viernes, 28 de abril de 2017

Tintos de Ribera del Duero. ¿Elegancia y frescura?

Ribera del Duero tiene fama entre los aficionados de vinos muy concentrados y en los que la madera no deja percibir la fruta con claridad. Como casi todas las afirmaciones categóricas, está bastante lejos de la verdad y es especialmente injusta con aquellos elaboradores que elaboran vinos de una calidad más que contrastada. Me vienen a la cabeza mis amigos de Alonso del Yerro y los de De Blas Serrano, por citar algunos cuyos vinos están cerca del perfil más bordelés de la Ribera, y con cuyos vinos he disfrutado muchísimo. Abanderando unos vinos algo más ligeros, pero de gran elegancia y muy bebibles, también me gustaría mencionar a Alfredo Maestro, que elabora en la zona, aunque no esté dentro de la denominación. Sus vinos me gustan desde hace ya tiempo, como puedes comprobar en una de las primeras entradas de este cuaderno.

Esta era la idea que me rondaba la cabeza cuando unos amigos me propusieron que organizara para ellos una cata de iniciación. Se declaraban aficionados al roble “más cremoso” de Ribera del Duero. No citaré nombres de los vinos que les gustan, porque no soy demasiado amigo de polémicas vanas. Si diré, que me pareció una magnífica oportunidad para desmontar clichés y sorprenderles con vinos con los que me parecía que iban a disfrutar, incluso sin ellos saberlo todavía.

Hace ya tiempo publiqué en el Huffington Post un artículo sobre mi opinión acerca de la famosa disyuntiva “ribera o rioja” y esta era una ocasión para traer a luz mis puntos de vista sobre el tema. De manera que partiendo de mi propia experiencia, corroborada con el asesoramiento técnico de Juanma de Enoteca Barolo, elegí cinco vinos y esperé a que llegara el día. Hacer una cata para unos amigos tiene una componente de riesgo que asumo con cierto temor. En esta ocasión no estaba en absoluto fundado, como verás a continuación.

Mis amigos tienen el perfil medio de la persona que bebe vino en España. Esto es, tienen una cultura enológica escasilla. No creo que haga falta tener ninguna para poder disfrutar un vino, pero ya que me han pedido una cata de iniciación, que menos que darles unas ideas generales sobre cómo se hace un vino. Les vendrá bien, especialmente para saber después de donde vienen los olores y sabores que experimentarán. En otras catas que he organizado, estas ideas generales las completo en unos treinta minutos. Sin embargo, es tal el interés que tienen y el número de preguntas que hacen, gracias a Dios fáciles, que nos vamos a la hora y media, para desesperación de Elena, mi santa esposa, y para mi satisfacción, que no siempre tengo una escucha tan atenta.

Les explico los fundamentos de la cata, mientras vamos probando Quinta Milú 2016, un vino elaborado con tinta del país y con una crianza de seis meses en barricas usadas. El vino es una explosión de fruta roja, con unas sutiles notas tostadas y especiadas detrás. La fruta la detectan con mucha facilidad. No es un tinto demasiado complejo, pero su intensidad frutal en boca es inmensa. No viene mal para explicar el concepto de volumen, aunque es cierto que se queda un poco delante de la boca. De cualquier manera, es lo que se espera de un vino con poca crianza. Suave, frutal e intenso son palabras que resumen este vino, que no se bebe mal.

Antes de entrar en harina, bebemos Súbito 2014, un vino con una cierta elegancia y que se bebe bien. En nariz fruta roja y notas de monte bajo, que muestran como la fruta debe ser protagonista en un vino bien elaborado. En boca es agradable, pero su persistencia es mejorable. Detectan perfectamente cómo el final cítrico está algo vacío, necesita algo de profundidad, fruta que lo redondee.
Mis amigos son muy aficionados a los vinos de Bodegas Arzuaga, por lo que, como testigo de la corriente “parkeriana” de la Ribera del Duero les ofrezco La Planta 2014. En nariz dominan los tostados, que tapan casi por completo la fruta. En boca también hay mucha influencia de la crianza en barrica. Les pregunto, ¿recordáis de dónde vienen los aromas tostados en la elaboración del vino? Lo saben perfectamente, también los posibles motivos de que en un vino la presencia de la fruta sea tan leve. Les pido que dejen el vino en la copa y pasamos al siguiente.

Castrillo del Duero 2014, un vino de la tierra de Castilla y León, nos sirve perfectamente para comprobar como la fruta, bien acompañada por notas de monte bajo, especiadas y con algunos matices balsámicos, puede ser protagonista en un vino con crianza. Aroma agradable, con algunos recuerdos de vainilla, que nos ofrece la versión más clásica de la “ribera” de Alfredo Maestro. Se miran y sonríen. Bueno, todos menos uno.

Finalizamos la cata con La Olmera 2013. Un vino que encuentro especialmente redondo. El monte destaca al principio, dejando poso a poco aparecer a una fruta más tímida, pero reconocible. Pimienta y algo de clavo de olor en un aroma complejo y agradable en el que aparecen también algunas notas de cuero. En boca muy suave, fresco y persistente, con buena presencia de la fruta al final. De los vinos de Alfredo siempre me gustó más La Guindalera, pero hoy este tinto ha dado la talla. Sin problemas.

Volvemos a La Planta y con la temperatura  la intensidad de los tostados sigue subiendo. Resiste este tinto  con dificultad el envite de La Olmera. Sonrío y me devuelven la sonrisa. Bueno, todos menos uno. Me ha encantado como se ha desarrollado la cata, especialmente porque cada uno ha sacado sus conclusiones. En esto del vino lo importante es disfrutar, ser libre. No son buenas en este mundillo las verdades absolutas. El conocimiento lo que puede hacer es ayudarte a descubrir, a perfilar tus gustos.

Les invito a ver en qué botellas queda vino. Una muestra inequívoca de cuales han gustado más. Pasamos a cenar y a reírnos. El vino, en su medida justa, desinhibe y ayuda a la amistad. Hay quien se lleva a la mesa la botella que a él le gusta y es perfecto. En esto del vino hay que ser libre. El conocimiento es siempre un buen aliado de la libertad.

Hay quien habla de una próxima cata. Suena La Mancha, puede que de ahí salga una nueva historia.

lunes, 24 de abril de 2017

La Locomotora Crianza 2014. La Etiqueta que me Hizo Catar un Vino

Es curiosa la forma en que La Locomotora Crianza 2014 consiguió ponerse el primero en la serie de catas de vino. Cómo bien sabes llevo una temporada explorando tempranillos de La Rioja. Tengo unas cuantas botellas esperando en el trastero y las voy eligiendo sin ningún orden concreto. Voy mirando las botellas y la que pulsa el ánimo es la siguiente. En La Locomotora me llamó mucho la atención la etiqueta. Probablemente no gane ningún concurso de diseño. Pero el color azul brillante, la locomotora de vapor y el recuerdo a la Navidad que me produjeron los adornos brillantes captaron mi atención rápidamente. Me gusta también la referencia al ferrocarril, de tanta importancia para el desarrollo del comercio de los vinos de Rioja. No en vano la mayoría de los barrios de bodegas en estos pueblos están alrededor de la estación local.

Curioseando después, he encontrado en el blog de Vila Viniteca una magnífica entrada de Claret Serrahima sobre este mundo de las etiquetas, al que muchas veces no se le da la importancia que realmente tiene.especialmente en un país en que la cultura del vino es tan pobre como en el nuestro. Aquí puede tener un poder importante en la decisión de elegir una u otra botella por un consumidor, sobre todo en los lineales de los supermercados.

Pero vayamos a este La Locomotora, que forma parte del proyecto Uvas Felices de Vila Viniteca, en esta ocasión junto con Miguel Ángel de Gregorio, que elabora este vino y cómo ya vimos en la anterior entrada hace también los de la serie Paisajes. Vinos muy a tener en cuenta. Lo que se pretende conseguir son vinos de larga guarda y con un perfil clásico, es decir, sin excesos de extracción, suave y en el que la madera tenga su protagonismo justo, sin restar a la fruta su papel.

La Locomotora Crianza 2014 se elabora en la bodega Finca Nueva, cuyos vinos ya caté con La Despeña hace algunos años. Me parecieron unos vinos bien hechos, no excesivamente complejos, dedicados a un público que pretende disfrutarlos sin más complicaciones. Vinos sencillos y muy accesibles. Agradables y dirigidos de forma especial a un público joven que desee iniciarse en este apasionante mundo del vino.

La Locomotora 2014 se elabora con tempranillo de Briones, Logroño. Las uvas se despalillaron y se maceraron en frío, fermentándose después a temperatura controlada de 28º. Una intervención importante, la del control de temperatura, qué nos dice que se va buscando un perfil de vino muy concreto y no se quiere dejar a la añada definirse con completa libertad. Al vino se le dio una crianza posterior de doce meses en barricas de roble francés, produciéndose cuarenta mil botellas de este vino.

Pasamos a la cata del vino, que resulta expresivo en nariz. La fruta es sin lugar a dudas la protagonista, encontrándose con facilidad fresas maduras, junto a flores secas. Algo de pimienta blanca y recuerdos de incienso. Me trae a la memoria la reciente Semana Santa sevillana. En boca es amplio y muy frutal. Sencillo y directo. Suave y con la acidez está bien integrada. Permanece un par de segundos, dejando un final de fresas, casi en mermelada y esa punta de incienso tan personal.

Un vino con todo en su sitio, algo goloso, pero que se compensa con una acidez suficiente. Me recuerda mucho a los Finca Nueva de Miguel Ángel de Gregorio, y lo veo en esa línea, más de vino fácil de beber, con un cierto deje comercia. Yo, desde luego, no lo guardaría demasiado. Se bebe bastante bien. Un rioja con el que contentar al “cuñadismo” sin tener que hacer concesiones excesivas.

A Belén el vino le gusta, aunque en principio no parece decirle demasiado. Encuentra que se bebe bien, pero el sabor no le parece que tenga mucha personalidad. Es después, cuando lo bebe mientras cenamos, cuando le parece que acompaña la comida muy bien, por su frescura y su fruta. Me encanta compartir con ella los puntos de vista, aunque como irás viendo no siempre coincidimos, aunque haya sido yo el que le haya introducido en este mundillo. Lo importante es ayudarle a desarrollar su propio gusto, sin dirigirla demasiado hacia los míos.

