miércoles, 27 de mayo de 2015

A La Volé. Pasión por el Champagne.

Arriesgar por lo que te apasiona es sin duda de admirar. Para hacerlo  en estos tiempos turbulentos e inseguros hace falta algo más que pasión, y es que estos cuatro apasionados que formaron hace unos meses Champassion tienen algo más que un fuerte sentimiento por los mágicos espumosos  de Champagne. Conocen la zona. Son amigos de productores, y quieren trasladarnos sus vinos.

Soy un gran admirador de la denominación de Champagne, en la que el  Sindicato de Vignerons de Champagne, parte importante. Sé que sin la concurrencia  de los viticultoresesta denominación no sería lo que es hoy. No nos proporcionaría esos momentos mágicos. No despertaría en nosotros esas sonrisas que se dibujan en nuestras caras al descorcharse estas fuentes de alegría. No serían nuestros cómplices en tantos momentos mágicos. Pero la denominación no es perfecta, y esta vez la han fastidiado.

Como digo cuatro amigos arriesgaron su tiempo y su dinero en formar una pequeña empresa cuyo centro es transmitir la pasión por el champagne, especialmente el de pequeño productor. Empiezan con un pequeño porfolio de cinco vignerons. Vinos que representan las tierras en las que nacen. Vignerons amigos. Relaciones estables. Esto no gustó a los grandes, y les amenazaron con una demanda absurda por usar el nombre de la AOC sin licencia.

Aun teniendo en cuenta lo ridículo de la amenaza (pruebe el lector a “googlear” champagne y verá la inmensidad de páginas que usan este nombre), hizo mucho daño a una empresa que empieza. Decidieron cambiarle el nombre, dejar Champassion atrás y comenzar A la Volé.

He de decir que me encanta este nuevo nombre. A la Volé es el degüelle manual tradicional del champán. Habla de tradición. Habla de movimiento. Habla de algo especial. Algo donde no deben entrar las máquinas. Habla de pasión. Me gusta. A la Volé.

Lo de seguirles por internet y ver su dinamismo, las actividades que promocionan está bien, pero se queda corto. Hay que probar sus vinos. De manera que me atreví a pedirle a Álvaro Moreno, uno de los cuatro apasionados, que me recomendara dos para probarlos en la tranquilidad de mi casa y ver que me decían. Ver su carácter. Compartir su alma.

Me imagino a Álvaro sonriendo. Su porfolio no es muy amplio. Cada uno de las bodegas representadas en él, es el reflejo de una amistad. De viñas conocidas, bodegas visitadas. Proyectos compartidos delante de uno vinos. Es como pedir a un apadre que recomiende a uno de sus hijos.


Álvaro me recomienda dos champanes de entrada de gama, con los que se puede comprobar el trabajo de las bodegas sin destrozar el bolsillo.

Hure Freres “L’Invitation” (50% pinot menuier, 25% pinot noir y 15% chardonnay). AOC Champagne. Degollado hace algo menos de un año. Perfumado. Las flores blancas juegan con las notas de panadería que juegan su papel justo, sin excesivo protagonismo. Manzana verde y notas de hierbas aromáticas. Directo, pero a la vez inquisitivo. Hace quedar colgado de este buqué buscando nuevos aromas, esperando nuevas sensaciones. En boca es sensual, la fruta de la menuier adquiere su justo protagonismo. Frescura agradable. Amplitud. Equilibrio. Fondo de manzana y albaricoque. Algo balsámico. Puerta de entrada de una bodega de la que me gustaría no salir.

El siguiente es un vino más radical. Un champán producido de acuerdo a criterios biodinámicos. Algo más que un reto en estas tierras en las que las uvas se encuentran el límite teórico para producir vinos. Charlot – Tanneux “Expression” (70% pinot menuier, 10% pinot noir y 20% chardonnay). AOC Champagne. Abre con notas frutales muy marcadas. Muy limpio. La pera conferencia delata la elaboración con procesos naturales. Está muy bien acompañada por melocotón de viña y heno recién cortado. Diferente, pero muy atractivo. Cargado de personalidad. Boca expansiva, frutal. De nuevo el melocotón ácido y fresco se muestra en la boca. Un vino sincero, sin tapujos. Delicioso.

La propuesta de Álvaro realmente me ha gustado. Bodegas pequeñas que si ellos no hubieran traído de la mano difícilmente hubieran llegado a nuestras copas. Les deseo toda la suerte del mundo desde el lado que me toca, el de tragavinos. Estoy seguro que de ahí saldrán nuevas historias.

domingo, 3 de mayo de 2015

Ismael Gozalo. Suites para Verdejo Solo.

Hace unos días tuve la suerte de asistir en Enoteca Barolo a un evento que sin duda ha tenido influencia en como entiendo y siento el vino, se trataba de una cata en la que tuvimos la suerte de compartir con  Ismael Gozalo, el enólogo de Ossian, impresiones sobre los vinos que está produciendo.

Cuando volvía a casa recordaba un concierto al que hace ya muchos años tuve la ocasión de asistir en La Coruña. Mischa Maisky interpretaba una de mis obras favoritas, la integral de las Suites para Chelo de Johann Sebastian Bach. Había leído las mejores críticas de este músico, y esperaba en mi butaca con impaciencia de niño que empezara la música. Y empezó.

La emoción se convirtió en cabreo, aquello no era lo que yo esperaba. ¿Dónde estaba la sutileza, la intimidad de la música del mayor genio de la historia de la música? ¿Dónde quedaba la sensualidad barroca de estas obras únicas? Contenía mis ganas de patear el suelo. Era joven e inexperto. Poco a poco la música fue eliminando mis pensamientos. En la segunda suite estaba enfadado conmigo mismo. ¡No podía ser que aquello me estuviera gustando! ¿Y la pureza de Bach? La música me iba acariciando el alma, alegrándola, jugando divertida con mis pensamientos. Delante de mí había otro genio, y su emoción y maestría transformaban la música en algo nuevo. Supongo que si Bach hubiera estado a mi lado, se le habrían humedecido los ojos como a mí.

Supongo que ya te habré confundido por completo. Que tienen que ver Mischa y Bach, con Ismael y la verdejo. Me permito pedir que me dejes abusar de tu tiempo y tu paciencia. Permíteme que te cuente lo que pasó, y espero que  lo comprendas.

Llego como siempre a Barolo un poco temprano, me encuentro allí con algunos amigos: Jimmy Bubbles, Esteban y Lynne Sharrock. La cosa promete. Vinos nuevos para mí, con pinta de muy interesantes, y cambio de impresiones con estos “monstruos” de los vinos asegurado.

Llega Ismael y no tarda mucho en mostrarnos sus ideas que a muchos pueden parecer radicales, como sin duda son. Defiende su concepto de agricultura lógica en contraposición a la agricultura química. Según él ha habido agricultura desde su comienzo hasta hace menos de cien años, en que la palabra se la han apropiado personas que en pos de la rentabilidad debilitan los suelos. Para Ismael la tierra la tiene en préstamo de sus hijos, con la obligación de mejorarla. De vivir con ella y no de ella. En la sala no se oye un murmullo.

Ismael no echa nada a la tierra o a sus viñas que él no pueda beberse. Cuando habla de su tierra se le ilumina la cara. Una tierra en la que cinco generaciones de su familia han trabajado. Una tierra bien ventilada y soleada, que protege a las plantas. La tierra, dice, no debe ser sólo soporte para las plantas, sino el lugar donde obtienen su alimento. El tiempo no cuenta. Nadie mira el reloj. Este “druida” nos hipnotiza.

En medio de la charla, vamos probando sus vinos. Probamos dos tintos. Ismael reconoce que su principal pasión son los blancos, pero aun así resultan unos vinos frescos y muy bebibles. Vinos de sed. El primero es un Rufete 2013 de Miranda del Castañar. Un vino con aroma en el que se mezclan la fresa ácida y el caramelo de violetas. En boca fresco y elegante, con un final de fresa ácida que refresca e invita a seguir bebiendo.

El otro tinto es Sietejuntos Shiraz 2012. Un vino con una crianza de catorce meses en barrica de dos y tres usos. En nariz se aprecian frutas como la ciruela roja, violetas y notas de tabaco rubio.  Sencillo y directo. En boca es elegante, equilibrado. Se compensa la notable acidez con un toque goloso. De nuevo algo que es una constante en los vinos de Ismael, un vino fresco y muy bebible.

Pero donde la cata muestra su verdadero interés es en los blancos de verdejo. Comenzamos con uno de 2014, fermentado y criado en damajuanas de cristal. En nariz es muy frutal dominando la pera conferencia y la manzana golden fresca. Algunas notas de anís estrellado. En boca ataca muy goloso, pero esa sensación va dejando paso a una acidez marcada, acompañada por suficiente intensidad frutal. Un poquito más de volumen y sería sublime. El vino va cerrándose poco a poco en la copa. Según Ismael el vino alcanza su máxima expresión una semana después de que la botella se haya abierto.

Seguimos con Sin Rumbo 2011, como siempre verdejo de viñas muy viejas (entre 150 y 250 años), con crianza de 11 meses en madera envinada. Una nariz muy compleja y esquiva, que te anima a seguir pendiente de este aroma mágico, ofreciendo cosas nuevas a cada momento. Carne de membrillo de mi tierra, algunas notas de flor de manzanilla seca. Hierbas aromáticas y aromas balsámicos. Ajonjolí y matalahúva. Hay magia en el aroma. Atracción que no puedes evitar. En la boca estructura y equilibrio, con un final muy fresco.

Los vinos de Rueda han conseguido que poco a poco perdamos la referencia de la tipicidad de la uva verdejo. Ruedas clónicos que huelen a frutas tropicales. Vinos acuosos y cortísimos que inundan los lineales de los supermercados. Aquí probamos otra cosa. Vinos que tienen cosas que contar. Puede que pequeños vignerons como Ismael, y mis amigos Esmeralda y Jesús de “Caraballas” devuelvan a las generaciones venideras la posibilidad de descubrir como sabe y huele un buen verdejo. Hacen faltas personas apegadas a la tierra, que la sientan como ellos. Hace falta mucho trabajo. Hace falta voluntad.

