jueves, 22 de diciembre de 2016

Forlong "El Amigo Imaginario" 2015

Están haciendo en mi tierra andaluza vinos que innovan, que realmente merece la pena conocer. No es que esto sea sorprendente, porque la mía  fue siempre tierra de vinos grandes, Vinos que saben a mar y se dan la mano con el calor asfixiante del sur. Que saludan al levante ardiente y al refrescante poniente, y que lo mismo pasean por ferias, llenas  de risas y juerga, como por clubes de postín, donde arrugarían el ceño por esas pequeñas muestras de libertad. Vinos que jugarían con todos, si algunos le conocieran. Pero en esta entrada no voy a hablar hoy de las manzanillas y olorosos, de los dulces y los finos que tanta fama siguen dando al sur.

Y es que junto a esos vinos grandes, hay gente con ilusión, que mirando con orgullo el legado que le dejaron sus mayores, quieren hacer cosas nuevas, vinos nuevos. Curiosamente, vinos con el fundamento de la gente sencilla. Vinos como los que bebía mi abuelo después de haberse dejado la piel en el campo. Vinos que acompañaban las risas de los trabajadores después de un día duro, extraordinariamente duro. Vinos sencillos, que bien tratados son la madre de vinos grandes.

Hace ya algún tiempo que los inquietos buscadores de vinos especiales  del Grupo Navazos descubrieron uno de ellos. OVNI le llamaron. Vinos tranquilos, que refrescan el paladar que seca el calor de mi tierra, como ya  hacían en tiempos de mi abuelo.

Hoy quiero compartir contigo uno diferente, un vino que quiere aunar tradición con imaginación, ilusión con frescura. Un vino que no es para todos, pero que algún día puede que abra caminos de grandeza. Un vino que hoy es experimento disfrutable, y que mañana, ¿quien sabe? podría ser parte de una tradición. Hoy comparto contigo un vino diferente, de bodegas Forlong, El Amigo Imaginario 2015. Un blanco con alma de tinto, que quería ser oloroso. Te cuento.

Las uvas con las que se elabora este vino proceden de la finca Plantalina, en el tan nombrado últimamente pago Balbaina. Mar de albariza blanca surcado por cepas viejas, nudosas, que parecen querer beber del cercano pozo de las Ánimas. Tierras que parecen en invierno muertas, en las que en primavera estalla la vida, y en el otoño empieza  la magia, como la que practican Rocio Áspera y Alejandro Narváez con estas uvas.

Uvas que se vendimian bien maduras, y a las que siendo blancas, se les da tratamiento de tintas, para hacer este vino naranja. Uvas que no conocen tratamientos agresivos desde hace ya más de quince años, que son tratadas con mimo, con la ayuda del levante y del poniente, conjurados para obtener un equilibrio frágil, pero posible si se trata a la tierra con respeto. Fermentación lenta y bazuqueo diario, para extraer la esencia de estas uvas que van transformándose lentamente, con cuidado, unos veinticinco días.

El vino va encontrando su esencia, ajustándose a lo que en la imaginación de Rocío y Alejandro tienen pensado, y entonces se descuba y prensa, conduciéndolo a una bota que antaño tuvo oloroso. Bota cerrada, en la que no entra el oxígeno. Vino que respira el aroma del viejo oloroso, oyendo cuentos, o tal vez imaginándolos.  Aromas nuevos, alma nueva para este vino diferente, imaginado con ilusión del niño que necesita un amigo que le acompañe a todas las horas del día, y lo imagina sonriendo, a su lado. El vino va cambiando, acomodándose a esta imaginación única, a este proyecto diferente, que quiere algún día ser grande, como la ilusión del niño.

Ocho meses y se le embotella. La etiqueta tiene que ser única diferente, recordando a una película antigua. Dos monos que se miran sonrientes, juguetones. La admiro y me pregunto como será este vino. Curioso. Lo descorcho y el aroma, intenso de fruta blanca  y de hueso me llama. Vuelvo a él y ya no está, se ha convertido en  aroma de monte y de frutos secos ligeramente tostados. El aroma muta, atractivo, diferente. Tengo que aprehenderlo y no se deja, juega como amigo imaginario, sorprendente. Lo llevo a la boca y se muestra pleno y a la vez desconcertante. Un vino seco con ligeros matices de oloroso. Acidez correcta y buena intensidad.