Estamos de acuerdo, Belén y yo, en que se trata de un vino comercial, hecho para que guste a la mayoría de los que lo prueben. En este caso, sin embargo, yo no pensaría en esto como algo que le quite mérito. Mi impresión es que está bien hecho, equilibrado, suave y con muy buena intensidad. Le falta el tener algo más de complejidad, especialmente en nariz y también en boca que le de algo más de personalidad. Resumiendo, disfrutable pero sin llegar a ser emocionante.

Está siendo muy interesante este recorrido por los básicos riojanos elaborados con tempranillo como variedad principal. Seguiré buscando, espero contar pronto nuevas historias.

PS. Si te ha gustado, comenta y me das una alegría.

jueves, 20 de abril de 2017

Paisajes Valsalado 2014. Volviendo a las Raices de La Rioja

Ando buscando pequeñas bodegas de Rioja que hagan buenos tempranillos, como habrás podido comprobar si sigues este cuaderno desde hace más de un mes. Cuando David me sugirió este Paisajes Valsalado, pensé que no era de una bodega pequeña. Lo hace Miguel Ángel de Gregorio, un hombre curtido y buen conocedor del mundo del vino, pero que genera un volumen relevante y que, para mí, tiene el inconveniente adicional de que no siempre entiendo sus vinos.

Además de lo anterior, el tempranillo no es la variedad mayoritaria, comparte el ensamblaje con un 40% de garnacha, un 10% de graciano y otro tanto de mazuelo. Sin embargo, algo dentro de mí me dijo que merecía la pena probarlo, que tenía que interrumpir la línea de tempranillos riojanos para probar este vino. Si piensas que tampoco es para tanto, que no merece la pena darle tantas vueltas a probar un vino nuevo, tienes toda la razón, pero ya me irás conociendo. Tengo mente de economista cuadriculado y voy siguiendo los hilos como buen analista. Vamos, que soy flexible como el acero al tungsteno. Aún así no ha estado mal, romperé la línea de vez en cuando... si puedo.

Pero empecemos esta historia por el principio. En el siglo XIX, en La Rioja se elaboraban vinos de parcela, mezclándose en las viñas variedades diferentes con el objeto de garantizar la producción y de hacer un vino en que las diferentes variedades de uva aportaran beneficios al vino (color, acidez, estructura, etc.) La elaboración era parecida a la maceración carbónica actual, realizándose la fermentación de racimos enteros. Eran vinos parecidos a lo que hoy conocemos como vinos de cosechero.

Todo era paz y armonía en La Rioja, desconocedora de que, a unos cientos de kilómetros, un bichito muy simpático, la filoxera, estaba parasitando las vides de Burdeos. Este insecto tiene hijos muy malcriados, que se dedican a chuparle la savia a las cepas, produciendo tumores en las raíces y haciendo que la planta muera en unos tres años. Como ves, un bichito simpático.

El caso es que los comerciantes de Burdeos se vieron en la necesidad de encontrar vinos de características similares en una zona cercana. Hay que tener en cuenta que el estilo de Burdeos siempre fue realizar ensamblajes con uvas diferentes, normalmente merlot y cabernet sauvignon, y de varias zonas, tratando de mantener constante el estilo de la casa. Y, ¿donde fueron a buscar? Lo has adivinado, a La Rioja. Empezó de esta manera a elaborarse aquí al estilo de Burdeos, perdiéndose en cierta forma el factor "parcela" y disminuyendo las elaboraciones de cosechero.

Llegados a este punto, te preguntarás qué tiene ésto que ver con Paisajes de Valsalado. Y yo te lo explico, pero para eso tengo que presentarte a Quim Vila, el propietario de la famosa tienda de vinos y licores Vila Viniteca. Quim es uno de los mayores conocedores del vino español y, especialmente, de su comercio. He tenido la oportunidad de asistir a alguna cata coordinada por él y allí descubrí una faceta de su personalidad muy importante para que naciera este vino: es un gran detector de tendencias, impulsando personalmente aquellas en las que se siente más comprometido. Éste precisamente es el caso de este vino.

Con Paisaje Valsalado, Quim Vila encarga a Miguel Ángel de Gregorio un vino que exprese el viñedo del que procede, un vino de parcela que haga un guiño a las bodegas riojanas de antaño. Proceden las uvas con que se elabora este vino de una parcela en Briones, que plantó en su día el padre de Miguel Ángel. Cepas de cuatro variedades en la misma viña, a la antigua.

Paisajes Valsalado 2014 (40% tempranillo, 40% garnacha, 10% mazuelo, 10% graciano) DOCa Rioja, tiene una crianza de dieciséis meses en barricas de roble francés, efectuándose tres trasiegos para afinar el vino. En nariz aparecen aromas de fruta roja fresca, acompañadas por notas de hierbas aromáticas y algo de eucalipto. Alguna nota tostada, muy bien integrada. En boca es amplio, con acidez suficiente y un punto licoroso. Taninos algo secantes, marcados, les queda un poco por domar aún. Finaliza con notas balsámicas, dejando un amargor elegante con persistencia media.

Un vino con el que he disfrutado, animándome a seguir buscando estas colaboraciones entre los Vila y los De Gregorio, que en esta ocasión me han dado una buena alegría. Estoy seguro de que por aquí encontraré nuevas historias.

lunes, 17 de abril de 2017

Forlong 80/20 2016. Alma Antigua para un Vino Nuevo

Hoy quiero compartir contigo mis impresiones sobre otro de los nuevos blancos andaluces que me ha impresionado, por el vino y por la historia que tiene detrás. Se trata de Forlong 80/20 2016, de una bodega gaditana que va creciendo a buen ritmo, pero sobre cimientos sólidos. Pero, ¿qué es esto de Forlong? ¿De dónde viene este nombre? Como siempre, he investigado concienzudamente. Las conclusiones a que he llegado pueden llevarme lejos en esto de la ciencia histórica.

Las primeras referencias a este nombre nos llevan a "Forlong the Fat", señor de Lossarnach, el cual con muchos de sus seguidores luchó en la defensa de Gondor en la última de las guerras del anillo. Más concretamente, acudió en ayuda de Minas Tirith junto a doscientos caballeros, donde fue recibido con la canción "Forlong, Forlong, verdadero amigo, verdadero corazón". Desgraciadamente, fue abatido cuando su partida auxiliaba a los Rohirrim. Desmontado y solo, fue abatido por las hachas de los orcos de las Tierras del Este.

Estoy casi seguro de que a estas alturas estás alucinando, pero queda un poco más. Yo siempre había pensado que en mi tierra se asentaban los fundamentos de la Comarca, por eso de las gentes divertidas y despreocupadas. Estas últimas investigaciones, sin embargo, me llevan a pensar, que el Sur se cimienta más bien sobre Gondor, la tierra de los caballeros de Rohan. Eso explica muchas cosas, entre otras, mi metro ochenta y cuatro, que tiene poco que ver con un mediano. Viendo el apodo del señor Forlong, también se ve la razón de mi porte aguerrido.

Pero no sólo explica esto. Como veremos, el espíritu del señor de Lossarnach sigue vivo por las tierras que hoy se llaman Forlon. De todos es conocida la afición de mis paisanos de acortar las palabras. Una "g" al final no sirve "pa'ná", que dirían por el Puerto. Y, ¿cómo llego a esta aventurada conclusión? Muy fácil, déjame que te lo explique. Un poco de paciencia.

Hay quien explica el nombre de esta finca porque su propietario en el siglo XVII fue un comerciante británico de nombre Peter Furlong. Sin embargo, ¿Cómo explica estoue dos jóvenes; Rocio, que trabajaba en la Bodega Luis Pérez y Alejandro, que se vino desde Burdeos, lo dejen todo y emprendan esta nueva aventura en su tierra? Habrá quien diga que les llamó el iniciar un proyecto diferente en su tierra, que cómo sabes tiene muy arraigada la cultura del vino. Habrá quien diga que querían hacer vinos a su manera, dando valor real al terruño y al viñedo. Puede que esas razones hayan influido, pero sigo convencido que el espíritu del aventurero desprendido y entregado Forlong the Fat sigue rondando y animando por la zona.

Pero, permíteme que vayamos al vino y nos dejemos de disquisiciones históricas. Esta añada de Forlong 80-20 es la segunda que sale al mercado. Aún cuando han mantenido el nombre, en esta cosecha se ha macerado con las pieles todo el vino, no sólo el 20%. Otra particularidad de esta cosecha, es que la maceración se ha realizado con lías y hollejos de uvas pedro ximenez, buscando darle más carácter al vino. Entienden que la palomino necesita un "empujoncillo" para ganar en complejidad. hay que decir que esta técnica se usa también en Italia para elaborar los Valpolicella Ripasso.

Me encuentro por la tanto ante un vino nuevo, en el que hay algo de tradición. Elaborar un blanco macerando con los hollejos, como si fuera un tinto no es nuevo. Era una práctica habitual hace años. Pero en este Forlong 80/20 hay también mucho de innovación, casi de experimentación. Es tremenda la inquietud de espíritu de Rocío y Alejandro, siempre ávidos de buscar nuevos caminos, de incorporar nuevas técnicas.

Pero, al final, lo importante en este asunto es el vino, y este no se porta mal. Es fácil de beber, aunque no le falta complejidad, ni está exento de personalidad. Muy aromático, dominando los recuerdos florales a jazmín y rosa. Se adivina un toque de fresa ácida, no muy habitual en un blanco y algo de melón cantalup (el de color naranja). En la boca es amplio y frutal. Para mi gusto le vendría bien una punta más de acidez, pero no disminuye esto el atractivo del vino, que tiene un final largo con un ligero amargor y notas calizas.

Como va siendo habitual, he incorporado a mi hija Belén al "comité de cata". No tiene mucha experiencia, pero le apasiona el mundo del vino, y su opinión es fresca y sincera. Suele probarlo en mi copa y si le gusta servirse. Este blanco le gusta, le parece que se bebe con facilidad, aunque en honor a la verdad no le entusiasmó. El perfil de este vino puede tener un punto friki al que puede que no esté habituada.

