viernes, 28 de abril de 2017

Tintos de Ribera del Duero. ¿Elegancia y frescura?

Ribera del Duero tiene fama entre los aficionados de vinos muy concentrados y en los que la madera no deja percibir la fruta con claridad. Como casi todas las afirmaciones categóricas, está bastante lejos de la verdad y es especialmente injusta con aquellos elaboradores que elaboran vinos de una calidad más que contrastada. Me vienen a la cabeza mis amigos de Alonso del Yerro y los de De Blas Serrano, por citar algunos cuyos vinos están cerca del perfil más bordelés de la Ribera, y con cuyos vinos he disfrutado muchísimo. Abanderando unos vinos algo más ligeros, pero de gran elegancia y muy bebibles, también me gustaría mencionar a Alfredo Maestro, que elabora en la zona, aunque no esté dentro de la denominación. Sus vinos me gustan desde hace ya tiempo, como puedes comprobar en una de las primeras entradas de este cuaderno.

Esta era la idea que me rondaba la cabeza cuando unos amigos me propusieron que organizara para ellos una cata de iniciación. Se declaraban aficionados al roble “más cremoso” de Ribera del Duero. No citaré nombres de los vinos que les gustan, porque no soy demasiado amigo de polémicas vanas. Si diré, que me pareció una magnífica oportunidad para desmontar clichés y sorprenderles con vinos con los que me parecía que iban a disfrutar, incluso sin ellos saberlo todavía.

Hace ya tiempo publiqué en el Huffington Post un artículo sobre mi opinión acerca de la famosa disyuntiva “ribera o rioja” y esta era una ocasión para traer a luz mis puntos de vista sobre el tema. De manera que partiendo de mi propia experiencia, corroborada con el asesoramiento técnico de Juanma de Enoteca Barolo, elegí cinco vinos y esperé a que llegara el día. Hacer una cata para unos amigos tiene una componente de riesgo que asumo con cierto temor. En esta ocasión no estaba en absoluto fundado, como verás a continuación.

Mis amigos tienen el perfil medio de la persona que bebe vino en España. Esto es, tienen una cultura enológica escasilla. No creo que haga falta tener ninguna para poder disfrutar un vino, pero ya que me han pedido una cata de iniciación, que menos que darles unas ideas generales sobre cómo se hace un vino. Les vendrá bien, especialmente para saber después de donde vienen los olores y sabores que experimentarán. En otras catas que he organizado, estas ideas generales las completo en unos treinta minutos. Sin embargo, es tal el interés que tienen y el número de preguntas que hacen, gracias a Dios fáciles, que nos vamos a la hora y media, para desesperación de Elena, mi santa esposa, y para mi satisfacción, que no siempre tengo una escucha tan atenta.

Les explico los fundamentos de la cata, mientras vamos probando Quinta Milú 2016, un vino elaborado con tinta del país y con una crianza de seis meses en barricas usadas. El vino es una explosión de fruta roja, con unas sutiles notas tostadas y especiadas detrás. La fruta la detectan con mucha facilidad. No es un tinto demasiado complejo, pero su intensidad frutal en boca es inmensa. No viene mal para explicar el concepto de volumen, aunque es cierto que se queda un poco delante de la boca. De cualquier manera, es lo que se espera de un vino con poca crianza. Suave, frutal e intenso son palabras que resumen este vino, que no se bebe mal.

Antes de entrar en harina, bebemos Súbito 2014, un vino con una cierta elegancia y que se bebe bien. En nariz fruta roja y notas de monte bajo, que muestran como la fruta debe ser protagonista en un vino bien elaborado. En boca es agradable, pero su persistencia es mejorable. Detectan perfectamente cómo el final cítrico está algo vacío, necesita algo de profundidad, fruta que lo redondee.
Mis amigos son muy aficionados a los vinos de Bodegas Arzuaga, por lo que, como testigo de la corriente “parkeriana” de la Ribera del Duero les ofrezco La Planta 2014. En nariz dominan los tostados, que tapan casi por completo la fruta. En boca también hay mucha influencia de la crianza en barrica. Les pregunto, ¿recordáis de dónde vienen los aromas tostados en la elaboración del vino? Lo saben perfectamente, también los posibles motivos de que en un vino la presencia de la fruta sea tan leve. Les pido que dejen el vino en la copa y pasamos al siguiente.

Castrillo del Duero 2014, un vino de la tierra de Castilla y León, nos sirve perfectamente para comprobar como la fruta, bien acompañada por notas de monte bajo, especiadas y con algunos matices balsámicos, puede ser protagonista en un vino con crianza. Aroma agradable, con algunos recuerdos de vainilla, que nos ofrece la versión más clásica de la “ribera” de Alfredo Maestro. Se miran y sonríen. Bueno, todos menos uno.

Finalizamos la cata con La Olmera 2013. Un vino que encuentro especialmente redondo. El monte destaca al principio, dejando poso a poco aparecer a una fruta más tímida, pero reconocible. Pimienta y algo de clavo de olor en un aroma complejo y agradable en el que aparecen también algunas notas de cuero. En boca muy suave, fresco y persistente, con buena presencia de la fruta al final. De los vinos de Alfredo siempre me gustó más La Guindalera, pero hoy este tinto ha dado la talla. Sin problemas.

