lunes, 11 de abril de 2016

Hermanos Peciña. Clasicismo Riojano.

Hay empresas que nacen determinadas por la ilusión de quien las inicia, como la bodega que te presentaré hoy. Ilusión de un hombre que trabajó mucho tiempo a la vista de Sierra Cantabria, en La Rioja Alta. De un hombre que entregó su amor a a la tierra con la que compartió tanto. Que la conoce y sabe que tan sólo con dedicación y esfuerzo puede hacerla su compañera, sabe que en ningún caso podrá dominarla, y  si lo intentara tan sólo conseguiría corromperla. Y en este afán de servir y conseguir, se fija en unos viñedos en San Vicente de la Sonsierra, bajo la supervisión de la Sierra Cantabria y con la ayuda del Río Ebro.

Enamorado de la tierra, quiere trasladar su belleza a sus vinos. Con paciencia, sin estridencias, buscando vinos clásicos, con la imagen en la mente de la suavidad de los vinos que antaño eran de siempre. Con las notas que nos hacen revivir la contemplación de tan privilegiado lugar.

Cuida con esmero sus viñas, sabiendo que son la madre de sus vinos, que  tan “sólo” tendrá que no estropear, colaborando  con la buena tierra. Emplean los métodos necesarios para no “inmiscuirse” en sus vinos, usando métodos tradicionales. El paso de una barrica a otra, por ejemplo, se hace por decantación. No aborrecen la técnica, pero la utilizan con prudencia. Hacen gala de sabiduría.

La bodega Hermanos Peciña crece poco a poco, según el trabajo lo va pidiendo. Y a Pedro Peciña, el iniciador, le toman el relevo sus hijos. Ellos dan un paso largo no hace mucho, acondicionando una nueva sala de barrica, aumentando su producción sin perder de vista su horizonte.

He tenido la oportunidad de probar todos sus vinos, y me gustaría transmitir las emociones que me produjeron. Tarea imposible para este tragavinos ordenador de letras que está tras el teclado. Trataré de aproximarme sin embargo.

Los vinos jóvenes me parecen un referente del buen hacer de una bodega, transmiten de forma muy directa el trabajo que se ha hecho en la viña. He de decir que su blanco fresco y ligero me encantó. Sin los excesos frutales que hacen un vino fácil pero vulgar.

El tinto joven tampoco pasó desapercibido. Buena intensidad y excelente frescura, paso alegre y fácil. En Francia dirían que es un vino de sed. En mi tierra cordobesa, que somos menos finos, diríamos que se puede beber por arrobas.

Comprobada la limpieza y frescura de sus jóvenes, mis expectativas se volvieron hacia sus vinos con crianza en barrica, donde esperaba comprobar su fidelidad al modelo clásico riojano. Ya he probado más de una "sopita de roble", y quería ver si lo que me habían contado era cierto. Desde luego, no me decepcionaron.

Para no alargarme demasiado sólo comentaré los vinos que más me impresionaron. Señorío de Peciña al frente, reserva 2007 (DOC Rioja): 95% tempranillo, con un 5% de mazuelo y graciano, 36 meses de crianza en barrica. Aroma intenso en el que es fácil encontrar  frutas licorosas, algo de canela, ahumados, y las notas de tabaco que le proporcionan sus años de crianza en botella. En la boca entra aterciopelado y sabroso. Intenso. Ligero amargor secante. Sabor que dura siempre en la boca, dejando recuerdos de guindas en licor y canela. Un chollo por los 12 euros que cuesta.

También me gustó  Chobeo de Peciña 2007 (DOC. Rioja): 100% tempranillo, con crianza de nueve meses en barrica. En nariz es un vino complejo, con un recorrido amplio en el que está presente la fruta, aunque algo tapada por toques ahumados y de tabaco. Es un gusto dejarle airearse y ver cómo gana en elegancia. Para beber sin prisas. En boca tiene la entrada sedosa que buscaba en un clásico, buena acidez y algo de tanicidad auguran una buena evolución en botella. Guardo un par de botellas en mi bodega. Dentro de un par de años no tendrán precio.

Me ha gustado este paseo por Hermanos Peciña. Pronto habrá nuevos vinos y nuevas bodega. Hablaremos de las que me emocionen. Pero eso serán nuevas historias.

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