viernes, 20 de mayo de 2016

Mas D'en Gil. Priorato Elegante.

Hacía ya tiempo que no me daba una vuelta por una de las catas de Barolo, pero en cuanto vi que programaban una de vinos del Priorato no lo dudé. Estas tierras ejercen una enorme atracción sobre mi, y conocer sus vinos e  historia de la mano de sus elaboradores es algo que bajo ningún concepto deseaba perderme. La cata tenía el plus de poder acercarnos a un tinto de la antigua Masía Barril del año 89. ¡Como para perdérselo!

Llego temprano, como siempre y voy curioseando por los estantes. Saludo a Lynn, habitual de este tipo de eventos y la felicito por su brillante calificación "with merit" en el WSET 3. La verdad es que el mundo de los frikis del vino en esta ciudad es un poco estrecho y poco a poco nos vamos conociendo todos.

Comienza el señor Rovira a contarnos como los madrileños Barril compraron la finca y sus apuros para mantenerla en producción, ya que mantenían su residencia en Madrid, yendo cuando podían a gestionar la elaboración. Por la admiración con que hablaba, el señor Barril debió ser una persona digna de conocerse, y su amor por aquella tierra admirable.

En la introducción hay dos cosas que me llaman profundamente la atención. Una de ellas es el tono ilusionado con el que el señor Rovira habla de la gestación de su proyecto. Sus ojos transmiten la alegría de estar cumpliendo un sueño, la ilusión de compartir sus logros. Cuando toma la palabra su hija Marta, él se escapa en ocasiones hacia el lado derecho, donde estamos los aficionados "más jartibles", que dirían en mi tierra gaditana. ¡Cómo le interesa conocer de primera mano nuestras impresiones! Compararlas, contrastarlas. Me vienen a la cabeza mis 18 años, pasados hace ya mucho tiempo. Las noches en el paraíso del Teatro de la Ópera de Madrid, de donde salían las ovaciones más sentidas, más libres, más puras. No sé a qué viene esto, pero aquí se queda. Me estoy haciendo viejo.

Y llega Masía Barril 89. U vino huraño al principio. Nos cuenta Marta que el coupatge que se usaba en la antigua bodega era 70% garnacha, 30% cariñena, y que la crianza se realizaba sin nada de madera. Un visionario este señor Barril. El vino va abriéndose con algo de fruta roja  licorosa, notas de heno recién cortado. En boca este vino es asombroso, mantiene a sus 27 años una viveza impresionante, con suficiente fruta roja y buen volumen. Muy amable. Con la aireación salen aromas de hojas de tabaco, y poco después algunos ahumados y toffe. Impresionante.

Marta continúa hablándonos de la finca. La componen cinco valles cerca del pueblo de Bellmunt en la parte sur del Priorato. Veo algunas fotos que me traen recuerdos de los otoños rojos de los campos de cariñena. Los campos están batidos frecuentemente por el viento, trayendo frescura y salud a las plantas. Los vientos dominantes son la garbinada que viene de la mar y refresca, trayendo humedad; y el frío cierzo que viene del Ebro. Tierras estas en las que los rendimientos son muy bajos, Viñas muy viejas, algunas con cerca de siglo y medio, hacen que haya que luchar para sacar un fruto que mimado raya la excelencia. Así nos lo muestran los vinos:

El primero fue Bellmunt Vi de Vila 12 (60% garnacha, 30% cariñena y 10% cabernet sauvignon) DOQ Priorat. Un vino que nos cuenta Marta es el de entrada de la gama, asemejándolo a lo que sería un vino de village en Borgoña. Se ha criado 10 meses en tinos de roble de 3000 y 1500 litros, con una pequeña parte en barricas bordelesas. El aroma es al principio muy mineral con aromas de tiza y tierra mojada, a las que salen a acompañar pronto las de fruta roja madura, y la naranja sanguina, la marca de la casa. En boca es muy fresco, con suficiente volumen. Algo ligero, pero elegante. Finaliza con recuerdos balsámicos, de fruta roja y piel de naranja. Largo. Se bebe de maravilla.

Le siguió un vino de finca, Coma Vella 10 (70% garnacha y el resto  cariñena, con un poco de syrah) DOQ Priorat. La finca está situada en el valle de la Coma, afectada principalmente por los impulsos marinos de la garbinada. Se crio durante 12 en tinos de roble de 3000 y 1500 litros, con una pequeña parte en barricas bordelesas. Aromático. Aparecen con facilidad fresas y violetas marchitas, junto con los habituales de naranja sanguina. Les acompañan balsámicos y notas de pimienta negra. En boca tiene un volumen excelente, con un tanino algo marcado, pero fino. Su frescura hace prever una excelente evolución en botella.

Finalizamos los tintos con el top de la marca, Clos Fonta 10 (70% garnacha y 30% cariñena, procedentes de viñas muy viejas). DOQ Priorat. Aroma mineral de cal mojada, violetas y toffes. En boca es muy fresco. Muy buen volumen, pero algo cálido. Finaliza con fruta roja fresca y recuerdos de naranja. No se si es que catamos en día raíz, pero esperaba algo más de este vino.

Marta intercala su visión del trabajo en la viña, con las explicaciones de los vinos. Su abuela Pilar era experta en ciclos lunares y plantas aromáticas y medicinales, además de tener una gran sensibilidad por la ecología. Parece que Marta ha recibido buena parte de su herencia ecológica. Cuando habla de la práctica biodinámica se le ilumina la cara, como si recibiera la energía de sus olivos y viñas. Y es que la su forma de ver la agricultura parece que le ha llevado a conocer de forma más profunda sus plantas.

Catamos el primero de los blancos, Coma Alta 12 (100% garnacha blanca) DOQ Priorat. Una tercera parte pasa seis meses en barricas de 500 litros. Aroma muy placentero. Jazmines van dejando el paso a recuerdos ahumados, y notas ligeras de hidrocarburos. El ataque en boca es muy suave, con fruta apreciable que va creciendo en el tiempo. Muy vertical y fresco. Final ligeramente amargoso y elegante. Un vino muy agradable, y que con seguridad acompañará alguna comida en casa este verano.

El siguiente fue Coma Blanca 12 (garnacha blanca y macabeo) DOQ Priorat. Fermentado en barrica, me costó un poco apreciarlo. Vino de una gran personalidad, a mi parecer le falta mucha botella aún. Es un vino muy potente y aromático, con una intensidad frutal considerable. Aromas complejos con albaricoques y flores blancas. Muy mineral, con notas de cal y tierra mojada. En boca le falta un poco de finura, resultando algo agresivo. Apunta, sin embargo alto. Su fruta y su acidez, junto con el amargor cas tánico, hacen prever una muy buena evolución en botella. Tomo nota, para incluir alguna botella en mi bodega.

Finaliza la cata. De vuelta a casa me alegro de haber pasado este rato con gente del vino, orgullosa de su trabajo, sabiendo que la tierra no regala nada. Con las ganas me quedo de dar otra vuelta por el Priorato. Mas D'en Gil estoy convencido de que sería un excelente candidato para un "baño de viña". Estoy seguro que de hay saldrían grandes historias.



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