Desde luego, seguiré bebiendo vinos de esta bodega de mis casi paisanos, que estoy seguro de que seguirán sorprendiéndome con vinos como este. Les auguro la excelente progresión que merecen por su dedicación, su amor a la tierra y sus conocimientos. Estaré al tanto, porque seguro que de ahí saldrán nuevas historias.



miércoles, 12 de abril de 2017

Angelita. I Shall Return

Nos quedamos en la última entrada en la barra de Angelita, que no es un mal sitio para estar. Me encantan los restaurantes con una barra interesante. Recuerdo los excelentes momentos pasados en la del Faro de Cádiz, probando los platos del restaurante a precios más que comedidos. El único problema allí era conseguir dos centímetros en los que poner la copa. En Angelita no falta el espacio cuando llego, después van acudiendo algunos parroquianos, pero sin perderse nunca la sensación de amplitud.

En una pequeña pizarra en el extremo veo la oferta gastronómica para tomar en la barra. Me parece de lo más apetecible, no me cuesta trabajo decidirme. Los vinos no están cerrados, pero mi confianza en David para estos temas es ciega. He ido por allí tres o cuatro veces y conoce mis gustos perfectamente, lo que le permite hacer algunas elecciones con cierto riesgo, como el La Roche Bézigon 2015 que me recomienda para acompañar los pimientos. Un vino de un productor de Anjou algo excéntrico que lleva las oxidaciones al límite. No apto para todos los paladares, pero que realmente me gustó. Manzana reineta algo verde, corteza de lima y almendras aparecen en una nariz alegre, sin complejos. En boca es amplio y suave. La volátil (olor acético) se marca algo, pero a mí no me molesta. Algo friki, pero bebible.

Casi paso la ensalada de pimientos asados por alto, y desde luego no sería justo. Un plato tremendamente sencillo con el que disfruto en grande. Acompañan a los pimientos dos boquerones en vinagre prietos, en su punto de acidez, que contrastan de maravilla con el dulzor de los pimientos asados, que tienen un aliño muy suave. Jugueteando en el plato una frambuesa fresca, que pone un punto de alegría con el cambio de sabor y textura. Combinó bien con el blanco que me ofreció David.

Le sigue un plato que me encanta, carpaccio de portobello con yema curada. Tenía un aroma tan atractivo que no me acordé de hacerle una foto. Lo siento. Exquisito es una palabra que lo define a la perfección. La yema se parte sobre las láminas de hongo y aparece en el aire un perfume ligeramente trufado que hace que olvide la cámara y me dedique a lo que me gusta, ¡comer! Un carnaval de sabores y texturas llena la boca. El borde ligeramente crujiente, la suavidad propia de la carne del portobello y el sabor y textura del cebollino se mezclan en una sinfonía que me centra en el disfrute de la comida, aislándome del entorno.

Para este plato delicado me sugieren Le Batard, un vino hecho en viñedos del Jorgo, Cebreros, por Raul Pérez para mis amigos de La Tintorería. No lo conocía, probablemente sólo se distribuya a restauración. En cualquier caso, mereció la pena probarlo. Fruta roja muy fresca, algo de eucalipto y monte bajo. Pimienta negra. En boca es intenso y muy fresco. Vuelven los frutos rojos sugeridos en la nariz. Final muy fresco, en el que hierbas aromáticas y fruta dejan un recuerdo amable. Quizás al portobello le hubiera venido bien un punto menos de intensidad, pero aún así la combinación me dejará un grato recuerdo impreso en la memoria.

El último plato del menú de barra es carrilleras al vino. El punto es delicioso, con la carne tierna que se deshace en la boca. Sabor intenso, puede que haya paladares que puedan encontrarlo un punto fuera de equilibrio, pero a mi me pareció sabroso en medida justa. Una almendra en la salsa es el punto simpático, cuya textura sorprende y saca una sonrisa. Un plato clásico, bien ejecutado, con magnífico producto, derrochando sabor.

David me propone un vino chileno para acompañar las carrilleras. No estoy muy ducho en los vinos sudamericanos, pero este pinot noir de Izarraguirre me muestra que es una asignatura que debo acometer a la mayor brevedad. Un vino elegante, con aromas de frutas rojas muy frescas, hierbas aromáticas como romero y salvia, algo de eucalipto y un fondo terroso en el que hay notas de champiñones. Si es elegante en nariz, en la boca no queda a la zaga. Muy fresco, lineal, con fruta roja abundante. Muy suave, con tanino marcado pero redondo. Amplio y persistente. Final en el que se combinan el romero y las frambuesas, con una acidez magnífica. Un vino notable.

Para finalizar me proponen unos quesos y, para acompañarlos, un amontillado que es el broche perfecto para la comida, el de Barbadillo VORS. Un vino que envuelve perfectamente los quesos, creando una armonía para la que sería necesario cerrar los ojos.

Finalizada la comida y, después de agradecer a David el magnífico rato que he pasado en su casa, vuelvo a Colmenar. Queda en mi mente el recuerdo de los interesantes vinos bebidos, de la armonía de los platos en la vista y en el gusto. No olvidaré fácilmente esos portobello, ni el pinot noir chileno, que me hace pensar en abrir las miras hacia nuestros hermanos del sur, durante tanto tiempo abandonados. Pero sobre todo resuena en mi mente una frase histórica: "I shall return".

Puede que de ahí salgan nuevas historias.



domingo, 9 de abril de 2017

Brandy de Jerez. Espíritu de Vino

Con este nombre se presentó la "master class" que ofreció el Consejo Denominador Brandy de Jerez en el madrileño restaurante Angelita. Cuando recibí la invitación, le di muchas vueltas a cuál sería la razón por la que contaron conmigo. Puede que fuera porque últimamente he estado escribiendo sobre los vinos de mi tierra, aunque cuando los he repasado, he visto que la mayoría son vinos sin denominación de origen. El caso es que no le di muchas vueltas más y un poco pagado de mí mismo cogí el camino de uno de mis restaurantes favoritos de Madrid.

Llego pronto, y voy viendo entrar a los concurrentes a la clase.  Mi sensación de desapego se incrementa. Sin duda se conocen. La mayoría deben ser barmans profesionales, entre los que se prodigan tatuajes y musculación en los chicos, y figuras de infarto en las chicas. Porque no veo un espejo cerca, pero no termino de ver en cual de las dos clasificaciones encajo.

Bromas aparte. Nos recibe Carmen Aumesquet, directora de comunicación del consejo regulador, que nos hace una breve introducción  histórica de cómo comienzan a realizarse destilaciones en la zona de Cádiz. Parece ser que ya en el siglo IX, después de que se produjera la invasión musulmana de mi tierra,  mis paisanos ya hacían vino, y había grandes superficies dedicadas a la viña. Como la religión musulmana no permite la ingesta de bebidas alcohólicas, estos chicos, que listos sí que eran, comenzaron la producción de alcohol para usos higiénicos y terapéuticos, con técnicas que los chinos utilizaban desde hacía siglos.

A continuación, Carmen nos comenta de forma breve el proceso de elaboración de estos destilados, que proceden de los vinos jóvenes de palomino, procesados bien con alambique, o de forma más moderna. con torres de destilación. Estas últimas tienen la ventaja de que permiten controlar la graduación del destilado resultante. Para que pueda etiquetarse como brandy de jerez, debe someterse a una crianza de al menos seis meses en bota bodeguera usada anteriormente para producir vino de jerez.

Nos han preparado una cata muy ilustrativa, con varias botellitas endiabladamente difíciles de abrir, que contienen muestras de diversos destilados, y brandies de edades diferentes. Comienza la cata con una muestra de aguardiente procedente de melaza de remolacha. Puro alcohol. Se me quedan dos ideas. la primera después de oler ese "veneno" es que hay que tener cuidadito con lo que se bebe, y la segunda, que hay que tener "mala baba" para hacernos oler este brebaje. Dicho sea sin acritud.

A continuación catamos un destilado de vino de 86º, en el que ya se aprecia una mayor complejidad. Es bastante alcohólico, pero le acompañan matices herbáceos y de anís estrellado. La holanda de vino que viene a continuación es menos alcohólica y más compleja, con matices balsámicos.

Llegamos a un brandy solera y aquí ya el alcohol se muestra entre un amplio abanico de matices de azúcar caramelizado, hierbas secas, almendras tostadas y guindas en licor. Donde la cata llega a su culmen es cuando comparamos dos brandies gran reserva, uno criado en botas de oloroso y otro en unas que se han usado para elaborar vinos dulces de pedro ximenez. Lo que en uno son aromas de maderas nobles, manzanilla seca y caramelo amargo, en el otro se percibe como arrope, miel y guindas en licor. Dos mundos complementarios, e igualmente disfrutables.

Pasamos al piso de abajo, al bar americano de Angelita, donde Juan Valls nos muestra las posibilidades del brandy en el mundo de la coctelería. Probamos cinco combinados. El primero de ellos, una creación de Juan,  que él denomina Brandy de Jerez Coffee Cooler, es muy refrescante. El brandy está  mezclado con ginger ale, algo de zumo de naranja y limón, y un toque de café torrefacto. La verdad es que se bebe peligrosamente bien. Muy fresco y ligero.

Las explicaciones de los diferentes cócteles van a un ritmo endiablado, y mi pobre cerebro va cada vez más lento por los beneficios de la ingesta de estos combinados. Una falso refresco de cola sigue a continuación. Muy divertido, porque la apariencia visual es la de una cola, pero tiene un sabor mucho más complejo e interesante. Una especie de trampantojo.

También en la misma onda de cócteles divertidos está el "crystal punch", una bebida realmente cristalina, elaborada con brandy, leche, zumo de limón y especias. Cuando lo pruebo me sorprende el sabor que recuerda a los de los ponches que hacía mi abuela, aunque más rico en matices especiados, cítricos y  algo dulzones.

Llego hasta el cóctel de brandy con kombucha, un fermentado aromatizado con té y azucar. Tremendamente original, fresco y con un toque herbáceo elegante. Un cóctel que segun Juan ha nacido en bares de Estados Unidos como propuesta ante la cada vez mayor demanda de productos veganos.  Lo que me queda claro es la versatilidad del brandy como base de combinados. La cara de interés de los asistentes lo demuestra. Yo lo veo con un poco de distancia, en parte porque empiezo a perderme una de cada cuatro o cinco palabras con las que Juan va explicando sus propuestas de cócteles.