Lo que no hace falta es que no se permita a los pequeños de la zona hacer saber de donde son sus vinos. De cuando son. No hace falta estigmatizar a los pequeños. A los que viven de viñas viejas que producen poco, pero muy bueno. No hace falta que las reglas las marquen los grandes volúmenes, sino los sabios. No hace falta cortar la posibilidad de evolución. No hacen falta los que miran las viñas desde sus cómodos escritorios.

Y probamos el siguiente vino. Isse 2 Vignerons. Criado en tinajas de barro. Ataque de anís seco y matalahúva. Notas de talco y miel. Magia de nuevo en la nariz.  Tierra mojada. Flores empezando a marchitarse. Alguna flor amarilla que aparece aquí y allá. Melocotón de viña, con ligeros recuerdos de albaricoque. Vueltas al talco. ¡Impresionante! En boca es casi oleoso, tal vez demasiado denso. Mejora con un poco de temperatura, ganando volumen y accesibilidad.

¡Más verdejo! Es impresionante lo que este mago es capaz de hacer con una uva que muchos antes de hoy podíamos haber considerado sencilla, para hacer vinos de chateo. RACK (según palabras de Ismael, es el acrónimo de raro con cojones). Recibe con manzana Golden y melón cantalupo. Pera de agua y algunos toques de almendra tostada. En boca ofrece mucha frescura, dejando al final recuerdos de manzana ácida.

Acabamos con Kilómetro Cero. Vino elaborado, como todos con verdejo de viñas muy viejas. Criado durante tres meses en tinajas de barro, para pasar un año en barrica, y después volver de seis a nueve meses en tinajas. El vino tiene aromas de naranja y manzana verde. Miel y humo. Té verde y frutos secos. Tremenda complejidad. De nuevo un vino que no se lo pone fácil a la nariz. Que trata de sacar lo mejor de ti, en una conversación que dura mucho tiempo, días según Ismael. En boca acidez cañera. Muy buen volumen. Notas de volátil que no molestan. Equilibrio y complejidad.

Kilómetro Cero es un vino que me encanta, pero sin dudarlo lo pondría en Georgia o en el Friuli. ¿No hay demasiado Ismael y poca, casi ninguna tipicidad? Así se lo digo a Ismael, que sonríe. Me recuerda a Mischa Maisky. Igual que mis emociones con aquel Bach casi irreverente pasaron de la incomodidad a la pasión, aquí hay que reconocer el genio. ¿Dónde está la tipicidad de la verdejo? Lo sabrán nuestros nietos, si sigue habiendo vignerons como este que mezclan su genio con un instrumento enorme. Sus uvas de cepas que han visto tres siglos permiten hacer cosas como las que hemos bebido hoy. Vinos que emocionan. Unos   más típicos, otros sólo geniales.

La propina de este concierto para verdejo solo de Ismael Gozalo fue de saltar de emoción. Un vino que en el 1970 empezó a elaborar su abuelo. Un vino que se cría parcialmente bajo velo de flor, y que se va rellenando cada año. Las sacas anuales no superan las dieciséis botellas para preservar esta verdadera joya. Debería poneros una nota de cata, pero confieso mi debilidad y me limité a beber y disfrutar de un vino emocionante y único que posiblemente nunca volveré a beber. ¡Bravo maestro!

Los vinos de las uvas de Ismael no dejan indiferente a nadie. Cómo las grandes obras juegan contigo y tus emociones, y cómo con las grandes obras te mejoran. Tengo que visitar esas viñas de las que salen estos vinos prodigiosos. Seguro que de ahí salen nuevas historias.

miércoles, 29 de abril de 2015

El Marciano 2014

He encontrado El Marciano 2014 tan alegre y directo, que no me he podido resistir a dedicarle una entrada, aún a sabiendas que será la segunda de este mes que dedicaré a vinos de mis amigos, en este caso uno de Alfredo Maestro. ¡Es un sufrimiento esto de tener amigos que hacen vinos tan buenos!

Como viene siendo habitual en mis últimas entradas he querido probar este “marciano” acompañado de una receta hecha expresamente, para ver como se comporta  el vino. Como comentario al margen, diré que en una reunión  lo ofrecí a algunos amigos, que coincidieron en varios puntos  interesantes, especialmente viniendo de mentes “sin contaminar”.

Coincidieron estos inexpertos catadores en su gran suavidad. La verdad es que el vino entra como un guante. Después mencionaron su intensidad frutal, que  destacaron como un factor que hacía que les gustara especialmente. El último detalle , en el que hubo mayoría simple y sonrisa general, es que este Alfredo Maestro gasta menos en diseño de etiquetas que Yul Brinner en gomina.

Después de curiosear mis libros de cocina, y presionado por mis hijas, me decido por una receta que les encanta y  que podía armonizar bien con este vino joven sencillo con tanta personalidad, chuletas de ibérico al horno rellenas de mantequilla de orejones. Los que me seguís sabéis  que me van las recetas muy sencillas. Esta, aun cuando por su nombre pueda parecer lo contrario  es fácil y realza el producto. Os la cuento.

Tomo un kilo de patatas y las corto en dados, después de pelarlas y lavarlas. Las cuezo ligeramente, basta con que hiervan cuatro o cinco minutos. Se acabarán de cocer de hacer en el horno.

Mientras tanto, mezclo en la Thermomix algo de mantequilla con un par de ajos, cinco lonchas de jamón, y cinco orejones. Queda una pasta muy aromática, de consistencia cremosa. Me deleito en la mezcla dulzona del olor de los orejones triturados, con el toque salado del jamón y los lácteos de la mantequilla. Los imagino al lado del perfil aromático de El Marciano 2014 y sonrío.

Cojo las cinco chuletas, que tienen un corte longitudinal que pedí al carnicero que hiciera. Siempre procuro no demostrar mis escasas habilidades con el cuchillo si hay un profesional que puede hacerlo con soltura. Abriendo cada una, las unto con una porción generosa de la mantequilla de orejones, cerrándola posteriormente con un palillo. Una vez terminado  el proceso, cubro el recipiente con film de plástico y las dejo atemperar durante una hora más o menos.

Las patatas ya están en su punto de cocción, las pongo en una bandeja para horno, añado una cantidad suficiente de dados de jamón (otras veces las he hecho con bacón, con buen resultado), y algunos dientes de ajo enteros. Un poco de sal y unas vueltas del molinillo de pimienta negra y a esperar. Iba a echarle a las patatas “cajun suave” que me habían recomendado en Spicy Yuli, pero a la hora de la verdad no lo encontré.

Para amenizar la espera abro la botella de El  Marciano 2014. La verdad es que la etiqueta de los marcianos esclavizados es simpática, y da una idea de lo que uno va encontrarse con un vino divertido. Aromas a violetas y fruta roja llegan con facilidad. Este año el vino es muy expresivo y afrutado.


La copa se tiñe de rojo intenso y mis ojos de deseo por pasar de la cata y beberlo. Me retraigo un poco y lo llevo a la nariz. Un vino que lo dice todo en un momento. Locuaz, divertido, atractivo. Cereza roja, y violetas en el campo. Tierra mojada. El marciano entra por la nariz y me abstrae de la realidad. Toma el control de mis pensamientos. Me hace sonreír y pruebo el vino. Intensidad y suavidad. Elegancia y potencia. Vino de contrastes. Tratas de sustraerme de su influencia, pero ya es tarde. Ha llenado mi mente de aromas. Sutilmente, sin que me dé cuenta. Ciruelas rojas maduras y menta. Intensidad que se expande por la boca. Placer sencillo. Una vez demostrado su poder, el marciano se marcha con un guiño frutal que te invita a seguir bebiendo, a no dejarle nunca. Pero tengo que seguir con las chuletas.

Lo que queda es lo más sencillo, sellar un poco la carne en la sartén, y hornear unos quince minutos. Procuro cubrir los ajos con las chuletas. Cuando están horneados con la grasilla del cerdo están impresionantes. Eso sí, quedas inhabilitado para ligar unas horas.

El punto de la carne es vital. Poco hecha es incomestible, y pasada también. Normalmente las dejo un poco menos de horno, y ajusto. A veces he tenido que sacar las chuletas para terminar de hacer las patatas. Eso queda a tu buen hacer de cocinillas.

Sentada la familia a la mesa, bendigo. Me encanta la sonrisa impaciente de mis hijas, y más aún sus caras de placer tras probar los primeros bocados. La verdad es que el contraste entre el sabor ligeramente dulzón de la mantequilla de orejones con la carne tierna y ligeramente grasa es una delicia. El vino contrasta, limpiando la boca y animando a seguir. La acidez juega con el dulzor, animándole a volver en un proceso sin fin, que desgraciadamente termina. No estuvo nada mal.

He sido abducido por el marciano y me ha gustado. ¿Habrá sido un encuentro en la tercera fase? ¿Habrá sido el placer sencillo que proporciona el vino, y el cariño puesto en una receta simple? La verdad es que me da igual. Volveré a visitar a estos marcianos simpáticos, tal vez de ahí salgan nuevas historias.

PS. El Marciano 2014 lo puedes encontrar en La Tintorería. Tanto en su tienda física en Madrid, como online, por unos 9.50€.

lunes, 20 de abril de 2015

Valle del Botijas 2012

Tengo la suerte de tener amigos que hacen muy buenos vinos. Incluso grandes vinos. Hoy me gustaría contar la historia del de Juanma y Ramón.

Estos dos son de los que empiezan los proyectos por el principio. Empezaron apasionándose por  el vino y su mundo. Pisando mucho viñedo. Ellos pueden permitirse beber de lo  mejor, y han ido  formando su gusto con paciencia. Catar en la Despeña a su lado es una gozada. Pensándolo fríamente,  salvo yo que estoy injertado al final, en este grupo hay mucho saber de vinos, mucha ilusión por lo que le rodea, y mucho buen gusto.

Ramón y Juanma vieron crecer los vinos de Alfredo Maestro desde el principio. Vieron como Antonio hacía sus pinitos, hasta llegar a producir un buen vino. Sintieron la llamada de la tierra y se dijeron, ¿y por qué no nosotros?

