martes, 20 de septiembre de 2016

Introducción al Oporto (1 de 3). La Historia

Uno de los lugares en Madrid en los que se está trabajando con insistencia por la difusión de la cultura del vino es sin duda la Enoteca Barolo. Recuerdo mis primeros acercamientos serios a los vinos de Borgoña de la mano de Luis Gutiérrez hace ya unos cuatro años. Durante el año pasado sus cursos de vinos italianos impartidos por Juancho Asenjo, y en 2016 los magníficos cursos de generosos andaluces que han contado con el mismo Asenjo y el enorme Paco del Castillo son referencia en lo que información al aficionado se refiere.

No menos interesante y formativo fue el que coordinó Juanma Ruiz Casado sobre vinos de Oporto, al que tuve la fortuna de asistir. Juanma, aparte de ser un muy buen profesional, tiene unas magníficas dotes pedagógicas y un buen sentido del humor que hicieron que las tres sesiones además de muy ilustrativas, fueran muy entretenidas.

La primera sesión comenzó con la historia de estos vinos singulares. Comienza, como muchas grandes empresas, gracias a una crisis. Los ingleses que se proveen de vinos para sus saraos en Francia, tienen en el siglo XVIII problemas con los franceses, sus proveedores habituales, y buscan solucionar la falta de suministro en Portugal.

Comienzan la aventura portuguesa en el norte, en la zona cercana a Viana do Castelo, pero estos vinos no son del gusto del mercado inglés por su frescura y relativa delgadez, en comparación con los vinos de Burdeos a los que estaban acostumbrados.

En el Duero la empresa tiene más éxito, consiguiendo vinos que se aproximaban más a los gustos del público inglés, por lo que procuraron garantizarse el suministro. Un paso adelante en este sentido fue el tratado de Methuen, también llamado de los paños y los vinos, ya que a grandes rasgos los portugueses bajaban los impuestos de importación al paño inglés y los ingleses hacían lo mismo con los vinos de Portugal. El resultado fue una rápida expansión económica debida al vino de Oporto, seguida de una gravísima crisis posterior por la superproducción y la falta de garantías de la procedencia real de los vinos y las uvas. (No sé si te recuerda a situaciones semejantes en una DO del sur de España en la historia reciente).

Esta crisis tiene como resultado que el Marqués de Pombal trate por medio de la creación de la Companhia Geral da Agricultura das Vinhas do Alto Douro de asegurar la calidad del producto, evitar fraudes, equilibrar la producción y estabilizar los precios. Una de las consecuencias fue la demarcación de terrenos por medio de 355 postes de granito, que servían para designar los terrenos que podían elaborar vinos de feitoria, los únicos que podían ser destinados a la exportación. Esta calificación de terrenos finalizó en 1756, y puede ser considerada como la constitución de la primera denominación de origen de la historia.

La Companhia tuvo un notable éxito en principio, sin embargo la influencia de Pombal no duró siempre y la lucha entre el control y la liberalización se mantuvo en el tiempo, con resultados varios. La eterna lucha entre el comerciante y el productor.

En la segunda mitad del siglo XIX una nueva crisis, la de la filoxera, tuvo un enorme impacto en la zona, produciéndose un gran descenso en la producción. En algunos terrenos las repercusiones fueron tales que las viñas quedaron completamente arrasadas, dejando en la actualidad los denominados “mortorios” como vestigio de aquel desastre. Fruto de la crisis económica se produjo un cierto trasvase de terrenos de agricultores portugueses a los comerciantes ingleses, que permanece en nuestros días.