Subo las escaleras, y después de un paseo en el que voy dando vueltas con una sonrisa a las variadas propuestas de combinados, me dirijo a Angelita, entro y me siento delante de la barra, en la que me recibe David...  pero eso será el motivo de la próxima historia.

miércoles, 5 de abril de 2017

The Wine Attack. Las Moradas de San Martín

Hace ya un par de meses que abrió una nueva tienda de vinos en Madrid, The Wine Attack. Entre los socios acompañan a mi amigo Samuel Cano, Ezequiel de Reserva y Cata, Carlos que dejó Le Petit Bistrot para empezar esta nueva aventura y un hombre singular, Antonio Sicurezza, un italiano, gran conocedor de los vinos austriacos, que habla un perfecto inglés y enamorado de los vinos naturales. Wina Attack es algo más que una tienda, se pueden concertar comidas o cenas acompañándolas con los vinos a precio de tienda y los fines de semana por la tarde, funciona como un bar de vinos de estilo francés.

Los que ya conozcan la cocina de Carlos por haber acudido a Le Petit Bistrot no necesitan que les explique las pequeñas obras de arte que hace este hombre enorme, en volumen y en calidad personal. Si no les conoces, sólo puedo recomendarte que te pases por allí. Precios muy comedidos, comidas deliciosas y vinos naturales.

Puede que ahora estés arrugando la nariz, pensando en vinos algo avinagrados, con volátiles altas, turbios. Vinos para frikis, vaya. Algunos de esos hay, no te voy a mentir, pero puedes dejarte aconsejar por Antonio, que te llevará a vinos perfectamente disfrutables por todos los paladares, incluso los menos iniciados. El porfolio de la tienda contempla vinos de muchos países, y se irá ampliando poco a poco. Ente ellos puedes encontrar sobre todo vinos convencionales organolépticamente hablando (qué saben bien vaya), como los vinos de Alfredo Maestro, y también alguna frikada. Antonio es la clave para no equivocarse.

Ya he estado un par de veces por allí, la última en la presentación de la nueva añada de Las Moradas de San Martín, en la que pasé un rato de lo más agradable, escuchando la pasión que pone contando sus vinos Isabel Galindo y charlando un rato con mi amigo Luis Oliván. Mereció mucho la pena, especialmente por poder comprobar de primera mano la positiva evolución de estos vinos, viejos conocidos, hacia la elegancia y la suavidad. Esfuerzo de agradecer el de Las Moradas, por retener en bodega los vinos hasta seis años, y que viene  acompañado por el buen hacer de Isabel, que está consiguiendo hace los vinos mucho más accesibles desde edad más temprana.

He tenido la suerte de haber visitado hace algo menos de un año la bodega en San Martín de Valdeiglesias, como sabrás si me sigues desde hace algún tiempo. En cualquier manera siempre es interesante conocer nuevos detalles. Escuchar cómo se eligieron las viñas, buscando un lugar elevado, cono buena aireación, para que las plantas crecieran sanas, sin necesidad de tratamientos agresivos. Cómo les gustaron aquellos suelos de arena granítica muy pura.

Nos cuenta también Isabel, que practican la biodinámica en el campo, con el objeto de dar más vida a los suelos, y que les está yendo francamente bien, con cepas muy sanas que dan unos frutos magníficos. Soy un poco escéptico con esto de la biodinámica, sin embargo, siendo sincero, es cierto que los vinos que hacen estos elaboradores  suelen gustarme mucho. No tengo claro si es por el especial cuidado que ponen con la tierra, porque son realmente buenos, o si esto de los cuernos y los astros realmente da resultado. Bien es verdad que el conocimiento que tienen de las plantas y los suelos es excepcional, y esto seguro que influye.

Comienza la cata con el Albillo 2016 (100% albillo real). Las uvas se vendimiaron en dos pasadas para coger únicamente racimos con una madurez óptima. Tiene una crianza de seis meses en barricas usadas de roble francés. En nariz aparecen recuerdos cítricos de limón, junto con almendras tostándose, y especias morunas. Aparecen después peras conferencia en compota, con algo de canela. Fresco y muy fácil de beber. Buen volumen, elegante, con un recorrido medio. El final es cítrico y ligeramente amargo.

Después nos presenta Isabel una rareza de la bodega, Albillo 2016 con crianza bajo velo. Un vino que se produjo por un olvido de una pequeña partida, que espontáneamente produjo la flor, como para protegerse. El vino se parece al anterior, pero están muy presentes los aromas de manzanilla, junto a las notas de panadería. En boca es suave y fresco, muy amplio. Más largo que su hermano, deja en bocas ligeras trazas calizas, minerales.

Con los albillos fumos probando un tapenade y la terrina de Carlos, francamente sabrosa y con un punto picante que iba muy bien con estos vinos blancos. Después nos ofrecieron un tabulé con lentejas, original y rico, rico.

Cuando Isabel comienza con las garnachas es como si recibiera una infusión de energía. La primera
es Senda 2011 (100% garnacha). No demasiado expresivo en nariz, aparecen con un poco de paciencia monte bajo, junto con fruta roja madura, y notas de especias. En boca es aterciopelado, fresco y sencillo. Vuelve la fruta que llena la boca, con persistencia media. El final es afrutado, acompañando notas balsámicas.

Subimos un par de escalones con Sabina 2010 (100% garnacha). Elaborada con uvas procedentes de cepas de más de ochenta años de la parcela Montazo. Tiene una crianza de catorce meses en barricas de diferentes usos de 225 y 500 litros, con tostados ligeros, para que la madera no oculte la personalidad del vino. Al finalizar se ensambla en depósito. El vino está pleno de fruta roja, aparecen también laurel y retama, algunas notas de pino y grafito. En boca es muy suave, con muy buen volumen, fresco y con un tanino presente, pero muy fino. Final medio/largo en el que regresan la fruta roja y las notas de resina de pino.

El último de la cata es un grande, Las Luces 2008 (100% garnacha). Las uvas proceden de cepas de la parcela Centenera, plantadas hace cien años. tiene una crianza de veinte meses, y como en la elaboración todos los vinos de la bodega no se añaden levaduras "seleccionadas", realizándose la fermentación con las propias de la uva. Aparecen aromas de tomillo y laurel, junto con chocolate negro, moras y regaliz. Amplio y estructurado en boca, con buena intensidad frutal. Muy persistente. Pide a gritos un buen asado para acompañarlo. No le sentó mal, sin embargo el parmentier con pato que nos preparó Carlos.

Disfruté a lo grande en esta presentación organizada por mis amigos de The Wine Attack, un sitio al que volveré y en el que seguiré dejándome aconsejar por las indicaciones de Antonio. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

domingo, 2 de abril de 2017

Abel Mendoza. Jarrarte 2013

El inicio de mi recorrido por los tempranillos riojanos está siendo de lo más prometedor, de esos que crean afición. Ha empezado por tintos potentes pero equilibrados, como Moraza y Malaspiedras, intensos, pero no exentos de frescura. El vino de la historia de hoy, sin embargo, destaca la elegancia como factor determinante. No se trata del vino de un elaborador novel, sino de compartir la trayectoria de una bodega, que siendo pionera en su tiempo, mantiene la ilusión por innovar y sobre todo, la cercanía a la tierra y el amor por ella.

Maite y Abel llevan ya muchos años, desde 1988, elaborando sus vinos y poniéndolos en el mercado. No es un mundo que les fuera ajeno en el principio. De hecho, la familia Mendoza lleva varias generaciones cuidando de sus viñas y vendiendo los tradicionales tintos de maceración carbónica a granel. Fueron ellos, sin embargo, los que dieron un paso más e iniciaron un camino que les llevaría a crear una nueva marca, a la que el tiempo ha concedido un merecido prestigio.

Maite en el apartado enológico y Abel en las viñas forman un equipo grande. Comenzaron con pasos prudentes, haciendo un vino que no les iba a sorprender, embotellando sus Jarrarte de maceración carbónica, el vino que ya hacían los abuelos Mendoza. Esos tintos potentes plenos de fruta les ayudarían a cimentar la bodega sobre roca, sin sorpresas. Trabajan sus 16 hectáreas, las que pueden acompañar y cuidar personalmente. Abel hace personalmente las selecciones masales, partiendo de las cepas que sembraron sus abuelos.

Para los noveles, os diré de forma muy básica, que la selección masal consiste en la elección del material para injertar proveniente, partiendo de cepas cuyas características se quiere expandir, ya sea por su rendimiento, o por ser una variedad antigua de la que hay poco material, por ejemplo.

Cuando la base estaba consolidada, allá por el año 1993, comenzaron a experimentar con la crianza. Prueban varios tipos de roble, diversos tostados, y se deciden por la barrica de roble francés. No se sienten atados por el tradicional roble americano. Confían en su instinto, y en su buen hacer. Desde el principio evitan las típicas diferenciaciones de crianza y reserva. Tienen claro que cada año la fruta les pedirá un tiempo diferente de crianza. Eso y la confianza en su trabajo, les lleva a etiquetar sólo con la procedencia, su marca y la añada. Suficiente para apreciar un buen vino, aunque algo corto para los que queremos saber algo más.

El vino que llega a mis manos es Jarrarte 2013. Según me cuenta Maite, el 13 tuvo un verano muy húmedo, en el que la producción no fue muy alta, por la elevada incidencia de la botritis. Llevaban ya varios años no muy buenos, el 11 y el 12 fueron muy calurosos, obligándoles también a recortar la producción. Lo tienen claro. Buscan calidad, y sólo vinifican lo que les parece realmente muy bueno. Abel conoce bien sus viñas, las trata con esmero, y ellas responden con una fruta excelente. Fermentación en depósito de acero inoxidable, y una posterior crianza de doce meses en barrica de roble francés, la mitad de un uso y la otra de barrica nueva.

