuadernos o artículos que sigo, y que desde el principio me sirven de referencia, es transmisión de  pasión, comunicación de  ilusión por este mundo que tantas alegrías nos da.

Leo a Mariano Fisac, a Joan Gómez, o a Mario Estévez, por citar a los cercanos que sigo con asiduidad y desde el principio me sirven de norte, y siento la pasión que transmiten, el calor con el que se acercan al vino. Para esto hace falta tiempo, hace falta dedicación, hace falta perderse un poco en las palabras. Facebook lo permite sólo en parte, y con Twitter es imposible.

Leo a Eric Asimov, a Alice  Feiring o a Jamie Goode (este último en menor manera, que le tengo un poco de manía) y percibo esas ganas de informar y conformar ilusión, ganas de que te acerques a ese vino que les ha tocado alguna fibra. ¡Cómo  me gustaría tener la maestría que en ellos percibo!

Puedo mirar a Elena a los ojos y decirle: te quiero. Después de casi veinticinco años casados, no hace falta más que una mirada y un par de palabras para comunicar  corazones. Si estuviera lejos necesitaría un poco más para expresarme. El tiempo o el espacio escrito suplirían la falta de cercanía. Salvando la inmensa distancia, es  lo que me pasa para comunicar sentimientos relacionados con el vino, y también para recibirlos.

Leía hace algún más de un mes una entrada  de Joan sobre un vino al que  ya me he acercado en varias ocasiones y del que tenía ganas de escribir, La Perdida 2012. Su entrada transmite, con la habilidad que le caracteriza, un vino hecho con sinceridad. Un vino honesto, lleno de matices. Transmite un productor, Nacho González, directo como su vino, sin tapujos. Transmite, sobre todo, las ganas de conocer a producto y productor. Esto es mucho más difícil en Facebook, y prácticamente imposible en Twitter.


En mi humilde opinión, el blog tiene además la ventaja de una cierta permanencia, que permite volver cuando una entrada te ha dejado algún poso y quieres volver a revivirla, como he hecho hace un minuto con La Perdida 2012 (tinto) de Joan Gómez Pallarès. Facebook y Twitter son hojas mecidas por el viento, que pueden darte un buen momento, pero que sólo permanecen, como mucho, en el débil instante de algunos recuerdos.

La entrada de Joan llamó, como dije, mi atención sobre Nacho. No he cruzado media palabra con él, pero basta estar atento a sus intervenciones en Facebook para ver que se trata de una persona directa, sincera, firme en sus convicciones, y algo intransigente. Una persona fuerte, que es capaz de embarcarse en un proyecto, aunque el mundo a su alrededor le mire como si estuviera mal de la cabeza. Una persona con ganas de comunicar su trabajo, y satisfecha de lo que consigue.

Poco después del artículo de Joan encontré una botella de La Perdida 2013 en Enoteca Barolo. Después de eso han caído un par de botellas más. No es tan difícil encontrar a esta perdida, cuando realmente uno quiere pasar un rato con ella.

Descorché la botella acordándome de Nacho. ¡Estos productores naturales y sus lacres! Llega el vino a la copa, y uno percibe su color intenso, la lágrima emocionada de la garnacha tintorera, que se presume cálida.

Lo llevo a la nariz y el vino transmite la honestidad de una tierra difícil. Tierra de retama, en la que se ha colado algún laurel. Uno cree que el viento le trae la esencia del pino gallego, el olor de la hierba tras la lluvia menuda. Uno cree encontrar algún arándano  y  alguna mora de zarza. Un festival de aromas, como lo es la buena tierra gallega de donde salió este vino.

No sé si al llevármelo a la boca se va a interrumpir la magia del aroma del vino. Supero el miedo a romper el momento, y soy enormemente recompensado. Un vino de contrastes. Mano acostumbrada a la labor que te acaricia con ternura. Suavidad y rusticidad que se llevan de la mano. Fruta y tierra. Tanino humilde y persistente. Felicidad y miedo de que alguien rompa el equilibrio de la tierra que produjo este vino. Magia.

