jueves, 22 de diciembre de 2016

Forlong "El Amigo Imaginario" 2015

Están haciendo en mi tierra andaluza vinos que innovan, que realmente merece la pena conocer. No es que esto sea sorprendente, porque la mía  fue siempre tierra de vinos grandes, Vinos que saben a mar y se dan la mano con el calor asfixiante del sur. Que saludan al levante ardiente y al refrescante poniente, y que lo mismo pasean por ferias, llenas  de risas y juerga, como por clubes de postín, donde arrugarían el ceño por esas pequeñas muestras de libertad. Vinos que jugarían con todos, si algunos le conocieran. Pero en esta entrada no voy a hablar hoy de las manzanillas y olorosos, de los dulces y los finos que tanta fama siguen dando al sur.

Y es que junto a esos vinos grandes, hay gente con ilusión, que mirando con orgullo el legado que le dejaron sus mayores, quieren hacer cosas nuevas, vinos nuevos. Curiosamente, vinos con el fundamento de la gente sencilla. Vinos como los que bebía mi abuelo después de haberse dejado la piel en el campo. Vinos que acompañaban las risas de los trabajadores después de un día duro, extraordinariamente duro. Vinos sencillos, que bien tratados son la madre de vinos grandes.

Hace ya algún tiempo que los inquietos buscadores de vinos especiales  del Grupo Navazos descubrieron uno de ellos. OVNI le llamaron. Vinos tranquilos, que refrescan el paladar que seca el calor de mi tierra, como ya  hacían en tiempos de mi abuelo.

Hoy quiero compartir contigo uno diferente, un vino que quiere aunar tradición con imaginación, ilusión con frescura. Un vino que no es para todos, pero que algún día puede que abra caminos de grandeza. Un vino que hoy es experimento disfrutable, y que mañana, ¿quien sabe? podría ser parte de una tradición. Hoy comparto contigo un vino diferente, de bodegas Forlong, El Amigo Imaginario 2015. Un blanco con alma de tinto, que quería ser oloroso. Te cuento.

Las uvas con las que se elabora este vino proceden de la finca Plantalina, en el tan nombrado últimamente pago Balbaina. Mar de albariza blanca surcado por cepas viejas, nudosas, que parecen querer beber del cercano pozo de las Ánimas. Tierras que parecen en invierno muertas, en las que en primavera estalla la vida, y en el otoño empieza  la magia, como la que practican Rocio Áspera y Alejandro Narváez con estas uvas.

Uvas que se vendimian bien maduras, y a las que siendo blancas, se les da tratamiento de tintas, para hacer este vino naranja. Uvas que no conocen tratamientos agresivos desde hace ya más de quince años, que son tratadas con mimo, con la ayuda del levante y del poniente, conjurados para obtener un equilibrio frágil, pero posible si se trata a la tierra con respeto. Fermentación lenta y bazuqueo diario, para extraer la esencia de estas uvas que van transformándose lentamente, con cuidado, unos veinticinco días.

El vino va encontrando su esencia, ajustándose a lo que en la imaginación de Rocío y Alejandro tienen pensado, y entonces se descuba y prensa, conduciéndolo a una bota que antaño tuvo oloroso. Bota cerrada, en la que no entra el oxígeno. Vino que respira el aroma del viejo oloroso, oyendo cuentos, o tal vez imaginándolos.  Aromas nuevos, alma nueva para este vino diferente, imaginado con ilusión del niño que necesita un amigo que le acompañe a todas las horas del día, y lo imagina sonriendo, a su lado. El vino va cambiando, acomodándose a esta imaginación única, a este proyecto diferente, que quiere algún día ser grande, como la ilusión del niño.

Ocho meses y se le embotella. La etiqueta tiene que ser única diferente, recordando a una película antigua. Dos monos que se miran sonrientes, juguetones. La admiro y me pregunto como será este vino. Curioso. Lo descorcho y el aroma, intenso de fruta blanca  y de hueso me llama. Vuelvo a él y ya no está, se ha convertido en  aroma de monte y de frutos secos ligeramente tostados. El aroma muta, atractivo, diferente. Tengo que aprehenderlo y no se deja, juega como amigo imaginario, sorprendente. Lo llevo a la boca y se muestra pleno y a la vez desconcertante. Un vino seco con ligeros matices de oloroso. Acidez correcta y buena intensidad.

Un vino que se resiste a los cánones, para el que hay que desaprender lecciones y dejarse llevar por algo diferente. Un vino que puede estar definiendo un estilo, o puede que no. Un vino del que me alegraré siempre de haya estado una vez en mi copa y que seguiré con cuidado, porque detrás de él puede haber algo importante. Sólo algo más de seiscientas botellas de esta magia desconcertante, no apta para paladares señoritos, o demasiado encasillados. Que huye de términos como volumen o equilibrio, para mostrarse como lo que es, diferente, disfrutable.

Mi amigo Armando Guerra me recomendó este vino. Desde luego seguiré sus consejos sabios, de hombre cercano al vino y a la tierra.  En la bodega hay más blancos tranquilos andaluces, seguro que de ahí nacerán nuevas historias.

viernes, 16 de diciembre de 2016

El Microscopi 2013. Un vino solidario

Hace ya tiempo que conozco y participo, modestamente, en el proyecto solidario de la enóloga Irene Alemany. Una tarea que ilusiona y compromete. Si no estás al tanto, hoy vas a tener la oportunidad de conocerlo y contribuir. Vaya por adelantado que te va a parecer una idea fantástica: solidaridad bebiendo. ¿Alguien da más? ... Te lo explico.

Hace ya unos años, en el 2012, a Irene le detectaron un cáncer de mama, y quedó impresionada y agradecida por el trato recibido en el Hospital Universitario Vall d'Hebrón.  Ni corta ni perezosa, pensó cual era la mejor manera de mostrar su solidaridad con este magnífico cuadro médico, y con las personas que pasan por el mismo trance que ella. La decisión que tomó es admirable; poner una parte de su ser al servicio de esta empresa, elaborando un vino cuya venta iría por entero destinada a la compra de un microscopio para el avance de la investigación y tratamiento de la enfermedad. A ello dedicó las añadas de Microscopi de 2013 y 2014.

Irene y Laurent comparten su pasión  por la tierra, y son conscientes de que sólo pueden hacer vinos con los que se sientan satisfechos si son fieles a su terruño, a las características particulares de la tierra que trabajan, de los viñedos que cuidan. Viñedos viejos de xarel-lo del Garraf y de la sierra del Ordal. Viñedos de variedades ya viejas en estas tierras.

Pero no son personas que  se dejen atar demasiado por la tradición, lo que demuestran en sus tintos. Cabernet sauvignon y merlot se mezclan con la tradicional cariñena. Hacen vinos serios y potentes. Tintos en los que  se combinan tradición y modernidad, con la maestría de las personas que aman la tierra. Personas generosas y humildes como demuestran con este Microscopi.



En la bodega encontré ayer una botella de 2013, y cuando poco después  leí que el proyecto continuaba, que Irene y Laurent, después de tres años de contribuir a la compra de los microscopios del Vall d'Hebrón, seguían en la brecha, esta entrada surgió sola. La añada 2015 de Microscopi se invertirá en financiar la influencia de los linfocitos infiltrantes del tumor en el sistema inmunitario. Lo he leído y no tengo ni idea de que significa, pero se que Micropscopi sigue en la brecha, y yo no puedo dejar de colaborar como se, escribiendo y bebiendo. La verdad es que ser solidario disfrutando es un chollo.

Pero volvamos al Microscopi 2013, un vino elaborado con merlot, cabernet sauvignon y cariñena. Un tinto sin filtrar, porque este vino no puede dejar de ser auténtico. Un vino en el que sólo se han empleado levaduras autóctonas, porque esta gente solidaria y humilde no puede dejar de ser fiel a su terruño. Un vino de aromas francos, sinceros. Mermelada de fruta roja, mezclada con alguna tímida violeta. Notas de cuero fino, y algún apunte terroso. Un vino que no me canso de oler, con el que es fácil hablar. Sencillo, pero interesante. Ataque fresco el de este vino solidario, con fruta alegre y fresca, vivaracha después de un par de años de botella. Un vino que se bebe bien, y que me hace sentir bien

Esta vez nos vienen bien  dadas, beber y amar en un mismo acto. Conocer los vinos de buena gente y colaborar a que haya menos sufrimiento. Algún otro apunte enosolidario me han dado a conocer estos días, puede que de ahí salgan otras historias...

PS. Quedan algunas del '15 en Vinissimus. 8 a 9 euros, un chollo.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Brunello de Montalcino. 2011 vs 2010

La Enoteca Barolo es una de mis principales referencias enológicas, especialmente en lo que se refiere a los vinos italianos; y junto a la UEC mi fuente principal de catas de vinos de calidad. No hace mucho programaron una en la que Juancho Asenjo nos propondría vinos de Brunello de Montalcino de las añadas 2011, con un perfil caluroso, comparándolos con  brunellos de 2010, una de las añadas más renombradas de los últimos tiempos. La cata realmente mereció la pena, tanto por los didáctica como por lo entretenida. Ir a una cata de Juancho es un seguro para aprender de vinos, no sólo en aspectos enológicos, sino también por la gran cantidad de anécdotas y matices que conoce. Te cuento como fue la cosa, merece la pena.

La DOCG Brunello di Montalcino

La zona amparada por la denominación Brunello di Montalcino está en el corazón de la Toscana, al sur de Siena, delimitado por los valles de los ríos Oria, Asso y Ombrone. Es un área cubierta en su 50% por bosque, 10% por olivos, y tan sólo el 8% por viñedo, aún cuando en los últimos tiempos la plantación de viñedo se haya incrementado notablemente.

La denominación de origen nació en el año 1967 cuando había plantadas 65 hectáreas de viñedo, que producían unas cien mil botellas, Tal ha sido el crecimiento, que en la actualidad hay una dos mil hectáreas, de las que se elaboran más de ocho millones de botellas. Este crecimiento, desgraciadamente, no se ha realizado de una forma planificada y controlada.

En los años 90, una ley de la Unión Europea levanta las restricciones para la plantación de viña para mujeres y jóvenes. Esto supuso que se plantaran vides en zonas que tradicionalmente se habían dedicado al cereal, normalmente zonas cálidas y bajas en las que la calidad de la uva obtenida no es demasiado buena. Esto hace que la zona de los brunello sea muy irregular, y que sea especialmente importante conocer las parcelas y elaboradores que hay detrás de una de estas botellas.