Un vino que se resiste a los cánones, para el que hay que desaprender lecciones y dejarse llevar por algo diferente. Un vino que puede estar definiendo un estilo, o puede que no. Un vino del que me alegraré siempre de haya estado una vez en mi copa y que seguiré con cuidado, porque detrás de él puede haber algo importante. Sólo algo más de seiscientas botellas de esta magia desconcertante, no apta para paladares señoritos, o demasiado encasillados. Que huye de términos como volumen o equilibrio, para mostrarse como lo que es, diferente, disfrutable.

Mi amigo Armando Guerra me recomendó este vino. Desde luego seguiré sus consejos sabios, de hombre cercano al vino y a la tierra.  En la bodega hay más blancos tranquilos andaluces, seguro que de ahí nacerán nuevas historias.

viernes, 16 de diciembre de 2016

El Microscopi 2013. Un vino solidario

Hace ya tiempo que conozco y participo, modestamente, en el proyecto solidario de la enóloga Irene Alemany. Una tarea que ilusiona y compromete. Si no estás al tanto, hoy vas a tener la oportunidad de conocerlo y contribuir. Vaya por adelantado que te va a parecer una idea fantástica: solidaridad bebiendo. ¿Alguien da más? ... Te lo explico.

Hace ya unos años, en el 2012, a Irene le detectaron un cáncer de mama, y quedó impresionada y agradecida por el trato recibido en el Hospital Universitario Vall d'Hebrón.  Ni corta ni perezosa, pensó cual era la mejor manera de mostrar su solidaridad con este magnífico cuadro médico, y con las personas que pasan por el mismo trance que ella. La decisión que tomó es admirable; poner una parte de su ser al servicio de esta empresa, elaborando un vino cuya venta iría por entero destinada a la compra de un microscopio para el avance de la investigación y tratamiento de la enfermedad. A ello dedicó las añadas de Microscopi de 2013 y 2014.

Irene y Laurent comparten su pasión  por la tierra, y son conscientes de que sólo pueden hacer vinos con los que se sientan satisfechos si son fieles a su terruño, a las características particulares de la tierra que trabajan, de los viñedos que cuidan. Viñedos viejos de xarel-lo del Garraf y de la sierra del Ordal. Viñedos de variedades ya viejas en estas tierras.

Pero no son personas que  se dejen atar demasiado por la tradición, lo que demuestran en sus tintos. Cabernet sauvignon y merlot se mezclan con la tradicional cariñena. Hacen vinos serios y potentes. Tintos en los que  se combinan tradición y modernidad, con la maestría de las personas que aman la tierra. Personas generosas y humildes como demuestran con este Microscopi.



En la bodega encontré ayer una botella de 2013, y cuando poco después  leí que el proyecto continuaba, que Irene y Laurent, después de tres años de contribuir a la compra de los microscopios del Vall d'Hebrón, seguían en la brecha, esta entrada surgió sola. La añada 2015 de Microscopi se invertirá en financiar la influencia de los linfocitos infiltrantes del tumor en el sistema inmunitario. Lo he leído y no tengo ni idea de que significa, pero se que Micropscopi sigue en la brecha, y yo no puedo dejar de colaborar como se, escribiendo y bebiendo. La verdad es que ser solidario disfrutando es un chollo.

Pero volvamos al Microscopi 2013, un vino elaborado con merlot, cabernet sauvignon y cariñena. Un tinto sin filtrar, porque este vino no puede dejar de ser auténtico. Un vino en el que sólo se han empleado levaduras autóctonas, porque esta gente solidaria y humilde no puede dejar de ser fiel a su terruño. Un vino de aromas francos, sinceros. Mermelada de fruta roja, mezclada con alguna tímida violeta. Notas de cuero fino, y algún apunte terroso. Un vino que no me canso de oler, con el que es fácil hablar. Sencillo, pero interesante. Ataque fresco el de este vino solidario, con fruta alegre y fresca, vivaracha después de un par de años de botella. Un vino que se bebe bien, y que me hace sentir bien

Esta vez nos vienen bien  dadas, beber y amar en un mismo acto. Conocer los vinos de buena gente y colaborar a que haya menos sufrimiento. Algún otro apunte enosolidario me han dado a conocer estos días, puede que de ahí salgan otras historias...

