martes, 9 de diciembre de 2014

Champanes Baron-Fuenté.

La familia Baron tiene una larga trayectoria en el mundo del vino. Ya en el siglo XVII producían uva en la zona de Champagne, vendiendo tradicionalmente a bodegas del renombre de Krug o Moët. No fue sin embargo hasta el año 1967, cuando se fundó la bodega Baron-Fuenté en Charly Sur Marne, tras contraer matrimonio Gabriel Baron con la española Dolores Fuentes.

Inició esta pareja su andadura con unas 38 hectáreas, de las que la primera fue regalo de bodas de la familia de él. En sus viñedos conceden una especial importancia la pinot meunier, variedad que da estructura e intensidad frutal a sus vinos. A mí me encantan los escasos champanes elaborados con esta uva, especialmente el que he bebido en otras ocasiones de Christophe Mignon. Esto añade un plus de curiosidad a la cata que programa Enoteca Barolo.


Nos recibe Eric de Brisis, que en pocas palabras nos cuenta la historia de la bodega, una de las pocas auténticamente familiares que aún quedan en Champagne. Es el director de exportación de la bodega, por lo que no es de extrañar que nos hable de la grandeza de sus champanes. Habrá que ver lo que dicen los vinos.

Comenzamos por Baron Fuente Grande Reserve (60% pinot meunier, 30% chardonnay, 10% pinot noir). AOC Champagne. Mezcla de las añadas 2010, 2009 y 2008. Aromas de panadería junto con cítricos, y notas ligeramente saladas. Recuerdos de baguette caliente. En boca es amable y vertical, elegante. No demasiado largo, deja recuerdos de pomelo, junto con aromas de pan caliente. No está mal, un champán resultón por los menos de 29 euros que vale.

El rosado de la casa lleva el nombre de su dueña, Baron Fuenté Cuvée Dolores Brut Rosé (80% chardonnay, 10% pinot meunier, 10% pinot noir). AOC Champagne. De nueva las típicas notas de panadería, en un champán más complejo que el anterior. Despegan los aromas de fruta roja ácida (casís), junto con notas almendradas. Agradable. La entrada en boca es algo golosa, con buena estructura y volumen. Finaliza afrutado. Un champán para acompañar a la perfección un salmón a la parrilla o un lenguado meunier.


Baron Fuenté Millésimé 2006. La nariz nos dice que estamos llegando a un mundo diferente. Complejidad. Armonía. Aromas de masa madre, almendras tostadas. Evoluciona hacía bollería fina, trayendo recuerdos de brioche. Albaricoque. Algunos lácteos, con notas de mantequilla y queso blanco. En boca la primera palabra que viene a la cabeza es elegancia. Buena acidez y notable equilibrio. Final largo, que recuerda una mantequilla muy suave con notas saladas. Qué bien estaría al lado una pularda con salsa de nata y champiñones. Por unos 35 euros es un chollo.

Baron Fuenté Cepage Pinot Munier. Aromáticamente muy intenso, manzana asada, humo, croissant. En boca es potente, con gran volumen. Un champán eminentemente gastronómico, que mantiene su potencia dentro de un notable equilibrio.

Baron Fuenté Cepage Chardonnay. En la nariz, especialmente después del anterior, se muestra delicado, con aromas florales y de bollería fina (bollo suizo). En la boca es elegante y vertical. Con muy buena acidez y suficiente intensidad. El final es medio, con un recuerdo amargoso y final muy agradable.

La cata de Baron-Fuenté sería buena para todas aquellas personas que consideran el champán como poco más de un vino de celebraciones y brindis. Son espumosos con estructura e intensidad suficientes para acompañar casi cualquier comida, aparte de tener una relación calidad precio notable.  A mí, sobre todo el Millesimé y el pinto meunier me estaban pidiendo comida a gritos. Conocedores de ello en Barolo nos sacaron unos quesos ahumados con los que pudimos comprobar las excelencias de estos champanes cuando están bien acompañados. ¡Una gozada! 

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