viernes, 23 de enero de 2015

Champagnes du Vignoble. Blancs de Blancs.

Hace unas semanas escribí una entrada sobre la formación del Syndicat Général de Vignerons de la Champagne (SGV), y comenté las impresiones que me produjeron un par de champanes blanc de noir, uno de ellos, el Serge Mathieu Tradition, realmente impresionante. Hoy voy a escribir sobre el resto de champanes que tuvimos la ocasión de probar en esa cata.

Pero antes me gustaría charlar contigo sobre estos vinos, estas bebidas mágicas que al menos en España están relegadas prácticamente a celebraciones y brindis. A mí me encanta  tomar algunos platos con espumosos, ya sea champán o cava, y esta es muy frecuente en los países y regiones productoras, aunque por aquí arruguen la nariz cuando te ven acompañar la comida con estas delicias. Champagne y gastronomía son una combinación que sin duda merece la pena, y que te animo a probar.

Un arroz sabroso se lleva a las mil maravillas con un buen cava, y que decir de una pularda rellena de hongos y foie, nada como un buen champán blanc de blancs como los que te comentaré hoy para acompañar este plato delicioso.

La verdad es que toda esta aura que rodea al champán y lo aleja de nuestras mesas está en parte propiciada, por sus precios y por la parafernalia que le acompaña. Curioseando algún blog de los que leo habitualmente, concretamente en el de Dave McIntyre, he conseguido “valiosísima” información sobre los champanes. ¿Sabías que en una copa de champán hay alrededor de un millón de burbujas? El científico francés Gerard Liger-Belair de la Universidad de Reims lo ha publicado recientemente. Aunque me he puesto concienzudamente a contar, siempre me bebo la copa antes de terminar. Está visto que lo mío no es la investigación enológica.

Otro científico, esta vez alemán, midió la velocidad de salida de un corcho de una botella de champán, que alcanzó unos cuarenta kilómetros por hora. Cuidadito con el ojo del vecino al descorchar. Sin embargo, hay una cosa que te animo a probar. Descorcha una botella de espumoso, manteniendo sujeto el corcho y girando la botella desde abajo, hasta que salga con un leve suspiro, como mandan los cánones. Comprobarás como ese leve ruido ha relajado el ambiente. Nada puede resistir el encanto de un buen champán. Una buena razón para que abramos una botella de vez en cuando. Abrir una de estas botellas ya es por sí mismo un buen motivo de celebración.

Pero bueno, vamos al grano. En la cata cuya narración comencé en la anterior entrada catamos algunos champanes blanc de blancs, o sea blancos hecho con uvas blancas, concretamente con chardonnay, la uva que se produce de forma mayoritaria en la Cote des Blancs, al sur de la región de Champagne. Desgraciadamente de ninguno de ellos he encontrado modo de conseguirlo en España, por lo que sólo me han puesto los dientes largos. De todas maneras, te cuento los que más me impresionaron.

Champagne Doyard-Mahe Carte D’or Brut Premier Cru. Producido con uvas del premier cru Vertus. Se presenta sin excesiva intensidad. Aromas de croissant que se mezclan con peras maduras. La tarta de manzana aparece tímidamente, para dar paso a flor de jazmín y algunos tostados. Complejo y seductor. En boca es directo, con muy buena acidez. Afilado y amplio. Untuoso, equilibrado. Toma la boca para dejar un final cítrico y dejar paso a sutiles tostados. Que bien acompañaría un buen jamón, o un guiso de codornices.

Champagne Jacques Copinet Cuvee Blanc de Blancs Brut. Un vino alegre en nariz, que te recibe con aromas de lima y flor blanca algo marchita. Un aroma elegante que se va transformando, apareciendo los toques de brioche y almendrados. Tarta de reinetas con cubierta de mermelada de cítricos. En boca está bien armado. Amplio y estructurado. Cremoso, con burbuja muy amable. Redondo. Un risotto a su lado quedaría de lujo.

Terminaré con el Paul Louis Martin Blanc de Blancs. Su aroma es muy complejo. Me obliga a esforzarme para ceder sus secretos. Juega conmigo, dejando aparecer fruta blanca compotada, para sacar después tartas de fruta y bollos suizos. Me entretengo con él, deleitándome en el festival aromático. Esquivo. Se muestra mucho más directo en boca. Potente y expresivo. Una excelente acidez, acompañada con un toque ligeramente goloso. Final largo. Quiere quedarse, dejando recuerdo de fruta y animándote a volver. No sé qué plato no resistiría este animal.

Parece que la UEC organizará alguna cata más de estos vinos. Espero seguir encontrando pequeñas joyas como estas, inaccesibles pero encantadoras. Espero que sean otras historias.

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