Creo que una vez tomada la decisión, no le dieron muchas vueltas. Arrendaron unas tierras en el Valle del Botijas, cerca de Valtiendas, y comenzaron su aventura. Produjeron primero con la marca Platinum, pero no recuerdo qué marca de ron se sintió invadida, y ahora puedes beber su vino leyendo en la etiqueta Valle del Botijas. La verdad es que me gusta mucho más el nombre actual, que nos orienta hacia el lugar donde el vino nace.

En la última cata de la Despeña, en la que Jaime nos propuso unos más que interesantes vinos portugueses del Dao, tuve la suerte de que me regalaran una botella de Valle del Botijas 2012. Lo probamos mientras picábamos alguna cosa, pero me gusta escribir de los vinos probándolos en la tranquilidad de mi casa, y al lado de alguna comida, para que el vino se exprese con calma y en su terreno.

Dándole vueltas a qué plato hacer para acompañar este vino me decido por algo sabroso pero sencillo, unos solomillos de ibérico al whisky. Me da un poco de miedo que la intensidad del vino se “coma” el sabor de la carne, pero algo me dice que no armonizarán mal.

Corto los solomillos en medallones de algo más  de un dedo, y los paso por la sartén con aceite de oliva, para sellarlos. Los reservo. Abro la botella y el aroma a frutos rojos maduros va esparciéndose por la habitación. Gran expresividad la de esta añada. Parece que han hecho un vino muy directo.

Todavía pensando en el vino, que va tomando temperatura en la copa, pongo unos ajos en la sartén que se van dorando. A continuación un vaso generoso de whisky. Iba a poner Bowmore White Sands, uno de mis favoritos, pero veo la botella mirarme con mala cara y prefiero utilizar un más sencillo, Ballantines. Seguro qué hace el papel.

Los aromas compiten en la cocina, cierro la puerta para que no me monten la bulla, y me deleito mientras el aroma dulzón del destilado me va trasportando a situaciones que no confesaré, por ahora.

Añado el zumo de un limón, y algo de caldo. Un poco de mantequilla, y voy dando vueltas. Algo de pimienta negra, cuyo aroma aspiro con cierto egoísmo. ¡Qué grandes las especias de Spicy Yuli! La salsa va tomando una textura cremosa de color amarillento.


Medallones de solomillo a la sartén, y ya sólo queda esperar que terminen de hacerse. Unas patatas panaderas, o unas sencillas patatas fritas acompañan de maravilla este plato.

Valle del Botijas 2012, se muestra muy directo desde el principio. Aromas francos a fruta roja madura, acompañados por notas de especias, sobre un agradable fondo balsámico de menta y romero. Es un vino con el que no hay que complicarse la vida, lo que tiene es lo que da, y lo hace desde el principio. En boca un difícil equilibrio  entre potencia y suavidad, en el que los aromas frutales mandan. Buena acidez y un tanino arenoso le auguran un buen futuro, que esta botella me temo que no demostrará. Al final recuerdos balsámicos acompañados de fruta roja te hacen volver a este vino que sobre todo es muy disfrutable, hasta que te das cuenta que se terminó.


Acompaña de maravilla los solomillos, envolviendo el sabor sabroso de la carne y acompañándolo. La sencillez del plato y la falta de complejos del vino se llevan de la mano de maravilla.

Llevo tiempo queriendo cuadrar fechas para visitar sus viñas. Como bien dice Ramón un vino se conoce realmente cuando ves su tierra. Lo apunto en pendientes. Por cierto, este año Juanma y Ramón producirán por primera vez un blanco. Estaré al tanto. Estoy seguro que de ahí saldrán nuevas historias.

domingo, 29 de marzo de 2015

Arcan 2013 y Chipirones en su Tinta

Me gustó la entrada de Mariano Fisac sobre la armonía de colores. Poco académica, pero divertida y muy imaginativa. Sin embargo,  el Darth Vader que hay en mí lleva algún tiempo queriendo encontrar algo con lo que tumbarla. Hasta que encontré una pista. Chipirones en su tinta, negros como la armadura del maestro Jedi del lado oscuro. ¿Combinarlos con un PX? (Mueca de repugnancia). Y en eso encontré la pista (el respirador acelera su ritmo), ¡un albariño! El lado oscuro se mueve con sinuosidad maligna. Nada mejor que tumbar su teoría con uno de los vinos de su tierra. ¡Magistral!

Busco una buena receta en internet, y me gusta especialmente la de Robin Food, sencilla y con un aspecto delicioso. Encuentro en el mercado unos chipirones de buen tamaño, no demasiado grandes. David explica perfectamente como limpiarlos, por lo que no me extenderé. Guardo los tentáculos para el relleno, y las tintas en un bol con agua. Busco la botella. Todo está preparado.

Pongo un par de cebollas picadas y dos pimientos verdes troceados a fuego lento para la salsa. En otra cazuela cebolla y media con un par de ajos para el relleno, también cociendo lentamente. Mientras tanto troceo los tentáculos, añadiendo un poco de pan rallado para dar un poco de volumen (la próxima vez compraré un par de chipis más para picarlos en el relleno).

La cebolla se dora ligeramente, momento en el que añado el picadillo de tentáculos. Se va haciendo junto a la cebolla y el ajo. Aromas que van inundado la cocina. En la radio “Ebony and Ivory”, blanco y negro, en la versión de Paul McCartney y Stevie Wonder. A la teoría de Mariano le quedan unos minutos. De nada le va a servir tener al enano orejón verde de su lado diciendo “inexplorados son los caminos de la fuerza”.

El relleno ya está listo. El sofrito de la salsa está a punto. Le añado las tintas, un poco de agua y un chorro generoso de Arcan 2013. Aroma cautivador. El lado oscuro se regodea en la salsa, tornándola casi negra. Un poco de salsa de tomate le otorga unos suaves reflejos dorados. Unos minutos de reducción, y a triturar.


Relleno los chipirones, y los cierro con un palillo. En una sartén con un poco de  aceite de oliva les voy dando  un toquecito. Limpio la sartén con un poco de brandy y lo añado a la salsa. Unos veinte minutos en la salsa y los chipirones están en su punto. Para servir con arroz blanco hecho con un poco de salsa de soja. Alea jacta est.

La familia en la mesa. Los chipirones y el arroz emplatados. El respirador de Darth acelerado. Pruebo un poco del chipirón y esta exquisito (la humildad no está bien vista en el lado tenebroso). La textura firme de la carne del chipirón, aderezada por la salsa sabrosa, contrasta perfectamente con el relleno meloso y ligeramente dulce. Pruebo el albariño y se me saltan las lágrimas. Fresco y ligeramente frutal. Cítricos y manzana verde, junto a ligeros toques salinos. Amplio. Limpia la boca. ¡Armonía perfecta con el ligero dulzor del chipirón! Queda en la boca una ligera acidez cítrica y un retronasal de ciruela algo ácida, que me preparan para seguir disfrutando este sencillo y delicioso plato.


Pero lo mejor es el sabor de la victoria. Negro y blanco en armonía sublime. La teoría de la armonía de colores semejantes destrozada. Animaos hacia el lado oscuro del chipirón en su tinta. Un buen albariño le acompañará a las mil maravillas. Arcan 2013 lo hace sin duda por muy poco. Un gran descubrimiento y una gran victoria.

Tal vez Mariano saque otras teorías armónicas. Estaremos aquí para refutarlas y destruirlas con el poder del lado oscuro. Aunque… “poderosa la fuerza en él es”. Tal vez tenga algún as en la manga del que salgan otras historias.

PS. Arcan 2013 puede encontrarse en Madrid en El Mostrador de Vila Viniteca, y por internet en Vila Viniteca , por algo menos de nueve euros.

martes, 24 de marzo de 2015

Envínate. Buscadores de terruños.

Imagina cuatro amigos que se conocen estudiando enología en una universidad, pongamos para concretar la Miguel Hernández de Alicante. Imagina que entre aulas y  estudios, charlas y por qué no,  ratos de diversión, comparten su pasión por la viña. Descubren que sus objetivos son similares, que les gusta que las vides se desarrollen con una mínima intervención. Descubren un ansia incontenible de buscar terruños y hacer los vinos que mejor los representen. Imagina que son jóvenes y no les importa moverse de un extremo a otro de España para buscar esas parcelas especiales y hacer sus vinos. Estarás imaginando Envínate, el proyecto formado por Laura Ramos, Roberto Santana, Alfonso Torrente y José Martínez para buscar terruños especiales a lo largo y ancho de España.

Tuve ocasión de conocer a Roberto y a Alfonso, canario y gallego, en la cata programada por la Enoteca Barolo. Fue una cata interesante, divertida y muy reveladora. Permíteme que te la cuente.

Llego a la planta baja de Barolo con poco tiempo y me la encuentro a tope. Roberto y Alfonso están deseando contar su proyecto. Van relevándose, incuso atropellándose un poco, para contarnos lo que están haciendo. No son grandes comunicadores, no les hace falta. Son gente del campo. Buscadores de terruños. Les escuchamos en silencio, disfrutando su pasión.

Empiezan a hablar los vinos. En general les cuesta expresarse. Los procesos  reductivos  de elaboración hacen que sea necesario un poco más de aire de lo habitual. Merece la pena esperar.

El primer vino que nos proponen es Albahra 2013. Elaborado con garnacha tintorera de Almansa por medio de fermentación maloláctica en hormigón, donde madura durante 6 meses. Es la primera vez que lo han puesto en el mercado, al conseguir aproximarse a lo que tenían en la mente. Explosión de fruta roja en nariz. Arándanos y cerezas, acompañados por alguna nota caliza. Espero que esa intensidad se traslade a la boca, pero el vino  me sorprende mostrándose fresco pero suave. Muy amplio. Se marcha trayéndo de nuevo las frutas, acompañadas por leves toques de aceituna negra. Muy fácil de beber. Accesible.

