miércoles, 25 de febrero de 2015

Sentada Sobre la Bestia 2013

Cuando vi la botella de este vino de Fil.loxera y Cia me llamó rápidamente la atención. Unas fauces abiertas y ligeramente ensangrentadas. Un dibujo no muy detallado, como si lo hubiera pensado un niño. Me acerco y veo el nombre: “Sentada Sobre la Bestia 2013”. Sonrío. Veo su precio y pienso, podía ser una buena incorporación para los vinos accesibles del cuaderno. Me lo llevo a casa.

Pensando en las uvas que tiene (58% monastrell, 18% tempranillo, 15% garnacha tintorera y 9% malvasía),  y en que se trata de un vino de perfil mediterráneo. Le irá bien un plato sabroso. No estaría mal probarlo con un estofado de buey con cerveza negra. Reviste cierta contundencia, y  será difícil que el vino lo anule.

Mi carnicería de confianza en Colmenar Viejo es Morán. Buen servicio, conocimiento del producto y buena calidad. Allí me acerco por un kilo de jarrete de buey que me preparan para el estofado. Suelo prepararlo en versión “extremely slow cooking”. Te lo cuento brevemente.

Pongo en la olla un chorro de aceite de oliva y cuando se calienta pongo a pochar una cebolla y un par de pencas de apio en trozos no demasiado menudos. Los dejo unos quince minutos a fuego lento para que vayan haciéndose sin llegar a dorarse. Confitándose. ¡Cómo me gustan los aromas de la cocina!

Mientras, troceo  unas zanahorias cortadas longitudinalmente, y las añado cuando la cebolla y el apio ya están tiernos. Rehogo un poco, y añado la carne troceada y una par de cucharadas de harina. El aroma va poco a poco adueñándose de la cocina. Cierro la puerta para que no tome la casa. Veo que la carne no ha soltado casi líquido. Hay calidad en la olla.

Cuando la carne se ha marcado añado medio litro de cerveza negra. Empleo una artesana, que no nombraré para que no se me enfade el elaborador. Soy de la teoría de que para que un guiso salga bien todos los ingredientes deben ser de calidad, la cerveza no tiene por qué ser una excepción.

Normalmente rallaría algunos tomates para completar la salsa, pero como no es época y no es cuestión de añadir “plástico” al estofado, prefiero usar conserva de tomate de calidad que no me lo fastidie. Fuego lento y a dejar que se vaya haciendo durante unas tres horas. Remover de vez en  cuando para que no se pegue.

Mientras tanto me sirvo una copa. Mi cocina suele mejorar sensiblemente si bebo una copa de vino… o dos.  Aroma que envuelve. Parece animarte a que te olvides de describir olores. Te invita a que disfrutes. Pronto aparecen moras frescas, que van siendo envueltas por ramilletes de hierbas aromáticas. Algo de membrillo, matizado por notas de matorral. Agradable. Sencillo. En la boca fresco, intenso, pero manteniendo una cierta elegancia. Final de arándanos, con algún recuerdo de menta. ¡Muy disfrutable! Sin ninguna complicación. Fresco.

Entre sorbo y sorbo cacheo unas patatas. Error no haberlas elegido bien. Tardan demasiado en ponerse a punto. La carne toma un ligero punto meloso. Corrijo el punto de sal y le doy unas vueltas al molinillo de pimienta negra. Pruebo, y ya está en su punto. Listo para ir a la mesa.



Miro las caras y veo que Blanca y Elena disfrutan. El mejor momento de la cocina. Compartir el placer de ver disfrutar a los tuyos con algo que has hecho, y eso que me faltan dos de mis hijas. Pena de no tener un trozo de buen pan a mano. Esta salsa merecía unos “barquitos”. Tomo nota para la próxima vez: pan y patatas de calidad.

El vino se acopla a la perfección al plato. La fruta roja muy fresca acompaña a la grasa ligeramente dulzona de la salsa. A la melosidad sabrosa de la carne. Crees que te has metido en un bucle sin fin, y la realidad s e impone. ¡El plato se acabó!