Soy torpe, lo sé, pero no puedo describir lo que este vino me dice en menos palabras. No puedo y no quiero. Aunque tenga que hablarle al viento. Aunque tenga que buscar el eco que me devuelva palabras que no cumplieron su cometido. Seguiré buscando pasiones escritas por personas a las que considero mis amigos porque han hecho posible que conozca sus pasiones, sus ilusiones. Seguiré perdiendo tiempo deleitándome en la lectura de sus escritos. Tres minutos. Cinco. Una vida…

Me encantaría ayudar a alguien a encontrar una perdida. Me gustaría saber si alguna vez hubo un destello en mis palabras que llegó a hacer sentir algo a alguien. Seguiré, aunque no sea así. Intentándolo. Buscando un eco que me devuelva mis palabras, que fueron escritas con la esperanza de cumplir alguna misión. De dar alguna alegría. Nacho y Joan, os debo una.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La Despeña. Garnachas de Gredos.

Últimamente tengo una cierta fijación por lo que están haciendo algunos productores en la sierra de Gredos.  Frescura, fruta, complejidad, son algunos de los atributos que me gustan de estas garnachas. Movimientos hacia constituir una asociación para distinguir sus vinos. Gente joven, con ilusión, que tiene ganas de hacer cosas nuevas, buscando entre las viejas tradiciones.

Cuando me toca organizar la cata de vinos mensual de La Despeña lo tengo claro, garnachas de Gredos. Cierto es que la tengo que pensar en muy poco tiempo, y que el hecho de que Alfredo Maestro forme parte del grupo limita en parte las opciones. Considero al principio meter “El Marciano”, pero finalmente no lo hago. No se trata de poner en apuros a nadie. Pasar un buen rato y beber buenos vinos es mucha mejor opción.

Las catas de vinos de La Despeña son siempre doble ciegas, como pudísteis leer hace algún tiempo en la entrada sobre la cata de vinos gallegos. Vinos cubiertos que pueden ser de cualquier lugar del mundo. Alguno nos ha sorprendido en ocasiones con vinos de países árabes. En esta ocasión elijo cinco garnachas, uno de Orlando Lumbreras, dos de Daniel Ramos, otro de una de las cooperativas de la zona, y finalmente  un vino de una de mis bodegas talismán, Cuatro Monos. Omitiré en las notas de cata la DO porque en este caso me parece realmente irrelevante.


El primer vino, Punto G 2013 (100% garnacha). Orly Lumbreras Viticultor. Seis meses de crianza en barricas de cuatro usos. La botella de la cata no hizo justicia a este vino, del que he tenido la suerte de beber en casa con tranquilidad, por lo que me voy a tomar la libertad  de trasladaros mis impresiones al margen de la cata. Es un vino que de entrada te trae fruta roja madura, ligeras notas alcohólicas que se van limpiando. Evoluciona incorporando aromas especiados y notas de bosque (retama, romero). En boca tiene una entrada sabrosa, casi carnosa, con taninos que aportan una personalidad algo rústica, sin molestar.  Tiene acidez suficiente como para que evolucione bien en botella. Ya le he dicho que cuente conmigo si hace micromecenazgo en la próxima cosecha.

El segundo es KPi Amphorae 2013 (100% garnacha). Fermentado y criado en ánforas cerámicas. El vino se presenta floral y fresco, con notas de pizarra, evolucionando hacia fruta roja fresca. En boca tiene una intensidad suficiente, es fresco y equilibrado. Ligeramente amargo, con notas verdes que no molestan. Tanino arenoso. Final medio con un amargor elegante. Un vino a seguir, sencillo y fresco.

Seguimos con Gaznata Concrete 2012. Bodega Juan del Águila (100% garnacha). Fermentado y criado en depósitos de hormigón. Aromas de fruta roja algo licorosa, acompañada de notas florales. Recuerdos de pizarra húmeda. Sencillo y agradable.  En boca se abre paso con gran suavidad, con intensidad y volumen medios. Buena persistencia. Finaliza con una cierta calidez y recuerdos a golosinas de fresa.

