domingo, 26 de marzo de 2017

Las 30 del Cuadrado 2015

No te sorprenderé demasiado, si vuelvo a escribir de  uno de los blancos de mi tierra. Las 30 del Cuadrado, es un vino especial. No precisamente porque se trate de un vino que innove, ni porque lo haga una pequeña bodega en la que un mayeto comience laboriosamente a darle valor a su uva. Este nuevo camino de los tradicionales blancos lo abrió hace ya algún tiempo el Equipo Navazos con su Navazos-Niepoort, del que hablaré en este cuaderno en un futuro próximo. Después,  ha sido continuado, como saben los pacientes lectores. por varias bodegas y elaboradores, con un nivel medio más que aceptable, todo hay que decirlo.

No creo que  la Bodega Hidalgo piense en este vino como una necesidad comercial. Está claro que tiene en su porfolio vinos con los que, de mantener su calidad inalterada, tiene éxito asegurado a medio plazo. Les honra, eso si, su inquietud por subirse a este nuevo tren en el que viajar por nuevos caminos, que aunque ya abiertos, pueden ser explorados y explotados para alcanzar nuevas metas y descubrir nuevos destinos.

Lo que hace de verdad  a ese blanco especial, es proceder de una pequeña finca de treinta acres (unas 12 Ha, ya son ganas de liarla) dentro del pago Balbaina Alta. Esta finca, el Cuadrado, está plantada con cepas de palomino fino de unos setenta años, y su suelo lo conforma albariza de la más  alta calidad. Le sobra edad de viña y terruño para ser un vino de "tronío", sólo falta que esos frutos los recoja y procese alguien que sepa de verdad lo que se trae entre manos. Eso lo haría realmente especial.

Las manos que elaboran son las de Bodegas Hidalgo La Gitana, a los que avalan más  de dos siglos de historia. Han ido creciendo poco a poco, que es cómo suelen salir bien las cosas. Mucho ha llovido desde que José Pantaleón comprara en 1792 una pequeña bodega de almacenaje. Desde entonces, han sobrevivido a la filoxera, a las plagas de  oídio y a unas pocas de crisis, creciendo desde casi la nada hasta donde están hoy, siendo una de las más prestigiosas bodegas del Marco. Una bodega importante, de las que no suelo escribir con frecuencia. Hoy, sin embargo. debo hacerlo, y es que su Los 30 del Cuadrado es un vino muy especial, y ante eso un aficionado como yo tiene que cerrar los ojos y pensar.

No es frecuente que viñas tan viejas como estas de El Cuadrado sigan vivas. Normalmente se las carga la búsqueda de rendimientos, la persecución de los grandes beneficios. No se porqué estas han sobrevivido a la codicia, pero doy gracias a Dios por ello. El destino las ha protegido. Probablemente tenga algo que ver con que Fermín Hidalgo sea el nuevo director general, pero la verdad es que lo desconozco.

Normalmente me gusta hablar con los bodegueros antes de publicar, para descubrir estos detalles y habitualmente me llevo grandes alegrías. Esta vez, no se si me ha dado pereza, o si es que ya estoy cansado de que los "grandes" no me contesten. Sólo podré esta vez adivinar... Bueno también gustar, que de eso va esto, sobre todo.

La uva de este pago de gran influencia atlántica se prensaron con suavidad, pasando después a fermentar en botas jerezanas que habían sido usadas previamente para manzanilla pasada Pastrana. Allí permaneció el vino seis meses con sus lías. Se embotellaron entonces cinco mil botellas, una de las cuales tuve la suerte de que cayera en mis manos. Bueno, suerte relativa, porque el corcho de no muy buena calidad (corcho prensado de longitud media/corta), estaba manchado casi hasta el extremo. No sé si el vino estaba algo afectado. ¡Señores de Hidalgo, no me ahorren en el chocolate del loro!

Sirvo el vino y está un poco cerrado, aromas animales algo intensos que me hacen pensar en la posibilidad de brett. No obstante, se va abriendo y aparecen aromas de marisma. Viento de poniente. Avellanas tostadas y membrillo maduro, hierbas aromáticas. Pero en el fondo, siguen algunas notas de piel animal, que no me parecen que sean de ahí. ¿El corcho? ¡Señores de Hidalgo! En boca, sin embargo, está limpio. Fino y fresco son las primeras palabras que me vienen a la mente. Limón, membrillo y nueces. Salinas que me llevan a casa.., y vuelta a la finura. Largo y elegante. Como ya había adelantado, un vino especial.

Como decía al principio este vino no es muy innovador, pero si que nos va confirmando la tendencia. Nos dice, que estos vinos, aunque no están hechos para salvar al Marco, tienen mucho que decir. En ellos hay mucho que disfrutar. Seguiré buscándolos y bebiéndolos, seguro que de ahí salen nuevas historias.

PS. La foto de la bodega es de la página web de la bodega, que ha tenido la cortesía de permitirme utilizarla.

2 comentarios:

  1. Hola Vicente,
    en el reciente artículo de Daniel Cervera en Verema cuenta un poco el asunto de esas viñas.

    Saludos,

    Jose

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    1. Muchas gracias, Jose. En efecto, parece que estas viñas fueron salvadas "in extremis" por Fermín Hidalgo. Una suerte que este vino haya podido elaborarse, porque como decía es especial. Lástima que sea tan escaso.

      Saludos,
      Vicente

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