En Brunello di Montalcino no hay una zonificación asociada a la calidad de las parcelas, y es muy difícil que esta se produzca alguna vez, por la ausencia de una tradición vinícola antigua, y porque la mayoría de los viñedos no se encuentran plantados en suelos de calidad.

El clima

El clima en la zona es mediterráneo, lloviendo principalmente durante la primavera y el otoño, con una media de 700 mm anuales, uno des más secos y calurosos de Toscana. Nieva en invierno por encima de los 400 metros de altura.

 La zona norte es la menos soleada y la que sufre más frío, madurando la uva de forma más lenta y produciendo vinos más aromáticos y ácidos. En la parte sur hay más sol y vientos marinos, por lo que los vino suelen tener mayor potencia. El oeste es caluroso, y el estar cercano a la maresma, por lo que los vinos son sabrosos, y en ocasiones tienen un cierto recuerdo a salmuera. En el este está la parte más elevada, con galestro más fino y más de trescientos metros de altura, produciéndose los vinos más elegantes.

Un factor extremadamente importante para que de una parcela de esta zona se produzca  vino de calidad es el viento, incluso puede a prevalecer sobre la calidad del suelo, ya que limpia de enfermedades la zona y regula la humedad. La altura, junto con el microclima de la parcela son factores también muy importantes, respondiendo de forma diferente cada tipo de suelo a estos factores.

La uva

La uva brunello, una variedad de la sangiovese, da vinos de larga guarda, con una tanicidad importante. En ellos predominan aromas de fruta roja ácida, flor azul y terrosos (setas, champiñones, trufa) cuando son jóvenes, y de alquitrán y tierra mojada cuando van siendo más añejos.

Los vinos de 2011

El primero de los vinos de 2011 es La Poderina 2011 (100% sangiovese grosso). Tenute del Cerro. DOCG Brunello di Montalcino. Me llevo una pequeña decepción con este vino, que recientemente ha cambiado de enólogo (Ricardo Coltarello) y que ahora tiene un estilo mucho más "moderno". En nariz ofrece un aroma cálido de fruta negra madura, con notas de higos secos y especias (clavo). Con un poco de aireación aparece canela, y acaban dominando los torrefactos. En boca es amplio y suave, secante, estructurado y con suficiente acidez. Taninos redondos. Un vino para beber ya, pero cuya personalidad viene más dada por su elaborador, que por el terruño y la uva.

Gianni Brunelli 2011 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino fue el siguiente vino. Tiene una crianza de dos años en botas de roble de Eslavonia de 20 hl. Aparecen rápidamente y con buena intensidad frutas rojas fresas junto con aromas florales. Pimienta negra y algunas notas de hierbas aromáticas les acompañan cuanod el vino coge un poco de temperatura. Al entrar en boca se muestra fresco y amplio, con abundante fruta roja ácida, y ligeramente secante. largo. Un muy buen vino, accesible. Se puede beber ya, y de hecho si yo tuviera alguna botella no la guardaría mucho.

Finalizamos la ronda de esta añada  con Salvioni 2011 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino fue el siguiente vino. Tiene una crianza de dos años en botas de roble de Eslavonia de más de 20 hl. Muy hermético en nariz al principio, ofrece sólo aromas torrefactos, con un poco de aire van apareciendo flores azules, acompañadas de notas de monte bajo, y de boletus y trufa. En boca es muy equilibrado, suave y elegante. Con una tanicidad marcada, pero redonda. Profundo y con tensión. Final muy elegante y largo. Un muy gran vino.

Los vinos de 2011 no estuvieron nada mal, en general los he encontrado accesibles, con taninos marcados pero redondos y que no deben suponer un problema. Buena fruta, con acidez suficiente, para nada excesiva. No parece una añada muy característica, pero da vinos disfrutables, aunque no confío mucho en su capacidad de guarda. Desde luego lo que haya en mi bodega caerá pronto.

La famosa añada 2010

Nos cuenta Juancho que 2010 fue una añada cuyos vinos desparecieron del mercado con rápidez, especialmente por las alabanzas que recibieron de la crítica estadounidense. Fue un año medido, en que las lluvias, los fríos y la insolación aparecieron en los momentos justos, permitiendo una madurez de la uva justa para hacer grandes vinos. Os cuento lo que me parecieron:

El primero es Capanna Brunelo di Montalcino 2010 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Tiene una crianza en fudres de 10 a 30 hl. de  tres años. La nariz es muy elegante con aromas de flor azul y cereza fresca. Notas de canela y pimienta, acompañadas por tabaco rubio y caja de puros. Inmediata y agradable. En boca es amplio y muy fresco, con un tanino bien marcado, secante. Envolvente, con buena tensión. Equilibrado y muy largo. Un vino tremendo.

Le sigue Pinino Brunello di Montalcino 2010 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Se ha criado durante 24 meses en fudres de roble esloveno. Nariz no excesivamente compleja, en la que aparece fruta roja ácida y bosque bajo, con algunas notas de menta. En boca sorprende por su finura y elegancia. Amplio, fresco y equilibrado. Mineral y con una buena espresión de fruta fresca. Final de frutas rojas acompañadas de notas balsámicas, muy largo.

El último es Biondi Santi Brunello di Montalcino 2010. (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Se ha criado durante 36 meses en fudres de roble esloveno. En nariz algo cerrado al principio, aunque se ven torrefactos y algunas notas de tabaco. Aparecen con la aireación aromas de arándanos con buena intensidad, acompañados de bouquet de hierbas aromáticas. Boca suave y fresca. Extremadamente elegante. Vertical, con una gran tensión. Fruta que ocupa la bota. Tanino marcado, y algo secante. Muy fresco. Mineral. Final afrutado, con notas especiadas. Absolutamente impresionante.

Desde luego la añada 2010 es tremenda, si responde a los enormes elaboradores que hemos catado. tanino muy marcado, frescura y elegancia parecen las notas dominantes de esta gran añada. Voy mirando mis notas y veo que tengo pendiente de publicar  una cata de barolos que hicimos el mes pasado, creo que de ahí surgirá una nueva historia.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La Despeña. Los Verdejos de Herrero

Atrás ya los recuerdos del Ránking 2016, y Jaime Jiménez propone a La Despeña algo diferente a lo acostumbrado, una cata a botella vista de unos vinos que en un principio no parecen llamar demasiado la atención, verdejos de Rueda. Sin embargo,  no suele decepcionar con sus propuestas, y además hace mucho que no nos vemos, por lo que con la excepción de nuestros amigos de Valle del Botijas, acudimos todos a una.

Llego temprano y me da tiempo a charlar un poco con Jaime, que lleva ya un rato en La Baltasara. Su propuesta va ganando en interés para mí, cuando me cuenta que ha traído tres añadas de uno de los mejores vinos de los Herrero, Robert Vedel, nombre del abuelo de los propietarios actuales. Nos trae también, de la misma bodega, el básico Erre Punto, y un sauvignon blanc, Janine Vedel 2014. Para actuar como término de comparación, propone Komokabras Verde, un albariño peculiar de nuestro amigo José Crusat. Como siempre, una cata atractiva, por lo novedoso de los vinos, y por lo formativo del planteamiento.

Comenzamos por Erre Punto 2015 (100% verdejo). DO. Rueda. Uno de los básicos de la bodega, que se presenta sencillo, pero muy serio. Aromas cítricos (limón) y herbáceos (heno), que se combinan con algunas notas florales. Como ves una nariz muy personal. En boca tiene una entrada muy fresca y amplia. Van dominando los matices cítricos, que a poco ceden el paso a un amargor suave, elegante. No muy largo, pero completamente disfrutable.

Le doy una tremenda importancia a los básicos. De hecho muchas veces, si no me convencen, es lo único que pruebo de una bodega. Si son capaces de hacer un vino atractivo con su uva más discreta,  seguramente merezcan la pena sus elaboraciones de mayor calidad. No tarda mucho en aparecer el siguiente:

Janine Vedel 2015 (100% sauvignon blanc). Otro joven muy personal, aunque algo más discreto en nariz. Con un poco de aire aparecen notas varietales, junto con apuntes florales. Una nariz elegante y delicada. En boca es fresco y amplio, con una acidez cítrica pronunciada. Final cítrico, con matices de flor blanca, de persistencia media. Nada mal.

Antes de la mini vertical, y para romper el ciclo catamos Komokabras Verde 2015 (100% albariño). Vino de mesa.  Según me contó Crusat el vino se elabora en dos depósitos, uno de ellos con lías finas. Después la mezcla se hace con múltiples catas ciegas. Este año se compone de un 50% de cada depósito. Al principio domina la pera conferencia, acompañada de notas salinas, minerales. Con un poco de aire aparece manzana madura, con notas de heno y de frutos secos (almendra), recordando levemente con la temperatura a un oloroso seco. En boca es muy fresco y amplio, carnoso, intenso, dominando los cítricos (pomelo), con matices salinos, minerales. Final cítrico, ligeramente amargo. Un vino diferente, disfrutable, y muy sabroso. Lo había catado en el Ránking 2016, pero me ha gustado mucho beberlo con un poco más de tiempo. es un vino que agradece que le dejen hablar.

A continuación, empezamos la vertical de los vinos de Herrero que atraen más mi atención, los Robert Vedel. Procedentes de viñas de verdejo muy viejas y en su mayoría de pie franco (sin injerto). Elaborados con uvas segovianas  de Nieva y Aldeanueva del Codonal. Nos cuenta Jaime que con estos vinos, de manera especial, se trata de conseguir vinos que muestren lo que puede dar de sí esta uva tantas veces denostada, y que como veremos  a continuación tienen una gran capacidad para expresar el terruño.

Empezamos con Robert Vedel 2014 (100% verdejo) DO. Rueda. Le beneficia la temperatura para expresar sus aromas, tal vez lo servimos un poco frío, Pronto despliega aromas de guayaba y heno, con unos ligeros apuntes de aceite de oliva. Ligeros toques salinos y de caliza después de la lluvia. Muy agradable y elegante. En boca fresco, redondo y elegante. Se bebe con mucha facilidad, dejando al final un ligero recuerdo amargo. Nada mal.

Animados por la sorpresa que nos produce este buen vino, pasamos a Robert Vedel 2013 (100% verdejo) DO. Rueda. Se nota en seguida que estamos ante un vino diferente, que refleja una añada distinta, algo más cálida. Aromas herbáceos y de anís estrellado. Apuntes  de carne blanca, y de nuevo esas leves notas de aceite de oliva que parecen hilo conductor aromático. Menos mineral que el 2013, aunque también se perciben algunos recuerdos calizos. En boca fresco y amplio, algo más intenso que el anterior, pero sin caer en excesos. Final amargoso y largo.

