viernes, 6 de febrero de 2015

ENOFUSIÓN 2015

El comienzo

No había oído hablar muy bien de Enofusión. Demasiado impersonal, decían algunos. Poca implicación de bodegas importantes, escuché a otros. Aun así me decidí a dar una vuelta por allí. Leí que había una cata interesante con motivo del 50 aniversario de la Denominación de Origen Manzanilla de Sanlúcar. Eso y una cata maridaje  para matar el gusanillo daban para echar un rato.

Comienza mal el día. Llego al recinto de la Feria de Madrid, y allí no hay nada. Comentan que creen que es en el Palacio de Congresos. Llamo al 902 que venía en el mensaje de la acreditación  y me lo confirman. Veinte minutos de coche y llego al Paseo de La Castellana. El Palacio de Congresos cerrado. Por fin llamo a una de mis tiendas de referencia, Enoteca Barolo, y me dicen que es en el Palacio de Congresos de la Comunidad de Madrid. ¿Tanto trabajo costaba a la organización poner el lugar del evento en algún sitio en la página web? ¿Es mucho pedir que informen de forma exacta en el teléfono de atención? Lleno mi coche con unos japoneses que me preguntan, y que estaban perdidos. ¡Por fin llegamos!

El proceso de acreditación va como la seda. Me voy olvidando de los sinsabores de la búsqueda del local. Doy una vuelta y no veo nada relacionado con el vino. Pregunto y recibo por contestación caras de haba. Llego a pensar que no se estaba tan mal en la oficina. Después de dar vueltas una media hora por un recinto en el que me ofrecen galletas de chocolate de MAKRO y frutos secos filipinos, ya casi abandono. Al salir pregunto al empleado que controla las entradas, y ¡por fin! La zona  de vinos está en la segunda planta.

El Enobar

De no muy buen humor, voy pensando en la puntuación que merece la organización. No más de un uno, porque dicen que los ceros pueden llegar a traumatizar. En esto llego al enobar. Como había leído es bastante impersonal. Algo más de cien vinos dispuestos para que se caten libremente. Como queda más de media hora para la cata de manzanillas, voy  probando algunos blancos. The Flower and the Bee me cautiva de nuevo con esos aromas a tierra verde. Limón e hinojo van apoderándose del mal humor, expulsándolo. Melocotón blanco y algo de miel te conquistan, haciéndote comenzar desde cero. Acidez afilada, aromas intensos que llenan la boca, bien definidos. Final cítrico con recuerdos de menta muy ligera. ¡Qué bueno!



Encuentro también un vino discreto de la Selección del Sumiller de MAKRO, NY HOOD 2014, (100% moscatel de Alejandría) que no está nada mal. Un vino sencillo, con aromas muy atractivos florales y notas de miel y cáscara de limón. En boca está bastante equilibrado, mandando ligeramente su parte  dulce. Buena persistencia y ganas de seguir bebiendo. Humilde, pero honesto.

Maridajes singulares

Después de la cata de manzanillas, que será objeto de otra entrada, viene la de maridajes singulares. Confieso que me apunté a ella por picar algo antes de volver a casa, sin esperar demasiado. Mi curiosidad fue ampliamente recompensada. Los vinos son de la Selección del Sumiller de MAKRO, y no están nada mal. Ya me gustaría encontrarlos, servidos a temperatura correcta en algunos de los sitios en los que suelo tapear. Seguro que bebía menos cañas.

La cata comienza con un jugo de vainas crudas con espuma de coliflor y berberechos, acompañada por Bicos 2013, un albariño muy sencillo, pero correcto. La tapa, sin embargo, es un prodigio de combinación de texturas y sabores, muy suaves, pero que encajan a la perfección. La frescura del vino juega con los sabores, en una experiencia que hace que vea la cata con otros ojos. Prometedora.



Las milhojas de foie y manzana caramelizada no son una apuesta arriesgada. ¡Y a quién le importa! Sencillamente delicioso. El crujiente y la acidez de la manzana contrastan con la suavidad y grasa del foie. Aquí el Gewurztraminer 2013 de Henri Weber acompaña con honestidad, pero la impresión producida por la tapa le relega a un papel secundario, aunque bien ejecutado.

Los noodles con rabo de toro me impresionan menos. Esta fusión con cocina oriental es sabrosa, pero los fideos chinos no aportan demasiado, a mi juicio. En esta ocasión el Habla del Silencio 2013, estuvo dos cuerpos por delante. En cualquier caso, me gustó la combinación.



A poco que lleves leyéndome algún tiempo conocerás mi pasión por las croquetas. La que propone Iñigo Lavado está de impresionar. Croqueta de calamar en su tinta rebozada con panko. Se me saltan las lágrimas. Están para meditar. Suerte que no me las comí con la mano, porque me hubiera chupado los dedos. A su lado Cepa Gavilán 2013 cumple sin más.

Y finaliza la cata con un brownie de chocolate a la parrilla.  Está marcado en la sartén y tiene unas escamas de sal maldón. Sinfonía de texturas. Sonata de sabores. La boca se recrea en los contrastes extasiándose. Disfrutando. El Tawny de Don Pablo pasa desapercibido ante la talla de la obra culinaria.