Este Jarrarte 2013 es un vino aromático. Sorprende con recuerdos de rosas, acompañados por algo de regaliz y algunas guindas en licor. Con la temperatura aparecen pimientas y algo de canela. Cuando le doy el primer sorbo abro los ojos por la sorpresa. Parecería que a esa nariz le debe acompañar un vino maduro. No es el caso. Elegancia y frescura. Fruta roja fresca, y recuerdos de especias y del palodú de mi juventud. Un paso por detrás viene un tanino algo rústico aún, y alguna nota vegetal. Finaliza con unas hierbas aromáticas que sorprenden, y algunos toques balsámicos que le dan persistencia y elegancia. Algún recuerdo vegetal, que podría deberse a esta añada, extremadamente complicada, pero resuelta como la experiencia y la cercanía a la tierra dictan.

Me decía Maite que este vino mejora tras un tiempo con la botella abierta, y tuve ocasión de comprobarlo. El segundo día el vino estaba más redondo, el tanino se había suavizado algo, y el recuerdo vegetal había disminuido. A mi hija Belén, universitaria de veinticuatro años, este vino le gustó mucho. Especialmente destacó lo fácil de beber, lo fresco, y la personalidad del final.

No conocía los vinos de esta bodega, que hubieran sido motivo suficiente para haber iniciado esta serie de entradas sobre los tempranillos riojanos. Estoy convencido de que no será el único que aparecerá en este cuaderno, pero eso serán ya otras historias.


PS. El vino se puede encontrar en Madrid en Enoteca Barolo, y en internet en Gourmet Hunters. En ambos casos por algo menos de 16 euros (sitios más baratos en que los he encontrado)

jueves, 30 de marzo de 2017

Las Mejores Torrijas de 2017

El sufrido lector pensará que tienen que ver las torrijas con el vino, tema al que se dedica este humilde cuaderno. No te voy a quitar la razón. El caso es que soy un goloso incorregible y cuando mi amigo Manuel Fernández, organizador a la sazón de este singular concurso, me invitó no pude decirle que no. Una vez que asistí, y como disfruté tanto, no he podido dejar de compartirle. Algo habrá en la entrada de vino, ten paciencia, y si te apetece, sígueme en esta entrada de "Torrijas para Compartir".

La sufrida torrija es un dulce muy típico en esta época de Cuaresma y en Semana Santa. Habrá quien crea que el origen de este postre sea el aprovechamiento del pan, que se consumía menos por el hecho de que no se comiera carne. Algo de razón tiene, pero no es del todo cierto, la torrija en España era un alimento muy nutritivo a base de pan duro, leche, huevo y azúcar que se daba a las parturientas para fortalecerlas. Posteriormente, sí que tenía la utilidad de aprovechar el pan, e incluso hubo una época en que se ofrecía como tapa con la copa de vino (Jordi, incluida en el precio, no gratis).

La primera referencia escrita en España datan del siglo XV, citada por  Juan del Encina, "miel y muchos huevos para hacer torrejas", como medio para recuperar parturientas. La primera receta figura en el "Libro de Cozina" de Domingo Hernández de Maceras, cuya primera edición se publicó en 1607.

Llega el día y Elena y yo nos dirigimos al Centro Comercial Moda Shopping, donde organiza la Asociación de Empresarios Pasteleros de Madrid este concurso. Llegamos y en el hall del centro hay una gran aglomeración alrededor de la exposición de torrijas. Se ve que en las oficinas de alrededor ha corrido la voz y el personal ha decidido ahorrarse el desayuno. De cualquier manera, un buen escaparate para mostrar el trabajo de estos artesanos pasteleros, con un dulce humilde, pero en el que es difícil ocultar defectos, demostrando sin dudas la capacidad del elaborador.

Pasamos por la zona del jurado, compuesto por especialistas de la talla de Jesús Díaz, director de la Escuela de Hostelería y Turismo Simone Ortega; Alejandro Montes, propietario de Mamá Framboise; Iraida Almundi, redactora jefe de Hola.com, y Rocío Navarro, jefa de la sección de gastronomía de la guía Metrópoli. No les envidio el trabajo, de probar una detrás de otra las dieciocho torrijas que se presentan en la sección tradicional, y otras tantas en la categoría innovadora.

Vamos probando poquito a poco las tradicionales y encontramos entre las que más nos gustan sutiles diferencias, sobretodo en lo que respecta a la textura y la consistencia. Gracias  a Dios casi todas llevan azúcar, porque las de miel me parecen excesivamente empalagosas. A mí que me gusta el pan castellano de miga recia, en las torrijas también aprecio que no queden excesivamente blandas. Mientras las voy comiendo, pienso con que vino las maridaría, y no tengo dudas. El Moscatel Oro "Los Cuartillos", me parece el vino ideal, ya que aporta la acidez que compensa la golosidad de estos dulces. Una pena que el "negrero" de Manuel no  me haya dejado traer una botellita para acompañar el postre. El año que viene me vengo con una petaquita...

Los ganadores en este apartado (se selecciona un quinteto), son las pastelerías Vait, Nunos, Carmine, Cercadillo y Cala Millor. No nos hemos llevado grandes sorpresas, estaban entre las que más nos gustaron. Se ve que el jurado también aprecia la consistencia en las torrijas.

Los pasteleros tienen la oportunidad de demostrar su capacidad innovadora en la siguiente ronda, en la que se da rienda suelta a la imaginación para ofrecer dulces, que en ocasiones se parecen poco a nada a la torrija tradicional. Las hay con apariencia sencilla y sabor delicioso, como la gratinada con pan brioche y salsa de vainilla. Las hay también, con una presentación excelente, como el jardín imaginario, cubierta con una esfera de caramelo, y adornada con pensamientos. Me llama mucho la atención una con un nombre un poco largo: Milhoja de pan de torrija con crema pastelera y mermelada de frambuesa. Realmente deliciosa, me encantan los postres dulces con frutas, para chillar. Pero mi favorita es la torrija de Pedro Ximenez con sopa de almendras, ¡realmente increible!

La mayoría de estas, las hay de lo más diverso, necesita un vino con empaque, que contraste con la dulzura de los postres, pero que a la vez tenga entidad. Pienso que un oporto tawny iría de lujo con estos dulces. No demasiado viejo, porque algunas de estas torrijas son demasiado complejas. Mi elección sería un Ramos Pinto 20 años, que ya ha perdido la punta de alcohol, y tiene acidez y volumen suficientes para acompañar estas torrijas de diseño.

Repiten en el quinteto ganador Cala Millor, Vait, Cercadillo, y se incorporan Mallorca y Mifer. Mallorca es una pastelería consolidad, lo que llama la atención y da una idea del nivel de los participantes es que no estuviera entre los ganadores "tradicionales". A las tres repetidoras prometo hacerles una visita, aunque me temo que mi régimen no me va a permitir hacerlo con la intensidad que me gustaría.

El año que viene acudiré de nuevo a esta muestra pastelera. Prometo acudir con un par de petaquillas, para no tener que teorizar los maridajes. Seguro que de ahí salen nuevas historias.

domingo, 26 de marzo de 2017

Las 30 del Cuadrado 2015

No te sorprenderé demasiado, si vuelvo a escribir de  uno de los blancos de mi tierra. Las 30 del Cuadrado, es un vino especial. No precisamente porque se trate de un vino que innove, ni porque lo haga una pequeña bodega en la que un mayeto comience laboriosamente a darle valor a su uva. Este nuevo camino de los tradicionales blancos lo abrió hace ya algún tiempo el Equipo Navazos con su Navazos-Niepoort, del que hablaré en este cuaderno en un futuro próximo. Después,  ha sido continuado, como saben los pacientes lectores. por varias bodegas y elaboradores, con un nivel medio más que aceptable, todo hay que decirlo.

No creo que  la Bodega Hidalgo piense en este vino como una necesidad comercial. Está claro que tiene en su porfolio vinos con los que, de mantener su calidad inalterada, tiene éxito asegurado a medio plazo. Les honra, eso si, su inquietud por subirse a este nuevo tren en el que viajar por nuevos caminos, que aunque ya abiertos, pueden ser explorados y explotados para alcanzar nuevas metas y descubrir nuevos destinos.

Lo que hace de verdad  a ese blanco especial, es proceder de una pequeña finca de treinta acres (unas 12 Ha, ya son ganas de liarla) dentro del pago Balbaina Alta. Esta finca, el Cuadrado, está plantada con cepas de palomino fino de unos setenta años, y su suelo lo conforma albariza de la más  alta calidad. Le sobra edad de viña y terruño para ser un vino de "tronío", sólo falta que esos frutos los recoja y procese alguien que sepa de verdad lo que se trae entre manos. Eso lo haría realmente especial.

Las manos que elaboran son las de Bodegas Hidalgo La Gitana, a los que avalan más  de dos siglos de historia. Han ido creciendo poco a poco, que es cómo suelen salir bien las cosas. Mucho ha llovido desde que José Pantaleón comprara en 1792 una pequeña bodega de almacenaje. Desde entonces, han sobrevivido a la filoxera, a las plagas de  oídio y a unas pocas de crisis, creciendo desde casi la nada hasta donde están hoy, siendo una de las más prestigiosas bodegas del Marco. Una bodega importante, de las que no suelo escribir con frecuencia. Hoy, sin embargo. debo hacerlo, y es que su Los 30 del Cuadrado es un vino muy especial, y ante eso un aficionado como yo tiene que cerrar los ojos y pensar.

No es frecuente que viñas tan viejas como estas de El Cuadrado sigan vivas. Normalmente se las carga la búsqueda de rendimientos, la persecución de los grandes beneficios. No se porqué estas han sobrevivido a la codicia, pero doy gracias a Dios por ello. El destino las ha protegido. Probablemente tenga algo que ver con que Fermín Hidalgo sea el nuevo director general, pero la verdad es que lo desconozco.

Normalmente me gusta hablar con los bodegueros antes de publicar, para descubrir estos detalles y habitualmente me llevo grandes alegrías. Esta vez, no se si me ha dado pereza, o si es que ya estoy cansado de que los "grandes" no me contesten. Sólo podré esta vez adivinar... Bueno también gustar, que de eso va esto, sobre todo.