PS. Quedan algunas del '15 en Vinissimus. 8 a 9 euros, un chollo.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Brunello de Montalcino. 2011 vs 2010

La Enoteca Barolo es una de mis principales referencias enológicas, especialmente en lo que se refiere a los vinos italianos; y junto a la UEC mi fuente principal de catas de vinos de calidad. No hace mucho programaron una en la que Juancho Asenjo nos propondría vinos de Brunello de Montalcino de las añadas 2011, con un perfil caluroso, comparándolos con  brunellos de 2010, una de las añadas más renombradas de los últimos tiempos. La cata realmente mereció la pena, tanto por los didáctica como por lo entretenida. Ir a una cata de Juancho es un seguro para aprender de vinos, no sólo en aspectos enológicos, sino también por la gran cantidad de anécdotas y matices que conoce. Te cuento como fue la cosa, merece la pena.

La DOCG Brunello di Montalcino

La zona amparada por la denominación Brunello di Montalcino está en el corazón de la Toscana, al sur de Siena, delimitado por los valles de los ríos Oria, Asso y Ombrone. Es un área cubierta en su 50% por bosque, 10% por olivos, y tan sólo el 8% por viñedo, aún cuando en los últimos tiempos la plantación de viñedo se haya incrementado notablemente.

La denominación de origen nació en el año 1967 cuando había plantadas 65 hectáreas de viñedo, que producían unas cien mil botellas, Tal ha sido el crecimiento, que en la actualidad hay una dos mil hectáreas, de las que se elaboran más de ocho millones de botellas. Este crecimiento, desgraciadamente, no se ha realizado de una forma planificada y controlada.

En los años 90, una ley de la Unión Europea levanta las restricciones para la plantación de viña para mujeres y jóvenes. Esto supuso que se plantaran vides en zonas que tradicionalmente se habían dedicado al cereal, normalmente zonas cálidas y bajas en las que la calidad de la uva obtenida no es demasiado buena. Esto hace que la zona de los brunello sea muy irregular, y que sea especialmente importante conocer las parcelas y elaboradores que hay detrás de una de estas botellas.

En Brunello di Montalcino no hay una zonificación asociada a la calidad de las parcelas, y es muy difícil que esta se produzca alguna vez, por la ausencia de una tradición vinícola antigua, y porque la mayoría de los viñedos no se encuentran plantados en suelos de calidad.

El clima

El clima en la zona es mediterráneo, lloviendo principalmente durante la primavera y el otoño, con una media de 700 mm anuales, uno des más secos y calurosos de Toscana. Nieva en invierno por encima de los 400 metros de altura.

 La zona norte es la menos soleada y la que sufre más frío, madurando la uva de forma más lenta y produciendo vinos más aromáticos y ácidos. En la parte sur hay más sol y vientos marinos, por lo que los vino suelen tener mayor potencia. El oeste es caluroso, y el estar cercano a la maresma, por lo que los vinos son sabrosos, y en ocasiones tienen un cierto recuerdo a salmuera. En el este está la parte más elevada, con galestro más fino y más de trescientos metros de altura, produciéndose los vinos más elegantes.

Un factor extremadamente importante para que de una parcela de esta zona se produzca  vino de calidad es el viento, incluso puede a prevalecer sobre la calidad del suelo, ya que limpia de enfermedades la zona y regula la humedad. La altura, junto con el microclima de la parcela son factores también muy importantes, respondiendo de forma diferente cada tipo de suelo a estos factores.

La uva

La uva brunello, una variedad de la sangiovese, da vinos de larga guarda, con una tanicidad importante. En ellos predominan aromas de fruta roja ácida, flor azul y terrosos (setas, champiñones, trufa) cuando son jóvenes, y de alquitrán y tierra mojada cuando van siendo más añejos.

Los vinos de 2011

El primero de los vinos de 2011 es La Poderina 2011 (100% sangiovese grosso). Tenute del Cerro. DOCG Brunello di Montalcino. Me llevo una pequeña decepción con este vino, que recientemente ha cambiado de enólogo (Ricardo Coltarello) y que ahora tiene un estilo mucho más "moderno". En nariz ofrece un aroma cálido de fruta negra madura, con notas de higos secos y especias (clavo). Con un poco de aireación aparece canela, y acaban dominando los torrefactos. En boca es amplio y suave, secante, estructurado y con suficiente acidez. Taninos redondos. Un vino para beber ya, pero cuya personalidad viene más dada por su elaborador, que por el terruño y la uva.