Robert Vedel 2012 (100% verdejo) DO. Rueda finaliza esta mini-vertical. Nariz realmente atractiva, impresionante. Muy complejo. Piel de lima acompañada por ramillete de hierbas aromáticas y pipas de girasol tostadas. Notas salinas y de tierra caliza. Bosque bajo después de una lluvia ligera. Se ensimisma uno en la complejidad aromática de este vino que impresiona. En boca muy fresco y amplio. tengo que mirar de nuevo la etiqueta para asegurarme de que es un vino con cuatro años. Elegante y aterciopelada su entrada en boca, con frescor cítrico. Albaricoques frescos y piel de lima. Largo y elegante final.  ¡Se bebe solo. que gran añada y que forma de expresarla!

Finaliza la cata oficial, pero Alfredo no puede resistirse a poner a prueba la habilidad catadora de La Despeña, y nos propone un blanco a ciegas. El vino ofrece aromas herbáceos y recuerdos de goma caliente (frenazo). Algunas notas de petroleo me hacen penar en un riesling, pero en boca se percibe claramente que no es esta la uva protagonista. Eso, y que no tengo ni idea de que se trata. Frescura en boca y equilibrio, pero estoy completamente a por uvas. Alfredo destapa y mi autoestima sube un punto. Era difícil de descubrir, un tokay seco húngaro, Hetszolo Tokajy Furmint 2011. Un vino que me hace ver que siempre hay que estar preparado para dejarse sorprender. Unos vinos que habrá que ir descubriendo, estos blancos húngaros.

Para cenar nos tiene preparado Jaime un vino muy especial, un barolo viejo, Pico della Mirandola 1970. Me acerco con recelo, esperando terciarios y elegancia, pero poco más, me llevé una buena sorpresa. Evidentemente en nariz había terciarios, hoja de tabaco seca, notas de cuero, pero también se detectan con facilidad nota de dátil y de orejones. Un vino que, como buen viejo, camina con lentitud. Necesita tiempo para expresarse. En boca conserva una cierta frescura, buen volumen y equilibrio y una extraordinaria persistencia. Realmente bueno.

Unas excelentes corquetas y un magnífico chuletón acompañan al excelente barolo. Nos ponemos aldía, y echamos un rato magnífico. Ha sido una cata magnífica, y una buena tarde. La Despeña se despereza un poco, y parece que con buen ritmo. Esperemos que no tarde la siguiente. Seguro que de ahí salen grandes historias.

jueves, 1 de diciembre de 2016

La Trastienda del Ranking 2016

Este año Mariano me invitó a asistir como jurado al Ranking 2016 de vinos de menos de diez euros. La verdad es que me llevé una gran alegría, no tanto por la paliza de catar más de ochenta vinos en una mañana, como por la gente que iba a encontrar, y con la que iba a compartir mesa y mantel el fin de semana.

Quedamos sobre las siete de la tarde del viernes, y aunque llegamos a tiempo, ya se nos habían adelantado el Comando Astur (Jorge "Gastroerrante" y Ramiro), gente seria y formal, Rubén, mi amigo Jaime Jiménez y Manuel "A La Volé", que habían descargado las más de doscientas botellas de candidatos al codiciado premio del Ranking 2016. Nos tomamos una caña para romper el inexistente hielo, pero mariano nos pone a currar sin dilación.

Hay que envolver las botellas en papel de aluminio, numerarlas y registrarlas. la verdad es que me da un poco de miedo el que después nos tengan que matar, para no enturbiar la credibilidad del ranking. Nos distribuyen los trabajos, y me quedo con uno de bajo riesgo, cortar pliegos de aluminio. Si veis en mi linkedin como nueva aptitud "foliador de papel de aluminio", no penséis nada  raro, es esto. Lo de descapsulador de botellas no lo incluí, ya que pensé que podía favorecer malas interpretaciones. Después del duro trabajo, y una vez "foliadas" todas las botellas, con la garganta seca, nos vamos a tomar otra caña. El ambiente "duro y formal" necesita relajarse un poco.

He de confesar que, con poco éxito, y dada mi condición de habitante de La Comarca, trato de aligerar el trabajo e inducir a Mariano a prevaricar y decidir en un momento, "a dedo", el ganador. Mariano, sin embargo, se mostró inflexible, lo que me animó a dirigirme a la barra y tratar de aligerar el estrés, que ya me produce el trabajo programado para al día siguiente. El Comando Astur, cabizbajo, me acompaña a ahogar las penas en cerveza. Pocos minutos antes, con habilidad sin par, llega Xabi desde Navarra. Un segundo antes y hubiera tenido que currar. Se van incorporando también Julio, de Majuelos Singulares (tengo que investigar forzosamente una tienda de vinos con nombre tan sugerente), y Alfredo Devesa, del Instituto Galego do Viño, sin duda a poner un poco de sensatez en este "corral".


Gracias a Dios llega la hora de la cena y nos dirigimos a la plaza Mayor de Segovia, al restaurante La Concha, donde nuestros amigos de A la Volé nos han concertado la cena. Los que me conocen saben que soy hombre sencillo en mis gustos gastronómicos, más bien tragaldabas que gourmet, pero en esta ocasión los platos elaborados, pero deliciosos, me conquistaron. La alcachofa con foie, la crema de queso y la vieira gratinadas son platos que tocan fibra, más aún si vienen acompañados de los champagnes de A la Volé. He de decir, sin embargo, que el  lomo alto a la brasa, con unas sencillas patatas panaderas me transportaron a mejores tiempos.

Para la cena Álvaro seleccionó algunos champagnes de su porfolio, todos ellos elaborados con chardonnay. Fue una experiencia emocionante e ilustrativa, sobre todo para mi amigo Crusat que se puso púo. Yo tuve la suerte de disfrutar de la charla de Álvaro y Jaime sobre las particularidades de los diferentes vinos, lo que añadió un plus extraordinario a la cata. Champagnes tradicionales fueron alternándose con otros, en los que el elaborador deja una impronta más personal. La verdad  es que me gustaron  todos, pero Lahoré de Val Frison, junto con el 4 Elements Chardonnay de los hermanos Huré, estuvieron para mí un paso por delante. Le Perrieres de Ulysse Collin me gustó muchísimo, como siempre, pero lo encontré excesivamente joven, y aun por "armar", siendo, como es, un viejo conocido.

Como verás, esto de ser catador del Ranking es sólo para espíritus forjados en las adversidades, y el primer día dimos la talla, queda sin embargo lo más importante, la cata de mañana, de manera que a dormir para estar prestos y dispuestos.

El día comienza descorchando unas cuantas botellas. Se incorporan los cuatro maestros de A la Volé, junto con Lorena y Primi (curioso que lleguen juntos viniendo ella de Mordor y él de La Comarca). También viene nuestro winestar personal, Jimmy Bubbles, un gran chico, no como su amigo y pareja de cata, Santi "Despelleja Bloggers". Comenzamos por los tintos, y al poco se oyen voces de que el próximo Ranking sea de vinos sin raspón, pero la verdad es que se ven vinos de calidad, aún cuando las encías sufran un poco. En medio del "sufrimiento", a Rubén se le resbala una botella, y por unas micras no me empapo de tinto. pero terminamos la tanda, y antes de empezar los blancos, tortilla y croquetas para curarnos de los excesos tánicos. Muy bueno todo, siendo fiel a la verdad.

La tanda de blancos suple la tanicidad con acidez, alguno bien cargado, debo decir, pero de nuevo hay vinos más que destacables. Alguna sorpresa me llevaría cuando días después cotejara las puntuaciones. Cura de humildad. Finalizamos con espumosos y generosos, una pequeña representación francamente disfrutable. ¡Misión cumplida!

A la cata le sigue la comida preparada por Venta Magullo. ¡Una gozada! Y más acorde a mis gustos primigenios, entre otras viandas, judiones, hojaldre de setas de temporada y ¡cochinillo! ¡Como maridó el delicioso lechón asado con el Champagne Ambonay de Marguet. ¡A la porra los estereotipos!

En fin, una comida excelente, con muy buena gente y en la que algo nos reímos. Al final en el mundo del vino, lo mejor de todo es compartirlo con amigos, en un ambiente desenfadado y alegre. Para hablar más de vinos, ya habrá otras historias.



martes, 22 de noviembre de 2016

Los Vinos Naturales en el XVIII Salón Guía Peñín

Suelo preparar con cuidado las visitas a salones y muestras de vinos, sobre todo para seleccionar lo que cato con cierta prudencia, por preservar  mis dotes catadoras, si las hubiese, de ciertos vinos que a duras penas merecen el nombre, y para dedicar un tiempo mínimo a los vinos en los que voy a centrar mi atención. En este Salón Guía Peñín llamó mi atención la buena muestra de vinos ECO que estaba representada.

Si llevas leyéndome algún tiempo, sabrás que para mí el hecho de que un vino sea natural es sin duda un plus, que debe después estar refrendado por unas características tradicionales de nariz y boca. He de decir que los encontré buenos, francamente buenos. En el mostrador de Domaine Lupier encuentro los primeros. Es una gozada acercarse, y ser capturado de forma inmediata por la sonrisa de los ojos de Elisa, y la serenidad de Enrique. La Dama y El Terroir son expresión de sus parcelas de garnacha negra navarra. Buena gente y grandes vinos. Cuando uno los prueba se olvida de procesos de elaboración y se siente trasladado a sus campos de viñas viejas, donde hoy vive la dama y antaño vivía, cerca del Pirineo, el lobo. Frescura y fruta se dan la mano, y te llevan a pasear por las estribaciones de la sierra, y te muestran que los de Domaine Lupier, son vinos con corazón.

Me llama la atención posteriormente  Martin Kieninger, un austriaco que enamorado de la serranía de Ronda, se estableció allí y comenzó a elaborar tintos frescos y directos, con un perfil algo friki. Su Maxx 2013 está elaborado con garnacha tintorera y tintilla de Rota, y es una explosión de fruta roja, con toques de cacao y especiados. Aún atrapado por la belleza de Ronda, Martin debió echar de menos los paisajes de su Austria natal, y se trajo algunas variedades de aquellas lejanas tierras. Su 7vin Blau 2013 está elaborado con  blaufränkisch, y desde luego es muy personal. De nuevo abundante fruta roja, algo madura, con notas de eucalipto y pimienta. Tanicidad aún por pulir y un final que recuerda al cacao amargo. Una bodega curiosa, que fía sólo de sus uvas y la tierra para hacer vinos difíciles de meter en patrones.