Un buen vino este de Pilar Esteve, José Domenech y Joan Lobell. Parece que se toman a guasa los nombres, las etiquetas, casi todo. Los vinos son otra cosa. Habrá que seguir de cerca a Fil.oxera y Cia.  Seguro que de ahí salen nuevas historias.

PS. El vino de puede encontrar en Madrid en Enoteca Barolo (10.20), y en internet en La Botiga Del Vi (9.95)

viernes, 20 de febrero de 2015

Cincuenta Aniversario de la DO Manzanilla

No había tenido oportunidad de celebrar como merece el cincuenta aniversario de la Denominación de Origen Manzanilla de Sanlúcar. Siendo gaditano y aficionado al vino, era algo que tenía que resolver, y lo hice a lo grande, en la cata que a tal efecto se programó este año en Enofusión 2015. Cata que iban a dirigir dos personalidades del marco, Beltran Domecq y César Saldaña, presidente y director técnico del Consejo Regulador de la Denominación de Origen respectivamente.


Recuerdo la última vez que visité Sanlúcar. Fue deprimente. La carretera que cuando era un chaval serpenteaba entre viñas, ahora languidecía entre espacios desolados y algún que otro campo de cereales. Testigos mudos de aquel escenario tosco y desangelado, algunos edificios que antaño funcionaran como lagares o almacenes, se mostraban hoy en deplorable estado de mantenimiento, pareciendo querer hablarte de este sinsentido. Menos mal que la visita a la taberna “Er Guerrita” me hizo olvidar en aquella ocasión estas tristes reflexiones.

Hoy, sin embargo, es día de fiesta. Día de celebración. Una cata que parece bien programada e interesante. Una cata de manzanillas. Vinos  que van creciendo en edad para apreciar la acción del velo de flor. Para enmarcar las manzanillas, el antes y el después, un vino base y un amontillado viejo procedente de la evolución de una manzanilla.

La sala está a tope. Como corresponde. Empezamos con un mosto (es así como llaman en el marco a los vinos base). Se trata del Palomino 2014 de Bodegas Barbadillo. Es un vino franco, sencillo. No excesivamente intenso en nariz, donde se perciben aromas de flor blanca y notas frutales de pera. En boca es algo punzante, ligero, frutal. Final no exento de elegancia con suficiente frescura y notas amargas.

La primera manzanilla es La Guita, de la bodega Hijos de Rainiera Pérez Marín. Su aroma es punzante, con recuerdos de manzana verde y avellana. Ligeras notas de mostaza, y sutiles recuerdos de panadería. En boca es fresca, precisa, seca e intensa. No excesivamente persistente. Una buena manzanilla para empezar, sencilla y accesible.

Seguimos con La Cigarrera, de la Bodega María  del Pilar García de Velasco. Con una edad media de cinco años, esta manzanilla nos ofrece aromas florares, y de frutos secos tostados. Recuerdos del velo de flor. En boca es intensa, bien definida, con salinidad marcada. Finaliza de forma elegante con recuerdos de flor de manzanilla y almendras. Muy seca.

Crecemos en edad media, y pasamos a Gabriela, de la Bodega Sánchez Ayala. Aromas de bajamar, mezclados con almendras fritas con granos de sal adheridos. Intensa y agradable. En boca es suave y seca. Equilibrada y refrescante. Deja recuerdos de flor seca de manzanilla y frutos secos tostados. Elegante y persistente. ¡Cómo he echado de menos un platito de buen jamón al lado!

La tanda de manzanillas filtradas y estabilizadas finaliza con San León, de Herederos de Argüeso. Nariz intensa y personal, con aromas de gavillas de heno recién cortado, flores de manzanilla y bajamar. Hace que me traslade al Bajo de Guía. A la mente me vienen los langostinos tigre. Debe ser el hambre. En boca destaca su gran elegancia y limpieza. Su frescura. Sus notas salinas. Finaliza con unas notas muy elegantes de almendras tostadas. ¡Impresionante!


