martes, 7 de junio de 2016

Champagne Pinot Meunier. Dom Caudron

Si tuviera que elegir el vino que más me gusta, aquel por el que siento una mayor pasión, me decidiría por los vinos generosos sin duda alguna. Sin embargo, los espumosos, y de forma especial los franceses de Champagne, no les van muy a la zaga. Hay una conexión emocional entre unos y otros, que hacen que compartan aromas, sabores… También comparten, y no es para sentirse muy orgulloso, lo poco que acompañan en la comida nuestras mesas. Pero cuando uno se atreve, cuando abre su mente y su corazón a nuevas experiencias, el goce es incomparable.

Voy dándole vueltas a estas ideas mientras me acerco a la cata que ha programado la UEC con champagne elaborados con pinot meunier. El patito feo de las uvas de champagne, al que parece que le está llegando la hora de convertirse en cisne. Vinos afrutados sin caer en la vulgaridad, ácidos sin dejar de ser elegantes, equilibrados sin llegar a ser aburridos.

A poco atento que haya estado, el sufrido lector habrá podido deducir que el champagne en el que la pinot munier es protagonista me suele encantar. Es por ello que la cata de hoy presenta para mí grandes expectativas. Por eso y porque participan mis amigos de A La Volé, una de las empresas con mayor pasión, y probablemente conocimiento de los vinos de Champagne. Especialmente en lo que se refiere a los pequeños vignerons de esta región mágica.

La cata tiene dos partes bien diferenciadas, una en la que probaremos los vinos de la cooperativa Dom Caudron, y una segunda en la que catamos cuatro champagnes de diferentes pequeños viñadores. En esta entrada te contaré lo que me parecieron los de la cooperativa, y pronto publicaré otra sobre las producciones más pequeñas que ya te adelanto me parecieron emocionantes.

La historia de Dom Caudron es curiosa, y no por la rima fácil que se le puede sacar al sugerente nombre. En el pueblo de Passy-Grigny en el valle del Marne, era párroco en el lugar a principio del siglo XX Dom Caudron. Era este sacerdote aficionado a comer en las casas de los viñadores, y un apasionado de los vinos que hacían para consumo propio. Por aquella época vendían toda la uva a las grandes casas productoras de la zona.

Tuvo Dom Caudron una idea visionaria en la época y la suficiente ascendencia y habilidad para transmitirla a los productores. Reunirse para elaborar y comercializar el vino del pueblo. Un vino que transmitiera lo que era la pinot meunier de Passy-Grigny. Después de varias reuniones, 23 viñadores con 12 hectáreas comenzaron la aventura. Hoy son ya más de 60 y unas 130 hectáreas en las laderas del valle del Marne.

Os cuento que me dijeron sus vinos.

El primero fue Dom Caudron Prediction Brut (100% pinot meunier) AOC Champagne. Tiene una crianza en botella de dos años antes del degüelle, y un dosage de 9 g/l. Tiene un aroma muy agradable y con buena intensidad. Destaca el pan recién hecho, con notas de manzana verde y heno recién segado. Algo goloso y bastante maduro. En boca es muy agradable, algo ligero, con acidez cítrica. Al final vuelven los recuerdos de panadería, con toques golosos. Un vino hecho para beber sin complicaciones, para que guste a todo el mundo. Muy bueno minus.

Siguiendo con los vinos de la cooperativa promovida por Caudron, bebemos Dom Caudron Epicurenne Brut (100% pinot meunier) AOC Champagne. De nuevo dominan los aromas de panadería, acompañados por notas de manzana Golden madura. Con la evolución recuerdos de miel, y notas herbáceas. En boca muy amable y fácil de beber. Fresco y con buen equilibrio. Sencillo. Finaliza con recuerdos de tarta de manzana. Muy bueno.

Finalizan los vinos de la cooperativa Dom Caudrom con Cornaline Brut (100% pinot meunier) La mitad del vino fermenta en barricas de roble usadas, algo que era costumbre en Champagne. El vino tiene crianza sobre lías de entre 6 y 8 meses. Es el más complejo de los champagnes de estos productores. Mineral, con notas calizas, y recuerdos herbáceos. Aparece también piel de limón confitada y manzana verde. Muy ligeras notas de cedro y ligeros tostados. Con la aireación aparecen aromas de hierbas aromáticas, como romero e hinojo. De acidez afilada, es un vino muy vertical (entra con suavidad, para ir creciendo en boca), amable. No es fácil percibir el azúcar residual. Amplio y largo. Finaliza con un cierto amargor elegante, junto a ligeros tostados y recuerdos frutales de manzana verde. Excelente minus.

Viene bien la cata de los vinos de esta cooperativa para percibir dos tendencias, una en la que los aromas de panadería dominan tanto en la nariz como en la boca, con más o menos aporte frutal, y con una acidez contenida, hechos para agradar al gran público. La otra, para mi gusto más seria, con aromas mucho más complejos en los que se pueden ver notas calizas, y que en la boca son afilados, y con muy buena persistencia.

En la siguiente entrada veremos qué pasa con los meunier propuestos por A La Volé. Pero eso será otra historia.

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