Volvemos a La Planta y con la temperatura  la intensidad de los tostados sigue subiendo. Resiste este tinto  con dificultad el envite de La Olmera. Sonrío y me devuelven la sonrisa. Bueno, todos menos uno. Me ha encantado como se ha desarrollado la cata, especialmente porque cada uno ha sacado sus conclusiones. En esto del vino lo importante es disfrutar, ser libre. No son buenas en este mundillo las verdades absolutas. El conocimiento lo que puede hacer es ayudarte a descubrir, a perfilar tus gustos.

Les invito a ver en qué botellas queda vino. Una muestra inequívoca de cuales han gustado más. Pasamos a cenar y a reírnos. El vino, en su medida justa, desinhibe y ayuda a la amistad. Hay quien se lleva a la mesa la botella que a él le gusta y es perfecto. En esto del vino hay que ser libre. El conocimiento es siempre un buen aliado de la libertad.

Hay quien habla de una próxima cata. Suena La Mancha, puede que de ahí salga una nueva historia.

lunes, 24 de abril de 2017

La Locomotora Crianza 2014. La Etiqueta que me Hizo Catar un Vino

Es curiosa la forma en que La Locomotora Crianza 2014 consiguió ponerse el primero en la serie de catas de vino. Cómo bien sabes llevo una temporada explorando tempranillos de La Rioja. Tengo unas cuantas botellas esperando en el trastero y las voy eligiendo sin ningún orden concreto. Voy mirando las botellas y la que pulsa el ánimo es la siguiente. En La Locomotora me llamó mucho la atención la etiqueta. Probablemente no gane ningún concurso de diseño. Pero el color azul brillante, la locomotora de vapor y el recuerdo a la Navidad que me produjeron los adornos brillantes captaron mi atención rápidamente. Me gusta también la referencia al ferrocarril, de tanta importancia para el desarrollo del comercio de los vinos de Rioja. No en vano la mayoría de los barrios de bodegas en estos pueblos están alrededor de la estación local.

Curioseando después, he encontrado en el blog de Vila Viniteca una magnífica entrada de Claret Serrahima sobre este mundo de las etiquetas, al que muchas veces no se le da la importancia que realmente tiene.especialmente en un país en que la cultura del vino es tan pobre como en el nuestro. Aquí puede tener un poder importante en la decisión de elegir una u otra botella por un consumidor, sobre todo en los lineales de los supermercados.

Pero vayamos a este La Locomotora, que forma parte del proyecto Uvas Felices de Vila Viniteca, en esta ocasión junto con Miguel Ángel de Gregorio, que elabora este vino y cómo ya vimos en la anterior entrada hace también los de la serie Paisajes. Vinos muy a tener en cuenta. Lo que se pretende conseguir son vinos de larga guarda y con un perfil clásico, es decir, sin excesos de extracción, suave y en el que la madera tenga su protagonismo justo, sin restar a la fruta su papel.

La Locomotora Crianza 2014 se elabora en la bodega Finca Nueva, cuyos vinos ya caté con La Despeña hace algunos años. Me parecieron unos vinos bien hechos, no excesivamente complejos, dedicados a un público que pretende disfrutarlos sin más complicaciones. Vinos sencillos y muy accesibles. Agradables y dirigidos de forma especial a un público joven que desee iniciarse en este apasionante mundo del vino.

La Locomotora 2014 se elabora con tempranillo de Briones, Logroño. Las uvas se despalillaron y se maceraron en frío, fermentándose después a temperatura controlada de 28º. Una intervención importante, la del control de temperatura, qué nos dice que se va buscando un perfil de vino muy concreto y no se quiere dejar a la añada definirse con completa libertad. Al vino se le dio una crianza posterior de doce meses en barricas de roble francés, produciéndose cuarenta mil botellas de este vino.

Pasamos a la cata del vino, que resulta expresivo en nariz. La fruta es sin lugar a dudas la protagonista, encontrándose con facilidad fresas maduras, junto a flores secas. Algo de pimienta blanca y recuerdos de incienso. Me trae a la memoria la reciente Semana Santa sevillana. En boca es amplio y muy frutal. Sencillo y directo. Suave y con la acidez está bien integrada. Permanece un par de segundos, dejando un final de fresas, casi en mermelada y esa punta de incienso tan personal.

Un vino con todo en su sitio, algo goloso, pero que se compensa con una acidez suficiente. Me recuerda mucho a los Finca Nueva de Miguel Ángel de Gregorio, y lo veo en esa línea, más de vino fácil de beber, con un cierto deje comercia. Yo, desde luego, no lo guardaría demasiado. Se bebe bastante bien. Un rioja con el que contentar al “cuñadismo” sin tener que hacer concesiones excesivas.

A Belén el vino le gusta, aunque en principio no parece decirle demasiado. Encuentra que se bebe bien, pero el sabor no le parece que tenga mucha personalidad. Es después, cuando lo bebe mientras cenamos, cuando le parece que acompaña la comida muy bien, por su frescura y su fruta. Me encanta compartir con ella los puntos de vista, aunque como irás viendo no siempre coincidimos, aunque haya sido yo el que le haya introducido en este mundillo. Lo importante es ayudarle a desarrollar su propio gusto, sin dirigirla demasiado hacia los míos.