La segunda tanda, comienza con una vieja conocida, Manzanilla Pasada Pastrana, de Bodegas Hidalgo. Aromas que combinan notas biológicas y oxidativas. Intenso y punzante. Almendras y avellanas tostadas. Flor de manzanilla. Aceitunas verdes. En boca es suave, estructurada, pero a la vez intensa. Con un volumen y persistencia increíble. Final que recuerda las marismas con leves notas de humo. Tremenda.

Y llega una vieja amiga, a la que nunca conoces del todo porque en cada saca trae matices diferentes, pasiones distintas. La saca de invierno de 2014 de Solear en rama, de Bodegas Barbadillo, es floral y ligeramente afrutada, trayéndome recuerdos de pera. Aromas de frutos secos amargos. Algo reservada, muestra su carácter en la boca. Seca y elegante. Altanera.  Persistente. Redonda. ¡Increíble!

La Goya XL, manzanilla en rama reposada, de Bodegas Delgado Zuleta, es un soplo de poniente fresco. Aromas salinos y de flor silvestre. Fruta ligeramente escarchada. Algo de nuez. Aromas delicados que contrastan con la intensidad punzante en la boca, que conquista con facilidad. Larguísima, se marcha devolviéndote a los aromas con que te recibió. ¡He hecho una nueva amiga!

Nos podíamos quedar aquí, y hubiera sido una cata inmensa, pero el afán didáctico del consejo regulador nos quiso traer de un lado el vino anterior a la manzanilla, y por otro su posible evolución. Para este último fin nos propuso el amontillado La Guita, de Bodegas Rainiera Pérez Martín,  y acabaron con la magia.

El amontillado La Guita es un muy buen  vino. Aromas plenos de recuerdos melosos, almendras tostadas, ligeras notas de sándalo, especias, curry. Intenso, extrovertido. La boca es inmensa, pero a la vez suave, anulando cualquier recuerdo anterior. Retronasal de almendras amargas y madera noble. Es un vino que captura tu atención por completo. Extasiándote.

Me dirás, ¿y dónde está el problema? Te responderé, ¿y dónde está la manzanilla? Olvidada en su grandeza. Abandonada por la inmensidad de este amontillado viejo que nos ha conquistado. ¿Celebrar así el aniversario de la manzanilla?

Pero bueno, los generosos son vinos que me encantan, estoy convencido de que me seguirán proporcionando momentos de llenos de pasión, y puede que de ahí surjan nuevas historias.

martes, 17 de febrero de 2015

Señorío de P. Peciña 2013 Blanco

Empecé hace unos días con PR1MERO de Bodegas Fariña una sección en el cuaderno pensada especialmente para los que no andamos muy sobrados de cuartos. También para compartir aquellos vinos que me parece que son muy accesibles por ser fácilmente disfrutables, y normalmente sencillos, pudiendo resultar agradables para mucha gente. Esto no significa que no sean vinos interesantes, y en muchos casos estoy convencido de que sorprenderán a los que  se decidan a probarlos.


Como decía el vino que traigo hoy en esta entrada es un blanco sencillo, pero que me sorprendió sobre todo por su frescura y personalidad. Es un vino de aroma no excesivamente intenso. Muy sencillo, pero atractivo y honesto. Habla de limón y flores silvestres, de manzana verde y hierba recién cortada. En boca es muy fresco. Apariencia muy ligera en principio, que va creciendo en boca con un frescor cítrico característico, que al final trae recuerdos de campo recién segado. Muy sencillo y fresco, algo ligero. Que bien acompañaría el “pescaito frito” de mi tierra.

Durante los días que lo probé salió airoso de armonías de lo más diverso, desde unas fajitas de pollo no muy especiadas a un revuelto de setas, pasando por un panaché de verduras (esta dieta me va a matar).