Continúo mi paseo, buscando vinos naturales entre los mostradores del salón, cuando encuentro Bodegas Enguera, su Paradigma 2010 hace que me pare un ratillo. Un vino de monastrell de Casa LLuch, que reta a los prejuicios, mostrándose fresco y limpio. Frutas rojas, y suaves notas de chocolate blanco, que se desenvuelven con una gran elegancia y suavidad. Sueño de Megala no toca tanto mi sensibilidad, mostrándose algo más maduro, pero también limpio y suave. Un buen descubrimiento. Hay que  seguir esta bodega.

Bodegas Frontonio es otra de las que me sorprende. Su Las Alas de Frontonio 2014 está elaborado con  garnacha tintorera procedente de cepas muy viejas. No hacen más de 600 botellas, fieles a la máxima de la bodega de elaborar por parcelas, y embotellar sólo lo que da la tierra. Este tinto  es pura frescura, elegancia y fruta roja, con una redondez que reta. Otra para la lista de seguimiento.

Encuentro también otra bodega de Ronda en la que pruebo dos pequeñas joyas, MHV 2015, un vino que busca preservar variedades casi extintas como la roma, que junto con la tintilla de rota hacen en esta ocasión un vino muy disfrutable, afrutado y fresco. Pruebo también Payoya negra 2014, fresco y redondo. Tiene que ser una gozada visitar La Melonera, finca de la que proceden estos vinos, en la que robles y encinas centenarios protegen estas viñas que dan vinos interesantes, y sobre todo muy disfrutables.

Ya van pesando las piernas, y acorchándose la boca por el tanino que hay que aguantar para ir descubriendo poco a poco estos vinos que hacen que el tiempo empleado merezca realmente la pena, y ya casi para despedirme visito a un viejo conocido, Mustiguillo. Su Quincha Corral 2014 me saluda con su personalidad y elegancia caracterísiticas, bobal en esencia, pero domada con maestría. Finca Terrerazo 2014 es mi despedida de este salón. No toca el alma como su vecino, pero deja un recuerdo grato. tengo que catarlo con algo más de tiempo y de botella.

Marcho del salón algo cansado, pero contento de haber encontrado vinos auténticos. Vinos personales que reflejan la tierra y sus gentes. El año que viene puede que vuelva. Seguro que de ahí salen nuevas historias.

martes, 8 de noviembre de 2016

XVIII Salón Guia Peñín de los Mejores Vinos de España

Sin entrar en demasiados detalles, es difícil argumentar en contra de la contribución que hace él equipo de la Guía Peñín a la difusión del conocimiento del vino español. Uno de los eventos que contribuye a ello, entre otros muchos, es el Salón de los Mejores Vinos en España, que proporciona a profesionales, y en menor medida a aficionados, la oportunidad de conocer cada vino a través de su elaborador. El año pasado no pude asistir por problemas laborales, pero este, sabiendo con tiempo la fecha, consideré la oportunidad de gastar uno de mis escasos días libres para dedicarlo en exclusiva al evento.

La entrada se produce de forma fluida, sin esperar más que unos minutos para que me pongan la consabida "pulserita". Dedico unos minutos a comprobar en la lista las bodegas participantes, y hecho de menos a muchos de mis amigos, que hasta la fecha habían sido fieles participantes del salón. Alonso del Yerro, Terroir al Limit, Alfredo Maestro, entre otros, son bodegas que me hubiera gustado ver allí. Hay, sin embargo, suficientes bodegas de calidad como para pasar muchas más de las que se me antojan escasas horas de disfrute.

Este año me dedico con más interés a los blancos, tengo delante de mí 167 mostradores, con vinos de unas 200 bodegas, por lo que trato de centrarme. Ha habido algo de revuelo en las redes sociales con los blancos de Rueda, por lo que me apetece probar la muestra presente, entre los que deben estar algunos de los mejores verdejos nacionales. Ya puestos, otra de las denominaciones que está haciendo vinos casi clónicos, es Rias Baixas, también quiero hacer una comparativa. A ver que encuentro.

Los primeros que llaman muy gratamente mi atención son un par de blancos catalanes elaborados con garnacha gris. Vinos con una acidez importante, muy bien compensada por una intensidad frutal que la envuelve, haciendo que la experiencia sea agradable y muy particular. El primero de ellos fue Siuralta Gris, de Clos del Portal, un vino fresco y muy fácil de beber. Otro que también me sorprendió fue L'Avi Arrufí 2013, monovarietal de garnacha gris fermentado en barrica, de una gran personalidad, complejo y con una boca muy fresca y agradable, en la que la fruta es protagonista.

Disfruto, como siempre con los vinos de Clos del Portal, y charlando unos minutos con Alfredo Arribas. Tiene varias añadas de sus vinos, y es una gozada comprobar como sus Trossos y Trossos Tros blancos van transmitiendo su tierra y sus añadas. La oportunidad de beber en magnum su Trossos Tros Blanc 2008, y comprobar su opulencia, complejidad y amplitud es como para no perdérsela y a fe que no me pal pierdo.

Me detengo un rato en el mostrador de Bodegas La Val, vinos en los que encuentro personalidad distintiva, nada de piñita, Su Crianza sobre Lías 2010 me parece un vino enormemente disfrutable, graso, fresco, muy bebible, El blanco fermentado en barrica de 2011 me parece más sencillo, y tiene que pulir un poco las aristas de la madera, pero no le falta equilibrio y "bebibilidad".

 Después beber algunos albariños "clónicos" encuentro uno, Chan de Rosas Gran Cuveé Magnum 2015 que tras una nariz que no me dice mucho, encuentro una boca muy fresca y agradable, en la que no falta fruta y un punto mineral. Me quedo con una sonrisa, que no tardará en borrarse. Cometo el "gravísimo error"  de preguntarle al enólogo que tipo de levaduras usan en la fermentación. Al hombre se le cambia un poco la cara, y me dice que seleccionadas. Acto seguido comienza a lanzarme una diatriba sobre que los que dicen que las usan naturales mienten, y que las levaduras no tienen tanta importancia en la elaboración de un vino, y que por supuesto no tienen nada que ver con la aromática del vino. Me marcho pensando "excusatio non petita...".

No abundaré en los vinos de las bodegas amigas cuyos vinos siempre me han emocionado y que sigo desde hace tiempo. Los saludo, pruebo sus vinos, charlo con ellos y sonrío. Siguen creciendo. Algueira, Rafa Palacios, entre otros hacen que sus vinos expresen sentimientos, el alma de la tierra. Sorte o Soro 2014 me hace pararme y dejarlo hablar con tiempo. Un vino grande.

Entre los verdejos no me llevo grandes alegrías, ni grandes decepciones. Me gustó Naiades 2013 FB, un vino que me parece que tiene personalidad, carácter y frescura. También me pareció destacable Marcorta de Javier Sanz, que aunque tenía una nariz "estándar", en boca sorprende por su frescura y amplitud.

Más me gustaron los godellos del Bierzo, entre los que encontré algunos que me impresionaron. especialmente Godeval Cepas Vellas, del que pruebo las añadas 2014 y 2015 me parece un vino con cierta capacidad de guarda, fresco y amplio. Se bebe sólo. Me hace reconciliarme con la variedad. Capricho de Val de Paixariñas también me parece un buen exponente de esta variedad que tenía casi apartada.

Sólo destacaré un blanco más, déjame hacer una pequeña concesión a mi tierra andaluza. El Moscatel Morisco Antigua Real Fábrica San Miguel de Ronda 2014, tiene un nombre tan largo como destacable es su frescura y complejidad. Su sabor limpio, y su fruta redonda. Seguiré de cerca a esta gente simpática, hacedora de vinos sorprendentes.

Llevo cuantro horas catando blancos, y me doy cuenta de que aún no he comido. Seguiré después. Esta tarde daré una vuelta por los vinos naturales. Hay una buena representación. Será otra historia.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Corte Sant'Alda. En la Biodinámica está el Camino

Dentro del Veneto los vinos de Valpolicella tienen una gran prestigio, con un modelo marcado y que siguen con fidelidad muchos elaboradores. Esto, sin embargo, no ha sido impedimento para que haya personas inquietas, que hayan tratado de descubrir nuevos caminos en busca de los vinos que realmente les gustan. Es el caso de Marinella Camerani, de la bodega Corte Sant'Alda, que será protagonista, junto a sus vinos, de la entrada de hoy de Vinos para Compartir.

Conocí a Marinella hace pocos días en una cata de la Enoteca Barolo. Es una persona directa, franca, de una gran personalidad, que responde a las preguntas con media sonrisa socarrona y no demasiadas palabras, detrás de las cuales se adivina una verdad sin disfraces. Nos cuenta cuales son los ideales hacia los que quiere conducir sus vinos. Uno francés, los grandes pinot noir borgoñones, y otro español, Vega Sicilia Único. Dos modelos, que sin parecerse demasiado, le van marcando la ruta que quiere seguir en sus elaboraciones.

Lleva haciendo vinos desde hace treinta años, y conoce muy bien sus tierras. No son demasiado bonitas, nos cuenta. Unos llanos en los que las viñas comparten el terreno con olivos,  avellanos y cerezos. Los vinos de sus comienzos no reflejaban la tierra, no le satisfacían, por lo que investigó y empezó a probar técnicas alternativas. Hasta que en 2002 llegaron a sus oídos los postulados biodinámicos del francés Nicolas Joly. Todo empezó a encajar. Este era su camino.

Marinella se siente una persona afortunada, que no distingue entre pasión y responsabilidad. Familia y trabajo. Diversión y obligación. ¿Cómo va a ser trabajo venir a España a disfrutar de su gastronomía, y a compartir sus vinos con unos aficionados? Mientras lo dice, mantiene su sonrisa socarrona, su mirada sencilla. Tiene una personalidad magnética y humilde a la vez. Una mujer con la que conversaría sin prisas.