Gianni Brunelli 2011 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino fue el siguiente vino. Tiene una crianza de dos años en botas de roble de Eslavonia de 20 hl. Aparecen rápidamente y con buena intensidad frutas rojas fresas junto con aromas florales. Pimienta negra y algunas notas de hierbas aromáticas les acompañan cuanod el vino coge un poco de temperatura. Al entrar en boca se muestra fresco y amplio, con abundante fruta roja ácida, y ligeramente secante. largo. Un muy buen vino, accesible. Se puede beber ya, y de hecho si yo tuviera alguna botella no la guardaría mucho.

Finalizamos la ronda de esta añada  con Salvioni 2011 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino fue el siguiente vino. Tiene una crianza de dos años en botas de roble de Eslavonia de más de 20 hl. Muy hermético en nariz al principio, ofrece sólo aromas torrefactos, con un poco de aire van apareciendo flores azules, acompañadas de notas de monte bajo, y de boletus y trufa. En boca es muy equilibrado, suave y elegante. Con una tanicidad marcada, pero redonda. Profundo y con tensión. Final muy elegante y largo. Un muy gran vino.

Los vinos de 2011 no estuvieron nada mal, en general los he encontrado accesibles, con taninos marcados pero redondos y que no deben suponer un problema. Buena fruta, con acidez suficiente, para nada excesiva. No parece una añada muy característica, pero da vinos disfrutables, aunque no confío mucho en su capacidad de guarda. Desde luego lo que haya en mi bodega caerá pronto.

La famosa añada 2010

Nos cuenta Juancho que 2010 fue una añada cuyos vinos desparecieron del mercado con rápidez, especialmente por las alabanzas que recibieron de la crítica estadounidense. Fue un año medido, en que las lluvias, los fríos y la insolación aparecieron en los momentos justos, permitiendo una madurez de la uva justa para hacer grandes vinos. Os cuento lo que me parecieron:

El primero es Capanna Brunelo di Montalcino 2010 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Tiene una crianza en fudres de 10 a 30 hl. de  tres años. La nariz es muy elegante con aromas de flor azul y cereza fresca. Notas de canela y pimienta, acompañadas por tabaco rubio y caja de puros. Inmediata y agradable. En boca es amplio y muy fresco, con un tanino bien marcado, secante. Envolvente, con buena tensión. Equilibrado y muy largo. Un vino tremendo.

Le sigue Pinino Brunello di Montalcino 2010 (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Se ha criado durante 24 meses en fudres de roble esloveno. Nariz no excesivamente compleja, en la que aparece fruta roja ácida y bosque bajo, con algunas notas de menta. En boca sorprende por su finura y elegancia. Amplio, fresco y equilibrado. Mineral y con una buena espresión de fruta fresca. Final de frutas rojas acompañadas de notas balsámicas, muy largo.

El último es Biondi Santi Brunello di Montalcino 2010. (100% sangiovese grosso). DOCG Brunello di Montalcino. Se ha criado durante 36 meses en fudres de roble esloveno. En nariz algo cerrado al principio, aunque se ven torrefactos y algunas notas de tabaco. Aparecen con la aireación aromas de arándanos con buena intensidad, acompañados de bouquet de hierbas aromáticas. Boca suave y fresca. Extremadamente elegante. Vertical, con una gran tensión. Fruta que ocupa la bota. Tanino marcado, y algo secante. Muy fresco. Mineral. Final afrutado, con notas especiadas. Absolutamente impresionante.

Desde luego la añada 2010 es tremenda, si responde a los enormes elaboradores que hemos catado. tanino muy marcado, frescura y elegancia parecen las notas dominantes de esta gran añada. Voy mirando mis notas y veo que tengo pendiente de publicar  una cata de barolos que hicimos el mes pasado, creo que de ahí surgirá una nueva historia.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La Despeña. Los Verdejos de Herrero

Atrás ya los recuerdos del Ránking 2016, y Jaime Jiménez propone a La Despeña algo diferente a lo acostumbrado, una cata a botella vista de unos vinos que en un principio no parecen llamar demasiado la atención, verdejos de Rueda. Sin embargo,  no suele decepcionar con sus propuestas, y además hace mucho que no nos vemos, por lo que con la excepción de nuestros amigos de Valle del Botijas, acudimos todos a una.