La lástima es que la producción sea muy escasa y se venda casi de forma exclusiva en La Rioja. De todas maneras creo que haré un pedido directamente a Bodegas Hermanos Peciña. Un chollo por los poco más de seis euros que cuesta.

PS. Espero hacer un cambio de aspecto al cuaderno en breve, y una de las cosas que pretendo mejorar es que se pueda acceder directamente a estos vinos sencillos con un solo click.

viernes, 13 de febrero de 2015

Crucero Vinícola por el Douro.

Los vinos de Portugal tienen para mi algo especial. No estoy hablando exclusivamente de los magníficos oportos, que me gustan a rabiar. Hace poco probé un tinto del Alentejo, región que está a la altura de nuestra Extremadura, que dentro de su sencillez era muy elegante, con una frescura envidiable. De un trago largo y fácil de beber. No es un caso único. La cata que programaron en El Mostrador de Vila Viniteca con vinos del Douro me demostraría que a la altura de Salamanca nuestros vecinos hacen unos vinos tremendamente interesantes. Permítete que te lo cuente.

Un nuevo lugar donde se programen catas de interés en Madrid ejerce sobre mí una atracción irresistible, como ya supongo que sabrás. A esto hay que unir que  mis breves dos o tres contactos con David me han demostrado que es un hombre que sabe de vinos, y al que realmente le entusiasma este mundillo. En cuanto vi programado el Crucero Vinícola por el Douro me apunté sin dudar.

Llego al Mostrador temprano, como casi siempre, y tengo tiempo de charlar un ratillo con David mientras él ultima las preparaciones de la cata.  Detrás de nosotros, en las estanterías, hay algunas botellas históricas, desgraciadamente vacías. Algunas viejísimas añadas de Viña Real, entre otras reliquias, son testigos mudos en una sala de catas amplia y muy bien iluminada.

Va llegando la gente hasta llenar la sala y David comienza a darnos unas breves nociones sobre la tierra que produce los vinos que vamos a probar, y que estamos ansiosos por tener en las copas.

La región del Douro

Es esta denominación de origen una de las más antiguas del mundo. Se extiende a ambas márgenes del rio Duero, desde la frontera con España hasta poco más del pueblo de Regoa. Rodeada por zonas montañosas, se divide en tres subzonas: Baixo Corgo, Cima Corgo y Douro Superior, de poniente a levante.

Imagínate que navegamos el Duero desde la altura de Mesao Frio estaremos al principio del Baixo Corgo. El río hace una curva hacia el norte, y podremos apreciar los suelos mayormente pizarrosos en los que crecen almendros y olivos, y por supuesto las viñas. Si el viaje lo realizamos en diciembre o enero es bueno que llevemos un chubasquero. El paisaje es bastante verde como corresponde a la lluvia que cae por aquí. En ambas riberas podemos ver las terrazas arrancadas a las riberas del río. Ensimismados por el paisaje llegamos a Regoa y cambiamos a la subzona de  Cima Corgo.



El paisaje según avanzamos hacia España va tiñéndose de ocres y marrones en  Cima Corgo. Se nota que por aquí llueve menos. Vamos viendo algunos parches de granito entre las pizarras. Los vientos del norte hacen que la ribera sur reciba vientos más fríos.  A un lado y a otro vemos pendientes duras, que nos recuerdan que pocas cosas buenas se consiguen sin esfuerzo. No es difícil ver algún mulo o burro ayudando en su labor a algún sufrido labriego. La tierra exige siempre trabajo duro para dar sus frutos. No es esta una excepción.

Llegamos a Cachao de Valeira y nos adentramos en el Douro Superior, un viaje que sólo es posible desde que en el reinado de Donna Maria se quitó el bloque de granito que obstruía el cauce del río. Comenzó así la viticultura en esta zona, aunque la escasez de lluvia y la pobreza del suelo hacen que las viñas que vamos viendo sean cada vez menos frecuentes.

