viernes, 13 de febrero de 2015

Crucero Vinícola por el Douro.

Los vinos de Portugal tienen para mi algo especial. No estoy hablando exclusivamente de los magníficos oportos, que me gustan a rabiar. Hace poco probé un tinto del Alentejo, región que está a la altura de nuestra Extremadura, que dentro de su sencillez era muy elegante, con una frescura envidiable. De un trago largo y fácil de beber. No es un caso único. La cata que programaron en El Mostrador de Vila Viniteca con vinos del Douro me demostraría que a la altura de Salamanca nuestros vecinos hacen unos vinos tremendamente interesantes. Permítete que te lo cuente.

Un nuevo lugar donde se programen catas de interés en Madrid ejerce sobre mí una atracción irresistible, como ya supongo que sabrás. A esto hay que unir que  mis breves dos o tres contactos con David me han demostrado que es un hombre que sabe de vinos, y al que realmente le entusiasma este mundillo. En cuanto vi programado el Crucero Vinícola por el Douro me apunté sin dudar.

Llego al Mostrador temprano, como casi siempre, y tengo tiempo de charlar un ratillo con David mientras él ultima las preparaciones de la cata.  Detrás de nosotros, en las estanterías, hay algunas botellas históricas, desgraciadamente vacías. Algunas viejísimas añadas de Viña Real, entre otras reliquias, son testigos mudos en una sala de catas amplia y muy bien iluminada.

Va llegando la gente hasta llenar la sala y David comienza a darnos unas breves nociones sobre la tierra que produce los vinos que vamos a probar, y que estamos ansiosos por tener en las copas.

La región del Douro

Es esta denominación de origen una de las más antiguas del mundo. Se extiende a ambas márgenes del rio Duero, desde la frontera con España hasta poco más del pueblo de Regoa. Rodeada por zonas montañosas, se divide en tres subzonas: Baixo Corgo, Cima Corgo y Douro Superior, de poniente a levante.

Imagínate que navegamos el Duero desde la altura de Mesao Frio estaremos al principio del Baixo Corgo. El río hace una curva hacia el norte, y podremos apreciar los suelos mayormente pizarrosos en los que crecen almendros y olivos, y por supuesto las viñas. Si el viaje lo realizamos en diciembre o enero es bueno que llevemos un chubasquero. El paisaje es bastante verde como corresponde a la lluvia que cae por aquí. En ambas riberas podemos ver las terrazas arrancadas a las riberas del río. Ensimismados por el paisaje llegamos a Regoa y cambiamos a la subzona de  Cima Corgo.



El paisaje según avanzamos hacia España va tiñéndose de ocres y marrones en  Cima Corgo. Se nota que por aquí llueve menos. Vamos viendo algunos parches de granito entre las pizarras. Los vientos del norte hacen que la ribera sur reciba vientos más fríos.  A un lado y a otro vemos pendientes duras, que nos recuerdan que pocas cosas buenas se consiguen sin esfuerzo. No es difícil ver algún mulo o burro ayudando en su labor a algún sufrido labriego. La tierra exige siempre trabajo duro para dar sus frutos. No es esta una excepción.

Llegamos a Cachao de Valeira y nos adentramos en el Douro Superior, un viaje que sólo es posible desde que en el reinado de Donna Maria se quitó el bloque de granito que obstruía el cauce del río. Comenzó así la viticultura en esta zona, aunque la escasez de lluvia y la pobreza del suelo hacen que las viñas que vamos viendo sean cada vez menos frecuentes.

Los Vinos

Y llegamos a lo que todos estábamos esperando: ¡los vinos de la DOC Douro! El primero es Meandro 2011. (38% touriga nacional, 30% touriga franca y 20% tinta roriz, 12% restante diversas variedades). Quinta do Vale Meao. Las variedades se vinifican por separado y el vino se cría durante menos de una año en barricas de segundo y tercer uso). El resultado es fresco y aromático. Limpio. Aromas de fruta roja y flor blanca que  se mezclan  con regaliz rojo y especias. Un ligero toque alcohólico. Promete frescura y sencillez, y en boca cumple su palabra. Frutal y fresco. Acaba con una buena acidez y una ligera tanicidad algo rústica. No está nada mal para empezar.