Pensaron estos amigos que si en el Alentejo hacían vinos frescos y elegantes, ¿por qué no encontrar ese perfil en Extremadura, apenas unos kilómetros al este? Encontraron una pequeña parcela de tinta amarela en Alange (Badajoz), y lo intentaron. Bueno, doy fe de que lo han conseguido. Tinta Amarela 2013 me impresiona. El vino tiene una crianza de once meses en fudres usados de 500 litros. Es un vino expresivo, floral, que ofrece aromas de arándanos maduros, con notas de hierba recién cortada. Buqué muy integrado y complejo, en el que con un poco de aire salen suelos mojados, y polvo de tiza. En boca se presenta muy fresco, algo austero, pero serio. Amplio y suave. Con taninos muy finos y elegantes. Final afrutado, ligeramente cítrico. Impresionante.

Damos un salto a Canarias. Nos explica Roberto lo difícil que fue conseguir que los viñadores locales del pueblo de Taganana, al norte de Tenerife, les hicieran algún caso. Tras varios intentos infructuosos, consiguieron que fueran confiando en los jóvenes que hacen vino como los abuelos. Les convencieron de cultivar sin utilizar productos de síntesis, dejando que la tierra sabia haga su labor en las viñas.


Las parcelas de Taganana están plantadas con mezcla de cepas  diferentes variedades. Cepas antiguas que miran al atlántico desde escarpadas laderas. De allí procede Taganan Tinto 2013, que tiene una crianza de 11 meses en contacto con sus lías, en barricas de 225 a 500 litros, siempre usadas. No es muy expresivo de aromas, le cuesta un poco abrirse. Va ofreciendo aromas de fruta roja, roca volcánica y especias, sobre todo pimienta negra. En boca es fresco y amplio, con el tanino algo marcado. Termina con un agradable final de fruta fresca.

Y de allí volvemos a la península, esta vez en la Ribeira Sacra, donde producen Lousas Viña de Aldea 2013 (90% Mencía) DO. Ribeira Sacra. Tiene una crianza de 11 meses en barricas de diferentes tamaños, siempre usadas. Es su primera aproximación a la zona, mezclando diferentes parcelas de la subzona de Amandi. Se presenta con aromas de violetas, que juegan con mermelada de fresa. Gana complejidad  con la aireación, sacando a relucir algunas notas minerales. Elegante y fresco en boca, con un tanino arenoso. De paso muy fácil, amplio y largo, deja un final de fruta roja muy fresca.

En Amandi producen también Lousas Parcelas Seoane 2013, con tan sólo uvas de esta parcela. El vino es impresionante desde los primeros aromas. Violetas y rosas algo marchitas. Notas de azahar. Ciruelas rojas y polvo de tiza, en un festival que no quieres que se pare. Exuberante. En boca es muy suave, amplio y muy largo. Parece que no quiere entrar en la boca, pero la va dominando poco a poco. Fiesta de fruta fresca, con recuerdos de melocotón maduro y albaricoque. Tengo que hacerme con al menos una de las 980 botellas que producen.

Volviendo a Tenerife, pasamos a los blancos. Taganan Blanco 2013 es un vino serio. Aromas de fruta blanca y piedra mojada. Algo de fósforo. Limpio de aromas. En boca es intenso y complejo, algo tánico por el prolongado contacto del mosto con los hollejos. Toques salados, y final de peras y flor blanca.

El último es Taganan Parcela Amogoje 2013. Algo austero en aromas, dejando notas de flor blanca y roca mojada. En boca impresiona por su frescura y mineralidad. Salino con algunos toques calizos. Carácter enorme el de este vino que se resiste a ser definido. Tremendamente largo. ¡Enorme!

Charlo un ratillo con Roberto y Alfonso. Son jóvenes y tienen muchas ganas de seguir encontrando nuevos retos. Nuevas parcelas. Nuevos vinos. Muy posiblemente de ahí salgan nuevas historias.

jueves, 12 de marzo de 2015

Vinos Patio

Las catas mensuales de vinos naturales en Le Petit Bistrot van siendo una cita obligada para cualquier madrileño  amante del vino. Encontrarse con Carlos o  Luis Oliván y charlar un rato sobre nuestra  pasión por los vinos honestos es una delicia. Otro de los alicientes de las catas de Le Petit Bistrot es que vienen acompañadas de un tapeo más que interesante con el que nos agasaja Carlos, y que hace que probemos los vinos como debe ser, con comida. Esto es fundamental, especialmente para estos vinos con un extraordinario carácter, que unos torreznos de ibérico pueden aplacar a las mil maravillas.

Este mes tenía además el aliciente de  ofrecernos los vinos de Samuel Cano, cuyo amor por los vinos sinceros, que reflejan la tierra donde nacen, conozco desde hace ya algunos años. Echamos un rato extraordinario, aunque algunos de sus Patio no me hicieran levitar.

Llego al bistrot y encuentro que Samuel ya está por allí. Tras una charla breve nos da a probar un vino para que tratemos de ver que es. Hace tiempo que no veo a Samuel y no intuyo la jugada. Me parece un vino ligero, sin mucho cuerpo, con notas frutales ligeras. La verdad es que puede ser cualquier cosa. Cuando Samuel me dice que es una bebida obtenida con zumo de naranja fermentada no doy crédito. ¡Vaya tomadura de pelo! Y vaya bajón de autoestima. Desde luego no es el airén que aventuré.

Empezamos ya en “serio” y mientras llega la gente probamos un “Patio Salvaje”. Una bebida criada con un ligero velo de flor procedente de uva airén de las cosechas del 11, 12 y 13. Aroma poco expresivo, almendrado y ligeramente floral. En boca tiene buena acidez, y un final intenso de almendra amarga. Interesante pero no emocionante.

Samuel nos va presentando los vinos mezclando sus experiencias. Escucho con extraordinario interés sus comienzos, como fue regenerando las viñas que ya habían trabajado en su familia, ante el semblante preocupado de su padre que no entendía que no se utilizaran los “modernos” métodos de combatir las plagas. Preveía el hombre un desastre que nunca se produjo.

Samuel conoce su tierra y sus plantas. Las conduce para que produzcan los frutos que busca. Para que les dé el sol y el aire necesarios. Sabedor de que la naturaleza es la que debe realizar el trabajo. El vino que elabora está vivo, y no se puede ejercer un control total sobre él. Ni se puede, ni Samuel quiere. Las imperfecciones, los matices son los que hacen de su vino algo especialmente bello y muy disfrutable.




Me encuentro con Aire en el Patio Ábrego 2013, vino que toma el nombre del viento dominante en la parcela orientada al oeste de la que proceden las airén con las que está hecho. Un mes en barrica usada. Un vino que en principio se muestra tímido, ofreciendo aromas de flor marchita y de cáscara de naranja. En boca sin embargo su carácter es distinto. Fresco y afrutado. Manzana algo ácida, matizada por balsámicos y ligeras notas calizas. No empezamos mal.

Patio Rosé (40% petit verdot y 60% airén) es un vino alegre, desenfadado, que ofrece aromas de frambuesa ácida y algunas notas calcáreas. Muy mineral en boca. Polvo de tiza. Profundo y fresco. Un rosado con garra. Final ligeramente amargo que va ganando en intensidad. Muy interesante.


La sorna del nombre de Patio Kabronic (shiraz y graciano), producido por maceración carbónica y con bazuqueos diarios, le viene de miedo. Un vino de aroma intenso, frutal. Se expresa sin tapujos. Tal y como es. Aromas de queso azul que se van diluyendo para dar paso a ciruelas rojas ácidas, acompañadas de hierba verde recién cortada. En boca tenso e intenso. Volátil presente pero no molesta, y que proporciona un conjunto equilibrado.

El Patio tinto es otra cosa. Muestra la elaboración más radical de Samuel. La volátil está muy presente en una nariz que sin embargo es compleja. Fruta roja fresca, polvos de tiza. Aunque es fresco y amplio, en la boca de nuevo la volátil toma protagonismo. Para mi juicio excesivo.  No es mi estilo.

Patio Selección me hace terminar la cata con una sonrisa. Tras la montaña rusa de sensaciones, aún queda más. Y este vino me convence. Mineral en nariz y en boca. Tierra mojada, talco y rosas marchitas. Yerba cortada. Algo de ciruela madura. En boca amplio y equilibrado. La acidez volátil está ahí, recordándote que no te relajes. Pero no puedes evitar dejarte llevar por la fruta fresca, por los aromas de tierra que toman la boca. ¡Me gusta!

Termina la cata y es difícil resumirla. Hay cosas que me han gustado y otras que no bebería. ¿A quién recomendaría estos vinos? No tengo ni idea. ¿A los más frikis? Seguro. ¿Sólo a ellos? Naah!, mucha gente se perdería vinos honestos, ricos, que expresan su tierra, y que al día siguiente no te hacen prometer que no volverás a beber.

Los vinos se han hecho mis amigos, Samuel espero que también. De lo demás no estoy seguro. Creo que tampoco voy a querer controlarlo todo. Seguro que cuando vuelva a Le Petit Bistrot Carlos me servirá algún Patio, y lo disfrutaré. Alguna botella hay también en mi bodega.  Igual de ahí salen otras historias.

PS. La primera foto está tomada del blog de mi amigo Juan Manuel Figuereo, "De copas con Baco"

PS2. Los vinos de Samuel pueden conseguirse en Madrid en "Le Petit Bistrot" (Principe de Vergara, 210, semiesquina  Ramón y Cajal), en internet los podéis encontrar en Gourmet Hunters.


viernes, 6 de marzo de 2015

Armonías, Pipetas y Le Petit Bistrot

No tenía ni la más mínima intención de hablar sobre la “revolución del vino” de DavidXO. Sin embargo, un concierto de piano y el picoteo posterior  en Le Petit Bistrot que Elena y yo disfrutamos hace unos días me lo trajo a la memoria y me gustaría compartir contigo mis reflexiones. Supongo que te preguntarás que tiene que ver un concierto de piano con la “revolución del vino”. Permíteme que me explique.

Hacía tiempo que no acudía a ningún concierto de música clásica. Montones de ocupaciones me lo impedieron hasta que mis hijas tuvieron la gran idea de regalarnos entradas para un concierto de una tal “Varvara”, que no me sonaba de nada. El programa que comprendía a Handel, Beethoven y Chopin me pareció atractivo, aunque el barroco interpretado con instrumentos modernos no me guste demasiado.