Estamos de acuerdo, Belén y yo, en que se trata de un vino comercial, hecho para que guste a la mayoría de los que lo prueben. En este caso, sin embargo, yo no pensaría en esto como algo que le quite mérito. Mi impresión es que está bien hecho, equilibrado, suave y con muy buena intensidad. Le falta el tener algo más de complejidad, especialmente en nariz y también en boca que le de algo más de personalidad. Resumiendo, disfrutable pero sin llegar a ser emocionante.

Está siendo muy interesante este recorrido por los básicos riojanos elaborados con tempranillo como variedad principal. Seguiré buscando, espero contar pronto nuevas historias.

PS. Si te ha gustado, comenta y me das una alegría.

jueves, 20 de abril de 2017

Paisajes Valsalado 2014. Volviendo a las Raices de La Rioja

Ando buscando pequeñas bodegas de Rioja que hagan buenos tempranillos, como habrás podido comprobar si sigues este cuaderno desde hace más de un mes. Cuando David me sugirió este Paisajes Valsalado, pensé que no era de una bodega pequeña. Lo hace Miguel Ángel de Gregorio, un hombre curtido y buen conocedor del mundo del vino, pero que genera un volumen relevante y que, para mí, tiene el inconveniente adicional de que no siempre entiendo sus vinos.

Además de lo anterior, el tempranillo no es la variedad mayoritaria, comparte el ensamblaje con un 40% de garnacha, un 10% de graciano y otro tanto de mazuelo. Sin embargo, algo dentro de mí me dijo que merecía la pena probarlo, que tenía que interrumpir la línea de tempranillos riojanos para probar este vino. Si piensas que tampoco es para tanto, que no merece la pena darle tantas vueltas a probar un vino nuevo, tienes toda la razón, pero ya me irás conociendo. Tengo mente de economista cuadriculado y voy siguiendo los hilos como buen analista. Vamos, que soy flexible como el acero al tungsteno. Aún así no ha estado mal, romperé la línea de vez en cuando... si puedo.

Pero empecemos esta historia por el principio. En el siglo XIX, en La Rioja se elaboraban vinos de parcela, mezclándose en las viñas variedades diferentes con el objeto de garantizar la producción y de hacer un vino en que las diferentes variedades de uva aportaran beneficios al vino (color, acidez, estructura, etc.) La elaboración era parecida a la maceración carbónica actual, realizándose la fermentación de racimos enteros. Eran vinos parecidos a lo que hoy conocemos como vinos de cosechero.

Todo era paz y armonía en La Rioja, desconocedora de que, a unos cientos de kilómetros, un bichito muy simpático, la filoxera, estaba parasitando las vides de Burdeos. Este insecto tiene hijos muy malcriados, que se dedican a chuparle la savia a las cepas, produciendo tumores en las raíces y haciendo que la planta muera en unos tres años. Como ves, un bichito simpático.

El caso es que los comerciantes de Burdeos se vieron en la necesidad de encontrar vinos de características similares en una zona cercana. Hay que tener en cuenta que el estilo de Burdeos siempre fue realizar ensamblajes con uvas diferentes, normalmente merlot y cabernet sauvignon, y de varias zonas, tratando de mantener constante el estilo de la casa. Y, ¿donde fueron a buscar? Lo has adivinado, a La Rioja. Empezó de esta manera a elaborarse aquí al estilo de Burdeos, perdiéndose en cierta forma el factor "parcela" y disminuyendo las elaboraciones de cosechero.

Llegados a este punto, te preguntarás qué tiene ésto que ver con Paisajes de Valsalado. Y yo te lo explico, pero para eso tengo que presentarte a Quim Vila, el propietario de la famosa tienda de vinos y licores Vila Viniteca. Quim es uno de los mayores conocedores del vino español y, especialmente, de su comercio. He tenido la oportunidad de asistir a alguna cata coordinada por él y allí descubrí una faceta de su personalidad muy importante para que naciera este vino: es un gran detector de tendencias, impulsando personalmente aquellas en las que se siente más comprometido. Éste precisamente es el caso de este vino.

Con Paisaje Valsalado, Quim Vila encarga a Miguel Ángel de Gregorio un vino que exprese el viñedo del que procede, un vino de parcela que haga un guiño a las bodegas riojanas de antaño. Proceden las uvas con que se elabora este vino de una parcela en Briones, que plantó en su día el padre de Miguel Ángel. Cepas de cuatro variedades en la misma viña, a la antigua.

Paisajes Valsalado 2014 (40% tempranillo, 40% garnacha, 10% mazuelo, 10% graciano) DOCa Rioja, tiene una crianza de dieciséis meses en barricas de roble francés, efectuándose tres trasiegos para afinar el vino. En nariz aparecen aromas de fruta roja fresca, acompañadas por notas de hierbas aromáticas y algo de eucalipto. Alguna nota tostada, muy bien integrada. En boca es amplio, con acidez suficiente y un punto licoroso. Taninos algo secantes, marcados, les queda un poco por domar aún. Finaliza con notas balsámicas, dejando un amargor elegante con persistencia media.

Un vino con el que he disfrutado, animándome a seguir buscando estas colaboraciones entre los Vila y los De Gregorio, que en esta ocasión me han dado una buena alegría. Estoy seguro de que por aquí encontraré nuevas historias.

lunes, 17 de abril de 2017

Forlong 80/20 2016. Alma Antigua para un Vino Nuevo

Hoy quiero compartir contigo mis impresiones sobre otro de los nuevos blancos andaluces que me ha impresionado, por el vino y por la historia que tiene detrás. Se trata de Forlong 80/20 2016, de una bodega gaditana que va creciendo a buen ritmo, pero sobre cimientos sólidos. Pero, ¿qué es esto de Forlong? ¿De dónde viene este nombre? Como siempre, he investigado concienzudamente. Las conclusiones a que he llegado pueden llevarme lejos en esto de la ciencia histórica.

