martes, 22 de noviembre de 2016

Los Vinos Naturales en el XVIII Salón Guía Peñín

Suelo preparar con cuidado las visitas a salones y muestras de vinos, sobre todo para seleccionar lo que cato con cierta prudencia, por preservar  mis dotes catadoras, si las hubiese, de ciertos vinos que a duras penas merecen el nombre, y para dedicar un tiempo mínimo a los vinos en los que voy a centrar mi atención. En este Salón Guía Peñín llamó mi atención la buena muestra de vinos ECO que estaba representada.

Si llevas leyéndome algún tiempo, sabrás que para mí el hecho de que un vino sea natural es sin duda un plus, que debe después estar refrendado por unas características tradicionales de nariz y boca. He de decir que los encontré buenos, francamente buenos. En el mostrador de Domaine Lupier encuentro los primeros. Es una gozada acercarse, y ser capturado de forma inmediata por la sonrisa de los ojos de Elisa, y la serenidad de Enrique. La Dama y El Terroir son expresión de sus parcelas de garnacha negra navarra. Buena gente y grandes vinos. Cuando uno los prueba se olvida de procesos de elaboración y se siente trasladado a sus campos de viñas viejas, donde hoy vive la dama y antaño vivía, cerca del Pirineo, el lobo. Frescura y fruta se dan la mano, y te llevan a pasear por las estribaciones de la sierra, y te muestran que los de Domaine Lupier, son vinos con corazón.

Me llama la atención posteriormente  Martin Kieninger, un austriaco que enamorado de la serranía de Ronda, se estableció allí y comenzó a elaborar tintos frescos y directos, con un perfil algo friki. Su Maxx 2013 está elaborado con garnacha tintorera y tintilla de Rota, y es una explosión de fruta roja, con toques de cacao y especiados. Aún atrapado por la belleza de Ronda, Martin debió echar de menos los paisajes de su Austria natal, y se trajo algunas variedades de aquellas lejanas tierras. Su 7vin Blau 2013 está elaborado con  blaufränkisch, y desde luego es muy personal. De nuevo abundante fruta roja, algo madura, con notas de eucalipto y pimienta. Tanicidad aún por pulir y un final que recuerda al cacao amargo. Una bodega curiosa, que fía sólo de sus uvas y la tierra para hacer vinos difíciles de meter en patrones.

Continúo mi paseo, buscando vinos naturales entre los mostradores del salón, cuando encuentro Bodegas Enguera, su Paradigma 2010 hace que me pare un ratillo. Un vino de monastrell de Casa LLuch, que reta a los prejuicios, mostrándose fresco y limpio. Frutas rojas, y suaves notas de chocolate blanco, que se desenvuelven con una gran elegancia y suavidad. Sueño de Megala no toca tanto mi sensibilidad, mostrándose algo más maduro, pero también limpio y suave. Un buen descubrimiento. Hay que  seguir esta bodega.

Bodegas Frontonio es otra de las que me sorprende. Su Las Alas de Frontonio 2014 está elaborado con  garnacha tintorera procedente de cepas muy viejas. No hacen más de 600 botellas, fieles a la máxima de la bodega de elaborar por parcelas, y embotellar sólo lo que da la tierra. Este tinto  es pura frescura, elegancia y fruta roja, con una redondez que reta. Otra para la lista de seguimiento.

Encuentro también otra bodega de Ronda en la que pruebo dos pequeñas joyas, MHV 2015, un vino que busca preservar variedades casi extintas como la roma, que junto con la tintilla de rota hacen en esta ocasión un vino muy disfrutable, afrutado y fresco. Pruebo también Payoya negra 2014, fresco y redondo. Tiene que ser una gozada visitar La Melonera, finca de la que proceden estos vinos, en la que robles y encinas centenarios protegen estas viñas que dan vinos interesantes, y sobre todo muy disfrutables.

Ya van pesando las piernas, y acorchándose la boca por el tanino que hay que aguantar para ir descubriendo poco a poco estos vinos que hacen que el tiempo empleado merezca realmente la pena, y ya casi para despedirme visito a un viejo conocido, Mustiguillo. Su Quincha Corral 2014 me saluda con su personalidad y elegancia caracterísiticas, bobal en esencia, pero domada con maestría. Finca Terrerazo 2014 es mi despedida de este salón. No toca el alma como su vecino, pero deja un recuerdo grato. tengo que catarlo con algo más de tiempo y de botella.

Marcho del salón algo cansado, pero contento de haber encontrado vinos auténticos. Vinos personales que reflejan la tierra y sus gentes. El año que viene puede que vuelva. Seguro que de ahí salen nuevas historias.

2 comentarios:

  1. Hola Vicente,
    ¿blaukenfisch? ¿Blaufränkisch?

    Saludos,

    Jose

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    1. Tienes razón. Muchas gracias por la corrección.

      Saludos,
      Vicente

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