Cambiamos un poco de forma de entender el vino con La Danza del Viento, de 4 Monos (100% garnacha). La fermentación se realiza con las uvas enteras, manteniéndose el contacto con los hollejos durante 44 días. La fermentación se llevó a cabo en barricas de 500 litros. En principio se notan los aromas de la crianza bien integrados con la fruta. Especias dulces, anisados y fruta roja fresca comparten el protagonismo. Con el tiempo gana en complejidad avanzado los aromas frutales y herbáceos. Retama y jara. Romero y arándanos. Ligeras notas de canela y pimienta, con recuerdos de granito tras la lluvia. Complejo y elegante. En boca sorprende la elegancia de su tanicidad, de grano muy fino. Acidez como parte de una estructura frutal muy bien integrada. Elegancia. Un vino que no quiere dejar la boca, mientras el que lo bebe se traslada con la mente a las montañas de Gredos. Impresionante, como dijo cierto filósofo.

Impactado por el vino anterior, el aroma del quinto de la tarde decepciona. Zerberos Arena + Pizarra 2008. Después me entero que necesita de una decantación muy larga. Los aromas de la madera tapan por completo la complejidad que se adivina en el vino. En boca es sabroso, con acidez y tanicidad bien integradas, informando que al vino no le queda excesivo tiempo.


Una de las finalidades de la cata es descubrir si catadores de la talla de Alfredo o Jaime son capaces de descubrir a ciegas una cierta tipicidad que les lleve a Gredos. Estas garnachas, que sobre mí ejercen un cierto magnetismo, llevan produciéndose desde hace poco tiempo, y aunque se ve en ellas ilusión y conocimiento, aún es pronto para sacar conclusiones. Sin embargo, Jaime sorprende clavando variedad y añada en todos los vinos, y la zona en la mitad de ellos. ¡Parece que algo hay! ¡Grande Jaime!

Finaliza la cata con sensaciones encontradas. Me he encontrado con vinos que no conocía y que refuerzan mi interés por las garnachas de Gredos. Bailaré más veces la Danza del Viento sin duda, y seguiré con interés los vinos de Dani Ramos. El hecho de que se vaya identificando un patrón de la zona suma enteros. El lado negativo lo ponen las dos botellas que no estaban en óptimas condiciones de cata. Dos de cinco es un porcentaje importante. Habrá que seguir ampliando la muestra. Estoy convencido de que serán otras historias.

martes, 9 de diciembre de 2014

Champanes Baron-Fuenté.

La familia Baron tiene una larga trayectoria en el mundo del vino. Ya en el siglo XVII producían uva en la zona de Champagne, vendiendo tradicionalmente a bodegas del renombre de Krug o Moët. No fue sin embargo hasta el año 1967, cuando se fundó la bodega Baron-Fuenté en Charly Sur Marne, tras contraer matrimonio Gabriel Baron con la española Dolores Fuentes.

Inició esta pareja su andadura con unas 38 hectáreas, de las que la primera fue regalo de bodas de la familia de él. En sus viñedos conceden una especial importancia la pinot meunier, variedad que da estructura e intensidad frutal a sus vinos. A mí me encantan los escasos champanes elaborados con esta uva, especialmente el que he bebido en otras ocasiones de Christophe Mignon. Esto añade un plus de curiosidad a la cata que programa Enoteca Barolo.


Nos recibe Eric de Brisis, que en pocas palabras nos cuenta la historia de la bodega, una de las pocas auténticamente familiares que aún quedan en Champagne. Es el director de exportación de la bodega, por lo que no es de extrañar que nos hable de la grandeza de sus champanes. Habrá que ver lo que dicen los vinos.

Comenzamos por Baron Fuente Grande Reserve (60% pinot meunier, 30% chardonnay, 10% pinot noir). AOC Champagne. Mezcla de las añadas 2010, 2009 y 2008. Aromas de panadería junto con cítricos, y notas ligeramente saladas. Recuerdos de baguette caliente. En boca es amable y vertical, elegante. No demasiado largo, deja recuerdos de pomelo, junto con aromas de pan caliente. No está mal, un champán resultón por los menos de 29 euros que vale.