Voy probando sus vinos, que me parecen muy sencillos en nariz, pero muy interesantes en boca. Vinos frescos, con una suavidad personal, y una gran complejidad. Son los vinos que a Marianella le gustan, aún cuando puede que no sean los más típicos de la región a la que pertenecen. Me sorprende muchísimo su blanco, y su valpolicella, que tuve tiempo de beber en casa con tranquilidad hace unos días, siguiendo el consejo de Miguel. Te cuento lo que me parecieron:

Soave Corte Sant'Alda 2015. DOC Soave (80% garganega, 15% trebiano di soave, 5% chardonnay). Elaborado con levaduras autóctonas, y mantenido en depósitos de inox durante varios meses con sus lías. Como decía es un vino que sorprende, el más aromático de la casa. Ciruelas amarillas maduras, con notas de jazmines y hierbas aromáticas. Patio cuidado de una casa de campo. En boca domina la exclente frescura, con notas cítricas que se esparcen por toda la boca. Graso y limpio. Equilibrado y elegante. Le noto una cierta salinidad. Final de ciruelas maduras, estragón y notas de albahaca. Largo.

Pruebo después un rosado que no atrae demasiado mi atención, y paso a un reciente conocido, Valpolicella Ca'Fiui 2013. DOC Valpolicella. (50% corvinone, 30% corvina, 15% rondinella y 5%molinara) Fermentan en tinas de cincuenta mil litros, y se mantiene el vino en ellas entre seis y diez meses. Como casi todos, algo tímido en nariz. Con el tiempo aparecen algunas sencillas violetas, arándanos muy frescos, con notas de salvia y cantueso. Como si nos hubiéramos retirado a los alrededores de la casa de campo, dejando el patio. Olores más silvestres. En boca de nuevo frescura, y fruta que toma la boca. Tanino amable, suave. Inmediato, directo. Al final arándanos y piel de lima. Frescura larga, deseable.

El siguiente vino es un ripasso, un valpolicella que se deja macerar unos seis días en los hollejos del amarone, vino que a su vez se elabora con uvas que se han dejado secar hasta que pierden un 40% de su agua aproximadamente. Valpolicella Ripasso Superiore Campi Magri 2012. DOC Valpolicella Ripasso (50% corvinone, 30% corvina, 20% rondinella). Se cría en tinas de cerezo de quince mil litros durante unos dos años. Nariz no demasiado expresiva en la que aparecen cerezas negras, junto con higos maduros. Algo de chocolate y balsámicos. Continuando nuestro paseo olfativo por Ca'Fiui nos hemos desplazado a los campos de cerezos que se entremezclan con las viñas en este paisaje particular y sencillo. En boca es suave y concentrado, con acidez de cerezas frescas, y algo de chocolate negro. Tanino marcado, pero amable. vuelven las cerezas al final, con unas notas amargas elegantes. Muy largo.

Seguimos con Amarone della Valpolicella Valmezzane 2011 DOC Amarone della Valpolicella (50% corvinone, 30% corvina, 20% rondinella). Un vino complejo en nariz. Clavo y pimenta blanca. Orejones. La abuela que te mira, en la entrada de la casa, recogiendo ristras de albaricoques y uvas desecados por el aire y el sol. Manos llenas de historia, ligeramente manchadas por las especias de la comida reciente. Al entrar el vino en la boca, reclama su protagonismo. Intenso y ligeramente maduro. No exento de frescura. Tanicidad marcada. Redondo. Vuelven los orejones, acompañados de uvas pasas, y cerezas frescas. Largo, te deja pensando, meditando.

Nos propone después Marianella su Mithas Valpolicella 2008 DOC Valpolicella (50% corvinone, 30% corvina, 20% rondinella). Un vino al que le tiene especial cariño, porque fue la primera añada que pudo sacar con uvas cultivadas de acuerdo a principios biodinámicos. Los Mithas son vinos que sólo se elaboran en añadas especiales. Este está pleno de fruta roja fresca. Arándanos y cerezas, con algo de fresa ácida. Notas de sándalo, y humo de barbacoa. Especias. En boca fresco y amplio. Juventud descarada. Final en que la acidez cítrica, mezcla bien con fresas y cerezas. Un gran vino.

Finaliza el evento con el Recioto della Valpolicella 2013. Recibe con aromas de tarta de cereza en el horno, canela, ciruelas pasas. La cocina de nuestra hacienda prepara un postre casero, sencillo, pero que adivino sabroso. No me equivoco. Fresco y amplio. Excelente equilibrio entre la fruta y la acidez. Tanino pulido, redondo. Final de ciruelas ligeramente desecadas, con un toque de lima.

Sigue la charla con Marinella. Alguien pregunta cual de sus vinos le gusta más. Como si una madre pudiera decidirse por alguno de sus hijos. No bebe sus vinos, comenta. Tiene suficiente con probarlos durante la elaboración, en las catas... Dice que dependiendo de la temporada le gustan más unos vinos que otros, que en verano bebe cerveza. El champán también le gusta, concluye.

Vinos y personas. Personas y vinos, son las razones que hacen que me fascine este mundillo. Hoy he tenido la oportunidad de encontrar una persona interesante, humilde, sincera y simpática, a la que recordaré  con esa media expresión socarrona. Sus vinos me han impresionado. Soave y valpolicella no son difíciles de encontrar en Madrid. Volveré a ellos, y posiblemente salgan de ahí nuevas historias.

martes, 25 de octubre de 2016

Los Winesday de La Fisna

Cada vez me interesan menos los premios Nobel. El de la Paz, para Obama, cuando acababa de acceder al mandato y no se sabía que tipo de decisiones iba a tomar, alguna de ellas de transcendencia mundial. Recientemente, el de Literatura para Bob Dylan, que convendrás conmigo en que no ha escrito en su vida más de un folio, al menos ninguno que haya tenido alguna transcendencia. Sin embargo, todo esto ha cambiado cuando me enteré de que Iñaki y Delia, mis amigos de La Fisna, habían estado cerca de conseguir un merecidísimo Nobel de Física.

Creerás que estoy de broma. Nada más lejos de la realidad. Sus contribución a los estudios sobre el drenaje de energías negativas con productos derivados de la fermentación de la uva están siendo considerados con detenimiento por el colectivo científico. Sin pecar de soberbia, puedo decir que he tenido mi pequeña contribución en los estudios, que continúan en curso, a título de colaborador necesario. En otras palabras, pimplando, que no se me da mal.

A estas alturas, creerás que se me ha ido la pinza, y no seré yo el que no te de la razón, pero déjame que me explique. Muchos de vosotros sabéis que Iñaki y Delia han cambiado su local por uno más amplio en la calle del Amparo, número 91, en el madrileño barrio de Lavapiés. Lo que quizás sea nuevo para vosotros es el interés científico que hay detrás de este cambio. La primera vez que entré en el nuevo local de La Fisna con mis hijas, percibí rápidamente que este era, y sigue siendo, un sitio especial en el que, tras estar unos minutos, uno se olvida de gurteles y eres, de podemos o debemos, y se centra en disfrutar un rato de la compañía y los buenos vinos. Un verdadero vórtex que extrae los malos flujos negativos. La grasa la deja donde está, porque se come francamente bien, y uno sale algo más redondo, pero ese no es el motivo del actual estudio.

Para aislar las variables, atraer a sujetos de estudio, y dar a conocer sus vinos (finalidad esta que consideraremos adventicia), aunque la ciencia sin financiación no va a ninguna parte, han ideado los Winesday. Día en el que de siete a ocho por un precio módico, alrededor de cinco euros, se puede disfrutar una copa de un buen vino y acompañarlo de los aperitivos que exponen en la barra. Destacaré, de las veces que he podido ir, unos deliciosos champiñones rellenos, aunque los canapés de ensaladilla no le van muy a la zaga.

Te cuento mis experiencias como sujeto digno de estudio en los Winesdays. El primero de ellos es un día caluroso, lánguido, aplastante. En La Fisna programan un cava fresquito, un vino que además de relajar y hacer olvidar las penas del telediario, está francamente bueno. Lo hace un pequeño productor de San Sadurní de Anoia que trabaja las tres variedades típicas de la zona, macabeo, xarel.lo y parellada.  Pere Mata Cupada N.15 es un vino con una nariz muy limpia y honesta, en la que las levaduras ceden el protagonismo a las flores blancas y la manzana reineta. En boca es muy fresco y cremoso. Sencillo. Refresca la boca, que con insistencia pide más. Carbónico perfectamente integrado. Se despide con un final afrutado, con recuerdos de piel de lima. No se si l es largo o no, porque me costó espaciar los sorbos.

El segundo día el otoño ya ha hecho su aparición efectiva, y empieza a refrescar. Un tinto les parece más apropiado a mis amigos de La Fisna, y desde luego no puedo estar más de acuerdo con ellos. Sobre todo, si se trata de un tinto sencillo, afrutado, pero a la vez muy bien elaborado, como este toscano de Casavecchia alla Piazza.

El Rosso de Toscana Buondonno 2014 (sangiovesse 85%, syrah 15%) se hace con uvas de agricultura ecológica. Utilizan, para este vino de entrada, las viñas más nuevas y con mayor rendimiento. Seis meses en barricas bordelesas lo redondean. Al principio es algo parco en aromas, pero con un poco de paciencia van apareciendo frutas rojas muy frescas (arándanos) junto con especias (pimienta blanca y algo de curry). En boca tiene muy buena acidez, con una fruta opulenta y fresca. Amplio y amable, con un tanino redondo. A veces parece incluso algo chispeante. El final es largo, con recuerdos de fruta en su sazón.

Dos Winesdays y dos buenos vinos, aderezados por el picoteo y por la agradable charla con Delia e Iñaki. En mi caso de vinos, porque en esto de la investigación científica estoy un poco pez. Desde luego, no serán los últimos. Estaré disponible para charlas, vinos y picoteos. Todo sea en beneficio de la ciencia.

jueves, 20 de octubre de 2016

Celler Vell. Cavas Artesanos

Esta bodega no llamó mi atención por los medios habituales: sugerencias de mis tenderos de confianza, comentarios de algún aficionado que conozco, reseña en un blog de los que leo normalmente, o cosas así. Lo que me atrajo fue la página web de la bodega, que miré después de que me ofrecieran unas muestras. Me resulta incómodo este tipo de ofrecimientos y normalmente no los acepto (es la última vez que lo hago, por motivos que ahora no vienen al caso). Pero, ¿qué tenía esta web de especial? Déjame que te lo cuente mientras vamos conociendo sus vinos.

Si abres la página de Celler Vell lo primero que te encuentras es una foto de una maqueta de tren, ambientada en un paisaje del Penedés. En mi juventud me apasionaban los trenes eléctricos, especialmente los de corriente alterna que fabrica Märklin. Aún recuerdo, y anda por mi casa, mi primera locomotora, una pequeña de la famosa serie 3000 que se fabricaba en los 60 y cayó en mis manos casi destrozada. Aún funciona. Si a estos bodegueros les gustan los trenes, me dije, son buena gente; es más, gente divertida. ¿Serán capaces de reflejarlo en sus vinos? El gusanillo empezó a roerme y ya no paró. Tenía que probarlos.

