jueves, 5 de enero de 2017

Mirabrás 2014

El mirabrás es un cante festivo y algo anárquico, pero con toda la intensidad y el sentimiento del flamenco. Un cante para ser bailado, y disfrutado sin demasiadas complicaciones, pero que sólo es interpretado, al cante y al baile, por los que lo llevan dentro, y saben sentirlo. Un cante antiguo, con el que probablemente se "aflamencaron" algunas canciones populares en el Cádiz liberal de la época de la primera Constitución, que por lo visto sabía divertirse, aunándolo con tareas de importancia histórica. Los primeros intérpretes de estos cantes fueron de Sanlucar, algo que sin duda tiene importancia en la historia que hoy nos ocupa, que va de vino, aunque se mezcle un poco con ese flamenco que me pone la piel de gallina, y me llena el alma de sentimiento, haciéndome olvidar, a veces, eso que me decían de chico de que "los hombres no lloran".

Llamarle a un vino Mirabrás es algo expuesto. Debe ser un vino con carácter, pero a la vez accesible. No puede ser facilón, pero tampoco demasiado serio, y sobre todo tiene que hablar de la tierra de Cádiz, y contar algo de historia. Tiene que tener en sus venas algo de tradición, un cierto velo de antiguedad. Debe tener un punto de intensidad, aunado con algo de diversión.

Monserrat Molina, enóloga de Barbadillo, fue la elegida para esta apuesta fuerte, un vino de prestigio del que sólo se hacen dos mil botellas. Y ella, seleccionó una viña vieja, la del Cerro de las Leyes en el pago de Santa Lucía, sumando al reto de Mirabrás el hacerlo con una uva, la palomino, que tiene fama de simplona y plana. El terreno donde nace la uva, es suave y ondulado, con albarizas blancas que los días de sol cuesta mirar, y que contrastan animadamente con el verde intenso de las viñas. Un sitio ideal para nacer, y duro para vivir.

La tradición a este vino se la proporciona la técnica de vinificación antigua. Se asolean brevemente las uvas antes de la elaboración, y la fermentación se realiza en botas que han tenido manzanilla en sus entrañas, proporcionando de esta forma aromas de hoy a un vino de siempre. Terminada la fermentación se pasa el vino a depósitos de acero y cemento durante dieciocho meses, permitiendo que aparezca un ligero velo de flor, para darle un poco de "gracia", con paciencia. Tratando de no controlar por completo lo que debe ser arte.

Llega la suerte suprema al vino, debe salir al tablao, debe expresar su cante, y lo hace con soltura. Aroma que reta, muy complejo, en el que aparece la fruta, acompañada de atisbos de crianza biológica. Manzana ligeramente asada, junto con membrillo y ligeras notas de panadería de pueblo. Algunos ahumados que acompañan aromas melosos. Con el aire y la temperatura, algún recuerdo de resina, bosque de pinos. En la boca es serio, contundente, ligeramente punzante. Buen volumen. Salinidad, que deja paso a piel de lima y alguna nota de almendra amarga. Buena persistencia, con recuerdos ahumados, algo resinosos, y elegantes apuntes frutales. Un vino excelente.

Entre los blancos de "nuevo cuño" que se están produciendo en mi tierra hay algunos que casi podrían calificarse de experimentales, como por ejemplo El Amigo Imaginario, del que trataba la entrada anterior de este cuaderno. Este Mirabrás, aunque para los "no andaluces" pueda parecer innovador o reflejo de nuevas tendencias comerciales, tiene raíces sólidas en los vinos más tradicionales que se bebían entre la gente del campo, y que hoy se están rescatando. Seguiré rebuscando entre estos blancos, tanto tradicionales como "experimentales". Encontraré nuevas joyas. Estoy seguro que de ahí saldrán nuevas historias.

PS. La foto del Cerro de las Leyes me la ha proporcionado Armando Guerra, al que desde aquí le agradezco el apoyo para conseguir estos nuevos vinos de mi tierra,

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