Llego temprano y me da tiempo a charlar un poco con Jaime, que lleva ya un rato en La Baltasara. Su propuesta va ganando en interés para mí, cuando me cuenta que ha traído tres añadas de uno de los mejores vinos de los Herrero, Robert Vedel, nombre del abuelo de los propietarios actuales. Nos trae también, de la misma bodega, el básico Erre Punto, y un sauvignon blanc, Janine Vedel 2014. Para actuar como término de comparación, propone Komokabras Verde, un albariño peculiar de nuestro amigo José Crusat. Como siempre, una cata atractiva, por lo novedoso de los vinos, y por lo formativo del planteamiento.

Comenzamos por Erre Punto 2015 (100% verdejo). DO. Rueda. Uno de los básicos de la bodega, que se presenta sencillo, pero muy serio. Aromas cítricos (limón) y herbáceos (heno), que se combinan con algunas notas florales. Como ves una nariz muy personal. En boca tiene una entrada muy fresca y amplia. Van dominando los matices cítricos, que a poco ceden el paso a un amargor suave, elegante. No muy largo, pero completamente disfrutable.

Le doy una tremenda importancia a los básicos. De hecho muchas veces, si no me convencen, es lo único que pruebo de una bodega. Si son capaces de hacer un vino atractivo con su uva más discreta,  seguramente merezcan la pena sus elaboraciones de mayor calidad. No tarda mucho en aparecer el siguiente:

Janine Vedel 2015 (100% sauvignon blanc). Otro joven muy personal, aunque algo más discreto en nariz. Con un poco de aire aparecen notas varietales, junto con apuntes florales. Una nariz elegante y delicada. En boca es fresco y amplio, con una acidez cítrica pronunciada. Final cítrico, con matices de flor blanca, de persistencia media. Nada mal.

Antes de la mini vertical, y para romper el ciclo catamos Komokabras Verde 2015 (100% albariño). Vino de mesa.  Según me contó Crusat el vino se elabora en dos depósitos, uno de ellos con lías finas. Después la mezcla se hace con múltiples catas ciegas. Este año se compone de un 50% de cada depósito. Al principio domina la pera conferencia, acompañada de notas salinas, minerales. Con un poco de aire aparece manzana madura, con notas de heno y de frutos secos (almendra), recordando levemente con la temperatura a un oloroso seco. En boca es muy fresco y amplio, carnoso, intenso, dominando los cítricos (pomelo), con matices salinos, minerales. Final cítrico, ligeramente amargo. Un vino diferente, disfrutable, y muy sabroso. Lo había catado en el Ránking 2016, pero me ha gustado mucho beberlo con un poco más de tiempo. es un vino que agradece que le dejen hablar.

A continuación, empezamos la vertical de los vinos de Herrero que atraen más mi atención, los Robert Vedel. Procedentes de viñas de verdejo muy viejas y en su mayoría de pie franco (sin injerto). Elaborados con uvas segovianas  de Nieva y Aldeanueva del Codonal. Nos cuenta Jaime que con estos vinos, de manera especial, se trata de conseguir vinos que muestren lo que puede dar de sí esta uva tantas veces denostada, y que como veremos  a continuación tienen una gran capacidad para expresar el terruño.

Empezamos con Robert Vedel 2014 (100% verdejo) DO. Rueda. Le beneficia la temperatura para expresar sus aromas, tal vez lo servimos un poco frío, Pronto despliega aromas de guayaba y heno, con unos ligeros apuntes de aceite de oliva. Ligeros toques salinos y de caliza después de la lluvia. Muy agradable y elegante. En boca fresco, redondo y elegante. Se bebe con mucha facilidad, dejando al final un ligero recuerdo amargo. Nada mal.

Animados por la sorpresa que nos produce este buen vino, pasamos a Robert Vedel 2013 (100% verdejo) DO. Rueda. Se nota en seguida que estamos ante un vino diferente, que refleja una añada distinta, algo más cálida. Aromas herbáceos y de anís estrellado. Apuntes  de carne blanca, y de nuevo esas leves notas de aceite de oliva que parecen hilo conductor aromático. Menos mineral que el 2013, aunque también se perciben algunos recuerdos calizos. En boca fresco y amplio, algo más intenso que el anterior, pero sin caer en excesos. Final amargoso y largo.