El primero de los cavas que pruebo es su Celler Vell Brut Nature Reserva, y doy fe de que es un vino divertido, que se disfruta sin demasiadas complicaciones. Sin aristas, con aromas de panadería, manzana reineta y corteza de limón. Un vino que se bebe solo, pero que acompaña muy bien las comidas. Fresco y directo. Se me hace la boca agua, cuando recuerdo lo bien que se llevó con mis albóndigas de merluza y gambas.

Sigo curioseando su web y me dirijo al blog, allí encuentro sus recetas con cava. Algunas de ellas con una pinta tremenda. La imagen de que los cavas, y los espumosos en general, son para momentos especiales y celebraciones, está muy extendida, y no sólo en España. Hace poco en la revista Bloomberg, el actor austriaco Christoph Waltz propuso sus cinco reglas del champagne: entre las que estaba que hay que reservarlo para ocasiones especiales, y que si no se sabe lo que se está bebiendo, mejor que se beba cerveza o Coca-Cola. Seguramente lo dijo para quedar bien, pero podía perfectamente haberse reservado su opinión. El champagne, como los espumosos en general, son para disfrutarlos cuando se quiere, se tenga conocimientos sobre él, o no.

Pero por lo que parece en Celler Vell tienen las ideas claras y están dispuestos a trabajar por eliminar tabúes. Investigo un poco y me entero de como Pere Struch fundó la empresa en 1954. Sus hijos han seguido trabajando en la empresa familiar, vinificando sólo las uvas de sus tierras, aquellas que ellos han trabajado, y cuya evolución han podido seguir de cerca. Seriedad y experiencia parece que acompañan a la diversión... No es una mala combinación.

Mientras mi mente sigue "currando", descorcho Celler Vell Cuvée Les Solanes (chardonnay, xarel.lo y pinot noir). Las chardonnay y xarel·lo se vinifican por separado, realizándose la fermentación en barrica, posteriormente se completa el tercio restante con pinot noir vinificada en blamco. El resultado es un vino muy amable en nariz, donde encuentro aromas de manzana verde, junto con pan caliente y almendras tostadas.Junto a ellos algunas notas de piel de limón. En boca es muy fresco y amplio, con la burbuja muy bien integrada. Entrada cítrica que va ganando complejidad en boca, apareciendo notas de bollo suizo, y de almendras. Final muy fresco, en el que vuelve la piel de limón, junto con un ligero amargor muy elegante. Aguantó de película un marmitako de bonito.

El último cava que voy a probar, Estruch Brut Nature Gran Reserva ECO, que está elaborado en ecológico con uvas pinot noir y chardonnay. Este vino sube un notable escalón de calidad con respecto a sus hermanos. Está claro que estas uvas han sido mimadas de forma especial, y la diferencia en el vino es fácilmente perceptible. El aroma es complejo, con aromas de pastelería combinados con manzana verde, y notas sutiles de frutos rojos y calizas. En boca es cremoso y amplio, muy equilibrado, con una frescura notable. Finaliza con notas de piel de lima combinadas con almendras tostadas. De impresión.

Es curiosa la evolución mental de divertido a serio, y de ahí a comprometido. El cava ECO me ha impresionado de forma especial. Espero que marque la línea de la bodega en su compromiso con la tierra. Ojalá vea nuevos cavas "responsables" de esta bodega. Estoy convencido que de hay surgirían nuevas historias.

domingo, 16 de octubre de 2016

Los Vinos Dulces del I Salón de Vinos Especiales Verema

Sé que me estoy extendiendo demasiado con el Salón Verema de Vinos Especiales, pero la verdad es que mereció mucho la pena. Permíteme que  le dedique una última entrada de este cuaderno a unos vinos que realmente me apasionan, los dulces. Es esta una categoría de vinos considerada por mucho menor, por lo relativamente fácil de beber. Sin embargo, conseguir un buen dulce, equilibrado y elegante, pienso que es un reto para cualquier elaborador, especialmente en las zonas cálidas de mi Andalucía, o en las pétreas laderas del Duero en la región de los oportos. Comencemos.

La primera sorpresa me la llevo en el mostrador de Terras de Portugal donde pruebo vinos de un par de bodegas que me impresionan muy gratamente. La primera es de Oporto, Quinta do Crastro. Su básico no me termina de convencer, aunque probablemente tenga influencia el notable nivel de los otros dos vinos que presentan: el Vintage 2011, que aunque está muy joven y le falta mucha botella para ensamblarse, por su tanicidad, acidez y fruta estoy convencido de que se convertirá en una grande; y el Colheita 1997, que encuentro en un momento magnífico de consumo, fresco y sabroso, equilibrado, un vino hecho para disfrutar sin complejos. Una bodega, esta Quinta do Crasto, que elabora por método tradicional, lo que para mí le agrega un punto extra. De ese magnífico Vintage ya hay un par de botellas reposando en la bodega para cuando sea abuelo. (¡Niñas, no tengo ninguna prisa! El vino aguantará perfecto muuuchos años).

Continuando en Terras de Portugal tengo la  oportunidad de probar algunos vinos de una bodega que completamente desconocida para mi, Justino de Madeira. Sus vinos tienen un equilibrio y una elegancia que me han dejado con ganas de seguir profundizando en estas elaboraciones que seguro que me van a seguir dando muchas alegrías. En especial me parece magnífico el Justino's Madeira Colheita 1998, un vino para seguir investigando y disfrutando. Un vino con toques de miel, pero muy fresco y equilibrado, que proporciona un placer inmediato, sin complicaciones.

Veo el mostrador de Alvear aligerarse un poco de gente y me acerco. Pruebo sus vinos secos, y me quedo extasiado con su Fino Capataz, que me devuelve a tiempos en los que paseaba entre botas con mi abuelo, probando de aquí y allá, aprendiendo a descubrir los matices que él me iba indicando. Con el Pedro Ximenez Solera 1810 vuelve el déjà vu. Olores que me transportan a la infancia, toffe y pasas soleadas sobre esteras. Sonrisas. Una cara orgullosa que mira a un niño mientras  asiente. Y la boca se vuelve dulce de arrope, fresca de menta y eucalipto, amarga de caramelo ligeramente quemado. Los buenos viejos tiempos, que vuelven a la mente y anidan en el corazón.

Termina el salón para mí y tengo claro donde despedirme, me dirijo lentamente, curioseando, hacia el mostrador de Toro Albalá, hacia mis vinos de meditar. Empiezo con el Pedro Ximenez del 87, un vino untuoso, suave, largo, pero paso rápidamente al Convento Selección del 65. Eucalipto y guirlache. Caramelo casero y notas de ebanistería muy ligeras. Caja de puros. Especias. Podría pasarme la vida oliendo y no acabaría de describir esta complejidad enorme. Este momento indescriptible.  Un vino que en la boca es difícil de describir. Equilibrio perfecto. Acidez que hace posible disfrutar de este prodigio. Chocolate negro y fruta roja. Persistencia eterna.

Me despido de José María, dirigiéndome inmediatamente hacia la puerta. Ya nada del salón importa. Todo ha terminado por hoy. Puede que alguna vez encuentre un vino que me emocione como este. Seguro que de ahí saldrán nuevas historias.

martes, 11 de octubre de 2016

Cuatro Bodegas de Generosos del I Salón de Vinos Especiales Verema

Llevo ya un rato catando espumosos por el salón, y me decido a cambiar a los generosos (de finos a olorosos). Los más dulces los dejo para el final, ya que me temo que después de ellos mi habilidad como catador se verá sensiblemente reducida o anulada. Os cuento en esta nueva entrada del blog las cuatro bodegas que, a mi juicio, mantenían mejores gamas de fino a oloroso.

En cuanto asomo la nariz a la zona de generosos, me encuentro con mi amigo Jaime Jiménez, que está probando con aire entusiasmado el vermut de  Fernando de Castilla. Me acerco a él y pido que me sirvan un poco. Rápidamente, entiendo el entusiasmo de Jaime. El vermut que probamos, mezcla de oloroso y pedro ximénez, es impresionante. Envolvente y limpio en nariz, tiene una entrada en boca deliciosa. Amplio, dulce y elegantemente amargo en boca, me hace olvidarlo todo y sonreír. ¡Qué rico! Charlo un rato con Jaime y continúo el paseo de reconocimiento.

Poco después, junto a Flequi Berruti, descubro la que será la primera bodega reseñada en esta entrada,  Maestro Sierra. No es un descubrimiento como tal, porque son vinos que conozco desde hace ya tiempo, pero sin duda merecen ser reseñados sin tardar. Su línea está marcada por su personalidad. Dentro de ella me parece especialmente destacable el palo cortado, que aúna la delicadeza llena de matices en nariz propia de un amontillado con la amplitud e intensidad en boca de un oloroso. Un palo cortado que destaca sobre todo por su autenticidad y redondez.

Justo al lado de Flequi, estaba el stand de la segunda bodega que destacaré, Fernando de Castilla. Ya había probado allí su fantástico vermut, que a buen seguro no faltará en mi bar. Encuentro cerca a  Paco del Castillo, quien me recomendó que me detuviera con los vinos viejos de crianza oxidativa, así que después de refrescarme con un muy buen fino, pedí que me sirviera un poco de amontillado. Desde luego, merecía la pena. La verdad es que es difícil  elegir sólo uno dentro de una gama que destaca por su  redondez, limpieza y su fácil accesibilidad, incluso para los no iniciados en estas joyas andaluzas.

Dos bodegas destacables, y sigo mi rueda por los generosos secos. No tuve que andar demasiado para encontrar la tercera a incluir en esta entrada, Bodegas Tradición. No hace mucho que tuve ocasión de visitar la bodega, mezcla de pasión por el arte y el vino. Vinos elegantes, precisos, magníficamente definidos los de esta bodega, que desde la nada ha ido creciendo para preservar las más antiguas tradiciones del marco. Por no extenderme demasiado, destacaré tan sólo su oloroso VORS, un vino potente que no renuncia a la elegancia, que va creciendo en complejidad y equilibrio. ¡Para no perdérselo!

