lunes, 5 de enero de 2015

Champagnes du Vignoble. Blancs de Noirs.

Acercándose el fin de año, es normal que en los lugares que programan catas en Madrid incluyan eventos relacionados con espumosos. Vinos que me encantan, por cierto. Especialmente interesante me pareció el relacionado con champanes premiados en la última edición del Concours d’Epernay des Champagnes du Vignoble, que organizó la UEC.

No me suelen decir mucho los resultados de los concursos enológicos, principalmente porque los vinos que necesitan más tiempo para expresarse suelen ser penalizados. Curiosamente son estos algunos de los vinos que suelen tener mayor interés para mí. No entraré  en otras disquisiciones sobre los concursos. Debates que no son objeto de este cuaderno, cuyo principal objetivo sigue siendo compartir experiencias placenteras.

El  Concours d’Epernay me interesa especialmente por la participación en él de pequeños vignerons. Muchos de ellos tienen una distribución en España ínfima, cuando no inexistente. Esta cata me dará la oportunidad de conocerlos.

La segunda razón es que en la organización tiene un papel importante del Syndicat Général de Vignerons de la Champagne (SGV), a cuya historia me gustaría dedicar unas líneas.

La historia

La producción de uva a finales del XIX en Champagne estaba muy fragmentada. Escasa participación de los vignerons en la fijación del precio de la uva. Productores sin capacidad de comunicación. Productores con el control de la decisión. Domino de los grises en una tierra de uvas mágicas. Uvas que tienen el poder de producir vinos que liberan tensiones. Liberadoras de ilusiones.

Algunas luces en el horizonte. Vignerons que tratan de unirse. Fulgores de luz sin demasiada fuerza. Los dueños mantienen la oscuridad, que para ellos es luz. Burbujas que proporcionan alegría, aunque no para todos. Uvas que vienen de lugares mundanos. Ajenas a la magia de esta región bendecida. Magia que permanece aislada, enclaustrada, corrompida.

La naturaleza no está contenta. Dispersa una calamidad que atrae la luz. Filoxera. Desastre con una gran capacidad de unión. Vignerons a los que la necesidad une. Luz que elimina las tinieblas. Miradas extasiadas que reconocen que la luz estaba dentro de ellos. Pequeños que se hacen grandes, y se unen. Las uvas mágicas tienen dueño, y el que las quiera tendrá que pagar su precio.

Y nació el SGV, de la unión forzada por la calamidad de la filoxera, que demostró a los pequeños vignerons su capacidad de organización y gestión. Capacidad que se tradujo posteriormente en el prestigio que alcanzó la denominación de origen (AOC, en sus siglas en francés),  estableciendo controles fuertes de la procedencia de la uva, e interviniendo de forma importante en la clasificación de los terrenos. Participando en la definición de  los grand cru y premier cru, que en esta AOC están asociados a los pueblos.

La cata

Corro ya el riesgo de acabar con tu paciencia, por lo que pasaré a contarte las sensaciones que me produjeron los dos champanes blanc de noirs (champán blanco elaborado con uvas tintas), que se programaron en la cata de la UEC.

El primero de ellos es Champagne Husson Joliet Traditition (100% pinot noir), que obtuvo en el concurso una medalla de plata. Es un vino sin complejos, potente y expresivo. Fruta roja compotada que juguetea con aromas de bollería fina. Brioche con mermelada de grosellas. Alegre. En boca frutal. Una chica sin complejos. Con mordiente, pero golosa. Directa. Envolvente. ¿Charlaría con ella más de una vez? Quizás…

El segundo blanc de noirs es Serge Mathieu Tradition (100% pinto noir). Los Mathieu tienen una larga tradición en la producción de uva en la zona. Empezaron la producción de champán en 1970 con notable éxito de ventas, exportando el 85%  de las cien mil botellas que producen.

Su champán necesita de algo de tiempo para expresarse. Aroma complejo en el que  los  frutos rojos dominan. Notas de ciruela roja madura. Mercado natural en el que los aromas de pan blanco se mezclan con los olores de fruta bien cultivada. Recuerdos de la buena tierra, después de una lluvia fugaz. En boca ligeramente goloso. Interesante. Con buen volumen. Leve cosquilleo en el paladar. Charla que no quiere ser terminada, y que continúa frente a una pradera de césped humedecido. Lo miras y  te vuelven las sensaciones de fruta, los aromas de la buena tierra, alguna especia... ¿Volveré? Sin dudarlo.

En la cata bebimos también algunos champanes blanc de blancs, pero eso muy posiblemente será otra historia.


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