lunes, 20 de abril de 2015

Valle del Botijas 2012

Tengo la suerte de tener amigos que hacen muy buenos vinos. Incluso grandes vinos. Hoy me gustaría contar la historia del de Juanma y Ramón.

Estos dos son de los que empiezan los proyectos por el principio. Empezaron apasionándose por  el vino y su mundo. Pisando mucho viñedo. Ellos pueden permitirse beber de lo  mejor, y han ido  formando su gusto con paciencia. Catar en la Despeña a su lado es una gozada. Pensándolo fríamente,  salvo yo que estoy injertado al final, en este grupo hay mucho saber de vinos, mucha ilusión por lo que le rodea, y mucho buen gusto.

Ramón y Juanma vieron crecer los vinos de Alfredo Maestro desde el principio. Vieron como Antonio hacía sus pinitos, hasta llegar a producir un buen vino. Sintieron la llamada de la tierra y se dijeron, ¿y por qué no nosotros?

Creo que una vez tomada la decisión, no le dieron muchas vueltas. Arrendaron unas tierras en el Valle del Botijas, cerca de Valtiendas, y comenzaron su aventura. Produjeron primero con la marca Platinum, pero no recuerdo qué marca de ron se sintió invadida, y ahora puedes beber su vino leyendo en la etiqueta Valle del Botijas. La verdad es que me gusta mucho más el nombre actual, que nos orienta hacia el lugar donde el vino nace.

En la última cata de la Despeña, en la que Jaime nos propuso unos más que interesantes vinos portugueses del Dao, tuve la suerte de que me regalaran una botella de Valle del Botijas 2012. Lo probamos mientras picábamos alguna cosa, pero me gusta escribir de los vinos probándolos en la tranquilidad de mi casa, y al lado de alguna comida, para que el vino se exprese con calma y en su terreno.

Dándole vueltas a qué plato hacer para acompañar este vino me decido por algo sabroso pero sencillo, unos solomillos de ibérico al whisky. Me da un poco de miedo que la intensidad del vino se “coma” el sabor de la carne, pero algo me dice que no armonizarán mal.

Corto los solomillos en medallones de algo más  de un dedo, y los paso por la sartén con aceite de oliva, para sellarlos. Los reservo. Abro la botella y el aroma a frutos rojos maduros va esparciéndose por la habitación. Gran expresividad la de esta añada. Parece que han hecho un vino muy directo.

Todavía pensando en el vino, que va tomando temperatura en la copa, pongo unos ajos en la sartén que se van dorando. A continuación un vaso generoso de whisky. Iba a poner Bowmore White Sands, uno de mis favoritos, pero veo la botella mirarme con mala cara y prefiero utilizar un más sencillo, Ballantines. Seguro qué hace el papel.

Los aromas compiten en la cocina, cierro la puerta para que no me monten la bulla, y me deleito mientras el aroma dulzón del destilado me va trasportando a situaciones que no confesaré, por ahora.

Añado el zumo de un limón, y algo de caldo. Un poco de mantequilla, y voy dando vueltas. Algo de pimienta negra, cuyo aroma aspiro con cierto egoísmo. ¡Qué grandes las especias de Spicy Yuli! La salsa va tomando una textura cremosa de color amarillento.


Medallones de solomillo a la sartén, y ya sólo queda esperar que terminen de hacerse. Unas patatas panaderas, o unas sencillas patatas fritas acompañan de maravilla este plato.

Valle del Botijas 2012, se muestra muy directo desde el principio. Aromas francos a fruta roja madura, acompañados por notas de especias, sobre un agradable fondo balsámico de menta y romero. Es un vino con el que no hay que complicarse la vida, lo que tiene es lo que da, y lo hace desde el principio. En boca un difícil equilibrio  entre potencia y suavidad, en el que los aromas frutales mandan. Buena acidez y un tanino arenoso le auguran un buen futuro, que esta botella me temo que no demostrará. Al final recuerdos balsámicos acompañados de fruta roja te hacen volver a este vino que sobre todo es muy disfrutable, hasta que te das cuenta que se terminó.


Acompaña de maravilla los solomillos, envolviendo el sabor sabroso de la carne y acompañándolo. La sencillez del plato y la falta de complejos del vino se llevan de la mano de maravilla.

Llevo tiempo queriendo cuadrar fechas para visitar sus viñas. Como bien dice Ramón un vino se conoce realmente cuando ves su tierra. Lo apunto en pendientes. Por cierto, este año Juanma y Ramón producirán por primera vez un blanco. Estaré al tanto. Estoy seguro que de ahí saldrán nuevas historias.

2 comentarios:

  1. Delicioso post amigo. Me han dado ganas de comprar un Whisky,.... y eso que lo detesto!

    Abrazos

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    1. Muchas gracias, Mariano. Siempre puedes cambiar el whisky por brandy. Pienso que el resultado no sería muy distinto.

      Abrazos.

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