La uva de este pago de gran influencia atlántica se prensaron con suavidad, pasando después a fermentar en botas jerezanas que habían sido usadas previamente para manzanilla pasada Pastrana. Allí permaneció el vino seis meses con sus lías. Se embotellaron entonces cinco mil botellas, una de las cuales tuve la suerte de que cayera en mis manos. Bueno, suerte relativa, porque el corcho de no muy buena calidad (corcho prensado de longitud media/corta), estaba manchado casi hasta el extremo. No sé si el vino estaba algo afectado. ¡Señores de Hidalgo, no me ahorren en el chocolate del loro!

Sirvo el vino y está un poco cerrado, aromas animales algo intensos que me hacen pensar en la posibilidad de brett. No obstante, se va abriendo y aparecen aromas de marisma. Viento de poniente. Avellanas tostadas y membrillo maduro, hierbas aromáticas. Pero en el fondo, siguen algunas notas de piel animal, que no me parecen que sean de ahí. ¿El corcho? ¡Señores de Hidalgo! En boca, sin embargo, está limpio. Fino y fresco son las primeras palabras que me vienen a la mente. Limón, membrillo y nueces. Salinas que me llevan a casa.., y vuelta a la finura. Largo y elegante. Como ya había adelantado, un vino especial.

Como decía al principio este vino no es muy innovador, pero si que nos va confirmando la tendencia. Nos dice, que estos vinos, aunque no están hechos para salvar al Marco, tienen mucho que decir. En ellos hay mucho que disfrutar. Seguiré buscándolos y bebiéndolos, seguro que de ahí salen nuevas historias.

PS. La foto de la bodega es de la página web de la bodega, que ha tenido la cortesía de permitirme utilizarla.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Malaspiedras 2015. La Bendición de la "Mala" Tierra

La historia de hoy, la de la Bodega Compañon Arrieta, comenzó hace más de cuarenta años en Lanciego, Rioja Alavesa. Allí el abuelo de Itxaso trabajó unas viñas plantadas en suelos pedregosos. Eran los más asequibles, los que más costaba trabajar, y a los que habitualmente se les sacaba menos rendimiento. La "mala" tierra. Sin embargo, la "maldición" de trabajar aquellos terrenos plagados de piedras, se ha vuelto hoy bendición al hacer que las viñas, buscando su sustento, hayan penetrado con hondura la tierra, sacando de ella su esencia, ofreciendo la mejor fruta a los que tienen la constancia de vivir con ella.

"El Mozo", apodo con el que llamaban al abuelo de Itxaso, junto con sus dos hijos, Félix y Alberto, trabajaron aquellos viñedos, colaborando con la tierra y elaborando vinos que vendían a granel, la
práctica habitual de la época. Así fue hasta que el destino decidió que ellos tres ya habían dado bastante y merecían descansar. Itxaso por aquel entonces vivía en Barcelona con Gorka, estudiando cine. Había colaborado en los trabajos de la viña esporádicamente, pero ni por un momento pensó en dedicarse a la agricultura, pero cuando llegó el momento, los dos dieron un paso adelante y se aprestaron a recibir el tesoro que les legaba su familia.

El tesoro se compone hoy de dieciocho pequeñas parcelas en Lanciego, que entre todas hacen unas nueve hectáreas. Algunas de ellas llevan plantadas más de setenta años. Casi todas con tempranillo, pero hay alguna cepa de viura, y una suelta de garnacha. Cepas acompañadas por viejos olivos que han contemplado ya tres generaciones, junto a las viñas. Itxaso y Gorka las trabajan con cuidado, casi con mimo, tratando de transmitir su legado en forma de vino, de pequeñas elaboraciones que transmiten el carácter de esta tierra dura, pero generosa. Cuidan la tierra, para que tal vez un día el pequeño Unai la reciba, al menos, en las mismas condiciones que sus abuelos la dejaron.

Gorka ha tenido la amabilidad de dedicarme unos minutos. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que la tierra le ha "pillado". Me cuenta su filosofía de mínima intervención en el viñedo, dedicada a conseguir la mayor calidad posible de la uva. Me dice que lo que ellos desean transmitir es el especial sabor de la fruta que ofrece esta tierra hecha vino. No le importa sacrificar para ello algo de complejidad aromática. Prefiere que sean las mismas uvas las que inicien la fermentación. Trabaja observando donde puede se expresa mejor, si con el tradicional método de maceración carbónica, o despalillando si hay riesgo de que se transmita algo de verdor. Le pregunto y adivino una sonrisa con su respuesta: "Me encanta lo que hago".

Hoy  me gustaría dedicar la historia a Malaspiedras 2015, DOCa Rioja, la tercera añada que Gorka e Itxaso elaboran de este vino. Utilizan las uvas de cinco de sus parcelas, El Plano, Balondo, Vasconegro, El Anagorio y  una quinta cercana al pueblo. La uva es tratada con cuidado. Vendimiada a mano. Fermentada en maceradores de plástico abiertos de unos mil kilos, cada parcela por separado, respetando su esencia. La fermentación se produce de forma espontánea, con las levaduras propias de la uva. No hay nada externo que interfiera un proceso completamente natural. Fnalizada la fermentación, la crianza se produce en botas de roble de quinientos litro de diversas procedencias: francés, americano y húngaro. Se embotelló sobre julio de 2015, después de haber pasado unos ocho meses de crianza. Un vino de la tierra, artesano.

Lo "enfrento" con unas albóndigas a la jardinera que hice estrenando mi olla de cocción lenta. Guisantes y judias verdes frescos, un par de tomates rallados, cebolla y ajo, algo de apio. A las dos horas, añado unas albóndigas de carne vaca vieja mezclada con algo de pan blanco mojado en leche y unos huevos. Tres horas y media más de cocción y a dejar reposar. las comeremos al día siguiente. Como ves, en  la cocina no me dejo llevar por las prisas. ¡Pobre de mi santa, que me soporta!

La cocción lenta hace que el guiso salga especialmente sabroso. Pensé en principio ponerle delante un blanco de mi tierra, con carácter. No sé si la intensidad de este tinto va a "matar" el guiso, pero haciendo un "alarde de arrojo" me arriesgo.

El vino recibe con un aroma intenso de zarzamoras maduras, combinadas con el toque dulzón que dan la canela y el clavo de olor. Algún toque láctico, pero domina sin duda alguna la fruta, la madera acompaña bien, sin destacar. En boca es una explosión frutal, apoyada por una acidez suficiente. Muy amplio, aunque no demasiado largo. El tanino algo agreste y secante me dice que tal vez abrí pronto la botella. No le hago mucho caso. Me deja en la boca algún toque de menta, que envuelve las moras que se presentaron en la nariz y que son las protagonistas. Sin discusión. Buscan fruta y la hay, buena fruta.

Combina bien con las sencillas albóndigas, en un juego de intensidades que se acompañan, sin molestarse. En la mesa bebemos tres y lo mejor que puedo decir de este vino, más que hablar de su carácter moderno, o de la extracción que se adivina, es que la botella se vació sin sentirlo. Un vino honesto, que disfrutamos sinceramente y del que tengo un par de botellas,que presumiblemente no durarán mucho.

Me cuentan que Gorka e Itxaso elaboran algunos vinos de parcela... los buscaré. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Los sitios donde he encontrado el vino a mejor precio han sido La Tintorería  tanto en Madrid, cómo por internet por 11.5 €.

domingo, 19 de marzo de 2017

Gran Cerdo 2015

No, no... ni se me ha ido la pinza, ni estoy tratando de insultarte. Gran Cerdo 2015 es el nombre de un vino elaborado por el enólogo riojano Gonzalo Gonzalo. Por lo visto, cuando fue a elaborar su primer vino, necesitó pedir un crédito de un millón de pesetas, que "cortesmente" le denegó el empleado del banco al que se dirigió, aduciendo que el vino no era un bien embargable. Parece ser que el tal banquero no era precisamente un adonis, y le gustaba comer "más que a un tonto un lápiz", que decimos en mi tierra. Vamos, que estaba rellenito, y Gonzalo le dedicó amablemente el vino, que pudo elaborar después de conseguir el dinero entre su familia y conocidos.

Como ya decía en una entrada anterior, tengo la idea de ir alternado blancos y generosos de mi tierra, con tempranillos riojanos, y este me ha parecido cuando menos curioso. Me lo recomendó Antonio Sicurezza, cuando visité por primera vez The Wine Attack, la nueva tienda de vinos naturales en Madrid, en la calle Limón, cerca de Conde Duque. Me encontré allí con él y con Carlos. Sin lugar a dudas, merece la pena la visita a esta nueva tienda que cubre un hueco relevante en el comercio del vino en Madrid.

Pero déjame que ordene un poco las ideas y te cuento un poco acerca  del proyecto de Gonzalo Gonzalo y Mar Cambero. Se llama The Wine Love, que a mi juicio dice mucho más que el nombre del vino que hoy nos ocupa... ¿Sería buena idea regalárselo a un jefe? A la novia seguro que no. Vuelvo a centrarme. es que convendrás conmigo que el nombrecito se las trae...

Gonzalo es un enólogo riojano que después de viajar por Italia y Francia, trabajó en bodegas industriales hasta que lo dejó todo para conseguir sacar al mercado, con algún problemilla financiero,  su primer vino, Orgullo.  Desde entonces se rige por los principios de la ecología y la biodinámica, pasando el mayor tiempo posible en la viña, sabiendo que la cercanía a la tierra y el trabajo bien hecho es recompensado con fruta de calidad, lo que le conducirá a grandes vinos.La otra mitad de este dúo es Mar, alas "Mar Mota", también enóloga, que además se ocupa del diseño. La descripción de ambos en la página web de la bodega es altamente recomendable para el que tenga ganas de sonreír.

Pero vayamos al vino, Gran Cerdo 2015 es el más joven de la bodega. Las uvas fermentas siguiendo el método habitual en Oporto. pisando en lagares cuadrados de granito de unos ochenta centímetros de lado, y unos 30 centímetros de altura. Una vez finaliza la fermentación alcohólica, se pasa el vino a tanques de cemento subterráneos , iniciándose la fermentación maloláctica (transformación del ácido málico a ácido láctico, lo que proporciona una mayor suavidad al vino) en la primavera del año siguiente, razón por la que este vino, siendo joven, sale al mercado casi un año después que los de su cosecha.

