lunes, 5 de diciembre de 2016

La Despeña. Los Verdejos de Herrero

Atrás ya los recuerdos del Ránking 2016, y Jaime Jiménez propone a La Despeña algo diferente a lo acostumbrado, una cata a botella vista de unos vinos que en un principio no parecen llamar demasiado la atención, verdejos de Rueda. Sin embargo,  no suele decepcionar con sus propuestas, y además hace mucho que no nos vemos, por lo que con la excepción de nuestros amigos de Valle del Botijas, acudimos todos a una.

Llego temprano y me da tiempo a charlar un poco con Jaime, que lleva ya un rato en La Baltasara. Su propuesta va ganando en interés para mí, cuando me cuenta que ha traído tres añadas de uno de los mejores vinos de los Herrero, Robert Vedel, nombre del abuelo de los propietarios actuales. Nos trae también, de la misma bodega, el básico Erre Punto, y un sauvignon blanc, Janine Vedel 2014. Para actuar como término de comparación, propone Komokabras Verde, un albariño peculiar de nuestro amigo José Crusat. Como siempre, una cata atractiva, por lo novedoso de los vinos, y por lo formativo del planteamiento.

Comenzamos por Erre Punto 2015 (100% verdejo). DO. Rueda. Uno de los básicos de la bodega, que se presenta sencillo, pero muy serio. Aromas cítricos (limón) y herbáceos (heno), que se combinan con algunas notas florales. Como ves una nariz muy personal. En boca tiene una entrada muy fresca y amplia. Van dominando los matices cítricos, que a poco ceden el paso a un amargor suave, elegante. No muy largo, pero completamente disfrutable.

Le doy una tremenda importancia a los básicos. De hecho muchas veces, si no me convencen, es lo único que pruebo de una bodega. Si son capaces de hacer un vino atractivo con su uva más discreta,  seguramente merezcan la pena sus elaboraciones de mayor calidad. No tarda mucho en aparecer el siguiente:

Janine Vedel 2015 (100% sauvignon blanc). Otro joven muy personal, aunque algo más discreto en nariz. Con un poco de aire aparecen notas varietales, junto con apuntes florales. Una nariz elegante y delicada. En boca es fresco y amplio, con una acidez cítrica pronunciada. Final cítrico, con matices de flor blanca, de persistencia media. Nada mal.

Antes de la mini vertical, y para romper el ciclo catamos Komokabras Verde 2015 (100% albariño). Vino de mesa.  Según me contó Crusat el vino se elabora en dos depósitos, uno de ellos con lías finas. Después la mezcla se hace con múltiples catas ciegas. Este año se compone de un 50% de cada depósito. Al principio domina la pera conferencia, acompañada de notas salinas, minerales. Con un poco de aire aparece manzana madura, con notas de heno y de frutos secos (almendra), recordando levemente con la temperatura a un oloroso seco. En boca es muy fresco y amplio, carnoso, intenso, dominando los cítricos (pomelo), con matices salinos, minerales. Final cítrico, ligeramente amargo. Un vino diferente, disfrutable, y muy sabroso. Lo había catado en el Ránking 2016, pero me ha gustado mucho beberlo con un poco más de tiempo. es un vino que agradece que le dejen hablar.

A continuación, empezamos la vertical de los vinos de Herrero que atraen más mi atención, los Robert Vedel. Procedentes de viñas de verdejo muy viejas y en su mayoría de pie franco (sin injerto). Elaborados con uvas segovianas  de Nieva y Aldeanueva del Codonal. Nos cuenta Jaime que con estos vinos, de manera especial, se trata de conseguir vinos que muestren lo que puede dar de sí esta uva tantas veces denostada, y que como veremos  a continuación tienen una gran capacidad para expresar el terruño.

Empezamos con Robert Vedel 2014 (100% verdejo) DO. Rueda. Le beneficia la temperatura para expresar sus aromas, tal vez lo servimos un poco frío, Pronto despliega aromas de guayaba y heno, con unos ligeros apuntes de aceite de oliva. Ligeros toques salinos y de caliza después de la lluvia. Muy agradable y elegante. En boca fresco, redondo y elegante. Se bebe con mucha facilidad, dejando al final un ligero recuerdo amargo. Nada mal.

Animados por la sorpresa que nos produce este buen vino, pasamos a Robert Vedel 2013 (100% verdejo) DO. Rueda. Se nota en seguida que estamos ante un vino diferente, que refleja una añada distinta, algo más cálida. Aromas herbáceos y de anís estrellado. Apuntes  de carne blanca, y de nuevo esas leves notas de aceite de oliva que parecen hilo conductor aromático. Menos mineral que el 2013, aunque también se perciben algunos recuerdos calizos. En boca fresco y amplio, algo más intenso que el anterior, pero sin caer en excesos. Final amargoso y largo.

Robert Vedel 2012 (100% verdejo) DO. Rueda finaliza esta mini-vertical. Nariz realmente atractiva, impresionante. Muy complejo. Piel de lima acompañada por ramillete de hierbas aromáticas y pipas de girasol tostadas. Notas salinas y de tierra caliza. Bosque bajo después de una lluvia ligera. Se ensimisma uno en la complejidad aromática de este vino que impresiona. En boca muy fresco y amplio. tengo que mirar de nuevo la etiqueta para asegurarme de que es un vino con cuatro años. Elegante y aterciopelada su entrada en boca, con frescor cítrico. Albaricoques frescos y piel de lima. Largo y elegante final.  ¡Se bebe solo. que gran añada y que forma de expresarla!

Finaliza la cata oficial, pero Alfredo no puede resistirse a poner a prueba la habilidad catadora de La Despeña, y nos propone un blanco a ciegas. El vino ofrece aromas herbáceos y recuerdos de goma caliente (frenazo). Algunas notas de petroleo me hacen penar en un riesling, pero en boca se percibe claramente que no es esta la uva protagonista. Eso, y que no tengo ni idea de que se trata. Frescura en boca y equilibrio, pero estoy completamente a por uvas. Alfredo destapa y mi autoestima sube un punto. Era difícil de descubrir, un tokay seco húngaro, Hetszolo Tokajy Furmint 2011. Un vino que me hace ver que siempre hay que estar preparado para dejarse sorprender. Unos vinos que habrá que ir descubriendo, estos blancos húngaros.

Para cenar nos tiene preparado Jaime un vino muy especial, un barolo viejo, Pico della Mirandola 1970. Me acerco con recelo, esperando terciarios y elegancia, pero poco más, me llevé una buena sorpresa. Evidentemente en nariz había terciarios, hoja de tabaco seca, notas de cuero, pero también se detectan con facilidad nota de dátil y de orejones. Un vino que, como buen viejo, camina con lentitud. Necesita tiempo para expresarse. En boca conserva una cierta frescura, buen volumen y equilibrio y una extraordinaria persistencia. Realmente bueno.

Unas excelentes corquetas y un magnífico chuletón acompañan al excelente barolo. Nos ponemos aldía, y echamos un rato magnífico. Ha sido una cata magnífica, y una buena tarde. La Despeña se despereza un poco, y parece que con buen ritmo. Esperemos que no tarde la siguiente. Seguro que de ahí salen grandes historias.

2 comentarios:

  1. Me alegro que te volviese a gustar y disfrutarás del Komokabras Verde.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Crusat

      Me gustó más que en el ránking. Pude disfrutarlo con más tranquilidad, y dejando que el vino fuera expresándose poco a poco.

      Un abrazo
      Vicente Vida

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