La historia del oporto está dirigida por las relaciones entre los viticultores y los comerciantes, siendo estos últimos los que en cierto modo controlan el mercado. No es hasta principios del siglo XX cuando los agricultores se organizan, con la formación en 1932 de la Federación Sindical de Viticultores del Duero, también llamada Casa do Douro. A esta asociación se le dan amplios poderes como elaborar y actualizar la clasificación de terrenos, fiscalizar la procedencia de los, entre otras importantes que veremos en la siguiente entrada. En 1933 se forma el Gremio de Exportadores de Vinos de Oporto. Las actividades de las dos asociaciones son coordinadas por el Instituto del Vino de Oporto, creado también en 1933.

Una de la decisiones importantes del Instituto es clasificar los terrenos con letras que van de la A a la F, con un sistema de puntos que depende de la cercanía al río, la composición del terreno, si las castas plantadas se corresponden con las tradicionales (touriga nacional, touriga franca, tinta roriz, tinta barroca y tinta amarela). Esta clasificación, como veremos en la próxima entrada, tiene una importancia fundamental para los viticultores del Douro.

La sesión continuó con la cata de seis tawny, los oportos elaborados con crianza oxidativa, y que tienen habitualmente una indicación de la edad media, ya que son vinos en los que se mezclan varias añadas. Hablaremos en la próxima entrada de los procedimientos de elaboración. Tan sólo indicar que tienen un color amarillo rojizo (leonado) característico.

El primero de los oportos fue el más sencillo, Graham’s The Tawny. Los aromas de guinda en licor con fondo especiado se ven marcados por una punta alcohólica notable. En boca se muestra amplio y afrutado, con recuerdos de albaricoque muy maduro. Dulzor equilibrado por la acidez, pero de nuevo marcado por el alcohol que no consigue enmascarar. Tanicidad no muy marcada, que da pistas sobre que el vino hay que beberlo sin tardar mucho.

Subiendo en complejidad y equilibrio nos encontramos con Quinta de Vallado 10 años. De nuevo aparecen marcadas las guindas al licor, acompañadas por madera noble, cera de abeja y curry. Con un poco de tiempo surgen notas de caramelo de café con leche, y piel de naranja confitada. La entrada en boca se ve dominada por el dulzor. Un poco falta de frescura. Muy largo, finaliza con un cierto amargor elegante con recuerdos de caramelo.

En una tendencia diferente y dentro de los diez años de media, Juanma nos ofrece Dow’s 10 años. Un vino en el que de nuevo la protagonista es la guinda en licor, acompañada de algunas notas de alcanfor y madera de roble seca. Se detecta también una ligera punta alcohólica. En boca dominan en la entrada los sabores afrutados de buena intensidad. Le sigue el dulzor que invade la boca con gran volumen, acompañado de una frescura suficiente. Tanino marcado pero muy fino, muy largo y amplio. Mi favorito de los dos de 10 años.

Pasando a los 20 años de media, empezamos por Fonseca 20 años. Además de las consabidas guindas al licor, se distinguen con facilidad aromas de orejones y miel, notas balsámicas y ligeros matices de almendras tostadas. En boca tiene un paso muy ágil y fresco. Es un vino pleno y elegante. Muy largo, trayendo al final de nuevo los orejones y matices balsámicos. Me gustó mucho, tengo que beberlo con más tranquilidad.

Le sigue Rozes 20 años. Un vino con aromas ahumados y especiados de buena intensidad. Maderas nobles y pimienta blanca, junto con guindas al marrasquino. El ataque en boca es intenso, con un dulzor que te invade. Equilibrado y fresco. ligeros matices salinos. Larguísimo, con final balsámico.

Termina la cata con Ramos Pinto 30 años. Un vino con aroma delicado, con mieles y hoja de tabaco. Flores blancas y eucalipto. En boca le define su equilibrio y elegancia. Dulzor equilibrado, sin que se perciban excesos. Frescura que sorprende en un vino viejo. Final con recuerdos de dátiles, y un frescor insultante. Tremendamente largo.

Finaliza la sesión, y me quedo con gana de mucho más. En la próxima nos prometen rubís y los métodos de elaboración. estoy convencido de que será otra historia.

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