Robert Vedel 2012 (100% verdejo) DO. Rueda finaliza esta mini-vertical. Nariz realmente atractiva, impresionante. Muy complejo. Piel de lima acompañada por ramillete de hierbas aromáticas y pipas de girasol tostadas. Notas salinas y de tierra caliza. Bosque bajo después de una lluvia ligera. Se ensimisma uno en la complejidad aromática de este vino que impresiona. En boca muy fresco y amplio. tengo que mirar de nuevo la etiqueta para asegurarme de que es un vino con cuatro años. Elegante y aterciopelada su entrada en boca, con frescor cítrico. Albaricoques frescos y piel de lima. Largo y elegante final.  ¡Se bebe solo. que gran añada y que forma de expresarla!

Finaliza la cata oficial, pero Alfredo no puede resistirse a poner a prueba la habilidad catadora de La Despeña, y nos propone un blanco a ciegas. El vino ofrece aromas herbáceos y recuerdos de goma caliente (frenazo). Algunas notas de petroleo me hacen penar en un riesling, pero en boca se percibe claramente que no es esta la uva protagonista. Eso, y que no tengo ni idea de que se trata. Frescura en boca y equilibrio, pero estoy completamente a por uvas. Alfredo destapa y mi autoestima sube un punto. Era difícil de descubrir, un tokay seco húngaro, Hetszolo Tokajy Furmint 2011. Un vino que me hace ver que siempre hay que estar preparado para dejarse sorprender. Unos vinos que habrá que ir descubriendo, estos blancos húngaros.

Para cenar nos tiene preparado Jaime un vino muy especial, un barolo viejo, Pico della Mirandola 1970. Me acerco con recelo, esperando terciarios y elegancia, pero poco más, me llevé una buena sorpresa. Evidentemente en nariz había terciarios, hoja de tabaco seca, notas de cuero, pero también se detectan con facilidad nota de dátil y de orejones. Un vino que, como buen viejo, camina con lentitud. Necesita tiempo para expresarse. En boca conserva una cierta frescura, buen volumen y equilibrio y una extraordinaria persistencia. Realmente bueno.

Unas excelentes corquetas y un magnífico chuletón acompañan al excelente barolo. Nos ponemos aldía, y echamos un rato magnífico. Ha sido una cata magnífica, y una buena tarde. La Despeña se despereza un poco, y parece que con buen ritmo. Esperemos que no tarde la siguiente. Seguro que de ahí salen grandes historias.

jueves, 1 de diciembre de 2016

La Trastienda del Ranking 2016

Este año Mariano me invitó a asistir como jurado al Ranking 2016 de vinos de menos de diez euros. La verdad es que me llevé una gran alegría, no tanto por la paliza de catar más de ochenta vinos en una mañana, como por la gente que iba a encontrar, y con la que iba a compartir mesa y mantel el fin de semana.

Quedamos sobre las siete de la tarde del viernes, y aunque llegamos a tiempo, ya se nos habían adelantado el Comando Astur (Jorge "Gastroerrante" y Ramiro), gente seria y formal, Rubén, mi amigo Jaime Jiménez y Manuel "A La Volé", que habían descargado las más de doscientas botellas de candidatos al codiciado premio del Ranking 2016. Nos tomamos una caña para romper el inexistente hielo, pero mariano nos pone a currar sin dilación.

Hay que envolver las botellas en papel de aluminio, numerarlas y registrarlas. la verdad es que me da un poco de miedo el que después nos tengan que matar, para no enturbiar la credibilidad del ranking. Nos distribuyen los trabajos, y me quedo con uno de bajo riesgo, cortar pliegos de aluminio. Si veis en mi linkedin como nueva aptitud "foliador de papel de aluminio", no penséis nada  raro, es esto. Lo de descapsulador de botellas no lo incluí, ya que pensé que podía favorecer malas interpretaciones. Después del duro trabajo, y una vez "foliadas" todas las botellas, con la garganta seca, nos vamos a tomar otra caña. El ambiente "duro y formal" necesita relajarse un poco.