El rosado de la casa lleva el nombre de su dueña, Baron Fuenté Cuvée Dolores Brut Rosé (80% chardonnay, 10% pinot meunier, 10% pinot noir). AOC Champagne. De nueva las típicas notas de panadería, en un champán más complejo que el anterior. Despegan los aromas de fruta roja ácida (casís), junto con notas almendradas. Agradable. La entrada en boca es algo golosa, con buena estructura y volumen. Finaliza afrutado. Un champán para acompañar a la perfección un salmón a la parrilla o un lenguado meunier.


Baron Fuenté Millésimé 2006. La nariz nos dice que estamos llegando a un mundo diferente. Complejidad. Armonía. Aromas de masa madre, almendras tostadas. Evoluciona hacía bollería fina, trayendo recuerdos de brioche. Albaricoque. Algunos lácteos, con notas de mantequilla y queso blanco. En boca la primera palabra que viene a la cabeza es elegancia. Buena acidez y notable equilibrio. Final largo, que recuerda una mantequilla muy suave con notas saladas. Qué bien estaría al lado una pularda con salsa de nata y champiñones. Por unos 35 euros es un chollo.

Baron Fuenté Cepage Pinot Munier. Aromáticamente muy intenso, manzana asada, humo, croissant. En boca es potente, con gran volumen. Un champán eminentemente gastronómico, que mantiene su potencia dentro de un notable equilibrio.

Baron Fuenté Cepage Chardonnay. En la nariz, especialmente después del anterior, se muestra delicado, con aromas florales y de bollería fina (bollo suizo). En la boca es elegante y vertical. Con muy buena acidez y suficiente intensidad. El final es medio, con un recuerdo amargoso y final muy agradable.

La cata de Baron-Fuenté sería buena para todas aquellas personas que consideran el champán como poco más de un vino de celebraciones y brindis. Son espumosos con estructura e intensidad suficientes para acompañar casi cualquier comida, aparte de tener una relación calidad precio notable.  A mí, sobre todo el Millesimé y el pinto meunier me estaban pidiendo comida a gritos. Conocedores de ello en Barolo nos sacaron unos quesos ahumados con los que pudimos comprobar las excelencias de estos champanes cuando están bien acompañados. ¡Una gozada! 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Dominique Roujou De Boubee. Vinos Gallegos.

Interrumpimos nuestro viaje enológico por los vinos de Domonique Roujou de Boubee, a falta de la última parada, Galicia. Debo decir que si en todos los vinos en los que interviene se nota la gran implicación que tiene en su trabajo, la pasión que les pone, cuando habla de sus vinos gallegos lo hace con un brillo especial en la cara. Aquí es donde él hace su vino.

Hay que retroceder un poco en el tiempo para conocer algo mejor la historia de estos vinos. Dominique conoció a su mujer en Burdeos, si la memoria no me falla, mientras ambos estaban estudiando. Se trasladaron Dominique y Laura, a Calonge, donde ella dirigía la bodega Clos D’Agon, y luego a Sant Joan Despi, tras aceptar el puesto de directora técnica de Raventos i Blanc.

Sin embargo, Laura tenía una ambición que supo trasladar a Dominique. Hacer un gran blanco, y hacerlo en Galicia con albariño. En cuanto pudieron se trasladaron a Galicia, y allí empezaron a desarrollar su proyecto junto con Franck Massard (un sumiller de reconocido prestigio internacional). Dieron comienzo de esta forma a su sueño, con el convencimiento de que Galicia es una tierra de grandes vinos, con un enorme potencial, aún por desarrollar.

La bodega se llama Les Tres Amis, y el primer vino que nos presentan en la cata es Audacia  2012 (100% godello). DO. Valdeorras. Me acerco a este vino con curiosidad y temor. Los que me conocen saben de mi aversión por los vinos hechos con esta uva. Tenía cierta esperanza. Mi  amigo Sibaritastur me lo había recomendado fervientemente. Me lo acerco, y el vino se presenta con aromas frescos de pera y notas de flor blanca. Agradable. Cítricos ligeros, y notas de retama. En boca presenta una acidez importante, bien compensada por el peso de la fruta. Buena longitud, que deja  al final recuerdos frutales a pera y lima. ¡Cómo me ha gustado!