Las primeras referencias a este nombre nos llevan a "Forlong the Fat", señor de Lossarnach, el cual con muchos de sus seguidores luchó en la defensa de Gondor en la última de las guerras del anillo. Más concretamente, acudió en ayuda de Minas Tirith junto a doscientos caballeros, donde fue recibido con la canción "Forlong, Forlong, verdadero amigo, verdadero corazón". Desgraciadamente, fue abatido cuando su partida auxiliaba a los Rohirrim. Desmontado y solo, fue abatido por las hachas de los orcos de las Tierras del Este.

Estoy casi seguro de que a estas alturas estás alucinando, pero queda un poco más. Yo siempre había pensado que en mi tierra se asentaban los fundamentos de la Comarca, por eso de las gentes divertidas y despreocupadas. Estas últimas investigaciones, sin embargo, me llevan a pensar, que el Sur se cimienta más bien sobre Gondor, la tierra de los caballeros de Rohan. Eso explica muchas cosas, entre otras, mi metro ochenta y cuatro, que tiene poco que ver con un mediano. Viendo el apodo del señor Forlong, también se ve la razón de mi porte aguerrido.

Pero no sólo explica esto. Como veremos, el espíritu del señor de Lossarnach sigue vivo por las tierras que hoy se llaman Forlon. De todos es conocida la afición de mis paisanos de acortar las palabras. Una "g" al final no sirve "pa'ná", que dirían por el Puerto. Y, ¿cómo llego a esta aventurada conclusión? Muy fácil, déjame que te lo explique. Un poco de paciencia.

Hay quien explica el nombre de esta finca porque su propietario en el siglo XVII fue un comerciante británico de nombre Peter Furlong. Sin embargo, ¿Cómo explica estoue dos jóvenes; Rocio, que trabajaba en la Bodega Luis Pérez y Alejandro, que se vino desde Burdeos, lo dejen todo y emprendan esta nueva aventura en su tierra? Habrá quien diga que les llamó el iniciar un proyecto diferente en su tierra, que cómo sabes tiene muy arraigada la cultura del vino. Habrá quien diga que querían hacer vinos a su manera, dando valor real al terruño y al viñedo. Puede que esas razones hayan influido, pero sigo convencido que el espíritu del aventurero desprendido y entregado Forlong the Fat sigue rondando y animando por la zona.

Pero, permíteme que vayamos al vino y nos dejemos de disquisiciones históricas. Esta añada de Forlong 80-20 es la segunda que sale al mercado. Aún cuando han mantenido el nombre, en esta cosecha se ha macerado con las pieles todo el vino, no sólo el 20%. Otra particularidad de esta cosecha, es que la maceración se ha realizado con lías y hollejos de uvas pedro ximenez, buscando darle más carácter al vino. Entienden que la palomino necesita un "empujoncillo" para ganar en complejidad. hay que decir que esta técnica se usa también en Italia para elaborar los Valpolicella Ripasso.

Me encuentro por la tanto ante un vino nuevo, en el que hay algo de tradición. Elaborar un blanco macerando con los hollejos, como si fuera un tinto no es nuevo. Era una práctica habitual hace años. Pero en este Forlong 80/20 hay también mucho de innovación, casi de experimentación. Es tremenda la inquietud de espíritu de Rocío y Alejandro, siempre ávidos de buscar nuevos caminos, de incorporar nuevas técnicas.

Pero, al final, lo importante en este asunto es el vino, y este no se porta mal. Es fácil de beber, aunque no le falta complejidad, ni está exento de personalidad. Muy aromático, dominando los recuerdos florales a jazmín y rosa. Se adivina un toque de fresa ácida, no muy habitual en un blanco y algo de melón cantalup (el de color naranja). En la boca es amplio y frutal. Para mi gusto le vendría bien una punta más de acidez, pero no disminuye esto el atractivo del vino, que tiene un final largo con un ligero amargor y notas calizas.

Como va siendo habitual, he incorporado a mi hija Belén al "comité de cata". No tiene mucha experiencia, pero le apasiona el mundo del vino, y su opinión es fresca y sincera. Suele probarlo en mi copa y si le gusta servirse. Este blanco le gusta, le parece que se bebe con facilidad, aunque en honor a la verdad no le entusiasmó. El perfil de este vino puede tener un punto friki al que puede que no esté habituada.

Desde luego, seguiré bebiendo vinos de esta bodega de mis casi paisanos, que estoy seguro de que seguirán sorprendiéndome con vinos como este. Les auguro la excelente progresión que merecen por su dedicación, su amor a la tierra y sus conocimientos. Estaré al tanto, porque seguro que de ahí saldrán nuevas historias.



miércoles, 12 de abril de 2017

Angelita. I Shall Return

Nos quedamos en la última entrada en la barra de Angelita, que no es un mal sitio para estar. Me encantan los restaurantes con una barra interesante. Recuerdo los excelentes momentos pasados en la del Faro de Cádiz, probando los platos del restaurante a precios más que comedidos. El único problema allí era conseguir dos centímetros en los que poner la copa. En Angelita no falta el espacio cuando llego, después van acudiendo algunos parroquianos, pero sin perderse nunca la sensación de amplitud.