Disquisiciones musicales aparte, Elena y yo nos presentamos en el Auditorio Nacional. Me sorprende ver más gente joven de lo que para mí era habitual. Veo incluso una chica de unos catorce años con la mochila del cole a cuestas. Una pequeña alegría para empezar. En el anfiteatro, que frecuenté en mis años jóvenes, algunos chavales con pinta de estudiantes partituras en mano.

No detallaré mis impresiones del concierto, sólo diré que esta tal” Varvara” con fuego en el pelo, en  las manos y en el corazón, me emocionó. Se unieron con la música las llamas de su pasión, el viento en sus manos, y las gotas de agua de la música fraguando momentos casi mágicos.

El lleno que presentaba la sala de cámara del Auditorio me sorprendió. El ver una proporción relevante  de gente joven me dio una gran alegría. Y yo me preguntaba que habría que hacer si la música no hubiera atraído público. ¿Qué sucedería si a nadie el comienzo de la sonata 32 de Beethoven le prendiera el corazón como hizo conmigo? ¿Qué habría que hacer si los preludios de Chopin no transportaran al éter a nadie más? En mi opinión habría que dejar de programar este tipo de música (espero que si ese día llega, yo lleve mucho tiempo criando malvas). Seguro que habrá quien proponga que paseen por detrás los ángeles de Victoria Secret. Seguro que se atraería mucho más público. Pero, ¿sabes una cosa? No habría música. Sería otro tipo de magia.

Estos pensamientos se unían en mi mente con las “propuestas” de DavidXO para “revolucionar” el vino. Terminé por cansarme de tratar de justificar lo evidente. El vino se bebe en copa (no se me molesten los defensores de otros usos tradicionales como el porrón, la bota o el tradicional beber a morro, no van por ahí mis disquisiciones). Se bebe en copa porque es la mejor manera de recibir las impresiones en forma de olor y sabor que nos quiere trasmitir el elaborador, que nos quiere transmitir la tierra. Lo de la pipeta y las otras tonterías, no es que me indignen, sólo me parecen chorradas. Cada cual haga con el vino que ha pagado lo que le venga en gana, pero no trate de vendérmelo como “revolución”.

Lo que sí me parece revolucionaria es la experiencia posterior al concierto en Le Petit Bistrot, al que llegamos Elena y yo después del concierto. Nos recibe Carlos con una sonrisa, como siempre. Me propone un blanco con una ligera aguja para el aperitivo. Un monastrell de Jumilla, natural como todo los vinos del bistrot, fresco y afrutado que aparta de mi mente cualquier disquisición que no sea dejarme envolver por su personalidad. Combina de miedo con el humus aromatizado con menta y albahaca, y el paté de aceitunas negras que nos sirven mientras decidimos, leyendo la pizarra que nos trae a guisa de carta.

Nos decidimos por unas croquetas de queso brie con miel, una propuesta sencilla pero sabrosa.  El queso ligeramente fundido contrasta con el rebozado crujiente, y su toque salado con el dulzor sugerente de la miel. La acidez afrutada del vino sirve de contrapunto. Recuerdo las notas de Chopin y el pelo rojo de Varvara. Armonía.


Continuamos con unos chipirones a la brasa. Menudos y sabrosos, con una salsa ligera con crema de Módena y chalotas. Una delicia. Sencilla pero profunda. Recuerdos de mar tranquilo. Del poniente que sopla en Cádiz calmado, refrescante. Recuerdos de pasión contenida como en la sonata de Beethoven, que tan bien interpretó Varvara.


Las propuestas de Carlos tienen algo de música. Armónicas. Conoce el vino. Conoce la cocina y tiene una habilidad especial para tratar a su público. Lo conjuga todo y te hace pensar, disfrutar. Sin complicaciones, como buen intérprete. Todo parece fácil. Todo es único.

Le pido unos quesos de leche cruda, y me propone un tinto. Le pregunto cuál y sonríe. Un tinto con un punto radical, con la volátil en el límite, pero que combina perfectamente con los quesos, de nombre imposible de recordar para mí.  Gradación estudiada de sabores que culmina con un queso bretón serio, en otros tiempos se diría para hombres. El vino limpia con una explosión de fruta roja ácida la boca, culminando esta armonía que a buen seguro hubiera servido para inspirar a algún grande. ¡Qué bueno este Patio “Kabronic”!

Esto si es una revolución. Amor por el trabajo bien hecho. Conocimiento del vino y la gastronomía. Precios del vino contenidos. Saber dónde puedes arriesgar para lograr la combinación perfecta. Servicio atento que se adelanta al cliente, que se siente especial. Os aseguro que no eché de menos pipetas ni conchas de ostra. Un placer pasar un buen rato en la casa de Carlos. ¡Volveré! Y tal vez de esas buenas experiencias salgan nuevas historias.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Sentada Sobre la Bestia 2013

Cuando vi la botella de este vino de Fil.loxera y Cia me llamó rápidamente la atención. Unas fauces abiertas y ligeramente ensangrentadas. Un dibujo no muy detallado, como si lo hubiera pensado un niño. Me acerco y veo el nombre: “Sentada Sobre la Bestia 2013”. Sonrío. Veo su precio y pienso, podía ser una buena incorporación para los vinos accesibles del cuaderno. Me lo llevo a casa.

Pensando en las uvas que tiene (58% monastrell, 18% tempranillo, 15% garnacha tintorera y 9% malvasía),  y en que se trata de un vino de perfil mediterráneo. Le irá bien un plato sabroso. No estaría mal probarlo con un estofado de buey con cerveza negra. Reviste cierta contundencia, y  será difícil que el vino lo anule.

Mi carnicería de confianza en Colmenar Viejo es Morán. Buen servicio, conocimiento del producto y buena calidad. Allí me acerco por un kilo de jarrete de buey que me preparan para el estofado. Suelo prepararlo en versión “extremely slow cooking”. Te lo cuento brevemente.

Pongo en la olla un chorro de aceite de oliva y cuando se calienta pongo a pochar una cebolla y un par de pencas de apio en trozos no demasiado menudos. Los dejo unos quince minutos a fuego lento para que vayan haciéndose sin llegar a dorarse. Confitándose. ¡Cómo me gustan los aromas de la cocina!

Mientras, troceo  unas zanahorias cortadas longitudinalmente, y las añado cuando la cebolla y el apio ya están tiernos. Rehogo un poco, y añado la carne troceada y una par de cucharadas de harina. El aroma va poco a poco adueñándose de la cocina. Cierro la puerta para que no tome la casa. Veo que la carne no ha soltado casi líquido. Hay calidad en la olla.

Cuando la carne se ha marcado añado medio litro de cerveza negra. Empleo una artesana, que no nombraré para que no se me enfade el elaborador. Soy de la teoría de que para que un guiso salga bien todos los ingredientes deben ser de calidad, la cerveza no tiene por qué ser una excepción.

Normalmente rallaría algunos tomates para completar la salsa, pero como no es época y no es cuestión de añadir “plástico” al estofado, prefiero usar conserva de tomate de calidad que no me lo fastidie. Fuego lento y a dejar que se vaya haciendo durante unas tres horas. Remover de vez en  cuando para que no se pegue.

Mientras tanto me sirvo una copa. Mi cocina suele mejorar sensiblemente si bebo una copa de vino… o dos.  Aroma que envuelve. Parece animarte a que te olvides de describir olores. Te invita a que disfrutes. Pronto aparecen moras frescas, que van siendo envueltas por ramilletes de hierbas aromáticas. Algo de membrillo, matizado por notas de matorral. Agradable. Sencillo. En la boca fresco, intenso, pero manteniendo una cierta elegancia. Final de arándanos, con algún recuerdo de menta. ¡Muy disfrutable! Sin ninguna complicación. Fresco.

Entre sorbo y sorbo cacheo unas patatas. Error no haberlas elegido bien. Tardan demasiado en ponerse a punto. La carne toma un ligero punto meloso. Corrijo el punto de sal y le doy unas vueltas al molinillo de pimienta negra. Pruebo, y ya está en su punto. Listo para ir a la mesa.



Miro las caras y veo que Blanca y Elena disfrutan. El mejor momento de la cocina. Compartir el placer de ver disfrutar a los tuyos con algo que has hecho, y eso que me faltan dos de mis hijas. Pena de no tener un trozo de buen pan a mano. Esta salsa merecía unos “barquitos”. Tomo nota para la próxima vez: pan y patatas de calidad.

El vino se acopla a la perfección al plato. La fruta roja muy fresca acompaña a la grasa ligeramente dulzona de la salsa. A la melosidad sabrosa de la carne. Crees que te has metido en un bucle sin fin, y la realidad s e impone. ¡El plato se acabó!

Un buen vino este de Pilar Esteve, José Domenech y Joan Lobell. Parece que se toman a guasa los nombres, las etiquetas, casi todo. Los vinos son otra cosa. Habrá que seguir de cerca a Fil.oxera y Cia.  Seguro que de ahí salen nuevas historias.

PS. El vino de puede encontrar en Madrid en Enoteca Barolo (10.20), y en internet en La Botiga Del Vi (9.95)

viernes, 20 de febrero de 2015

Cincuenta Aniversario de la DO Manzanilla

No había tenido oportunidad de celebrar como merece el cincuenta aniversario de la Denominación de Origen Manzanilla de Sanlúcar. Siendo gaditano y aficionado al vino, era algo que tenía que resolver, y lo hice a lo grande, en la cata que a tal efecto se programó este año en Enofusión 2015. Cata que iban a dirigir dos personalidades del marco, Beltran Domecq y César Saldaña, presidente y director técnico del Consejo Regulador de la Denominación de Origen respectivamente.


Recuerdo la última vez que visité Sanlúcar. Fue deprimente. La carretera que cuando era un chaval serpenteaba entre viñas, ahora languidecía entre espacios desolados y algún que otro campo de cereales. Testigos mudos de aquel escenario tosco y desangelado, algunos edificios que antaño funcionaran como lagares o almacenes, se mostraban hoy en deplorable estado de mantenimiento, pareciendo querer hablarte de este sinsentido. Menos mal que la visita a la taberna “Er Guerrita” me hizo olvidar en aquella ocasión estas tristes reflexiones.

