jueves, 19 de enero de 2017

Socaire. Blanco de Albariza

Llevo desde que terminó el año pasado escribiendo únicamente sobre blancos gaditanos de los que se están elaborando últimamente, y la verdad es que me están gustando. Algunos de ellos tienen como denominador común la figura de Ramiro Ibáñez, que anda detrás de la elaboración, o como en el caso del vino que te presento hoy, como supervisor adicional del vino. Se trata de Socaire, un vino de Primitivo Collantes, que procede del pago Matalián. Entre tú y yo, diré que siendo chaval, más de una vez cambié de sitio algún racimo de ese campo. Fue sobre los trece o catorce años, por lo que el delito de "robauvas" ya está prescrito (espero), y confío en que Primitivo no me pase el cargo del racimo con intereses, ya que lo he confesado motu proprio.

El caso es que con este vino me ha pasado una cosa curiosa. Abrí la botella y serví un par de copas, una para mi hija Belén, copa grande de vidrio fino pero comprada en supermercado, y otra para mí, copa no tan grande recomendada por un amigo por sus supuestas virtudes para revelar el terroir. Tenía el secreto objetivo de comprobar la "evidente diferencia" entre una copa de calidad y otra del montón. Me llevé una gran sorpresa. Pero sigamos con el vino.

Como ya he comentado, se trata de un blanco elaborado con uvas palomino, procedentes del pago Matalián, a unos siete kilómetros del mar. Es un suelo de albariza, del que llaman de lentejuelas, de fácil laboreo y con una buena capacidad para retener el agua. Tierras óptimas para el cultivo de la palomino, como bien saben los Collantes, desde hace ya tres generaciones. El mosto, creo que de la cosecha de 2013, fermentó en botas que habían tenido fino, y se mantuvo allí durante veinticuatro meses.

Como decía la principio llevo ya algunas semanas probando con detenimiento estos vinos, y hay un tema que me toca las narices y que me gustaría compartir. ¿Cómo es posible que unos vinos, que en su mayoría responden a elaboraciones tradicionales no estén amparados por ninguna denominación de origen? Vinos que están muy sujetos a parcelas de un gran potencial, que en su día tuvieron renombre y fama merecidos.  Vinos ligados a la tierra, honestos, y que se ven relegados a la denominación genérica vinos de mesa. No es que a mí me parezca que el pertenecer a una denominación en este país sea hoy por hoy garantía alguna de calidad, pero me subleva que estos vinos no puedan llevar en su etiqueta con orgullo el año y el sitio en el cual nacieron.

Perdóname la digresión y volvamos al vino. Me sorprende, en mi copa "top terroir" que el vino el vino se muestre algo parco en aromas, espero unos minutos agitando la copa y nada. La verdad es que esperaba más, pregunto a Belén y ella me dice que no está mal en nariz. Tomo su copa, y en efecto, aromas de almendra, calizas, y algunas ligeras notas de caramelo y miel. Las notas de fruta, pera y manzana reineta quedan muy atrás, pero el vino tiene un aroma elegante, muy agradable, fino. Vuelvo a mi copa y sigue plana. No era problema del vino, pero la diferencia entre copas es más que evidente, en este caso a favor de la copa humilde. Me temo que la "top terroir" va a quedar relegada al fondo del armario.

Cambio a una Riedel Chianti y el vino se expresa en nariz con claridad, aparecen notas salinas, hierbas aromáticas. Los primarios muy detrás, pero la tierra y la crianza se manifiestan claras. En boca es donde el vino más destaca, con una finura y elegancia relevantes. Equilibrio y volumen, con intensidad media. Final que deja recuerdos de frutos secos con notas ligeramente balsámicas. Salinidad y atisbos calizos. Ligeramente punzante.

Dice Luis Gutiérrez en su última cata de este blanco de albariza, que es un buen vino para los que se quieren iniciar en el mundo de los generosos andaluces. Una aproximación amable y elegante. Estoy convencido de que será así, pero no hacen falta excusas para acercarse a este vino, que por encima de todo es tremendamente disfrutable. Que está muy rico, vaya.

Todavía me quedan algunos de estos blancos gaditanos, y creo que voy a a seguir dándote la brasa con ellos. Estoy convencido de que serán  nuevas y buenas historias.

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