Los Vinos

Y llegamos a lo que todos estábamos esperando: ¡los vinos de la DOC Douro! El primero es Meandro 2011. (38% touriga nacional, 30% touriga franca y 20% tinta roriz, 12% restante diversas variedades). Quinta do Vale Meao. Las variedades se vinifican por separado y el vino se cría durante menos de una año en barricas de segundo y tercer uso). El resultado es fresco y aromático. Limpio. Aromas de fruta roja y flor blanca que  se mezclan  con regaliz rojo y especias. Un ligero toque alcohólico. Promete frescura y sencillez, y en boca cumple su palabra. Frutal y fresco. Acaba con una buena acidez y una ligera tanicidad algo rústica. No está nada mal para empezar.

Xisto 2004 de la Bodega Roquete y Cazes (60% touriga nacional, 15% touriga franca, 25 % tinta roriz) le sigue. Un vino en el que los elaboradores buscan un vino de corte moderno, aproximándose al estilo bordelés. A fe que lo consiguen. En nariz fruta licorosa y canela. Chocolate con leche. Evoluciona hacia cueros y especias. Un vino que no sabe de donde es, pero que en boca demuestra su carácter. Elegante y amplio. Buena estructura y un tanino fino lo convierten en un vino agradable. Se despide ofreciendo fruta roja con una acidez más que suficiente.

La tipicidad del Douro, si es que existe en estos vinos cuyos elaboradores son en su mayoría jóvenes que aún tienen historia por escribir, la definen los vinos que siguen, minerales, elegantes y con cierto deje común. Veámoslos.

Pintas Character 2007, con hasta 30 variedades diferentes, criado en roble francés nuevo por un año. La bodega Wine&Soul nos propone este vino de cultivo orgánico, no excesivamente aromático al principio, pero que se va abriendo con frutos rojos y notas calizas, como de polvo de tiza. Algo tímido, en la boca se destapa. Excelente acidez en un vino fresco y con un tanino fino y elegante. Largo, ofrece un final algo cálido y amargoso. Un muy buen vino.

Raúl Pérez también anda por el Douro en un vino que lleva su sello, Ultreia 2011. El vino procede de mezcla de variedades, y se cría en doce meses en barricas nuevas y de un uso. Aromático, con un toque vegetal característico. Tierra mojada y flor marchita. Con el tiempo algo de cáscara de naranja. En boca fresco y elegante. Expansivo, muy vertical. Finaliza dejando fruta roja y especias. Un vino “muy Raúl”, pero que mantiene la línea que siguen estos elaboradores de la zona.

Poeira 2007 tinto (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz). Nariz exuberante que te invita a profundizar, aromático y algo dulce. Caramelos de violetas.  Piedra mojada. Talco. Mineralidad. Expansión. En boca muy buena textura, mineral, fresco. Final que recuerda de nuevo a las violetas con una frescura que parece no querer abandonarte. Para seguirlo de cerca.

Con Poeira casi llego al éxtasis. No quedaba demasiado. Batuta 2008. La genialidad de Dirk Niepoort. Mezcla de las variedades habituales procedentes de  viñas  de más de 70 años (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz) que envejecen durante 21 meses en roble francés. Aromático con abundante fruta roja. Notas de golosina y especias dulces. Con un poco de tiempo, chocolate y balsámicos. Complejidad. En boca es brillante, fresco y amplio. Equilibrado y bien estructurado. La variedad de matices es enorme, en un vino que toma posesión de la boca y se queda allí.  Le seguiría, pero me tiran para atrás los más de 50 euros que sin duda vale.

Finaliza esta cata con un blanco, también de Dirk Niepoort. Coche 2012. Aparece con flores blancas, ligeramente empolvadas con tiza. Cuando te despistas aparece melocotón blanco. Alguna nota de una albariza inexistente. Ligeros balsámicos y te rindes ante un vino inmenso. Fresquísimo. Largo y persistente. Final delicado que trae de nuevo recuerdos de melocotón y notas florales. No quiero saber el precio.