Gran Cerdo 2015 (70% tempranillo, 30% graciano) es un vino expresivo en nariz. Cerezas rojas maduras, con toques lácticos y algún recuerdo de hierbas aromáticas. En boca es sencillo, con buena amplitud y considerable intensidad frutal, con cierta madurez. Algo goloso. Trae a la boca lo que sugirió en nariz. Suave, con taninos pulidos. Un poco más de acidez le hubiera venido de perlas, aunque no se bebe mal. Un vino sencillo, que combinó bien con unos tallarines con gambas y almejas. En la etiqueta sugiere maridarlo con jamón, será por eso del cerdo.

No está mal este vino, es sencillo como corresponde a su rango de precio, pero honesto y muy bebible. Te gustará, si no le tienes aversión a ese ligero toque goloso. Muy limpio, como todos los vinos que me ha recomendado Antonio Sicurezza, En cierto modo derriba los mitos de que los vinos naturales no puedan evaluarse con los mismos parámetros que cualquier otro. Este, por los 4.50 € que vale en Wine Attack no está mal.

Reconozco que más que el vino me ha atraído el proyecto de Mar Mota y Gonzalo Gonzalo. Buscaré algún otro de sus vinos, esperando que de ahí salgan nuevas historias.

PS. El sitio más barato en el que lo he encontrado en Madrid ha sido en Bodegas Santa Cecilia por 3.7 €.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Navazos. La Bota de Florpower MMXII

Llevo ya algún tiempo hablando de blancos andaluces tradicionales. Tal vez estoy sobreentendiendo que la mayoría de vosotros conoce este movimiento que está buscando para el jerez caminos nuevos  entre los métodos de elaboración ancestrales . Esos que eran llevados a cabo en Cádiz de forma generalizada, antes de que los encabezados se impusieran. Aún así, me gustaría aclararlo para que no haya duda. Se trata de un grupo de enólogos, viticultores y, en general, conocedores y amantes de estas albarizas gaditanas, que quieren ponerlas de nuevo en valor. Gentes como Willy Pérez, Fernando Ángulo, Ramiro Ibáñez, los Blanco,  Pepe Cabral y muchos otros, que están abriendo horizontes  en Jérez y Sanlucar.

De entre todos ellos, es justo destacar a Ramiro Ibáñez, aunque no me conteste ni un puñetero correo, y no sólo por sus elaboraciones que están abriendo paso a nuevos y pequeños elaboradores, como pronto espero reflejar en este humilde cuaderno. No sólo por su labor didáctica, como la que suponen sus Pitijopos, que ya tuvimos en La Despeña oportunidad de catar, con sorpresa y admiración. Especialmente, por lo que está suponiendo su trabajo, demostrando lo que pueden dar de sí los diferentes pagos de albariza, incluso los más austeros y complicados, como el Carrascal.

También en la periferia hay buenos interpretes. Primitivo Collantes no se está quedando atrás, dinamizando las elaboraciones chiclaneras, y demostrando sobradamente su potencial. He tenido oportunidad de beber con tranquilidad Viña Matalián y Socaire, y de comprobar lo que pueden dar de sí las injustamente tratadas tierras chiclaneras. En el otro lado, ya en Sevilla, los lebrijanos González Palacios  también están trabajando duro y que merece la pena seguir.

Hay que decir que la fama de los excelentes pagos de albariza blanca no es cosa nueva. Ya Miraflores, Macharnudo y Balbaina, por citar algunos ejemplos, gozaron de gran estima desde hace más de un siglo. Tampoco son nuevos los vinos de añada, que gentes, como Paola Medina en Williams Humbert, están recuperando. El movimiento está recibiendo impulsos, que para ser justos gozan hoy día apoyo de los aficionados y también, porqué no decirlo, de la moda.

Los beneficios son claros, más allá de  aprovechar este impulso. Con seguir vinos estables, interesantes, muy disfrutables, y que reflejan meridianamente la tierra de la que proceden es ya un logro. Que tengan cuatro o cinco grados de alcohol menos, no es desdeñable. Pienso que estos vinos son una aportación muy digna de tener en cuenta, a la que espero que el tiempo, y el caprichoso consumidor les mantengan la lealtad y el cariño.

Está claro, como le he leído a Álvaro Girón en muchas ocasiones, que estas elaboraciones son marginales dentro del volumen económico que mueve el vino de Jerez, pero yo pienso que con un poco de tiempo y si cunde el ejemplo, podría ir ganando importancia y porcentaje de ventas. El sistema actual no es sostenible, ni por los precios, ni por los vaivenes de la calidad. Las elaboraciones tradicionales y los vinos encabezados estoy convencido que pueden coexistir, al igual que nuestros vecinos portugueses han conseguido con notable éxito comercial que convivan los oportos vintage (oportos de añada), con los de pago, y los ensamblajes tawny.

Bueno, pienso que por hoy he divagado bastante, y aún no te he presentado ningún vino. El de la historia de hoy tiene que ver con estas elaboraciones de nuestros abuelos, y también con un fenómeno, este perfectamente consolidado, del comercio de los vinos jerezanos. Se trata de Florpower MMXII del equipo Navazos, un vino enorme proveniente de la bodega de José Estévez.

Está elaborado con palomino fino de albarizas de Sanlúcar, concretamente  del pago Miraflores, que tantas alegrías nos está dando en este tipo de elaboraciones. Se vinificó en tanques de inox , trasegándose después a botas bodegueras de 500 litros, donde permaneció bajo velo de flor tres años. Después se paso a un tanque de acero durante ocho meses, ya bajo un velo de flor más sutil.

El resultado es un vino aromático, en el que destacan los recuerdos de panadería de pueblo, junto con membrillos maduros, y flor blanca. Algunas notas de avellanas tostadas, y de jengibre van ganado paso con la temperatura. En boca es amplio e intenso, pero no exento de finura. Fruta bien definida, con una envoltura muy fresca. El vino se despide con notas de frutos secos tostados y membrillo. Un vino para recordar. El segundo día estaba aún mejor, más amplio y bien definido. una auténtica gozada.

He disfrutado en grande con este hallazgo de los Navazos, alguna botella de estos "monstruos" queda aún en mi bodega. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.






domingo, 12 de marzo de 2017

Moraza Tempranillo 2013

Hace ya unos meses que prácticamente sólo escribo de blancos de mi tierra, y aunque es cierto que he encontrado vinos que me han gustado y emocionado, no quiero cansarte. Es por eso que voy a ir alternando con otras cosillas. He estando dándole vueltas y me parece que una de las zonas donde está habiendo movimientos interesantes, donde hay viticultores inquietos y mucha historia, es La Rioja. Si te  hablo de la salida de Artadi de la DOC, o de los Rioja 'n Roll, estoy seguro de que te traigo ideas que no te van a resultar completamente novedosas, a no ser que la fiebre del vino aún no haya hecho presa en ti... todavía.

Pretendo ir trayendo alguno de estos vinos, que estoy convencido que están haciendo historia en el mundo del vino español, pero también alguna bodega pequeña que normalmente no sale en las noticias y me parece que están haciendo vinos de lo más interesante. Por supuesto, alguno de los clásicos riojanos que me apasionan. Vinos naturales, o procedentes de bodegas que están comenzando a comprometerse con el medio que les da de comer. Vinos que me emocionen, y que creo que pueden gustarte como a mi.

Empezaré con vinos riojanos de tempranillo, o ensamblajes en los que haya una proporción grande de esta uva, que es una de las que más alegrías está dando en nuestras tierras. El "mono" de palomino no se me va a pasar a medio plazo, por lo que iré alternando con alguno de los generosos de mi tierra. Pero, empecemos.

El vino de la historia de hoy es Moraza Tempranillo 2013, un vino riojano de una bodega no muy grande en tamaño, pero con una bonita historia detrás de ella. La primera de las tres condiciones para que un vino me para que un vino me parezca interesante, es su apego a la tierra. Pues bien, los Moraza llevan desde hace unas seis generaciones cultivando sus tierras de San Vicente de la Sonsierra. Sobre todo, vendiendo vinos a granel a los parroquianos de la zona, o a los que acudían por la fama que iban teniendo. No es hasta principio de los años ochenta, cuando empiezan a embotellar sus primeros vinos, empezando la comercialización con su propia marca.

Los Moraza tienen unas veintitrés hectáreas de viñedo a los pies de las Sierras de Cantabria, y de Toloño, las últimas cinco compradas hace un par de semanas, recuperando tierras que fueron de la familia. Sus parcelas tienen orientación sur, mirando hacia el Ebro. Esto, junto con los vientos que vienen del Cantábrico, les proporcionan una frescura que hace que la maduración de las uvas se desarrolle de forma óptima.

Solamente elaboran con las uvas procedentes de sus fincas que cuidan personalmente, las que conocen y ven desarrollarse hasta el punto de maduración que les permite unos vinos plenos de fruta roja, y con la suficiente acidez natural que hace que los vinos se conserven sin necesitad de aditivos. Cada vez más de sus fincas van adquiriendo certificado de viticultura ecológica.

Dice Janire, de la generación más joven de los Moraza, que el mayor legado que tiene su familia es el conocimiento de las uvas que cultivan, y del cuidado que necesitan sus tierras para seguir desarrollándose de forma óptima. Cuidan el medio que les da la vida y lo protegen para que esta se siga desarrollando en ella. Nada de sistémicos, pesticidas o herbicidas. La observación de la tierra, y el trabajo duro hacen que no sean necesarios.

La segunda de las condiciones para que un vino me parezca de interés es que se trate de una elaboración artesanal. No me llaman demasiado la atención las bodegas que producen varios millones de botellas con procesos industriales.

Moraza elabora este tempranillo con las levaduras que la uva proporciona, sin enmascaramientos ni subterfugios. Uva que es recogida en el momento óptimo de su madurez. Me comenta Janire que el año pasado fueron los primeros en vendimiar en San Vicente, buscando frescura y acidez natural. La fermentación se produce en grandes tanques de hormigón, para que la madera no "esconda" la fruta de la que se sienten tan orgullosos. La uva se introduce entera, como se ha hecho siempre en La Rioja, despalillado para conseguir mayor acidez de forma natural. Tras el descube, los vinos son trasladados a otros depósitos de cemento más pequeños, en los que permanecen al menos seis meses, hasta el embotellado.