En una pequeña pizarra en el extremo veo la oferta gastronómica para tomar en la barra. Me parece de lo más apetecible, no me cuesta trabajo decidirme. Los vinos no están cerrados, pero mi confianza en David para estos temas es ciega. He ido por allí tres o cuatro veces y conoce mis gustos perfectamente, lo que le permite hacer algunas elecciones con cierto riesgo, como el La Roche Bézigon 2015 que me recomienda para acompañar los pimientos. Un vino de un productor de Anjou algo excéntrico que lleva las oxidaciones al límite. No apto para todos los paladares, pero que realmente me gustó. Manzana reineta algo verde, corteza de lima y almendras aparecen en una nariz alegre, sin complejos. En boca es amplio y suave. La volátil (olor acético) se marca algo, pero a mí no me molesta. Algo friki, pero bebible.

Casi paso la ensalada de pimientos asados por alto, y desde luego no sería justo. Un plato tremendamente sencillo con el que disfruto en grande. Acompañan a los pimientos dos boquerones en vinagre prietos, en su punto de acidez, que contrastan de maravilla con el dulzor de los pimientos asados, que tienen un aliño muy suave. Jugueteando en el plato una frambuesa fresca, que pone un punto de alegría con el cambio de sabor y textura. Combinó bien con el blanco que me ofreció David.

Le sigue un plato que me encanta, carpaccio de portobello con yema curada. Tenía un aroma tan atractivo que no me acordé de hacerle una foto. Lo siento. Exquisito es una palabra que lo define a la perfección. La yema se parte sobre las láminas de hongo y aparece en el aire un perfume ligeramente trufado que hace que olvide la cámara y me dedique a lo que me gusta, ¡comer! Un carnaval de sabores y texturas llena la boca. El borde ligeramente crujiente, la suavidad propia de la carne del portobello y el sabor y textura del cebollino se mezclan en una sinfonía que me centra en el disfrute de la comida, aislándome del entorno.

Para este plato delicado me sugieren Le Batard, un vino hecho en viñedos del Jorgo, Cebreros, por Raul Pérez para mis amigos de La Tintorería. No lo conocía, probablemente sólo se distribuya a restauración. En cualquier caso, mereció la pena probarlo. Fruta roja muy fresca, algo de eucalipto y monte bajo. Pimienta negra. En boca es intenso y muy fresco. Vuelven los frutos rojos sugeridos en la nariz. Final muy fresco, en el que hierbas aromáticas y fruta dejan un recuerdo amable. Quizás al portobello le hubiera venido bien un punto menos de intensidad, pero aún así la combinación me dejará un grato recuerdo impreso en la memoria.

El último plato del menú de barra es carrilleras al vino. El punto es delicioso, con la carne tierna que se deshace en la boca. Sabor intenso, puede que haya paladares que puedan encontrarlo un punto fuera de equilibrio, pero a mi me pareció sabroso en medida justa. Una almendra en la salsa es el punto simpático, cuya textura sorprende y saca una sonrisa. Un plato clásico, bien ejecutado, con magnífico producto, derrochando sabor.

David me propone un vino chileno para acompañar las carrilleras. No estoy muy ducho en los vinos sudamericanos, pero este pinot noir de Izarraguirre me muestra que es una asignatura que debo acometer a la mayor brevedad. Un vino elegante, con aromas de frutas rojas muy frescas, hierbas aromáticas como romero y salvia, algo de eucalipto y un fondo terroso en el que hay notas de champiñones. Si es elegante en nariz, en la boca no queda a la zaga. Muy fresco, lineal, con fruta roja abundante. Muy suave, con tanino marcado pero redondo. Amplio y persistente. Final en el que se combinan el romero y las frambuesas, con una acidez magnífica. Un vino notable.

Para finalizar me proponen unos quesos y, para acompañarlos, un amontillado que es el broche perfecto para la comida, el de Barbadillo VORS. Un vino que envuelve perfectamente los quesos, creando una armonía para la que sería necesario cerrar los ojos.

Finalizada la comida y, después de agradecer a David el magnífico rato que he pasado en su casa, vuelvo a Colmenar. Queda en mi mente el recuerdo de los interesantes vinos bebidos, de la armonía de los platos en la vista y en el gusto. No olvidaré fácilmente esos portobello, ni el pinot noir chileno, que me hace pensar en abrir las miras hacia nuestros hermanos del sur, durante tanto tiempo abandonados. Pero sobre todo resuena en mi mente una frase histórica: "I shall return".

Puede que de ahí salgan nuevas historias.



domingo, 9 de abril de 2017

Brandy de Jerez. Espíritu de Vino

Con este nombre se presentó la "master class" que ofreció el Consejo Denominador Brandy de Jerez en el madrileño restaurante Angelita. Cuando recibí la invitación, le di muchas vueltas a cuál sería la razón por la que contaron conmigo. Puede que fuera porque últimamente he estado escribiendo sobre los vinos de mi tierra, aunque cuando los he repasado, he visto que la mayoría son vinos sin denominación de origen. El caso es que no le di muchas vueltas más y un poco pagado de mí mismo cogí el camino de uno de mis restaurantes favoritos de Madrid.