Finaliza una cata en la que hemos disfrutado, y descubierto vinos no muy habituales. Me vuelvo a casa pensando si algunos bodegueros de nuestra tierra habrán probado alguna vez estos vinos. Me ha gustado El Mostrador. Volveré y seguramente de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Todos los vinos pueden encontrarse en Vila Viniteca. A mis vecinos madrileños os informo que en el Mostrados de Vila Viniteca os pueden traer todas sus referencias sin gastos de envío. Tardan un par de días.

viernes, 6 de febrero de 2015

ENOFUSIÓN 2015

El comienzo

No había oído hablar muy bien de Enofusión. Demasiado impersonal, decían algunos. Poca implicación de bodegas importantes, escuché a otros. Aun así me decidí a dar una vuelta por allí. Leí que había una cata interesante con motivo del 50 aniversario de la Denominación de Origen Manzanilla de Sanlúcar. Eso y una cata maridaje  para matar el gusanillo daban para echar un rato.

Comienza mal el día. Llego al recinto de la Feria de Madrid, y allí no hay nada. Comentan que creen que es en el Palacio de Congresos. Llamo al 902 que venía en el mensaje de la acreditación  y me lo confirman. Veinte minutos de coche y llego al Paseo de La Castellana. El Palacio de Congresos cerrado. Por fin llamo a una de mis tiendas de referencia, Enoteca Barolo, y me dicen que es en el Palacio de Congresos de la Comunidad de Madrid. ¿Tanto trabajo costaba a la organización poner el lugar del evento en algún sitio en la página web? ¿Es mucho pedir que informen de forma exacta en el teléfono de atención? Lleno mi coche con unos japoneses que me preguntan, y que estaban perdidos. ¡Por fin llegamos!

El proceso de acreditación va como la seda. Me voy olvidando de los sinsabores de la búsqueda del local. Doy una vuelta y no veo nada relacionado con el vino. Pregunto y recibo por contestación caras de haba. Llego a pensar que no se estaba tan mal en la oficina. Después de dar vueltas una media hora por un recinto en el que me ofrecen galletas de chocolate de MAKRO y frutos secos filipinos, ya casi abandono. Al salir pregunto al empleado que controla las entradas, y ¡por fin! La zona  de vinos está en la segunda planta.

El Enobar

De no muy buen humor, voy pensando en la puntuación que merece la organización. No más de un uno, porque dicen que los ceros pueden llegar a traumatizar. En esto llego al enobar. Como había leído es bastante impersonal. Algo más de cien vinos dispuestos para que se caten libremente. Como queda más de media hora para la cata de manzanillas, voy  probando algunos blancos. The Flower and the Bee me cautiva de nuevo con esos aromas a tierra verde. Limón e hinojo van apoderándose del mal humor, expulsándolo. Melocotón blanco y algo de miel te conquistan, haciéndote comenzar desde cero. Acidez afilada, aromas intensos que llenan la boca, bien definidos. Final cítrico con recuerdos de menta muy ligera. ¡Qué bueno!



Encuentro también un vino discreto de la Selección del Sumiller de MAKRO, NY HOOD 2014, (100% moscatel de Alejandría) que no está nada mal. Un vino sencillo, con aromas muy atractivos florales y notas de miel y cáscara de limón. En boca está bastante equilibrado, mandando ligeramente su parte  dulce. Buena persistencia y ganas de seguir bebiendo. Humilde, pero honesto.

Maridajes singulares

Después de la cata de manzanillas, que será objeto de otra entrada, viene la de maridajes singulares. Confieso que me apunté a ella por picar algo antes de volver a casa, sin esperar demasiado. Mi curiosidad fue ampliamente recompensada. Los vinos son de la Selección del Sumiller de MAKRO, y no están nada mal. Ya me gustaría encontrarlos, servidos a temperatura correcta en algunos de los sitios en los que suelo tapear. Seguro que bebía menos cañas.