Hoy, sin embargo, es día de fiesta. Día de celebración. Una cata que parece bien programada e interesante. Una cata de manzanillas. Vinos  que van creciendo en edad para apreciar la acción del velo de flor. Para enmarcar las manzanillas, el antes y el después, un vino base y un amontillado viejo procedente de la evolución de una manzanilla.

La sala está a tope. Como corresponde. Empezamos con un mosto (es así como llaman en el marco a los vinos base). Se trata del Palomino 2014 de Bodegas Barbadillo. Es un vino franco, sencillo. No excesivamente intenso en nariz, donde se perciben aromas de flor blanca y notas frutales de pera. En boca es algo punzante, ligero, frutal. Final no exento de elegancia con suficiente frescura y notas amargas.

La primera manzanilla es La Guita, de la bodega Hijos de Rainiera Pérez Marín. Su aroma es punzante, con recuerdos de manzana verde y avellana. Ligeras notas de mostaza, y sutiles recuerdos de panadería. En boca es fresca, precisa, seca e intensa. No excesivamente persistente. Una buena manzanilla para empezar, sencilla y accesible.

Seguimos con La Cigarrera, de la Bodega María  del Pilar García de Velasco. Con una edad media de cinco años, esta manzanilla nos ofrece aromas florares, y de frutos secos tostados. Recuerdos del velo de flor. En boca es intensa, bien definida, con salinidad marcada. Finaliza de forma elegante con recuerdos de flor de manzanilla y almendras. Muy seca.

Crecemos en edad media, y pasamos a Gabriela, de la Bodega Sánchez Ayala. Aromas de bajamar, mezclados con almendras fritas con granos de sal adheridos. Intensa y agradable. En boca es suave y seca. Equilibrada y refrescante. Deja recuerdos de flor seca de manzanilla y frutos secos tostados. Elegante y persistente. ¡Cómo he echado de menos un platito de buen jamón al lado!

La tanda de manzanillas filtradas y estabilizadas finaliza con San León, de Herederos de Argüeso. Nariz intensa y personal, con aromas de gavillas de heno recién cortado, flores de manzanilla y bajamar. Hace que me traslade al Bajo de Guía. A la mente me vienen los langostinos tigre. Debe ser el hambre. En boca destaca su gran elegancia y limpieza. Su frescura. Sus notas salinas. Finaliza con unas notas muy elegantes de almendras tostadas. ¡Impresionante!


La segunda tanda, comienza con una vieja conocida, Manzanilla Pasada Pastrana, de Bodegas Hidalgo. Aromas que combinan notas biológicas y oxidativas. Intenso y punzante. Almendras y avellanas tostadas. Flor de manzanilla. Aceitunas verdes. En boca es suave, estructurada, pero a la vez intensa. Con un volumen y persistencia increíble. Final que recuerda las marismas con leves notas de humo. Tremenda.

Y llega una vieja amiga, a la que nunca conoces del todo porque en cada saca trae matices diferentes, pasiones distintas. La saca de invierno de 2014 de Solear en rama, de Bodegas Barbadillo, es floral y ligeramente afrutada, trayéndome recuerdos de pera. Aromas de frutos secos amargos. Algo reservada, muestra su carácter en la boca. Seca y elegante. Altanera.  Persistente. Redonda. ¡Increíble!

La Goya XL, manzanilla en rama reposada, de Bodegas Delgado Zuleta, es un soplo de poniente fresco. Aromas salinos y de flor silvestre. Fruta ligeramente escarchada. Algo de nuez. Aromas delicados que contrastan con la intensidad punzante en la boca, que conquista con facilidad. Larguísima, se marcha devolviéndote a los aromas con que te recibió. ¡He hecho una nueva amiga!

Nos podíamos quedar aquí, y hubiera sido una cata inmensa, pero el afán didáctico del consejo regulador nos quiso traer de un lado el vino anterior a la manzanilla, y por otro su posible evolución. Para este último fin nos propuso el amontillado La Guita, de Bodegas Rainiera Pérez Martín,  y acabaron con la magia.

El amontillado La Guita es un muy buen  vino. Aromas plenos de recuerdos melosos, almendras tostadas, ligeras notas de sándalo, especias, curry. Intenso, extrovertido. La boca es inmensa, pero a la vez suave, anulando cualquier recuerdo anterior. Retronasal de almendras amargas y madera noble. Es un vino que captura tu atención por completo. Extasiándote.

Me dirás, ¿y dónde está el problema? Te responderé, ¿y dónde está la manzanilla? Olvidada en su grandeza. Abandonada por la inmensidad de este amontillado viejo que nos ha conquistado. ¿Celebrar así el aniversario de la manzanilla?

Pero bueno, los generosos son vinos que me encantan, estoy convencido de que me seguirán proporcionando momentos de llenos de pasión, y puede que de ahí surjan nuevas historias.

martes, 17 de febrero de 2015

Señorío de P. Peciña 2013 Blanco

Empecé hace unos días con PR1MERO de Bodegas Fariña una sección en el cuaderno pensada especialmente para los que no andamos muy sobrados de cuartos. También para compartir aquellos vinos que me parece que son muy accesibles por ser fácilmente disfrutables, y normalmente sencillos, pudiendo resultar agradables para mucha gente. Esto no significa que no sean vinos interesantes, y en muchos casos estoy convencido de que sorprenderán a los que  se decidan a probarlos.


Como decía el vino que traigo hoy en esta entrada es un blanco sencillo, pero que me sorprendió sobre todo por su frescura y personalidad. Es un vino de aroma no excesivamente intenso. Muy sencillo, pero atractivo y honesto. Habla de limón y flores silvestres, de manzana verde y hierba recién cortada. En boca es muy fresco. Apariencia muy ligera en principio, que va creciendo en boca con un frescor cítrico característico, que al final trae recuerdos de campo recién segado. Muy sencillo y fresco, algo ligero. Que bien acompañaría el “pescaito frito” de mi tierra.

Durante los días que lo probé salió airoso de armonías de lo más diverso, desde unas fajitas de pollo no muy especiadas a un revuelto de setas, pasando por un panaché de verduras (esta dieta me va a matar).

La lástima es que la producción sea muy escasa y se venda casi de forma exclusiva en La Rioja. De todas maneras creo que haré un pedido directamente a Bodegas Hermanos Peciña. Un chollo por los poco más de seis euros que cuesta.

PS. Espero hacer un cambio de aspecto al cuaderno en breve, y una de las cosas que pretendo mejorar es que se pueda acceder directamente a estos vinos sencillos con un solo click.

viernes, 13 de febrero de 2015

Crucero Vinícola por el Douro.

Los vinos de Portugal tienen para mi algo especial. No estoy hablando exclusivamente de los magníficos oportos, que me gustan a rabiar. Hace poco probé un tinto del Alentejo, región que está a la altura de nuestra Extremadura, que dentro de su sencillez era muy elegante, con una frescura envidiable. De un trago largo y fácil de beber. No es un caso único. La cata que programaron en El Mostrador de Vila Viniteca con vinos del Douro me demostraría que a la altura de Salamanca nuestros vecinos hacen unos vinos tremendamente interesantes. Permítete que te lo cuente.

Un nuevo lugar donde se programen catas de interés en Madrid ejerce sobre mí una atracción irresistible, como ya supongo que sabrás. A esto hay que unir que  mis breves dos o tres contactos con David me han demostrado que es un hombre que sabe de vinos, y al que realmente le entusiasma este mundillo. En cuanto vi programado el Crucero Vinícola por el Douro me apunté sin dudar.

Llego al Mostrador temprano, como casi siempre, y tengo tiempo de charlar un ratillo con David mientras él ultima las preparaciones de la cata.  Detrás de nosotros, en las estanterías, hay algunas botellas históricas, desgraciadamente vacías. Algunas viejísimas añadas de Viña Real, entre otras reliquias, son testigos mudos en una sala de catas amplia y muy bien iluminada.

Va llegando la gente hasta llenar la sala y David comienza a darnos unas breves nociones sobre la tierra que produce los vinos que vamos a probar, y que estamos ansiosos por tener en las copas.

La región del Douro

Es esta denominación de origen una de las más antiguas del mundo. Se extiende a ambas márgenes del rio Duero, desde la frontera con España hasta poco más del pueblo de Regoa. Rodeada por zonas montañosas, se divide en tres subzonas: Baixo Corgo, Cima Corgo y Douro Superior, de poniente a levante.

Imagínate que navegamos el Duero desde la altura de Mesao Frio estaremos al principio del Baixo Corgo. El río hace una curva hacia el norte, y podremos apreciar los suelos mayormente pizarrosos en los que crecen almendros y olivos, y por supuesto las viñas. Si el viaje lo realizamos en diciembre o enero es bueno que llevemos un chubasquero. El paisaje es bastante verde como corresponde a la lluvia que cae por aquí. En ambas riberas podemos ver las terrazas arrancadas a las riberas del río. Ensimismados por el paisaje llegamos a Regoa y cambiamos a la subzona de  Cima Corgo.



El paisaje según avanzamos hacia España va tiñéndose de ocres y marrones en  Cima Corgo. Se nota que por aquí llueve menos. Vamos viendo algunos parches de granito entre las pizarras. Los vientos del norte hacen que la ribera sur reciba vientos más fríos.  A un lado y a otro vemos pendientes duras, que nos recuerdan que pocas cosas buenas se consiguen sin esfuerzo. No es difícil ver algún mulo o burro ayudando en su labor a algún sufrido labriego. La tierra exige siempre trabajo duro para dar sus frutos. No es esta una excepción.

Llegamos a Cachao de Valeira y nos adentramos en el Douro Superior, un viaje que sólo es posible desde que en el reinado de Donna Maria se quitó el bloque de granito que obstruía el cauce del río. Comenzó así la viticultura en esta zona, aunque la escasez de lluvia y la pobreza del suelo hacen que las viñas que vamos viendo sean cada vez menos frecuentes.