Llego pronto, y voy viendo entrar a los concurrentes a la clase.  Mi sensación de desapego se incrementa. Sin duda se conocen. La mayoría deben ser barmans profesionales, entre los que se prodigan tatuajes y musculación en los chicos, y figuras de infarto en las chicas. Porque no veo un espejo cerca, pero no termino de ver en cual de las dos clasificaciones encajo.

Bromas aparte. Nos recibe Carmen Aumesquet, directora de comunicación del consejo regulador, que nos hace una breve introducción  histórica de cómo comienzan a realizarse destilaciones en la zona de Cádiz. Parece ser que ya en el siglo IX, después de que se produjera la invasión musulmana de mi tierra,  mis paisanos ya hacían vino, y había grandes superficies dedicadas a la viña. Como la religión musulmana no permite la ingesta de bebidas alcohólicas, estos chicos, que listos sí que eran, comenzaron la producción de alcohol para usos higiénicos y terapéuticos, con técnicas que los chinos utilizaban desde hacía siglos.

A continuación, Carmen nos comenta de forma breve el proceso de elaboración de estos destilados, que proceden de los vinos jóvenes de palomino, procesados bien con alambique, o de forma más moderna. con torres de destilación. Estas últimas tienen la ventaja de que permiten controlar la graduación del destilado resultante. Para que pueda etiquetarse como brandy de jerez, debe someterse a una crianza de al menos seis meses en bota bodeguera usada anteriormente para producir vino de jerez.

Nos han preparado una cata muy ilustrativa, con varias botellitas endiabladamente difíciles de abrir, que contienen muestras de diversos destilados, y brandies de edades diferentes. Comienza la cata con una muestra de aguardiente procedente de melaza de remolacha. Puro alcohol. Se me quedan dos ideas. la primera después de oler ese "veneno" es que hay que tener cuidadito con lo que se bebe, y la segunda, que hay que tener "mala baba" para hacernos oler este brebaje. Dicho sea sin acritud.

A continuación catamos un destilado de vino de 86º, en el que ya se aprecia una mayor complejidad. Es bastante alcohólico, pero le acompañan matices herbáceos y de anís estrellado. La holanda de vino que viene a continuación es menos alcohólica y más compleja, con matices balsámicos.

Llegamos a un brandy solera y aquí ya el alcohol se muestra entre un amplio abanico de matices de azúcar caramelizado, hierbas secas, almendras tostadas y guindas en licor. Donde la cata llega a su culmen es cuando comparamos dos brandies gran reserva, uno criado en botas de oloroso y otro en unas que se han usado para elaborar vinos dulces de pedro ximenez. Lo que en uno son aromas de maderas nobles, manzanilla seca y caramelo amargo, en el otro se percibe como arrope, miel y guindas en licor. Dos mundos complementarios, e igualmente disfrutables.

Pasamos al piso de abajo, al bar americano de Angelita, donde Juan Valls nos muestra las posibilidades del brandy en el mundo de la coctelería. Probamos cinco combinados. El primero de ellos, una creación de Juan,  que él denomina Brandy de Jerez Coffee Cooler, es muy refrescante. El brandy está  mezclado con ginger ale, algo de zumo de naranja y limón, y un toque de café torrefacto. La verdad es que se bebe peligrosamente bien. Muy fresco y ligero.

Las explicaciones de los diferentes cócteles van a un ritmo endiablado, y mi pobre cerebro va cada vez más lento por los beneficios de la ingesta de estos combinados. Una falso refresco de cola sigue a continuación. Muy divertido, porque la apariencia visual es la de una cola, pero tiene un sabor mucho más complejo e interesante. Una especie de trampantojo.

También en la misma onda de cócteles divertidos está el "crystal punch", una bebida realmente cristalina, elaborada con brandy, leche, zumo de limón y especias. Cuando lo pruebo me sorprende el sabor que recuerda a los de los ponches que hacía mi abuela, aunque más rico en matices especiados, cítricos y  algo dulzones.

Llego hasta el cóctel de brandy con kombucha, un fermentado aromatizado con té y azucar. Tremendamente original, fresco y con un toque herbáceo elegante. Un cóctel que segun Juan ha nacido en bares de Estados Unidos como propuesta ante la cada vez mayor demanda de productos veganos.  Lo que me queda claro es la versatilidad del brandy como base de combinados. La cara de interés de los asistentes lo demuestra. Yo lo veo con un poco de distancia, en parte porque empiezo a perderme una de cada cuatro o cinco palabras con las que Juan va explicando sus propuestas de cócteles.

Subo las escaleras, y después de un paseo en el que voy dando vueltas con una sonrisa a las variadas propuestas de combinados, me dirijo a Angelita, entro y me siento delante de la barra, en la que me recibe David...  pero eso será el motivo de la próxima historia.

miércoles, 5 de abril de 2017

The Wine Attack. Las Moradas de San Martín

Hace ya un par de meses que abrió una nueva tienda de vinos en Madrid, The Wine Attack. Entre los socios acompañan a mi amigo Samuel Cano, Ezequiel de Reserva y Cata, Carlos que dejó Le Petit Bistrot para empezar esta nueva aventura y un hombre singular, Antonio Sicurezza, un italiano, gran conocedor de los vinos austriacos, que habla un perfecto inglés y enamorado de los vinos naturales. Wina Attack es algo más que una tienda, se pueden concertar comidas o cenas acompañándolas con los vinos a precio de tienda y los fines de semana por la tarde, funciona como un bar de vinos de estilo francés.