La cata comienza con un jugo de vainas crudas con espuma de coliflor y berberechos, acompañada por Bicos 2013, un albariño muy sencillo, pero correcto. La tapa, sin embargo, es un prodigio de combinación de texturas y sabores, muy suaves, pero que encajan a la perfección. La frescura del vino juega con los sabores, en una experiencia que hace que vea la cata con otros ojos. Prometedora.



Las milhojas de foie y manzana caramelizada no son una apuesta arriesgada. ¡Y a quién le importa! Sencillamente delicioso. El crujiente y la acidez de la manzana contrastan con la suavidad y grasa del foie. Aquí el Gewurztraminer 2013 de Henri Weber acompaña con honestidad, pero la impresión producida por la tapa le relega a un papel secundario, aunque bien ejecutado.

Los noodles con rabo de toro me impresionan menos. Esta fusión con cocina oriental es sabrosa, pero los fideos chinos no aportan demasiado, a mi juicio. En esta ocasión el Habla del Silencio 2013, estuvo dos cuerpos por delante. En cualquier caso, me gustó la combinación.



A poco que lleves leyéndome algún tiempo conocerás mi pasión por las croquetas. La que propone Iñigo Lavado está de impresionar. Croqueta de calamar en su tinta rebozada con panko. Se me saltan las lágrimas. Están para meditar. Suerte que no me las comí con la mano, porque me hubiera chupado los dedos. A su lado Cepa Gavilán 2013 cumple sin más.

Y finaliza la cata con un brownie de chocolate a la parrilla.  Está marcado en la sartén y tiene unas escamas de sal maldón. Sinfonía de texturas. Sonata de sabores. La boca se recrea en los contrastes extasiándose. Disfrutando. El Tawny de Don Pablo pasa desapercibido ante la talla de la obra culinaria.

Me impresionaron las tapas de Iñigo Lavado. Desde luego no tardaré en hacerle una visita a su restaurante Singular. Los vinos de la Selección del Sumiller, por precios siempre por debajo de diez euros la botella, y casi siempre rondando los cinco, cumplieron con la difícil tarea de armonizar con estas creaciones de este chef que estoy convencido que será protagonista de alguna historia en este cuaderno. Una pena no haber probado estas tapas con vinos que dieran algo más de sí.

El stand de la Bodega Toro Albalá

Si me hubiera quedado aquí hubiera sido una buena mañana, pero lo mejor estaba por llegar. Para irme con buen sabor de boca, pienso en probar alguno de los PX del enobar. La fortuna quiere que vea a mi primo lejano Luis Vida en el stand de la Bodega Toro Albalá y me acerque a charlar un poco con él. Es difícil describir la mezcla de sensaciones que se producen. La muestra incluye juventud y belleza. Sabiduría e improvisación. Clasicismo y vanguardia. Todo ello enmarcado por la eterna sonrisa de Pilar, que de vez en cuando se acerca a compartir nuestro disfrute con estos vinos únicos.

El primero que me produce una gratísima impresión es Don PX Gran Reserva 1986. Recibe en la nariz con aromas de chocolate con leche, balsámicos y de regaliz. La complejidad aumenta al mover la copa volviéndose ligeramente más frutal. Ciruelas pasas y uva pasificada. Recuerdos de mi juventud. Esteras rodeando las viñas con las uvas al sol de verano. Recuerdos  de sol de justicia que se marchan cuando la boca recibe este vino untuoso, suave, largo, potente. Buena acidez que compensa en parte el dulzor. Se marcha trayendo de nuevo ciruelas muy maduras y almendras tostadas. Sólo estamos empezando.

Le sigue Don PX Convento Selección 1929. Aromas  melosos, orejones.  Notas de ebanistería y pan tostado. Al batir la copa aparecen regaliz y especias. Habría que catarlo con más paciencia. Complejidad enorme. Placer único. En boca es amplio, equilibrado. Tal vez demasiado intenso, sin llegar a ser pesado gracias a la excelente acidez. Persistencia enorme.