He de confesar que, con poco éxito, y dada mi condición de habitante de La Comarca, trato de aligerar el trabajo e inducir a Mariano a prevaricar y decidir en un momento, "a dedo", el ganador. Mariano, sin embargo, se mostró inflexible, lo que me animó a dirigirme a la barra y tratar de aligerar el estrés, que ya me produce el trabajo programado para al día siguiente. El Comando Astur, cabizbajo, me acompaña a ahogar las penas en cerveza. Pocos minutos antes, con habilidad sin par, llega Xabi desde Navarra. Un segundo antes y hubiera tenido que currar. Se van incorporando también Julio, de Majuelos Singulares (tengo que investigar forzosamente una tienda de vinos con nombre tan sugerente), y Alfredo Devesa, del Instituto Galego do Viño, sin duda a poner un poco de sensatez en este "corral".


Gracias a Dios llega la hora de la cena y nos dirigimos a la plaza Mayor de Segovia, al restaurante La Concha, donde nuestros amigos de A la Volé nos han concertado la cena. Los que me conocen saben que soy hombre sencillo en mis gustos gastronómicos, más bien tragaldabas que gourmet, pero en esta ocasión los platos elaborados, pero deliciosos, me conquistaron. La alcachofa con foie, la crema de queso y la vieira gratinadas son platos que tocan fibra, más aún si vienen acompañados de los champagnes de A la Volé. He de decir, sin embargo, que el  lomo alto a la brasa, con unas sencillas patatas panaderas me transportaron a mejores tiempos.

Para la cena Álvaro seleccionó algunos champagnes de su porfolio, todos ellos elaborados con chardonnay. Fue una experiencia emocionante e ilustrativa, sobre todo para mi amigo Crusat que se puso púo. Yo tuve la suerte de disfrutar de la charla de Álvaro y Jaime sobre las particularidades de los diferentes vinos, lo que añadió un plus extraordinario a la cata. Champagnes tradicionales fueron alternándose con otros, en los que el elaborador deja una impronta más personal. La verdad  es que me gustaron  todos, pero Lahoré de Val Frison, junto con el 4 Elements Chardonnay de los hermanos Huré, estuvieron para mí un paso por delante. Le Perrieres de Ulysse Collin me gustó muchísimo, como siempre, pero lo encontré excesivamente joven, y aun por "armar", siendo, como es, un viejo conocido.

Como verás, esto de ser catador del Ranking es sólo para espíritus forjados en las adversidades, y el primer día dimos la talla, queda sin embargo lo más importante, la cata de mañana, de manera que a dormir para estar prestos y dispuestos.

El día comienza descorchando unas cuantas botellas. Se incorporan los cuatro maestros de A la Volé, junto con Lorena y Primi (curioso que lleguen juntos viniendo ella de Mordor y él de La Comarca). También viene nuestro winestar personal, Jimmy Bubbles, un gran chico, no como su amigo y pareja de cata, Santi "Despelleja Bloggers". Comenzamos por los tintos, y al poco se oyen voces de que el próximo Ranking sea de vinos sin raspón, pero la verdad es que se ven vinos de calidad, aún cuando las encías sufran un poco. En medio del "sufrimiento", a Rubén se le resbala una botella, y por unas micras no me empapo de tinto. pero terminamos la tanda, y antes de empezar los blancos, tortilla y croquetas para curarnos de los excesos tánicos. Muy bueno todo, siendo fiel a la verdad.

La tanda de blancos suple la tanicidad con acidez, alguno bien cargado, debo decir, pero de nuevo hay vinos más que destacables. Alguna sorpresa me llevaría cuando días después cotejara las puntuaciones. Cura de humildad. Finalizamos con espumosos y generosos, una pequeña representación francamente disfrutable. ¡Misión cumplida!

A la cata le sigue la comida preparada por Venta Magullo. ¡Una gozada! Y más acorde a mis gustos primigenios, entre otras viandas, judiones, hojaldre de setas de temporada y ¡cochinillo! ¡Como maridó el delicioso lechón asado con el Champagne Ambonay de Marguet. ¡A la porra los estereotipos!

En fin, una comida excelente, con muy buena gente y en la que algo nos reímos. Al final en el mundo del vino, lo mejor de todo es compartirlo con amigos, en un ambiente desenfadado y alegre. Para hablar más de vinos, ya habrá otras historias.