Me impresionaron las tapas de Iñigo Lavado. Desde luego no tardaré en hacerle una visita a su restaurante Singular. Los vinos de la Selección del Sumiller, por precios siempre por debajo de diez euros la botella, y casi siempre rondando los cinco, cumplieron con la difícil tarea de armonizar con estas creaciones de este chef que estoy convencido que será protagonista de alguna historia en este cuaderno. Una pena no haber probado estas tapas con vinos que dieran algo más de sí.

El stand de la Bodega Toro Albalá

Si me hubiera quedado aquí hubiera sido una buena mañana, pero lo mejor estaba por llegar. Para irme con buen sabor de boca, pienso en probar alguno de los PX del enobar. La fortuna quiere que vea a mi primo lejano Luis Vida en el stand de la Bodega Toro Albalá y me acerque a charlar un poco con él. Es difícil describir la mezcla de sensaciones que se producen. La muestra incluye juventud y belleza. Sabiduría e improvisación. Clasicismo y vanguardia. Todo ello enmarcado por la eterna sonrisa de Pilar, que de vez en cuando se acerca a compartir nuestro disfrute con estos vinos únicos.

El primero que me produce una gratísima impresión es Don PX Gran Reserva 1986. Recibe en la nariz con aromas de chocolate con leche, balsámicos y de regaliz. La complejidad aumenta al mover la copa volviéndose ligeramente más frutal. Ciruelas pasas y uva pasificada. Recuerdos de mi juventud. Esteras rodeando las viñas con las uvas al sol de verano. Recuerdos  de sol de justicia que se marchan cuando la boca recibe este vino untuoso, suave, largo, potente. Buena acidez que compensa en parte el dulzor. Se marcha trayendo de nuevo ciruelas muy maduras y almendras tostadas. Sólo estamos empezando.

Le sigue Don PX Convento Selección 1929. Aromas  melosos, orejones.  Notas de ebanistería y pan tostado. Al batir la copa aparecen regaliz y especias. Habría que catarlo con más paciencia. Complejidad enorme. Placer único. En boca es amplio, equilibrado. Tal vez demasiado intenso, sin llegar a ser pesado gracias a la excelente acidez. Persistencia enorme.

Y por último el mejor dulce que haya probado jamás. Don PX Convento Selección 1955. Eucalipto y Guirlache dice Luis, y efectivamente ahí están. Extasiándonos. Envolviendo este momento único. Caramelo casero y notas de ebanistería muy ligeras. Caja de puros. Especias. Podría pasarme la vida oliendo y no acabaría de describir esta complejidad enorme. Este momento indescriptible.  Un vino que en la boca es difícil de describir. Equilibrio perfecto. Acidez que hace posible disfrutar de este prodigio. Chocolate negro y fruta roja. Persistencia eterna.



Miro a José María y a Pilar y les digo con palabras inútiles los mucho que he disfrutado con sus vinos. Los ojos, el gesto expresan más que las palabras. Casi se me cae una lágrima. Estoy realmente impresionado.

Vuelvo a casa y no me acuerdo de las vueltas que tuve que dar para encontrar el lugar. No recuerdo la falta de información, ni tampoco lo impersonal del enobar. No me acuerdo de la falta de coherencia entre unas tapas impresionantes y unos vinos sólo correctos. No me acuerdo de lo poco informado que estaba el personal de sala de la feria.

Sólo recuerdo lo enorme de las tapas de Iñigo Lavado. Sólo me acuerdo de los PX enormes que he disfrutado. Sólo recuerdo el aroma  que permanece la boca y no quiere dejarla. Recuerdo los momentos compartidos con los amigos. También recuerdo una sonrisa…

Te agradezco que hayas llegado al final. Quedan las experiencias positivas, y varios proyectos que han surgido tras la visita a esta feria. Posiblemente sean nuevas historias.

6 comentarios:

  1. Hola Vicente
    y a todo esto, ¿dónde se encuentra ese palacio de congresos? No termino de ubicarlo.

    Y por otro lado, ¡seamos garantes de la corrección gramatical enopática! Alvariño -> albariño ;-)

    Saludos,

    Jose

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    1. Hola Jose

      Está en el Campo de las Naciones, Avenida de la Capital de España Madrid, 7.

      Corregido el error. Y yo que creía que el famoso vino gallego se obtenía exprimiendo Álvaros pequeñitos.

      Saludos
      Vicente

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  2. Aaaah vale, ya sé dónde cae el pabellón en cuestión.

    Ná, si yo con la uva a veces también dudo, recuerdo la grafía portuguesa y al final me hago un lío.

    Saludos,

    Jose

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  3. Vicente, defiendete de Jose. En portugues va con V. Jajajaj

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    1. Si ya lo sé, Mariano. Mucho me temo que el error va a ser un efecto secundario de la cantidad de botellas de Dorado Superior que llevo bebidas.
      Un abrazo
      Vicente

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