viernes, 27 de enero de 2017

Alba Sobre Tablas '13. Vino y Música


Este vino de Alba Viticultores, al igual que los que han sido motivo de las últimas entradas de este cuaderno, me ha transportado de nuevo a mi tierra, en especial a los largos paseos por la orilla, que me traen a la memoria el aroma de este vino singular. Es curioso como el lenguaje del vino te traslada a momentos pasados, conectando directamente con tus emociones. Así pensaba hace un par de días mientras escuchaba en el Auditorio Nacional de Música un concierto en el que el argentino Rolando Saad, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minsk, interpretaba algunas de las escasas obras clásicas para guitarra, escritas casi todas por compositores andaluces.

Durante el concierto estuve recordando una y otra vez este Alba Sobre Tablas ’13, y como al igual que la música, el vino habla con un lenguaje universal, que conecta con tus sentimientos y recuerdos, aun cuando no sepas demasiado. Sé que pecaré de “morriñoso”, y que en parte el paralelismo de sentimientos es subjetivo. Pero, ¿cómo pueden no ser subjetivos los sentimientos? ¿Resta algo de verdad a la universalidad de los lenguajes de la música y del vino? En mi opinión, no.

Sonaba la orquesta bielorrusa como un instrumento casi perfecto. Música andaluza interpretada por preciosas muñecas de porcelana y autómatas precisos. Bueno, había un flautín con pequeños desajustes de programación, pero  no restaba brillantez exacta al conjunto. El contrapunto, la mugre, lo ponía Rolando, el guitarrista cordobés, de la Córdoba argentina, que transmitía con pasión las conversaciones con la orquesta. No exento de arte, pero sin caer en la frialdad académica.

En Alba Sobre Tablas hay pasión, sin duda. La pasión de Fernando que trata de que la tierra se exprese sin obstáculos. Deja a la tierra libre, a un lego que se acerque puede parecerle incluso abandonado, pero no es así. Su aproximación al campo se realiza de forma natural, sin que herbicidas ni pesticidas interfieran buscando una limpieza, una falsa exactitud, que corrompa el arte que el campo lleva dentro. Dejando que las ovejas colaboren en el equilibrio, y que sea sólo el arado tirado por el mulo el que hoye la tierra. Permitiendo que siga preñada de vida, de pasiones.

Suenan las notas del concierto de Aranjuez que me produce un nudo en la garganta cuando el corno inglés y la guitarra hablan en el segundo movimiento de forma pausada, como si comunicaran su amor al oído; de ahí me lleva a la expresión de pasiones sin ataduras de la danza final. Expresión amplia, fuerte, que eriza la piel y se introduce en el corazón. Emoción de la tierra andaluza que grita sus pasiones, la de la fuerza de la tierra, la de la mar que ama y mata por igual.

Algo de esto hay en Alba Sobre Tablas ’13. Algo de pasión incontenida. Algo de imperfección, que hace que el arte se le pueda infiltrar. Un vino en el que no entra sulfuroso y en el que se deja que las levaduras autóctonas cedan sus aromas, que pueden no ser totalmente definidos, pero que hablan sin dudar de tierra y de mar, de bajamar con el viento de poniente. Algo de fruta blanca y de albariza agradeciendo la lluvia. En boca tiene la amplitud y la pasión de la danza del fuego. Amor brujo fresco y directo. Recuerdo que permanece apasionado y largo. ¡Como he disfrutado este vino!

Me marcho del concierto, de la mano de mi Elena, y siento como la pasión del vino y de la música se mezclan. La miro a los ojos y sonríe. Hay mucho más lenguajes universales, hoy toqué sólo vino y música. Quien sabe de dónde saldrán otras historias…

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