Los que ya conozcan la cocina de Carlos por haber acudido a Le Petit Bistrot no necesitan que les explique las pequeñas obras de arte que hace este hombre enorme, en volumen y en calidad personal. Si no les conoces, sólo puedo recomendarte que te pases por allí. Precios muy comedidos, comidas deliciosas y vinos naturales.

Puede que ahora estés arrugando la nariz, pensando en vinos algo avinagrados, con volátiles altas, turbios. Vinos para frikis, vaya. Algunos de esos hay, no te voy a mentir, pero puedes dejarte aconsejar por Antonio, que te llevará a vinos perfectamente disfrutables por todos los paladares, incluso los menos iniciados. El porfolio de la tienda contempla vinos de muchos países, y se irá ampliando poco a poco. Ente ellos puedes encontrar sobre todo vinos convencionales organolépticamente hablando (qué saben bien vaya), como los vinos de Alfredo Maestro, y también alguna frikada. Antonio es la clave para no equivocarse.

Ya he estado un par de veces por allí, la última en la presentación de la nueva añada de Las Moradas de San Martín, en la que pasé un rato de lo más agradable, escuchando la pasión que pone contando sus vinos Isabel Galindo y charlando un rato con mi amigo Luis Oliván. Mereció mucho la pena, especialmente por poder comprobar de primera mano la positiva evolución de estos vinos, viejos conocidos, hacia la elegancia y la suavidad. Esfuerzo de agradecer el de Las Moradas, por retener en bodega los vinos hasta seis años, y que viene  acompañado por el buen hacer de Isabel, que está consiguiendo hace los vinos mucho más accesibles desde edad más temprana.

He tenido la suerte de haber visitado hace algo menos de un año la bodega en San Martín de Valdeiglesias, como sabrás si me sigues desde hace algún tiempo. En cualquier manera siempre es interesante conocer nuevos detalles. Escuchar cómo se eligieron las viñas, buscando un lugar elevado, cono buena aireación, para que las plantas crecieran sanas, sin necesidad de tratamientos agresivos. Cómo les gustaron aquellos suelos de arena granítica muy pura.

Nos cuenta también Isabel, que practican la biodinámica en el campo, con el objeto de dar más vida a los suelos, y que les está yendo francamente bien, con cepas muy sanas que dan unos frutos magníficos. Soy un poco escéptico con esto de la biodinámica, sin embargo, siendo sincero, es cierto que los vinos que hacen estos elaboradores  suelen gustarme mucho. No tengo claro si es por el especial cuidado que ponen con la tierra, porque son realmente buenos, o si esto de los cuernos y los astros realmente da resultado. Bien es verdad que el conocimiento que tienen de las plantas y los suelos es excepcional, y esto seguro que influye.

Comienza la cata con el Albillo 2016 (100% albillo real). Las uvas se vendimiaron en dos pasadas para coger únicamente racimos con una madurez óptima. Tiene una crianza de seis meses en barricas usadas de roble francés. En nariz aparecen recuerdos cítricos de limón, junto con almendras tostándose, y especias morunas. Aparecen después peras conferencia en compota, con algo de canela. Fresco y muy fácil de beber. Buen volumen, elegante, con un recorrido medio. El final es cítrico y ligeramente amargo.

Después nos presenta Isabel una rareza de la bodega, Albillo 2016 con crianza bajo velo. Un vino que se produjo por un olvido de una pequeña partida, que espontáneamente produjo la flor, como para protegerse. El vino se parece al anterior, pero están muy presentes los aromas de manzanilla, junto a las notas de panadería. En boca es suave y fresco, muy amplio. Más largo que su hermano, deja en bocas ligeras trazas calizas, minerales.

Con los albillos fumos probando un tapenade y la terrina de Carlos, francamente sabrosa y con un punto picante que iba muy bien con estos vinos blancos. Después nos ofrecieron un tabulé con lentejas, original y rico, rico.

Cuando Isabel comienza con las garnachas es como si recibiera una infusión de energía. La primera
es Senda 2011 (100% garnacha). No demasiado expresivo en nariz, aparecen con un poco de paciencia monte bajo, junto con fruta roja madura, y notas de especias. En boca es aterciopelado, fresco y sencillo. Vuelve la fruta que llena la boca, con persistencia media. El final es afrutado, acompañando notas balsámicas.

Subimos un par de escalones con Sabina 2010 (100% garnacha). Elaborada con uvas procedentes de cepas de más de ochenta años de la parcela Montazo. Tiene una crianza de catorce meses en barricas de diferentes usos de 225 y 500 litros, con tostados ligeros, para que la madera no oculte la personalidad del vino. Al finalizar se ensambla en depósito. El vino está pleno de fruta roja, aparecen también laurel y retama, algunas notas de pino y grafito. En boca es muy suave, con muy buen volumen, fresco y con un tanino presente, pero muy fino. Final medio/largo en el que regresan la fruta roja y las notas de resina de pino.

El último de la cata es un grande, Las Luces 2008 (100% garnacha). Las uvas proceden de cepas de la parcela Centenera, plantadas hace cien años. tiene una crianza de veinte meses, y como en la elaboración todos los vinos de la bodega no se añaden levaduras "seleccionadas", realizándose la fermentación con las propias de la uva. Aparecen aromas de tomillo y laurel, junto con chocolate negro, moras y regaliz. Amplio y estructurado en boca, con buena intensidad frutal. Muy persistente. Pide a gritos un buen asado para acompañarlo. No le sentó mal, sin embargo el parmentier con pato que nos preparó Carlos.

