domingo, 14 de diciembre de 2014

La Despeña. Garnachas de Gredos.

Últimamente tengo una cierta fijación por lo que están haciendo algunos productores en la sierra de Gredos.  Frescura, fruta, complejidad, son algunos de los atributos que me gustan de estas garnachas. Movimientos hacia constituir una asociación para distinguir sus vinos. Gente joven, con ilusión, que tiene ganas de hacer cosas nuevas, buscando entre las viejas tradiciones.

Cuando me toca organizar la cata de vinos mensual de La Despeña lo tengo claro, garnachas de Gredos. Cierto es que la tengo que pensar en muy poco tiempo, y que el hecho de que Alfredo Maestro forme parte del grupo limita en parte las opciones. Considero al principio meter “El Marciano”, pero finalmente no lo hago. No se trata de poner en apuros a nadie. Pasar un buen rato y beber buenos vinos es mucha mejor opción.

Las catas de vinos de La Despeña son siempre doble ciegas, como pudísteis leer hace algún tiempo en la entrada sobre la cata de vinos gallegos. Vinos cubiertos que pueden ser de cualquier lugar del mundo. Alguno nos ha sorprendido en ocasiones con vinos de países árabes. En esta ocasión elijo cinco garnachas, uno de Orlando Lumbreras, dos de Daniel Ramos, otro de una de las cooperativas de la zona, y finalmente  un vino de una de mis bodegas talismán, Cuatro Monos. Omitiré en las notas de cata la DO porque en este caso me parece realmente irrelevante.


El primer vino, Punto G 2013 (100% garnacha). Orly Lumbreras Viticultor. Seis meses de crianza en barricas de cuatro usos. La botella de la cata no hizo justicia a este vino, del que he tenido la suerte de beber en casa con tranquilidad, por lo que me voy a tomar la libertad  de trasladaros mis impresiones al margen de la cata. Es un vino que de entrada te trae fruta roja madura, ligeras notas alcohólicas que se van limpiando. Evoluciona incorporando aromas especiados y notas de bosque (retama, romero). En boca tiene una entrada sabrosa, casi carnosa, con taninos que aportan una personalidad algo rústica, sin molestar.  Tiene acidez suficiente como para que evolucione bien en botella. Ya le he dicho que cuente conmigo si hace micromecenazgo en la próxima cosecha.

El segundo es KPi Amphorae 2013 (100% garnacha). Fermentado y criado en ánforas cerámicas. El vino se presenta floral y fresco, con notas de pizarra, evolucionando hacia fruta roja fresca. En boca tiene una intensidad suficiente, es fresco y equilibrado. Ligeramente amargo, con notas verdes que no molestan. Tanino arenoso. Final medio con un amargor elegante. Un vino a seguir, sencillo y fresco.

Seguimos con Gaznata Concrete 2012. Bodega Juan del Águila (100% garnacha). Fermentado y criado en depósitos de hormigón. Aromas de fruta roja algo licorosa, acompañada de notas florales. Recuerdos de pizarra húmeda. Sencillo y agradable.  En boca se abre paso con gran suavidad, con intensidad y volumen medios. Buena persistencia. Finaliza con una cierta calidez y recuerdos a golosinas de fresa.

Cambiamos un poco de forma de entender el vino con La Danza del Viento, de 4 Monos (100% garnacha). La fermentación se realiza con las uvas enteras, manteniéndose el contacto con los hollejos durante 44 días. La fermentación se llevó a cabo en barricas de 500 litros. En principio se notan los aromas de la crianza bien integrados con la fruta. Especias dulces, anisados y fruta roja fresca comparten el protagonismo. Con el tiempo gana en complejidad avanzado los aromas frutales y herbáceos. Retama y jara. Romero y arándanos. Ligeras notas de canela y pimienta, con recuerdos de granito tras la lluvia. Complejo y elegante. En boca sorprende la elegancia de su tanicidad, de grano muy fino. Acidez como parte de una estructura frutal muy bien integrada. Elegancia. Un vino que no quiere dejar la boca, mientras el que lo bebe se traslada con la mente a las montañas de Gredos. Impresionante, como dijo cierto filósofo.

Impactado por el vino anterior, el aroma del quinto de la tarde decepciona. Zerberos Arena + Pizarra 2008. Después me entero que necesita de una decantación muy larga. Los aromas de la madera tapan por completo la complejidad que se adivina en el vino. En boca es sabroso, con acidez y tanicidad bien integradas, informando que al vino no le queda excesivo tiempo.


Una de las finalidades de la cata es descubrir si catadores de la talla de Alfredo o Jaime son capaces de descubrir a ciegas una cierta tipicidad que les lleve a Gredos. Estas garnachas, que sobre mí ejercen un cierto magnetismo, llevan produciéndose desde hace poco tiempo, y aunque se ve en ellas ilusión y conocimiento, aún es pronto para sacar conclusiones. Sin embargo, Jaime sorprende clavando variedad y añada en todos los vinos, y la zona en la mitad de ellos. ¡Parece que algo hay! ¡Grande Jaime!

Finaliza la cata con sensaciones encontradas. Me he encontrado con vinos que no conocía y que refuerzan mi interés por las garnachas de Gredos. Bailaré más veces la Danza del Viento sin duda, y seguiré con interés los vinos de Dani Ramos. El hecho de que se vaya identificando un patrón de la zona suma enteros. El lado negativo lo ponen las dos botellas que no estaban en óptimas condiciones de cata. Dos de cinco es un porcentaje importante. Habrá que seguir ampliando la muestra. Estoy convencido de que serán otras historias.

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