miércoles, 22 de marzo de 2017

Malaspiedras 2015. La Bendición de la "Mala" Tierra

La historia de hoy, la de la Bodega Compañon Arrieta, comenzó hace más de cuarenta años en Lanciego, Rioja Alavesa. Allí el abuelo de Itxaso trabajó unas viñas plantadas en suelos pedregosos. Eran los más asequibles, los que más costaba trabajar, y a los que habitualmente se les sacaba menos rendimiento. La "mala" tierra. Sin embargo, la "maldición" de trabajar aquellos terrenos plagados de piedras, se ha vuelto hoy bendición al hacer que las viñas, buscando su sustento, hayan penetrado con hondura la tierra, sacando de ella su esencia, ofreciendo la mejor fruta a los que tienen la constancia de vivir con ella.

"El Mozo", apodo con el que llamaban al abuelo de Itxaso, junto con sus dos hijos, Félix y Alberto, trabajaron aquellos viñedos, colaborando con la tierra y elaborando vinos que vendían a granel, la
práctica habitual de la época. Así fue hasta que el destino decidió que ellos tres ya habían dado bastante y merecían descansar. Itxaso por aquel entonces vivía en Barcelona con Gorka, estudiando cine. Había colaborado en los trabajos de la viña esporádicamente, pero ni por un momento pensó en dedicarse a la agricultura, pero cuando llegó el momento, los dos dieron un paso adelante y se aprestaron a recibir el tesoro que les legaba su familia.

El tesoro se compone hoy de dieciocho pequeñas parcelas en Lanciego, que entre todas hacen unas nueve hectáreas. Algunas de ellas llevan plantadas más de setenta años. Casi todas con tempranillo, pero hay alguna cepa de viura, y una suelta de garnacha. Cepas acompañadas por viejos olivos que han contemplado ya tres generaciones, junto a las viñas. Itxaso y Gorka las trabajan con cuidado, casi con mimo, tratando de transmitir su legado en forma de vino, de pequeñas elaboraciones que transmiten el carácter de esta tierra dura, pero generosa. Cuidan la tierra, para que tal vez un día el pequeño Unai la reciba, al menos, en las mismas condiciones que sus abuelos la dejaron.

Gorka ha tenido la amabilidad de dedicarme unos minutos. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que la tierra le ha "pillado". Me cuenta su filosofía de mínima intervención en el viñedo, dedicada a conseguir la mayor calidad posible de la uva. Me dice que lo que ellos desean transmitir es el especial sabor de la fruta que ofrece esta tierra hecha vino. No le importa sacrificar para ello algo de complejidad aromática. Prefiere que sean las mismas uvas las que inicien la fermentación. Trabaja observando donde puede se expresa mejor, si con el tradicional método de maceración carbónica, o despalillando si hay riesgo de que se transmita algo de verdor. Le pregunto y adivino una sonrisa con su respuesta: "Me encanta lo que hago".

Hoy  me gustaría dedicar la historia a Malaspiedras 2015, DOCa Rioja, la tercera añada que Gorka e Itxaso elaboran de este vino. Utilizan las uvas de cinco de sus parcelas, El Plano, Balondo, Vasconegro, El Anagorio y  una quinta cercana al pueblo. La uva es tratada con cuidado. Vendimiada a mano. Fermentada en maceradores de plástico abiertos de unos mil kilos, cada parcela por separado, respetando su esencia. La fermentación se produce de forma espontánea, con las levaduras propias de la uva. No hay nada externo que interfiera un proceso completamente natural. Fnalizada la fermentación, la crianza se produce en botas de roble de quinientos litro de diversas procedencias: francés, americano y húngaro. Se embotelló sobre julio de 2015, después de haber pasado unos ocho meses de crianza. Un vino de la tierra, artesano.

Lo "enfrento" con unas albóndigas a la jardinera que hice estrenando mi olla de cocción lenta. Guisantes y judias verdes frescos, un par de tomates rallados, cebolla y ajo, algo de apio. A las dos horas, añado unas albóndigas de carne vaca vieja mezclada con algo de pan blanco mojado en leche y unos huevos. Tres horas y media más de cocción y a dejar reposar. las comeremos al día siguiente. Como ves, en  la cocina no me dejo llevar por las prisas. ¡Pobre de mi santa, que me soporta!

La cocción lenta hace que el guiso salga especialmente sabroso. Pensé en principio ponerle delante un blanco de mi tierra, con carácter. No sé si la intensidad de este tinto va a "matar" el guiso, pero haciendo un "alarde de arrojo" me arriesgo.

El vino recibe con un aroma intenso de zarzamoras maduras, combinadas con el toque dulzón que dan la canela y el clavo de olor. Algún toque láctico, pero domina sin duda alguna la fruta, la madera acompaña bien, sin destacar. En boca es una explosión frutal, apoyada por una acidez suficiente. Muy amplio, aunque no demasiado largo. El tanino algo agreste y secante me dice que tal vez abrí pronto la botella. No le hago mucho caso. Me deja en la boca algún toque de menta, que envuelve las moras que se presentaron en la nariz y que son las protagonistas. Sin discusión. Buscan fruta y la hay, buena fruta.

Combina bien con las sencillas albóndigas, en un juego de intensidades que se acompañan, sin molestarse. En la mesa bebemos tres y lo mejor que puedo decir de este vino, más que hablar de su carácter moderno, o de la extracción que se adivina, es que la botella se vació sin sentirlo. Un vino honesto, que disfrutamos sinceramente y del que tengo un par de botellas,que presumiblemente no durarán mucho.

Me cuentan que Gorka e Itxaso elaboran algunos vinos de parcela... los buscaré. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

PS. Los sitios donde he encontrado el vino a mejor precio han sido La Tintorería  tanto en Madrid, cómo por internet por 11.5 €.

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