Y por último el mejor dulce que haya probado jamás. Don PX Convento Selección 1955. Eucalipto y Guirlache dice Luis, y efectivamente ahí están. Extasiándonos. Envolviendo este momento único. Caramelo casero y notas de ebanistería muy ligeras. Caja de puros. Especias. Podría pasarme la vida oliendo y no acabaría de describir esta complejidad enorme. Este momento indescriptible.  Un vino que en la boca es difícil de describir. Equilibrio perfecto. Acidez que hace posible disfrutar de este prodigio. Chocolate negro y fruta roja. Persistencia eterna.



Miro a José María y a Pilar y les digo con palabras inútiles los mucho que he disfrutado con sus vinos. Los ojos, el gesto expresan más que las palabras. Casi se me cae una lágrima. Estoy realmente impresionado.

Vuelvo a casa y no me acuerdo de las vueltas que tuve que dar para encontrar el lugar. No recuerdo la falta de información, ni tampoco lo impersonal del enobar. No me acuerdo de la falta de coherencia entre unas tapas impresionantes y unos vinos sólo correctos. No me acuerdo de lo poco informado que estaba el personal de sala de la feria.

Sólo recuerdo lo enorme de las tapas de Iñigo Lavado. Sólo me acuerdo de los PX enormes que he disfrutado. Sólo recuerdo el aroma  que permanece la boca y no quiere dejarla. Recuerdo los momentos compartidos con los amigos. También recuerdo una sonrisa…

Te agradezco que hayas llegado al final. Quedan las experiencias positivas, y varios proyectos que han surgido tras la visita a esta feria. Posiblemente sean nuevas historias.

domingo, 1 de febrero de 2015

PR1MERO 2014.

Hay vinos que evocan situaciones especiales. Vinos para pensar. Vinos para charlar. Hay vinos para ligar, y también vinos para olvidar. El  que te propongo hoy, iniciando una nueva sección de este cuaderno con  vinos accesibles, es para que te des cuenta de que sigues vivo. Que el ciclo de la vida continúa. Que la tierra sigue ofreciendo sus frutos, y que durante el frío invierno seguirá habiendo una copa de vino que te calentará el cuerpo, y también el alma. Un vino que en septiembre estaba en la cepa, y en noviembre podía estar en tu copa. El primero de la cosecha.


Los entendidos, que no hayan leído el título pensarán que traigo un beaujolais nouveau, y no se equivocarán del todo. Pr1mero 2014, de bodegas Fariña, es la traducción con tinta de toro de los vinos de maceración carbónica hechos con gamay. Los vinos franceses que se hacían para celebrar la vendimia, el final del duro trabajo que se recompensaba con estos vinos frescos, afrutados, que nos dicen que la madre tierra sigue proveyendo. En España también se hace de estos vinos, aun cuando nuestra habilidad para el marketing no sea tan buena como la de nuestros vecinos.

Este vino es alegre, campechano, como debe ser si quiere mantener la alegría. Aromas sencillos de ciruelas y cerezas que quieren madurar. Recuerdos balsámicos de los pinos que aguantan con fuerza los embates del invierno, y alguna flor tímida que aún el frío no ha logrado vencer. En boca es fresco, potente. Con una acidez que al final es matada por la fruta golosa. Notas de ciruela madura y un poquito de naranja sanguina que queda al final, alegre, desenfadada.

Un vino para disfrutar sin complicarse demasiado la vida. Sin pretender grandes estridencias, pero recibiendo un placer sencillo, disfrutable. Acompañó bien un revuelto de setas con un poco de pimienta negra recién molida. No le iría mal un asado sencillo, o un simple filete a la plancha muy poco hecho, como a mí me gusta.

Como decía este es el inicio de una serie de entradas que iré entremetiendo con vinos sencillos, de los que voy encontrando todos los días. Espero seguir disfrutándolos y contándoos nuevas historias.