Disfruté a lo grande en esta presentación organizada por mis amigos de The Wine Attack, un sitio al que volveré y en el que seguiré dejándome aconsejar por las indicaciones de Antonio. Estoy convencido que de ahí saldrán nuevas historias.

domingo, 2 de abril de 2017

Abel Mendoza. Jarrarte 2013

El inicio de mi recorrido por los tempranillos riojanos está siendo de lo más prometedor, de esos que crean afición. Ha empezado por tintos potentes pero equilibrados, como Moraza y Malaspiedras, intensos, pero no exentos de frescura. El vino de la historia de hoy, sin embargo, destaca la elegancia como factor determinante. No se trata del vino de un elaborador novel, sino de compartir la trayectoria de una bodega, que siendo pionera en su tiempo, mantiene la ilusión por innovar y sobre todo, la cercanía a la tierra y el amor por ella.

Maite y Abel llevan ya muchos años, desde 1988, elaborando sus vinos y poniéndolos en el mercado. No es un mundo que les fuera ajeno en el principio. De hecho, la familia Mendoza lleva varias generaciones cuidando de sus viñas y vendiendo los tradicionales tintos de maceración carbónica a granel. Fueron ellos, sin embargo, los que dieron un paso más e iniciaron un camino que les llevaría a crear una nueva marca, a la que el tiempo ha concedido un merecido prestigio.

Maite en el apartado enológico y Abel en las viñas forman un equipo grande. Comenzaron con pasos prudentes, haciendo un vino que no les iba a sorprender, embotellando sus Jarrarte de maceración carbónica, el vino que ya hacían los abuelos Mendoza. Esos tintos potentes plenos de fruta les ayudarían a cimentar la bodega sobre roca, sin sorpresas. Trabajan sus 16 hectáreas, las que pueden acompañar y cuidar personalmente. Abel hace personalmente las selecciones masales, partiendo de las cepas que sembraron sus abuelos.

Para los noveles, os diré de forma muy básica, que la selección masal consiste en la elección del material para injertar proveniente, partiendo de cepas cuyas características se quiere expandir, ya sea por su rendimiento, o por ser una variedad antigua de la que hay poco material, por ejemplo.

Cuando la base estaba consolidada, allá por el año 1993, comenzaron a experimentar con la crianza. Prueban varios tipos de roble, diversos tostados, y se deciden por la barrica de roble francés. No se sienten atados por el tradicional roble americano. Confían en su instinto, y en su buen hacer. Desde el principio evitan las típicas diferenciaciones de crianza y reserva. Tienen claro que cada año la fruta les pedirá un tiempo diferente de crianza. Eso y la confianza en su trabajo, les lleva a etiquetar sólo con la procedencia, su marca y la añada. Suficiente para apreciar un buen vino, aunque algo corto para los que queremos saber algo más.

El vino que llega a mis manos es Jarrarte 2013. Según me cuenta Maite, el 13 tuvo un verano muy húmedo, en el que la producción no fue muy alta, por la elevada incidencia de la botritis. Llevaban ya varios años no muy buenos, el 11 y el 12 fueron muy calurosos, obligándoles también a recortar la producción. Lo tienen claro. Buscan calidad, y sólo vinifican lo que les parece realmente muy bueno. Abel conoce bien sus viñas, las trata con esmero, y ellas responden con una fruta excelente. Fermentación en depósito de acero inoxidable, y una posterior crianza de doce meses en barrica de roble francés, la mitad de un uso y la otra de barrica nueva.

Este Jarrarte 2013 es un vino aromático. Sorprende con recuerdos de rosas, acompañados por algo de regaliz y algunas guindas en licor. Con la temperatura aparecen pimientas y algo de canela. Cuando le doy el primer sorbo abro los ojos por la sorpresa. Parecería que a esa nariz le debe acompañar un vino maduro. No es el caso. Elegancia y frescura. Fruta roja fresca, y recuerdos de especias y del palodú de mi juventud. Un paso por detrás viene un tanino algo rústico aún, y alguna nota vegetal. Finaliza con unas hierbas aromáticas que sorprenden, y algunos toques balsámicos que le dan persistencia y elegancia. Algún recuerdo vegetal, que podría deberse a esta añada, extremadamente complicada, pero resuelta como la experiencia y la cercanía a la tierra dictan.

Me decía Maite que este vino mejora tras un tiempo con la botella abierta, y tuve ocasión de comprobarlo. El segundo día el vino estaba más redondo, el tanino se había suavizado algo, y el recuerdo vegetal había disminuido. A mi hija Belén, universitaria de veinticuatro años, este vino le gustó mucho. Especialmente destacó lo fácil de beber, lo fresco, y la personalidad del final.

No conocía los vinos de esta bodega, que hubieran sido motivo suficiente para haber iniciado esta serie de entradas sobre los tempranillos riojanos. Estoy convencido de que no será el único que aparecerá en este cuaderno, pero eso serán ya otras historias.


PS. El vino se puede encontrar en Madrid en Enoteca Barolo, y en internet en Gourmet Hunters. En ambos casos por algo menos de 16 euros (sitios más baratos en que los he encontrado)