Los Vinos

Y llegamos a lo que todos estábamos esperando: ¡los vinos de la DOC Douro! El primero es Meandro 2011. (38% touriga nacional, 30% touriga franca y 20% tinta roriz, 12% restante diversas variedades). Quinta do Vale Meao. Las variedades se vinifican por separado y el vino se cría durante menos de una año en barricas de segundo y tercer uso). El resultado es fresco y aromático. Limpio. Aromas de fruta roja y flor blanca que  se mezclan  con regaliz rojo y especias. Un ligero toque alcohólico. Promete frescura y sencillez, y en boca cumple su palabra. Frutal y fresco. Acaba con una buena acidez y una ligera tanicidad algo rústica. No está nada mal para empezar.

Xisto 2004 de la Bodega Roquete y Cazes (60% touriga nacional, 15% touriga franca, 25 % tinta roriz) le sigue. Un vino en el que los elaboradores buscan un vino de corte moderno, aproximándose al estilo bordelés. A fe que lo consiguen. En nariz fruta licorosa y canela. Chocolate con leche. Evoluciona hacia cueros y especias. Un vino que no sabe de donde es, pero que en boca demuestra su carácter. Elegante y amplio. Buena estructura y un tanino fino lo convierten en un vino agradable. Se despide ofreciendo fruta roja con una acidez más que suficiente.

La tipicidad del Douro, si es que existe en estos vinos cuyos elaboradores son en su mayoría jóvenes que aún tienen historia por escribir, la definen los vinos que siguen, minerales, elegantes y con cierto deje común. Veámoslos.

Pintas Character 2007, con hasta 30 variedades diferentes, criado en roble francés nuevo por un año. La bodega Wine&Soul nos propone este vino de cultivo orgánico, no excesivamente aromático al principio, pero que se va abriendo con frutos rojos y notas calizas, como de polvo de tiza. Algo tímido, en la boca se destapa. Excelente acidez en un vino fresco y con un tanino fino y elegante. Largo, ofrece un final algo cálido y amargoso. Un muy buen vino.

Raúl Pérez también anda por el Douro en un vino que lleva su sello, Ultreia 2011. El vino procede de mezcla de variedades, y se cría en doce meses en barricas nuevas y de un uso. Aromático, con un toque vegetal característico. Tierra mojada y flor marchita. Con el tiempo algo de cáscara de naranja. En boca fresco y elegante. Expansivo, muy vertical. Finaliza dejando fruta roja y especias. Un vino “muy Raúl”, pero que mantiene la línea que siguen estos elaboradores de la zona.

Poeira 2007 tinto (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz). Nariz exuberante que te invita a profundizar, aromático y algo dulce. Caramelos de violetas.  Piedra mojada. Talco. Mineralidad. Expansión. En boca muy buena textura, mineral, fresco. Final que recuerda de nuevo a las violetas con una frescura que parece no querer abandonarte. Para seguirlo de cerca.

Con Poeira casi llego al éxtasis. No quedaba demasiado. Batuta 2008. La genialidad de Dirk Niepoort. Mezcla de las variedades habituales procedentes de  viñas  de más de 70 años (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz) que envejecen durante 21 meses en roble francés. Aromático con abundante fruta roja. Notas de golosina y especias dulces. Con un poco de tiempo, chocolate y balsámicos. Complejidad. En boca es brillante, fresco y amplio. Equilibrado y bien estructurado. La variedad de matices es enorme, en un vino que toma posesión de la boca y se queda allí.  Le seguiría, pero me tiran para atrás los más de 50 euros que sin duda vale.

Finaliza esta cata con un blanco, también de Dirk Niepoort. Coche 2012. Aparece con flores blancas, ligeramente empolvadas con tiza. Cuando te despistas aparece melocotón blanco. Alguna nota de una albariza inexistente. Ligeros balsámicos y te rindes ante un vino inmenso. Fresquísimo. Largo y persistente. Final delicado que trae de nuevo recuerdos de melocotón y notas florales. No quiero saber el precio.


Finaliza una cata en la que hemos disfrutado, y descubierto vinos no muy habituales. Me vuelvo a casa pensando si algunos bodegueros de nuestra tierra habrán probado alguna vez estos vinos. Me ha gustado El Mostrador. Volveré y seguramente de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Todos los vinos pueden encontrarse en Vila Viniteca. A mis vecinos madrileños os informo que en el Mostrados de Vila Viniteca os pueden traer todas sus referencias sin gastos de envío. Tardan un par de días.

viernes, 6 de febrero de 2015

ENOFUSIÓN 2015

El comienzo

No había oído hablar muy bien de Enofusión. Demasiado impersonal, decían algunos. Poca implicación de bodegas importantes, escuché a otros. Aun así me decidí a dar una vuelta por allí. Leí que había una cata interesante con motivo del 50 aniversario de la Denominación de Origen Manzanilla de Sanlúcar. Eso y una cata maridaje  para matar el gusanillo daban para echar un rato.

Comienza mal el día. Llego al recinto de la Feria de Madrid, y allí no hay nada. Comentan que creen que es en el Palacio de Congresos. Llamo al 902 que venía en el mensaje de la acreditación  y me lo confirman. Veinte minutos de coche y llego al Paseo de La Castellana. El Palacio de Congresos cerrado. Por fin llamo a una de mis tiendas de referencia, Enoteca Barolo, y me dicen que es en el Palacio de Congresos de la Comunidad de Madrid. ¿Tanto trabajo costaba a la organización poner el lugar del evento en algún sitio en la página web? ¿Es mucho pedir que informen de forma exacta en el teléfono de atención? Lleno mi coche con unos japoneses que me preguntan, y que estaban perdidos. ¡Por fin llegamos!

El proceso de acreditación va como la seda. Me voy olvidando de los sinsabores de la búsqueda del local. Doy una vuelta y no veo nada relacionado con el vino. Pregunto y recibo por contestación caras de haba. Llego a pensar que no se estaba tan mal en la oficina. Después de dar vueltas una media hora por un recinto en el que me ofrecen galletas de chocolate de MAKRO y frutos secos filipinos, ya casi abandono. Al salir pregunto al empleado que controla las entradas, y ¡por fin! La zona  de vinos está en la segunda planta.

El Enobar

De no muy buen humor, voy pensando en la puntuación que merece la organización. No más de un uno, porque dicen que los ceros pueden llegar a traumatizar. En esto llego al enobar. Como había leído es bastante impersonal. Algo más de cien vinos dispuestos para que se caten libremente. Como queda más de media hora para la cata de manzanillas, voy  probando algunos blancos. The Flower and the Bee me cautiva de nuevo con esos aromas a tierra verde. Limón e hinojo van apoderándose del mal humor, expulsándolo. Melocotón blanco y algo de miel te conquistan, haciéndote comenzar desde cero. Acidez afilada, aromas intensos que llenan la boca, bien definidos. Final cítrico con recuerdos de menta muy ligera. ¡Qué bueno!



Encuentro también un vino discreto de la Selección del Sumiller de MAKRO, NY HOOD 2014, (100% moscatel de Alejandría) que no está nada mal. Un vino sencillo, con aromas muy atractivos florales y notas de miel y cáscara de limón. En boca está bastante equilibrado, mandando ligeramente su parte  dulce. Buena persistencia y ganas de seguir bebiendo. Humilde, pero honesto.

Maridajes singulares

Después de la cata de manzanillas, que será objeto de otra entrada, viene la de maridajes singulares. Confieso que me apunté a ella por picar algo antes de volver a casa, sin esperar demasiado. Mi curiosidad fue ampliamente recompensada. Los vinos son de la Selección del Sumiller de MAKRO, y no están nada mal. Ya me gustaría encontrarlos, servidos a temperatura correcta en algunos de los sitios en los que suelo tapear. Seguro que bebía menos cañas.

La cata comienza con un jugo de vainas crudas con espuma de coliflor y berberechos, acompañada por Bicos 2013, un albariño muy sencillo, pero correcto. La tapa, sin embargo, es un prodigio de combinación de texturas y sabores, muy suaves, pero que encajan a la perfección. La frescura del vino juega con los sabores, en una experiencia que hace que vea la cata con otros ojos. Prometedora.



Las milhojas de foie y manzana caramelizada no son una apuesta arriesgada. ¡Y a quién le importa! Sencillamente delicioso. El crujiente y la acidez de la manzana contrastan con la suavidad y grasa del foie. Aquí el Gewurztraminer 2013 de Henri Weber acompaña con honestidad, pero la impresión producida por la tapa le relega a un papel secundario, aunque bien ejecutado.

Los noodles con rabo de toro me impresionan menos. Esta fusión con cocina oriental es sabrosa, pero los fideos chinos no aportan demasiado, a mi juicio. En esta ocasión el Habla del Silencio 2013, estuvo dos cuerpos por delante. En cualquier caso, me gustó la combinación.



A poco que lleves leyéndome algún tiempo conocerás mi pasión por las croquetas. La que propone Iñigo Lavado está de impresionar. Croqueta de calamar en su tinta rebozada con panko. Se me saltan las lágrimas. Están para meditar. Suerte que no me las comí con la mano, porque me hubiera chupado los dedos. A su lado Cepa Gavilán 2013 cumple sin más.

Y finaliza la cata con un brownie de chocolate a la parrilla.  Está marcado en la sartén y tiene unas escamas de sal maldón. Sinfonía de texturas. Sonata de sabores. La boca se recrea en los contrastes extasiándose. Disfrutando. El Tawny de Don Pablo pasa desapercibido ante la talla de la obra culinaria.

Me impresionaron las tapas de Iñigo Lavado. Desde luego no tardaré en hacerle una visita a su restaurante Singular. Los vinos de la Selección del Sumiller, por precios siempre por debajo de diez euros la botella, y casi siempre rondando los cinco, cumplieron con la difícil tarea de armonizar con estas creaciones de este chef que estoy convencido que será protagonista de alguna historia en este cuaderno. Una pena no haber probado estas tapas con vinos que dieran algo más de sí.

