lunes, 18 de abril de 2016

Clos Lentiscus Blanc de Noirs 2009. Maridaje de Contrastes.


Ávido lector de recetas de cocina, paso de vez en cuando por la magnífica página de Pepe Iglesias en la que encuentro a menudo algunos guisos que me animo a probar, y a maridar con más o menos éxito. Permíteme que te cuente mi última experiencia.

Llevaba tiempo queriendo cocinar un arroz negro, y mira por donde en una de mis visitas a la citada Enciclopedia de Gastronomía de Pepe encontré su receta con sepia. Leerle es un placer, ya que adereza con gracia sus instrucciones con anécdotas y recomendaciones. Esta de la sepia no me pareció muy difícil y las ilustraciones que acompañaban la receta me sugerían que era de lo más apetecible.

Conseguida la sepia, perfectamente limpia gracias a las buenas maneras de mi pescadero habitual, me pongo manos a la obra. Una cebolla grande bien cortada y unos cuantos dientes de ajo, y a hacer el sofrito con pausa, dejándolo en su jugo, casi confitándolo. Me dan a mí “mal fario” eso de las prisas en la cocina, y para entretenerme descorcho la botella de Clos Lentiscus blanc de noirs 2009 que tenía preparada para maridar el plato, si es que queda algo.

Este Clos Lentiscus es un espumoso (DO. Penedés) elaborado con uvas sumoll procedentes del macizo del Garraf, lo elabora con mimo Manel Avinyo, y es francamente disfrutable. Se presenta con aromas de grosellas rojas y frescas, estrujadas dejando derramarse su aromático jugo. Acompañan a las frutas rojas algo de pastelería francesa, sin dominar el olor frutal, alternándose armoniosamente. En boca es frutal, vibrante, con buena acidez. Alma de tinto en un espumoso blanco. Burbuja que juega con el paladar y alegra el ánimo. ¿Quien dijo que los espumosos son sólo para las fiestas? Yo pienso disfrutarlos con mucha más frecuencia si  me dan alegrías como este.

Pero volvamos al sofrito, que ya huele un poquillo. Los peligros de entretenerse demasiado. Menos mal que ha avisado a tiempo. Le hecho el pimiento rojo troceado pequeñito y a darle al vino otro tiento… Cuando el pimiento está tierno, le echo un chorrito de fino, y dejo que se evapore el alcohol sin perderme la generosidad de aromas.  Rallo unos tomates bien rojos y los incorporo al sofrito, que sigue haciéndose poco a poco, a fuego lento, sin prisa.

Una vez listo el sofrito, es el momento de incorporar un poco de comino, un par de hojas de laurel y algo de tomillo. Suerte que visite a mi amiga Yuli recientemente. Omito el chocolate negro que recomienda Pepe, porque a mi hija Belén no le gusta demasiado. Como dicen en mi tierra: “Hay gente pa’ tó’. ” Incorporo la sepia troceada en cuadraditos, y la tinta. La cocina va desplegando sus aromas y cierro la puerta para que no pasen al resto de la casa. Tampoco hay que ser tan generoso. 

Como falta para que se ponga tierna la sepia entre treinta y cuarenta y cinco minutos echo otro poco del vino de Manel en la copa, que me da la lucidez necesaria para algo inusual en mi, ¡hacer dos cosas a la vez, sin que una de ellas sea beber! Pongo a calentar un litro de caldo de pescado hecho ayer, y cuando empieza a hervir añado el mismo volumen de arroz. Hay que coordinar bien el guiso de la sepia, y la cocción de arroz, ya que cuando el arroz vaya quedando seco, con agujeritos en la superficie hay que añadir la sepia. Mejor hubiera sido haber hecho la sepia el día de antes, pero tanta previsión no es propia de mi.

Fuego bajo unos cinco minutos, y listo. Arroz negro finalizado. La verdad es que huele delicioso. 

Pepe recomienda en la Enciclopedia maridar el arroz con un blanco con estructura, Viña Mein en este caso. Yo, algo anárquico en esto del maridaje, lo complemento con el espumoso de Manel y la verdad es que no se llevan nada mal. El sabor intenso a mar del arroz deja sitio a la potencia frutal de este vino, proporcionando un contraste que me resulta tremendamente interesante y atractivo. La magnífica acidez del vino te deja listo para seguir. Tengo que hacer caso de Pepe, pero en esta ocasión, para mi gusto, no ha quedado nada mal. Para el de mi hija Belén que participa en el experimento tampoco. Creo que seguiremos en esta línea.

Descansando tras la comida e interesado en la historia de estos vinos, leo en su página web historias de una bodega a la que un lentisco presta su nombre, de viñas en el macizo del Garraf, y de nuevos y atrayentes vinos. Me quedo con las ganas de seguir probando. Creo que de ahí saldrán nuevas historias.

2 comentarios:

  1. Buena pinta. Ese espumoso es una pasada!

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    1. Si que lo es. Me lo recomendó JuanMa de Barolo. Tengo que ir a buscar más de esta bodega.

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