Queda sólo una y dudo entre los vinos de mi tierra montillana o continuar en Jerez. Lustau tiró más que mi tierra. Pruebo su vermut, que me habla de romero y tomillo con un fondo jerezano. Impresionantes estos nuevos aperitivos que se están colocando desde cero en los niveles más altos. Cada vez que pruebo sus vinos, especialmente la gama VORS, me gustan más. En este caso, destacaré su amontillado, afilado y muy salino. con una nariz muy compleja en la que no es difícil encontrar cera, madera antigua y toques especiados de curry y clavo. Boca rotunda. ¡De impresionar!

Soy consciente de que no es justo dejar en el tintero bodagas como Toro Albalá, Delgado Zuleta o Alvear. Sin embargo, las cuatro reseñadas fueron las que más impresión me causaron en un salón en el que nivel medio de los generosos fue realmente bueno. En la próxima entrada hablaré de los dulces, pero eso será ya otra historia.



viernes, 7 de octubre de 2016

Cuatro Bodegas de Espumosos en el I Salón de Vinos Especiales Verema

Hace ya algunos años que empecé mi andadura en el mundo del vino "comunitario" en Verema. Después, por circunstancias, me fui desenganchando de ese foro que me dio la oportunidad de escribir sobre vinos cuando empezaba y donde reuní el ánimo para empezar este cuaderno. Siguen notificándome cuando organizan algo y, cuando me enteré de su I Salón de Vinos Especiales, no lo dudé. Los generosos de mi tierra y los espumosos me apasionan y, aún con un poco de miedo de encontrarme el salón "hasta los topes", me decidí a dar una vuelta.

El sistema de acreditaciones funciona con agilidad y entro en pocos minutos a la sala, que acoge con comodidad los cincuenta mostradores que exponen sus vinos. La gran diversidad de referencias  me hace pensar en escribir tres entradas. Esta será la primera, que dedicaré a una de mis pasiones enológicas, los espumosos. Vinos a los que pienso que no se hace suficiente justicia, limitándolos a algunas celebraciones o festejos, cuando perfectamente pueden acompañar con gran alegría muchas comidas.

Estuve pensando en buscar vinos accesibles o, como dicen, con buena relación calidad precio pero, finalmente, prefiero dejar que los vinos me sorprendan, independientemente de su precio. Equilibrio, finura y burbuja bien integrada deben estar, por supuesto, presentes, pero espero algo más, algo que los haga diferentes y personales. A fe que lo encontré, personalidad y sorpresa, aunque no siempre fueran positivas. A poco de empezar, indiqué a una chica que representaba una de las bodegas que quería probar sus vinos, a lo que respondió con aire de superioridad: "No son vinos, son cavas." Superado el impacto, y con la mandíbula desencajada me fui con mi "ignorancia" a otra parte.

Me limitaré a reseñar las cuatro bodegas de vinos espumosos que más me impresionaron, pero no quiero dejar de mencionar un espumoso portugués que al principio probé con cierto escepticismo. Se trata de Soalheiro, un espumoso elaborado con albariño, de nariz sorprendente y atractiva de frutos secos, flores blancas y leves notas de panadería. Su frescura y amplitud no lo dejaban tampoco en mal lugar. Una bodega de la que escribiré probablemente en el futuro, cuando la conozca un poco más.

Pero entremos en materia, la que me gustó fue una bodega valenciana que presentaba dos cavas, uno blanco elaborado con chardonnay y pinot noir y un rosado de monovarietal de pinot noir. Los cavas Tantum Ergo de bodegas Hispano Suizas me impresionaron, especialmente el blanco, por su frescura, complejidad y equilibrio, con las levaduras muy en segundo plano. Probablemente tenga recorrido en botella, pero si tuviera una a mano no le daría la oportunidad de envejecer.

Sigo paseando por el amplio muestrario de espumosos, encontrando algún que otro vino "burbujón", hasta que me paro frente a un padre y su hijo y me entretengo charlando con ellos. En tiempos del abuelo, vendían sus uvas a las grandes firmas pero, tras su muerte, decidieron arriesgar y empezar a elaborar. Sus cavas los elaboran con las uvas de sus viñas en Torrelles de Foix en el Alt Penedés. Los Antigva me gustaron por su personalidad enorme. Especialmente, el Grand Reserve y el Millesimé 2011 en los que me marcaron su elegancia y frescura. Burbuja finísima y muy bien integrada. No vamos mal.

Me paso un buen rato con los grandes reserva de Torelló Mata. No creo que sorprenda a nadie. Su Gran Reserva Barrica 2010 aúna balsámicos y tostados con manzanas maduras en una sinfonía de complejidad y elegancia. En boca es fresco y amplio, puede sorprender el toquecillo de madera, pero a mí me parece que le aporta una enorme personalidad. El Rosado 2012 de trepat es también único, juntando balsámicos con frutas rojas frescas que se repiten en boca con amplitud y frescura. Donde me quito el sombrero es con el Serrat del Vell 2007, un vino que en nariz no me sorprende, muy tradicional. En la boca, su fruta blanca muy fresca y su acidez afilada te hacen ver que estás delante de algo especial. Equilibrio, elegancia y juventud van de la mano en este cava para beber sin pensar.

He gastado ya tres de las posiciones que me fijé al principio de la entrada, dos elaboradores recientes y un clásico. Me queda sitio para un veterano más, y dudo. Gramona y Llopart me gustan mucho, pero cuando encuentro a Recaredo la elección esta hecha, y eso que no probé Kripta. Me encantaron Gran reserva 2012 y Terrers 2009 , percibiéndose cómo interpretan cada añada con maestría. Cuando bebo el 2008 y me dice que han quitado toda la chardonnay que tenían, bebo otro sorbo y casi me dan ganas de llorar. me gusta que se dediquen a las variedades locales, pero es una pena que nunca más elaboren un vino como el que tengo en la copa. Es, sin embargo,  con Serral del Vell 2008 donde la cata alcanza su culmen. Una nariz muy mineral y compleja, con humo y especias mezcladas con abundante fruta blanca confitada. En la boca su frescura acompaña un leve amargor elegante, dejando finalmente sensaciones de piel de lima confitada. Enorme.

Después de este apasionante "viaje por las burbujas" me dirijo a los generosos de mi tierra andaluza, empezando por los que no tienen elevado azúcar residual, pero eso serán otras historias, probablemente...








sábado, 1 de octubre de 2016

Introducción al Oporto (3 de 3). La Región


La región vinícola de Oporto se enclava a ambas bandas del río Duero casi desde la frontera con España hasta el pueblo de Messao Frío, en la provincia de Vila Real. El paisaje es de laderas escarpadas de esquisto y granito que someten la capacidad humana y la de las viñas a una dura prueba. En muchas ocasiones las raíces tienen que penetrar más de medio metro para encontrar nutrientes. En ocasiones la capa de tierra es tan fina que hay que cavar en la roca para poder cultivar la viña.

La región en principio se denominaba Alto Douro. El limite oriental de la región estaba cercano al pueblo de Cachao do Valeira, ya que en el río había un bloque granítico que impedía la navegación, por lo que no era practicable el traslado de mostos desde más allá de este pueblo. En el reinado de Doña María se eliminó este obstáculo, incorporándose posteriormente a la región la zona de Douro Superior, gracias a la enorme tenacidad de los agricultores que sacaron adelante las plantaciones en circunstancias casi heroicas, aunque siempre tuvo menor importancia que la del Alto Douro.

En la reforma de 1936 el Alto Douro se dividió en dos zonas: Baixo Corgo y Cima Corgo, ambas toman el nombre del Corgo, un afluente del Duero. La importancia de la viticultura es mucho mayor en el Baixo Corgo, de clima más benigno, ocupando la viña casi un 30% de la zona cultivable.

El clima

El clima de la región es tanto más extremo cuanto más lejos está del Atlántico. A poniente la sierra de Marao que sirve de barrera para la humedad excesiva pase a la zona de producción. Es también importante la sierra de Montemuro que protege de los vientos fríos del norte. El río, con sus abundantes cambios de dirección crea microclimas que van configurando la personalidad de las diferentes parcelas de la región de Oporto.

Las precipitaciones son escasas y se reparten de forma irregular en la región, siendo aproximadamente el doble en Baixo Corgo que en Cima Corgo, estadísticamente. Esto hace que los rendimientos sean mucho mayores en la región más occidental. Esta “ventaja” de Baixo Corgo en que la viticultura es menos dificultosa tiene influencia en la calidad de la uva que es sustancialmente mayor en Cima Corgo, de donde proceden muchos de los vinos que se dedican a Vintage o LBV. Por el contrario de Baixo Corgo proceden mayoritariamente los ruby jóvenes y los tawny de pocos años.

La preparación del terreno

La inclinación media en la zona de producción es de unos 30º, por lo que se hace necesario el cultivo en terrazas para poder efectuar las labores propias de la viticultura, y favorecer la retención de la escasa agua. Tres son las formas en que podemos encontrar estas terrazas:

Socalcos. Son las terrazas más antiguas. Se construían muros que sostienen las terrazas. Hoy en día son irrepetibles, por la cantidad de mano de obra necesaria. Tanto es así que los socalcos del Duero están declarados patrimonio de la humanidad. Se caracterizan porque en cada terraza hay una sola hilera de viñas. La densidad de plantación es de unas 3500 plantas por hectárea.

Patamar. En estas terrazas, se excava en las colinas con máquinas para formar el espacio suficiente para plantar la viña. En cada una de las terrazas se plantan un par de hileras de viñas. La separación entre terrazas está inclinada, en lugar de ser vertical como en el socalco. Es más inestable. La densidad de plantación es de unas 3500 plantas por hectárea.

Viña en alto. Las viñas se plantan en hileras verticales siguiendo las inclinaciones del terreno. La densidad de plantación es similar a las parcelas de viña tradicionales, de unas 4500 plantas por hectárea. Tiene la ventaja adicional de que puede aplicarse a parcelas pequeñas.

Otras formas de producción

Antes de comenzar la última cata del curso, nos explica Juanma que hay dos formas minoritarias de producción de vino de Oporto, son los vinos de garrrafeira cuya crianza se realiza en damajuanas de unos diez litros durante décadas, no considerado estilo por el IVPD. Existen también los crusted, que son vinos de crianza oxidativa en pipas mezcla de varias añadas, cuya crianza se produce en botella sin filtrar. Conviene decantarlo antes de servirlo.

Tawnies viejos

Quinta do Vallado 40 años. La quinta de la que procede la uva está en el Baixo Corgo, limitando con Cima Corgo. Su aroma es penetrante, pero delicado, elegante y complejo. Se mezlan los frutos secos (nuez) con tostados y balsámicos (menta). En boca sorprende por su fruta (albaricoque maduro). Excelente acidez, buena estructura y un extraordinorio equilibrio conforman un vino que se bebe muy fácil. Final fresco, con recuerdos de frutos secos y menta.