La última condición para que un vino me parezca interesante, es que esté rico, y este Moraza Tempranillo 2013 me parece un vino para disfrutar, muy bebible, mejor con unas chuletillas de cordero al lado. Es un vino en el que los aromas de ciruela roja muy fresca contrastan con la resina de pino y la menta. Especias muy ligeras, y notas de champiñón, para volver al monte bajo, al romero y al cantueso. En boca es fresco, de amplitud moderada, pero con una fruta jugosa y fresca. Vuelven la fruta roja y los balsámicos a la boca. Fruta intensa, fresca. Finaliza este vino con notas balsámicas y recuerdos de regaliz. Imposible no dar otro trago. Hay margen para crecer, pero no para esta botella.

Tuve la oportunidad de charla con Janire, una mujer alegre y entusiasta, en la que  se percibe con facilidad la ilusión por su tierra, su apego a estas uvas riojanas. Disfruté oyéndole contar como se vino a la universidad a Madrid, con la rebeldía propia de la adolescencia, para darse cuenta de que los presupuestos y las economías no podían hacerle olvidar los paisajes riojanos, la alegría y la libertad que dan el campo.

Seguiré de cerca esta bodega, estaré pendiente de nuevos vinos y nuevos proyectos, estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Las fotos de las cepas viejas y de Janire, me las proprocionó ella, a la que agradezco profundamente su amabilidad y disponibilidad.
PS2. Moraza Tempranillo 2013 puede encontrarse en Enoteca Barolo por 9.30 €.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Solo Palomino 2013. Maridando la sencillez


Hace unos días fue el cumpleaños de mi hija Belén, y como es habitual “sugirió” los menús para comer toda la semana. La verdad es que es una gozada, le gusta experimentar nuevos sabores, de hecho es la única en casa que me sigue en mi pasión por el vino. Sin embargo, siempre hay un plato fijo que pide año tras año, dorada al horno. Le gusta hecha sobre una cama de patatas y cebolla, con un chorro de buen aceite de oliva y sal. Una receta muy sencilla, donde te la juegas en los pequeños detalles, que pueden convertir algo para disfrutar, en un plato simplemente comestible.

En estos platos en apariencia sencillos, uno se la juega en la calidad del producto. La patata de calidad, y el buen aceite de oliva virgen extra son imprescindibles. Me gusta poner unos minutos la cama de patata y cebolla con el horno ya caliente, con un chorro de aceite de oliva. Últimamente estoy utilizando el picual de Las Valdesas, sabroso, muy frutal, y con un punto amargo que me encanta.

Una vez que se han hecho ligeramente las patatas y la cebolla, es hora de sacar la bandeja y poner las doradas. Aquí es donde te la juegas. Las doradas que utilicé son de una piscifactoría de San Fernando. No es difícil distinguirlas de una salvaje, porque la mancha dorada a que debe su nombre la especie es más intensa y definida en las que se crían libremente en la mar. Sin embargo, hay que tener un paladar muy, muy fino, para distinguirlas de unas criadas en cautividad en un vivero en el que sepan lo que hacen. Yo he hecho la prueba con varios amigos, y no fuimos capaces de apreciar diferencias significativas. Sin embargo, si son muy baratas, probablemente vendrán de Grecia, y su calidad no será la óptima. La mancha dorada de las doradas griegas, alimentadas con piensos, está francamente difuminada.

Utilizando producto de calidad ya sólo queda echarles un chorrito de oloroso y darles el punto de cocción, y aquí es donde de nuevo nos la estamos jugando. Mi madre decía que cuando los ojos están blancos el pescado está hecho. A mí, sin embargo, me gusta hacerlas un poco menos, de forma que la dorada quede con un punto firme, pero bien jugosa.

El vino que pensé para esta sencilla delicia es un blanco andaluz sin fortificar, elaborado con la misma técnica que se usaba antes de que en el siglo XVIII se introdujera el encabezado de los vinos. Como los últimos vinos de los que he venido escribiendo en este cuaderno ¡Qué coincidencia! Se trata de Solo Palomino 2013, de la bodega lebrijana González Palacios.

El vino es curioso hasta en su irregular etiqueta, en la que figura la diosa fenicia Astarté, cubierta tan solo con su tradicional traje de estrellas, que representaba a la madre naturaleza, la vida y la fertilidad, así como el amor y los placeres carnales. Una buena imagen que pretende trasladar lo que representa este vino, una vuelta a los orígenes, fiando que la naturaleza proveerá del fruto necesario para el vino, que se hará con el mínimo de interferencias.

Las uvas proceden del Pago de Overo, a pocos kilómetros de las marismas del Guadalquivir, cuya cercanía proporciona la humedad suficiente para que el cultivo de la vid sea posible, incluso en esta zona en que los veranos son extraordinariamente cálidos. La influencia de la brisa atlántica supongo que también dará un toque interesante a los vinos, especialmente porque no hay accidentes orográficos que puedan restarles efecto.

Solo Palomino 2013 (100% palomino fino) DOP Vino de Calidad de Lebrija, es un vino fermentado en barricas de roble americano, y con una crianza posterior de años bajo velo de flor en botas centenarias de quinientos litros. En su aroma predominan las levaduras, con recuerdos de pan blanco, contrastando con toques florales y de fruta blanca (manzana reineta). Con la aireación se hacen evidentes aromas de talco. En boca es elegante, ganando con el tiempo algo de intensidad. Amplio y con la frescura suficiente. Su final es frutal, con una carga importante de salinidad. Me deja recuerdos de paseos por la playa al atardecer, con la brisa de poniente dominando el ambiente.

Casa a la perfección con la dorada, ya que su elegancia envuelve la delicadeza del pescado, sin taparlo por una intensidad excesiva. Su salinidad parece querer poner en el pescado un recuerdo del medio en que vivió y al que ya nunca volverá. Una delicia.

Curioseando la página web de González Palacios he visto algunos vinos que me han parecido de lo más interesante, estoy convencido de que, en su momento, saldrán de ahí nuevas historias.

PS. La foto de la bodega del Abuelo Pedro está tomada de la web de González Palacios.
PS2. El sitio más barato en que he visto el vino ha sido en Enoteca Barolo, por 9.50 €.

domingo, 5 de marzo de 2017

Navazos OVNI PF 2015


Hace ya bastante tiempo que probé mi primer OVNI, creo que fue en 2012. En aquella ocasión era un vino elaborado con uva pedro ximénez, que me trajo muy gratos recuerdos de mi infancia, no demasiado cercana. Las uvas con las que se hizo el vino que hoy nos ocupa son palomino fino de pagos del interior del marco, y la verdad es que en los días que llevo probándolo me ha sorprendido por ser un vino sin complicaciones, muy fácil de beber.

Me estoy liando, y ni siquiera te he presentado el nombre del vino. Se trata de OVNI PF 2015, un vino de la bodega José Estévez, que comercializa el Equipo Navazos, en colaboración con la tienda asturiana Coalla Gourmet. En un principio Equipo Navazos y Coalla Gourmet tenían la pretensión de comercializar una nueva visión de los vinos blancos andaluces. La que, como ya he dicho en otras ocasiones, se consumía de forma habitual en Cádiz y Córdoba en bares y en las casas, muchas veces producciones hechas para el consumo propio.

Ya había por aquel entonces algunos blancos secos que se bebían por palés en verano bien fríos, pero su calidad era, y lo sigue siendo, cuando más mediocre. Hacía falta dar un empujón, y demostrar que la palomino va más allá de la fama de uva insulsa y falta de acidez. ¡Y vaya si lo hizo! Se abrió camino para unos vinos en los que la tierra es un factor importante, demostrándose que es esta una uva que responde de formas muy diferentes cuando el terruño tiene diferencias relevantes, exposición, calidad del suelo, cercanía de la mar. Una uva en la que se marca el terruño.

La palomino no es una uva en la que la acidez sea una baza a manejar, pero también es cierto que si en lugar de recolectarla sobremadura, cuando puede dar unos 15º de alcohol, se vendimia en su justa madurez, con unos 11º en los pagos más cercanos a la costa, o con unos 13º  en el interior, se dan unos vinos con una cierta frescura y en los que apreciar una cierta salinidad y unos reflejos calizos muy atractivos no es tarea que revista una gran complicación. Este es el camino que abrió OVNI, y que hoy comprobaremos con OVNI PF 2015.

Un vino de la bodega José Estévez, elaborador que se prodiga mucho entre las selecciones realizadas por el Equipo Navazos, sin lugar a dudas por el tremendo “fondo de armario” que tienen, y porque Eduardo Ortega es su director técnico, y por lo tanto conoce muy bien los tesoros que tiene escondidos. En la etiqueta un malabarista con cuatro bolas en el aire, sugiriendo que estamos ante una obra de difícil equilibrio. ¡Acompáñame a probarlo!

Está elaborado en esta añada con uvas procedentes de pagos jerezanos del interior, lo que permitiría una mayor graduación alcohólica, pero dado que es un vino cuyo propósito es que se beba bien y con una cierta frescura, se ha mantenido en doce grados. Para apoyar la fermentación se añadió al vino flor de fino jerezano, que en cualquier caso se hubiera producido, aunque con mayor dificultad, en un vino de esta graduación. Se mantuvo en depósito durante seis meses, con un escaso velo que sostuvo una cierta  crianza biológica, aún cuando no le protegió por completo de la oxidación, por su levedad.

OVNI PF 2015 es un vino de aroma medio/intenso en el que las notas de panadería están presentes, pero por debajo de los recuerdos de paseos por la bajamar, de los limones mientras se pelan, de las algas húmedas traídas a la playa después del levante, y de las calizas de los campos gaditanos. Algunas avellanas tostadas, y especias morunas. En boca es amplio, suave pero intenso, con acidez suficiente. Deja un final en el que los cítricos acompañan los atisbos yodados, y las algas. Se bebe con gran facilidad, fresco y suave.

En casa acompañó de maravilla un pollo tikka-masala, suave pero muy sugerente, con las especias que me recomendó como siempre mi amiga Yuli. Queda alguna botella más de los Navazos en casa, que no tardaré en beber, pero que iré alternando con algunos tempranillos riojanos entre los que ando buscando algunas joyas, y que estoy convencido de que serán nuevas historias.