El stand de la Bodega Toro Albalá

Si me hubiera quedado aquí hubiera sido una buena mañana, pero lo mejor estaba por llegar. Para irme con buen sabor de boca, pienso en probar alguno de los PX del enobar. La fortuna quiere que vea a mi primo lejano Luis Vida en el stand de la Bodega Toro Albalá y me acerque a charlar un poco con él. Es difícil describir la mezcla de sensaciones que se producen. La muestra incluye juventud y belleza. Sabiduría e improvisación. Clasicismo y vanguardia. Todo ello enmarcado por la eterna sonrisa de Pilar, que de vez en cuando se acerca a compartir nuestro disfrute con estos vinos únicos.

El primero que me produce una gratísima impresión es Don PX Gran Reserva 1986. Recibe en la nariz con aromas de chocolate con leche, balsámicos y de regaliz. La complejidad aumenta al mover la copa volviéndose ligeramente más frutal. Ciruelas pasas y uva pasificada. Recuerdos de mi juventud. Esteras rodeando las viñas con las uvas al sol de verano. Recuerdos  de sol de justicia que se marchan cuando la boca recibe este vino untuoso, suave, largo, potente. Buena acidez que compensa en parte el dulzor. Se marcha trayendo de nuevo ciruelas muy maduras y almendras tostadas. Sólo estamos empezando.

Le sigue Don PX Convento Selección 1929. Aromas  melosos, orejones.  Notas de ebanistería y pan tostado. Al batir la copa aparecen regaliz y especias. Habría que catarlo con más paciencia. Complejidad enorme. Placer único. En boca es amplio, equilibrado. Tal vez demasiado intenso, sin llegar a ser pesado gracias a la excelente acidez. Persistencia enorme.

Y por último el mejor dulce que haya probado jamás. Don PX Convento Selección 1955. Eucalipto y Guirlache dice Luis, y efectivamente ahí están. Extasiándonos. Envolviendo este momento único. Caramelo casero y notas de ebanistería muy ligeras. Caja de puros. Especias. Podría pasarme la vida oliendo y no acabaría de describir esta complejidad enorme. Este momento indescriptible.  Un vino que en la boca es difícil de describir. Equilibrio perfecto. Acidez que hace posible disfrutar de este prodigio. Chocolate negro y fruta roja. Persistencia eterna.



Miro a José María y a Pilar y les digo con palabras inútiles los mucho que he disfrutado con sus vinos. Los ojos, el gesto expresan más que las palabras. Casi se me cae una lágrima. Estoy realmente impresionado.

Vuelvo a casa y no me acuerdo de las vueltas que tuve que dar para encontrar el lugar. No recuerdo la falta de información, ni tampoco lo impersonal del enobar. No me acuerdo de la falta de coherencia entre unas tapas impresionantes y unos vinos sólo correctos. No me acuerdo de lo poco informado que estaba el personal de sala de la feria.

Sólo recuerdo lo enorme de las tapas de Iñigo Lavado. Sólo me acuerdo de los PX enormes que he disfrutado. Sólo recuerdo el aroma  que permanece la boca y no quiere dejarla. Recuerdo los momentos compartidos con los amigos. También recuerdo una sonrisa…

Te agradezco que hayas llegado al final. Quedan las experiencias positivas, y varios proyectos que han surgido tras la visita a esta feria. Posiblemente sean nuevas historias.

domingo, 1 de febrero de 2015

PR1MERO 2014.

Hay vinos que evocan situaciones especiales. Vinos para pensar. Vinos para charlar. Hay vinos para ligar, y también vinos para olvidar. El  que te propongo hoy, iniciando una nueva sección de este cuaderno con  vinos accesibles, es para que te des cuenta de que sigues vivo. Que el ciclo de la vida continúa. Que la tierra sigue ofreciendo sus frutos, y que durante el frío invierno seguirá habiendo una copa de vino que te calentará el cuerpo, y también el alma. Un vino que en septiembre estaba en la cepa, y en noviembre podía estar en tu copa. El primero de la cosecha.


Los entendidos, que no hayan leído el título pensarán que traigo un beaujolais nouveau, y no se equivocarán del todo. Pr1mero 2014, de bodegas Fariña, es la traducción con tinta de toro de los vinos de maceración carbónica hechos con gamay. Los vinos franceses que se hacían para celebrar la vendimia, el final del duro trabajo que se recompensaba con estos vinos frescos, afrutados, que nos dicen que la madre tierra sigue proveyendo. En España también se hace de estos vinos, aun cuando nuestra habilidad para el marketing no sea tan buena como la de nuestros vecinos.

Este vino es alegre, campechano, como debe ser si quiere mantener la alegría. Aromas sencillos de ciruelas y cerezas que quieren madurar. Recuerdos balsámicos de los pinos que aguantan con fuerza los embates del invierno, y alguna flor tímida que aún el frío no ha logrado vencer. En boca es fresco, potente. Con una acidez que al final es matada por la fruta golosa. Notas de ciruela madura y un poquito de naranja sanguina que queda al final, alegre, desenfadada.

Un vino para disfrutar sin complicarse demasiado la vida. Sin pretender grandes estridencias, pero recibiendo un placer sencillo, disfrutable. Acompañó bien un revuelto de setas con un poco de pimienta negra recién molida. No le iría mal un asado sencillo, o un simple filete a la plancha muy poco hecho, como a mí me gusta.

Como decía este es el inicio de una serie de entradas que iré entremetiendo con vinos sencillos, de los que voy encontrando todos los días. Espero seguir disfrutándolos y contándoos nuevas historias.

viernes, 30 de enero de 2015

Vinos Ambiz.

Me enteré de causalidad, como suelen pasar las cosas especiales. Debo decir que iba bastante batallador, aunque Fabio no lo notara. Ese Viña Ambiz Airén 2013 me había vuelto a traer a la mente ideas sobre los vinos naturales que yo creía superadas. Esos niveles de acético, cerca del límite del fregadero, me habían hecho daño, sólo moral, no se alarme el lector. Para ser justo he de decir que me lo bebí todo, bien fresquito y acompañando comida, y que  fue disfrutable. Aun así, traía preparados argumentos sobre la higiene de la producción, y los criterios que se deben exigir a un vino, sea cual fuere su método de producción.

Llego a Le Petit Bistrot con un poco de tiempo, como siempre, y me impresiona el conseguido ambiente del pequeño restaurante. Me pregunto cómo se puede organizar en este espacio una cata, pero las dudas duran poco. Me atrae más la charla con Luis Olivan y Tomasella mientras esperamos a Fabio, que no se demora demasiado.  Luis, al que conozco de su etapa en Dominio de Tares, me cuenta que está ahora en Gredos, en Las Moradas de San Martín. Tengo que hacerles una visita.

Por fin llega Fabio, y empieza la fiesta. Viña Ambiz Airén 2014. Me siento preparado para el debate. Me lo llevo a la nariz, y el vino, tímido como si estuviera leyendo mi ánimo, me recibe con frutas ligeras. Manzana Golden y pera limonera. Aromas sencillos para un vino limpio y honesto. Le miro y parece como si me sonriera. En boca muestra la misma sencillez, frescura y honestidad. Se va en un suspiro. El vino de la copa me refiero. ¿Y el debate? No ha existido. El vino me ha ganado, como debe ser.


Le sigue Viña Ambiz Malvar 2013, un vino que Fabio ha macerado con las lías, y que recibe con aromas de naranja, matizadas con hierba cortada y notas muy ligeras de hierbabuena. Un vino alegre e informal, que en boca se muestra amplio y fresco. Te vuelve a los recuerdos de naranja que no quieren irse de la boca.  El vino se lo pasa bien, se entrega por completo y no quiere marcharse. Es de los que primero que se acaba. Alguna razón habrá.

El sauvignon blanc no me resulta tan emocionante. Un vino huidizo, con aromas  de hierba cortada y notas de humo en  nariz. En boca entre  aromas herbáceos que se repiten, alguna nota como de neumático, posiblemente porque estaba demasiado frío. Un vino resbaladizo, frío, al que tengo que darle otra oportunidad. Esto tienen los vinos de Fabio, son vinos vivos a los que siempre conviene volver, porque se van creciendo en la botella. No tienen dos día iguales.

Y llega la reina de las blancas de Gredos, la albillo. El Viña Ambiz Albillo 2013 es exuberante en nariz. Pera fresca acompañada de balsámicos y notas de monte. Muy varietal y característica. La retama es acompañada por sutiles notas de romero. La boca, sin embargo, es más seria. Me hace pensar, sacándome del ensimismamiento aromático. La tierra predomina. Las notas del monte. La pera que antes era limonera, se vuelve conferencia. Vuelvo al monte, a la viña. ¡Cómo me gusta este vino!

Y llegamos a los tintos. El Viña Ambiz Tempranillo 2013 es impresionante. Nariz que te habla de montes. Tomillo, romero. Algo de albahaca. Fruta roja silvestre. Grosella fresca muy ligera. Aroma que va descubriéndose sin prisas. Cambiante. Atrayente. La boca es suave pero no ligera. Volumen suficiente. Acidez relevante. Vuelven las hierbas aromáticas. Vuelve el monte bajo del que el vino parece no querer salir. ¡Imprescindible!

Finaliza la cata el Viña Ambiz Garnacha 2013. Vino típico. Fruta negra fresca. Notas lácticas muy sutiles. Algún balsámico. En la boca tiene un inicio muy goloso, arándanos y moras, con una acidez suficiente. Algo no me cuadra, me falta algo de emoción. Disfrutable, pero sin fuegos artificiales. Hay que darle otra vuelta.

Le cuento a Fabio mi aversión por el acético. Me mira con cara displicente y me dice que a él tampoco le gusta. Que acaba de tirar dos mil litros de vino porque le parecía que estaba pasado de volátil. Se me queda cara de tonto. Sigo disfrutando del vino.

Al principio tenía dudas sobre las posibilidades de Le Petit Bistrot como local para organizar estos eventos. Al final me doy cuenta que es el ideal para este tipo de cata. Intercambio de opiniones. Interacción con el hacedor de vinos. ¡Disfrute! Nada mejor que este local inusual para este evento atípico. Por lo extraordinario del elaborador. Por la personalidad de los vinos. Por los bocados que nos van pasando. Para probar los vinos en su terreno, el de la gastronomía.

Me cuenta Fabio que pronto habrá nuevas catas. Por allí andaré. A la búsqueda de nuevas historias.