Barros 40 años. Abre con aromas florales y de almendra tostada. Conforme pasa el tiempo gana en complejidad apareciendo notas de tabaco rubio, mentolados y tiza. Con la temperatura aparecen aromas de anticuario. En boca es fresco y amplio, con un final afrutado que recuerda la fresa ácida para pasar a dominar los aromas balsámicos. Tanicidad muy fina y suave. Muy equilibrado y larguísimo.

Vintage

Los Vintage maduran en botella. Se producen con uvas de una sola añada, embotellándose entre julio del segundo año tras la vendimia y el 31 de enero del tercero. La declaración de una añada como vintage la pueden hacer las bodegas con un máximo de tres años de cada diez. También puede declarar la añada vintage el IVPD.

Empezamos estas joyas con Dalva Vintage 2011. Un vino todavía muy joven que tiene una nariz poco definida en la que se encuentran tiza, guindas en licor, flores secas y lácteos, junto con notas vegetales. Da la impresión de que falta que los aromas se conjunten. En boca encuentro el azúcar y el alcohol muy marcados. Es un vino bravío, algo asalvajado y falto de estructura. Si tienes una botella mejor guardarla para dentro de unos 10 años.

Ramos Pinto Ervamoira Vintage 94 es muy agaradable en nariz con aromas de guindas en armagnac, flor azul seca y algunas notas balsámicas. En boca es suave, con fruta roja bien marcada y frescura muy agradable. El tanino es robusto, marcado. Finaliza marcando de nuevo la fruta roja (guinda), con frescor matizado por recuerdos de chocolate amargo.

Finaliza la cata y el curso con Niepoort Vintage 1980, un vino con aroma delicado, ligeramente licoroso. Aromas de miel de azahar, se mezclan con café tostado y flor seca. También encuentro algo de humo. En boca es suave pero intenso, con aromas de dátil, talco y balsámicos. Fresco y equilibrado. El final que nos devuelve aromas de café torrefacto es larguísimo. Contrasta su apertura ligeramente cálida con su final fresco. Un gran vino.

Así terminó el curso al que tuve la suerte de asistir sobre los vinos de oporto. Nuevos vinos, algunos conocimientos más y el disfrute de tres días aprendiendo de Juanma Ruiz Casado, de Enoteca Barolo,  al que le agradezco desde estas líneas su buen hacer y el haber revisado esta serie de artículos, para que no os confundiera demasiado.

Enlaces de interés:
Introducción al Oporto (1 de 3). La Historia (20/09/2016)
Introducción al Oporto (2 de 3). La Elaboración (26/09/2016)

lunes, 26 de septiembre de 2016

Introducción al Oporto (2 de 3). La Elaboración


Después del buen sabor de boca, stricto senso, que nos dejó la primera sesión de este curso de vinos de Oporto organizado por Enoteca Barolo, esperaba la segunda con ilusión y algo de impaciencia. El tiempo confirmaría que mis esperanzas no eran vanas.

Comenzó Juanma explicando la elaboración. Una vez que ha finalizado la vendimia, se llevan las uvas a los lagares, que tradicionalmente son de granito con forma de cuadrado de unos 80 cm. de lado, en el que caben unos 7500 Kg. de uva aproximadamente, y se empieza la pisa a pie. Actualmente, en muchas bodegas se usan para la extracción del mosto medios mecánicos, como robots que simulan la pisa a pie. Sin embargo, para los vinos más importantes se siguen utilizando pisadores de gran experiencia.

La primera fase del pisado se denomina corte. En ella los pisadores van en una fila, hombro con hombro, muy lentamente por el lagar. Lo que se trata es de romper los hollejos de forma metódica. Este trabajo supone un esfuerzo tremendo, especialmente en esta fase de corte. Los pisadores trabajan durante cuatro horas seguidas, descansando dos antes de iniciar un nuevo período.

La segunda fase es la de “liberdade”, en la que se persigue conseguir una mayor extracción. Se realiza con los pisadores trabajando de forma individual, moviéndose libremente por el lagar, asegurándose de que las pieles se mantienen por debajo del mosto. A veces los pisadores se ayudan de unos bastones de madera, llamados “macacos”, con los que se ayudan para mantener sumergidas las pieles. Hay elaboradores que despalillan por completo, y otros que para dar un poco más de nervio, dejan un poco.

Empieza la fermentación y cuando el elaborador considera que queda el azúcar correcto, se añade el “aguardiente” (alcohol vínico neutro), en una proporción de 110 litros de “aguardiente” por cada 500 litros de mosto aproximadamente. Este “aguardiente”, proporcionado por el Instituto Dos Vinhos do Porto e Douro, es una forma efectiva de controlar la producción de cada bodega. La asignación se hace en función de la letra asignada a la parcela concreta. Como recuerdas, en la entrada anterior decía que las letras de la A a la F se asignan en función de un número de variables como el tipo de suelo, la inclinación de la parcela, la cercanía al río o las variedades de las uvas plantadas, entre otros factores. Es decir a mejora parcela, más aguardiente, lo que implica la posibilidad de producir más.

Hasta finales del siglo XIX el vino se elaboraba en seco, y el alcohol era añadido antes de la exportación, como método de dar al vino una mayor estabilidad y capacidad de conservación.

Al añadir el aguardiente se produce el apagamiento de las levaduras, quedando un azúcar residual alto. Una vez finalizada la fermentación se pasa el mosto al “balseiro”, un fudre de madera muy grande en el que permanece hasta abril. Hasta 1986 los vinos se llevaban a Vila Nova de Gaia, tradicionalmente en unas barcas llamadas “ravelos”. Es en Vila Nova donde se dan las mejores condiciones por humedad y frescor para la crianza del vino, y el único punto desde el que se podía exportar. Actualmente, se fija una cantidad mínima de producción, que actualmente se está revisando, para poder exportar desde las casas de elaboración. Será en cualquier caso una dificultad añadida para que los pequeños productores puedan exportar.

El factor “Vila Nova” es importante para los pequeños elaboradores, que por no poder permitirse el tener naves de crianza en el puerto de exportación ni producciones altas, se ven obligados a vender sus vinos sin crianza a las grandes casas. Hay que tener también en cuenta que las limitaciones de producción, que son competencia exclusiva del Instituto Dos Vinhos do Porto e Douro, se basan de forma casi exclusiva en criterios comerciales, con el objeto de evitar caídas de precios y pérdida de prestigio.

Una vez los vinos sin criar en las naves de envejecimiento, se analizan para ver si serán destinados a crianza oxidativa (tawny), o reductiva (ruby). Los oportos son vinos principalmente de mezcla, en los que intervienen diversas variedades de uva (hasta treinta, aunque principalmente touriga franca, touriga nacional, tinta roriz, tinta barroca y tinta amarela), de diferentes parcelas y de varias añadas, tratando de mantener la calidad y la identidad de la casa productora.

En la segunda sesión nos proponen dos tipos de vinos: los colheita, que son tawnys de una sola añada con un mínimo de siete años de crianza oxidativa desde la cosecha, y los LBV (Late Bottle Vintage) que realizan crianza reductiva en recipientes de entre quince mil y veinte mil litros.

Comenzamos por los LBV, que nos indica Juanma que fueron comenzados a producir como una alternativa a los Vintage, verdaderas estrellas del mercado británico, pero muy caros y que tienen el “problema” de que se estropea con facilidad si no se consume en el momento de abrir la botella. Los LBV son más baratos y duran algo más en botella. Se embotellan un poco más tarde que los Vintage, normalmente entre el cuarto y sexto año siguiente al de la cosecha. Ese contacto extra con la madera los hace más accesibles y más estables en contacto con el oxígeno.

El primero es el LBV Niepoort 2011. Embotellado tras cuatro años de crianza en fudres grandes de madera vieja. En el aroma se detecta abundante fruta negra madura licorosa (guindas en armagnac), junto a notas florales y de ciruelas pasas. Tiene una cierta punta alcohólica. En boca es suave y amplio, bien delimitado, siendo más intenso en el final. Tanicidad importante, pero muy fina. Muy frutal, y fresco, creciendo el dulzor hacia el final. Largo.

 LBV Poças 2009. Procede de viñas de 40 a 60 años. Aroma intenso, en el que mandan las guindas en licor, acompañadas por regaliz y por alguna punta de alcohol. Afrutado, amplio y bien estructurado. Cierto recuerdo de almíbar de melocotón en el paso por boca. Tanino algo marcado, pero fino, sin molestar. Su final es fresco, con recuerdos balsámicos. Muy largo. Un vino con una boca realmente enorme.

Tuvo la difícil tarea de seguir al vino anterior LBV Rozes 1994, con veintidós años a sus espaldas. Un poco cerrado al principio, es intenso en nariz, con aromas de miel acompañados de notas florales. Evoluciona bien hacia cacao y recuerdos de rebotica. En boca es algo cálido, pero muy equilibrado y suave, con frescura suficiente. Su final es intenso dejando en la boca aromas de chocolate y menta.

Finalizada la interesante cata de LBV’s empezamos con los Colheita, volviendo a los tawny, esta vez de añada. El primero fue Colheita Barros 1984, un vino en el que se aprecian en nariz matices reductivos como la almendra amarga y arrope., en un fondo dulzón de aromas de caramelo amargo. En boca es muy fresco y amplio, con la dulzura muy bien integrada en el vino. El final es dulce, con matices de almendra amarga.

Le sigue Colheita Messias 1977, un vino no excesivamente expresivo en nariz al principio. Con la aireación van apareciendo aromas de miel de caña y talco, junto con algunas notas de almíbar. En boca es muy elegante, con gran finura. Conforme se adapta a la boca va subiendo de complejidad, apareciendo frutos secos tostados y algo de cacao. Final fresco y ligeramente ardiente.

Finaliza la cata con el venerable Colheita Kopke 1974, con 42 años bien llevados. Se presenta en nariz con aromas de mermelada de higos, tiza y flores blancas. En boca es sorprendentemente amplio y fresco. Muy equilibrado. Vuelven los higos secos entre aromas florales, caramelo y melaza. Finaliza con algunos recuerdos de brandy, con intensidad y persistencia medias. Si hubiera que resumirlo en una palabra esta sería equilibrio. Un gran vino.


Enlaces de interés:
Introducción al Oporto (1 de 3). La Historia (20/09/2016)