jueves, 14 de julio de 2016

Las Añadas del Vino


Recuerdo cuando empecé a tener posibilidad de comprar alguna botella de vino y miraba al cartel de recomendaciones de añadas que figuraba de forma prominente encima de los lineales del entonces PRYCA, actual CARREFOUR. Como buscaba entre las botellas alguna de las marcas que me gustaban, y que tuvieran alguna botella de la añada codiciada. Por la referencia al antiguo supermercado supondrá el sufrido lector que no hace dos días.

Me llevé más de una sorpresa, en primer lugar porque si conseguía alguna botella de las que llevaban dos o tres años en el mercado, en no pocas ocasiones el vino no se encontraba ya en su mejor momento para decepción de un servidor que iba feliz a casa al haber conseguido una botella de una añada “excelente”, que después tenía un sospechoso aroma a destilado jerezano. Se había “coñaficado” (palabra elegida con primor para que no surjan en el lector aviesas imágenes).

Desde entonces algunas cosas han cambiado para mí. Hace ya mucho tiempo que desterré las grandes superficies como fuente de suministro de vino de calidad, salvo contadas excepciones, y asumiendo el riesgo de “coñaficación”. Cada vez veo menos la consabida lista de calificación de añadas, pero no me resisto a preguntarme, ¿qué valor tienen las añadas para un consumidor medio de vinos? Aún a riesgo de parecer osado para algún gurú local, respondería que ninguno o casi ninguno. No te vayas todavía, déjame que te preste dos o tres argumentos.

En primer lugar te diría que echases un vistazo a la calificación que se da a las cosechas de los últimos diez años en varias de las principales denominaciones de origen españolas. Las calificaciones posibles van de deficientes a excelentes, aunque esto es una mera elucubración como podrás comprobar con facilidad. Mira a ver cuántas de esas cosechas están calificadas como buenas. No te digo que mires cuantas deficientes hay, porque la respuesta es fácil. ¡Cero! ¡Vaya suerte hemos tenido en España! Las añadas consideradas regulares en las DO españolas en los últimos quince años son tan sólo 2004 en Penedés, 2006 en Jerez, y 2008 en Tacoronte-Acentejo. Desde entonces. ¡Cero!

Pero no es sólo que la calificación de las añadas pueda atraer alguna sospecha, hay más vueltas que darle al tema. Ha tenido la oportunidad de asistir a catas verticales (varias añadas del mismo vino), y aunque no soy más que un mero tragavinos te he de decir que las diferencias entre añadas cercanas de un mismo vino, aun existiendo y pudiendo ser detectadas, no son determinantes para un consumidor no avezado. Vamos, que el que compra en CARREFOUR, cosa que no recomiendo demasiado, puede omitir, sin temor alguno a equivocarse, la carta de valoraciones de las añadas en su proceso de decisión.

Un punto más, con la irrupción de las levaduras seleccionadas (esos bichitos que venden en sobres y que la mayoría de los elaboradores añaden para que se encarguen de la fermentación del mosto) y las intervenciones en el proceso de elaboración (añadir ácido tartárico, filtrados agresivos entre otros), lo que se consigue es casi uniformar el vino en las sucesivas añadas, para evitar “sobresaltos” al honrado consumidor. En estos productores la diferenciación entre añadas es nula o casi nula.

Pero aún hay algo más, hay productores honrados que en las añadas en las que el clima no ha sido el conveniente para conseguir uvas de calidad suficiente para elaborar sus reservas o sus pagos más afamados, toman esa uva y las incluyen en la elaboración de sus vinos más básicos, incrementando la calidad de estos. O sea, que el efecto de una añada mala puede ser incluso que en determinados elaboradores el vino sea de mejor calidad.

Resumiendo, el tema de las añadas influye escasamente, en mi opinión, en el placer que obtiene un consumidor medio de vino. Mucho más importante es la zona de producción y que el elaborador  sepa trasladar las emociones de esa zona a la copa, adaptándose por supuesto a las condiciones de la añada que deben condicionar su forma de elaborar.

Cuando a uno le pica el mosquito de la afición ya es otra cosa. Se me ponen los vellos de punta (el pelo no puede) cuando recuerdo una cata vertical de Dorado Superior, albariño portugués, en la que comprobamos como la elaboración honesta y sabia puede hacer que un vino sin nada de crianza en madera pueda aguantar en condiciones de juventud envidiable durante más de diez años. También, como la conjunción de ese buen hacer y una añada óptima como la de 2005 producen un vino único. Tengo tres botellas de esa añada que me hacen sentir en cierto modo como Gollum.

Si estas infectado y conservas esas botellas especiales, o si bien te gustaría alcanzar cuotas de emoción únicas en esto del vino, investiga. Busca productores honestos, junta con amigos botellas bien conservadas de diferentes añadas y encontrarás lo que la naturaleza hace en el vino. Si por el contrario, sólo quieres disfrutar de un vino honesto sin complicaciones, olvídate de las añadas, busca un tendero de confianza, entabla una cierta amistad con él y déjate aconsejar. Lo de las añadas… olvídalo, para ti es una complicación absolutamente innecesaria.

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