Xisto 2004 de la Bodega Roquete y Cazes (60% touriga nacional, 15% touriga franca, 25 % tinta roriz) le sigue. Un vino en el que los elaboradores buscan un vino de corte moderno, aproximándose al estilo bordelés. A fe que lo consiguen. En nariz fruta licorosa y canela. Chocolate con leche. Evoluciona hacia cueros y especias. Un vino que no sabe de donde es, pero que en boca demuestra su carácter. Elegante y amplio. Buena estructura y un tanino fino lo convierten en un vino agradable. Se despide ofreciendo fruta roja con una acidez más que suficiente.

La tipicidad del Douro, si es que existe en estos vinos cuyos elaboradores son en su mayoría jóvenes que aún tienen historia por escribir, la definen los vinos que siguen, minerales, elegantes y con cierto deje común. Veámoslos.

Pintas Character 2007, con hasta 30 variedades diferentes, criado en roble francés nuevo por un año. La bodega Wine&Soul nos propone este vino de cultivo orgánico, no excesivamente aromático al principio, pero que se va abriendo con frutos rojos y notas calizas, como de polvo de tiza. Algo tímido, en la boca se destapa. Excelente acidez en un vino fresco y con un tanino fino y elegante. Largo, ofrece un final algo cálido y amargoso. Un muy buen vino.

Raúl Pérez también anda por el Douro en un vino que lleva su sello, Ultreia 2011. El vino procede de mezcla de variedades, y se cría en doce meses en barricas nuevas y de un uso. Aromático, con un toque vegetal característico. Tierra mojada y flor marchita. Con el tiempo algo de cáscara de naranja. En boca fresco y elegante. Expansivo, muy vertical. Finaliza dejando fruta roja y especias. Un vino “muy Raúl”, pero que mantiene la línea que siguen estos elaboradores de la zona.

Poeira 2007 tinto (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz). Nariz exuberante que te invita a profundizar, aromático y algo dulce. Caramelos de violetas.  Piedra mojada. Talco. Mineralidad. Expansión. En boca muy buena textura, mineral, fresco. Final que recuerda de nuevo a las violetas con una frescura que parece no querer abandonarte. Para seguirlo de cerca.

Con Poeira casi llego al éxtasis. No quedaba demasiado. Batuta 2008. La genialidad de Dirk Niepoort. Mezcla de las variedades habituales procedentes de  viñas  de más de 70 años (touriga nacional, touriga franca y tinta roriz) que envejecen durante 21 meses en roble francés. Aromático con abundante fruta roja. Notas de golosina y especias dulces. Con un poco de tiempo, chocolate y balsámicos. Complejidad. En boca es brillante, fresco y amplio. Equilibrado y bien estructurado. La variedad de matices es enorme, en un vino que toma posesión de la boca y se queda allí.  Le seguiría, pero me tiran para atrás los más de 50 euros que sin duda vale.

Finaliza esta cata con un blanco, también de Dirk Niepoort. Coche 2012. Aparece con flores blancas, ligeramente empolvadas con tiza. Cuando te despistas aparece melocotón blanco. Alguna nota de una albariza inexistente. Ligeros balsámicos y te rindes ante un vino inmenso. Fresquísimo. Largo y persistente. Final delicado que trae de nuevo recuerdos de melocotón y notas florales. No quiero saber el precio.


Finaliza una cata en la que hemos disfrutado, y descubierto vinos no muy habituales. Me vuelvo a casa pensando si algunos bodegueros de nuestra tierra habrán probado alguna vez estos vinos. Me ha gustado El Mostrador. Volveré y seguramente de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Todos los vinos pueden encontrarse en Vila Viniteca. A mis vecinos madrileños os informo que en el Mostrados de Vila Viniteca os pueden traer todas sus referencias sin gastos de envío. Tardan un par de días.

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