El segundo es Alma 2012 (100% albariño la parcela del Sobral, en el Salnés). DO Rias Baixas. Aromas de frutas tropicales, como piña y lima. Sin embargo, es en la boca donde este vino demuestra su valor. Un vino sabroso y con nervio. Una acidez muy bien acompañada, encontrándose en la boca fruta fresca. Melocotón amarillo  y lima. Muy buena longitud. Final elegante, algo amargo y cítrico. Un excelente albariño.


Sigue la cata con Adega Ponte da Boga, una bodega centenaria que tras pasar por vicisitudes varias acabó en propiedad de Hijos De Rivera (propietarios también de Estrella de Galicia). Las fotos que nos muestra de viñas en laderas imposibles me impresionan tremendamente. Habrá que ver si los vinos responden al enorme esfuerzo que se hace para elaborarlos:

Ponte da Boga “Expresión Gótica” 2012 (69% Mencía, 17% sousón, 10% merenzao y 4% brancellao). DO. Ribeira Sacra. Un vino muy floral y especiado, con notas de eucalipto. Un aroma muy elegante y atractivo. Abre hacia notas balsámicas, mentoladas. En boca entra con presencia de acidez suficiente, muy buena estructura. Carga de fruta roja fresca notable. Tiene un final largo, que vuelve a los aromas especiados. A tener muy en cuenta.

Ponte da Boga Bancales Olvidados 2011 (100% Mencía). DO. Ribeira Sacra. Vino con nariz alegre a fruta roja fresca, y especias (clavo, pimienta, laurel). Una boca impresionante, con una estructura perfecta. Su segundo nombre debería ser equilibrio. Muy largo, con ligeras notas finales salinas. Este vino se está haciendo recuperando excelentes viñas viejas, pagando a los agricultores un buen precio por su trabajo. Un motivo más para tenerlo cerca.

Y finaliza la cata de vinos de esta bodega con Porto de Lobos 2012. (100% brancellao). DO. Ribeira Sacra. Vino con un aroma fino, elegante. Aromas florales acompañados por unas notas de sarmientos que armonizan bien. Vino muy fino en boca. La acidez está muy bien sustentada por una fruta  muy fresca, conformando un vino vibrante. Final fresco, que invita a no parar de beber. Un final muy bueno para una bodega que sin duda seguiré.

Y dejo para el final el motivo por el que salgo indignado de esta cata. Finaliza con un albariño de la Adega Pombal A Lanzada. Nombre que hace mención de la playa al norte de la ría de Pontevedra, cerca de Sanxenxo (dentro de la zona de la DO. Rías Baixas). El vino que catamos es As Bateas 2012, un vino que podría llamar la atención por que al principio está un poco cerrado, abriendo a los pocos minutos con aromas de hierba fresca, y notas balsámicas. Podría llamar la atención por una nariz poco habitual para un albariño. Podría llamar la atención por su boca enorme, amplia y fresca. Afrutada y larga, de gran elegancia y verticalidad. Podría llamar la atención porque muchos tratamos de repetir, y las botellas se acabaron, síntoma de que en la cata el vino  gustó.

Algunos pensaran que estoy dando muchas vueltas, pero es que este muy buen vino, por lo que llama la atención es porque haciéndose con uvas provenientes en su totalidad de una parcela integrada en la zona de la DO Rias Baixas,... estando elaborado con uvas procedentes de viñas de entre 100 y 200 años, que deberían ser un orgullo para cualquier DO,.. haciéndose de acuerdo con métodos tradicionales en la zona... ¡es un vino de mesa!

Resulta que si eres un pequeño elaborador y tu vino no huele a “piñita” no te dan la etiqueta de la denominación. No abundo más en el tema que está perfectamente tratado en la entrada de Mileurismo Gourmet, que suscribo al cien por cien.

PS. La espectacular foto del viñedo de Ribeira Sacra está tomada de la web de la Adega Ponte da Boga.

PS2. Los vinos de esta entrada se pueden conseguir con facilidad en la tienda de Tensi (altamente recomendable).